Comentario a la Presentación de la Dra. Marthalucia Tamayo

Académico Alvaro Rodríguez González
Sesión solemne del 19 de agosto de 1999

Con todo placer me dirijo esta noche a tan distinguida audiencia por honrosa designación de las directivas de la Academia Nacional de Medicina de Colombia para comentar el trabajo y obra de la doctora MartaLucía Tamayo Fernández en su aceptación como Miembro Correspondiente de esta Academia.

Personalmente estoy muy complacido con este acto ya que ella trabaja con nosotros en la Fundación Oftalmológica Nacional que dirijo y en donde ella ha podido desarrollar parte de su trabajo.

Creo que la importancia de una agrupación científica se valora no tanto por el número de sus miembros cuanto por la calidad y merecimientos de los mismos, características que cumplen y dones que adornan a quienes esta noche hacen su ingreso a la Academia, los doctores Tamayo y Bernal.

Vale destacar que en la historia de nuestra ya centenaria Academia es la primera mujer médica incorporada como Miembro Correspondiente a la Institución en Bogotá. Es ciertamente honroso ser aceptado en la Academia Nacional de Medicina pero pienso que para la Academia es valioso obtener el concurso de nuevos Miembros de excelentes perspectivas, ojalá investigadores que colaboren y continúen con la labor de otros.

Infortunadamente no son muchos los investigadores en Colombia y según informes, de 40.000 que debería tener el país, apenas existen 8.000. Tampoco son muchos los investigadores pues las investigaciones no pueden obedecer a simples decretos gubernamentales.

Se requiere del concurso de personas preparadas, con voluntad y empeño de trabajo; de un entorno y un medio ambiente propicios, incluyendo el familiar que debe ayudar y a veces sacrificarse; de gentes de quienes se obtenga colaboración y estímulo, y de interacción con otros grupos. Se requiere la creación de hipótesis, la fijación de metas y la aplicación de una metodología y organización a veces sujetas a modificación. Además se debe poseer una dotación tecnológica adecuada que infortunadamente es costosa, cambiante y sujeta a reposición. Se requiere también de insumos que deben adquirirse en otros países y se necesita de la colaboración de mecenas cuya filantropía cubra cuando menos los costos en los que deben incluirse los de los investigadores para no hacer tan difícil su vida y la de sus familias.

A este respecto les relataré una anécdota de hace algunos años: Un colega colombiano trabajaba como investigador en proyectos oftalmológicos en el Presbyterian Medical Center de la Universidad de Columbia en Nueva York; uno de los proyectos tuvo éxito notable y continúa vigente su uso como técnica de elección en algunos serios problemas oculares. El colega, a mi paso por New York, me rogó le solicitara al profesor-Jefe del Departamento que le aumentara el sueldo, pues no podía sostener la familia. Aunque yo tenía amistad con el profesor por nuestras labores panamericanistas, no sin cierta pena abordé el tema en el curso de un almuerzo al cual me había invitado el profesor y quien me respondió sin rodeos: “Estamos ampliamente satisfechos y felices con el trabajo de su compatriota, pero me niego a elevarle el sueldo” y al protestarle este contrasentido me replicó: “porque los investigadores deben sufrir y vivir como ratas, y si no, no investigan”. Desde luego, no le aumentaron el sueldo.

Es obvio que esas circunstancias ya cambiaron por la necesidad de un equilibrio para evitar el abandono de la investigación, quizás por la atracción que sobre sus autores ejercen otras variadas actividades y campos del saber, inclusive los humanísticos. Otrora, en los centros universitarios norteamericanos los médicos especialistas tenían ingresos muy superiores a los de los investigadores, situación que cambió en favor de éstos por sus repetidas protestas pero en especial por intereses económicos y financieros que ahora algunos anteponen al resultado de sus investigadores. En la actualidad, ante la globalización de la crisis de la salud a nivel estatal y privado, médicos e investigadores hemos sufrido el impacto que se reflejará en el deterioro de la calidad de la medicina del futuro.

Circunstancias personales despertaron el interés de la doctora Tamayo por la genética. Observar la discapacitación de nuestro vecino es diferente a vivirla y a entender sus consecuencias que en algunas personas puede causar resentimiento y misantropía. Otras personas superan los problemas a pesar de enfrentar múltiples tratamientos médicos y quirúrgicos que los sufren estoicamente, en silencio. Quizás hallan en su vida interior, en el entorno familiar, en el de amigos o en el trabajo, muchas respuestas a sus inquietudes que los ayuda a proyectarse en su vida de relación con un desarrollo útil y fructífero. La comunicación y la comprensión seguramente colaboran a su desahogo.

Dentro de la genética la doctora Tamayo se interesó por la oftalmología, actividad que la vinculó a nuestra Fundación Oftalmológica Nacional. La vinculación se inició con nuestra participación en la Expedición Humana bajo la dirección del doctor Jaime Bernal, en la búsqueda de nuestras raíces étnicas y en la investigación de los problemas oculares que pudieran afectar a las tribus colombianas. Luego, en el estudio de algunas retinopatías pigmentarias, cuadro numeroso que requiere diagnóstico diferencial. Dentro de ellas se destacan varios síndromes estudiados por la doctora Tamayo, por ejemplo, el Síndrome de Usher caracterizado por retinitis pigmentaria y sordera que nos llevó a colaborar en su estudio con el Grupo de Acorus. Precisamente, en el fin de semana pasado en la Brigada de Salud Ocular de nuestra Institución a Barú en conjunto con la Fundación Mario Santodomingo, hallamos una sordomuda con retinitis pigmentaria y tres familiares afectados con Síndrome de Usher, que hemos remitido a la doctora Tamayo. Otro, el Síndrome de Kearns-Sayre, descrito por sus autores en 1958 y que está asociado a oftalmoplegia externa.

El Síndrome de Waadenburg descrito en 1951, asociado a albinismo y a alteraciones del desarrollo en párpados, cejas y nariz. Un estudio de mutua colaboración ha sido el de la retinoschisis juvenil ligada al cromosoma X” en una extensa familia colombiana, con 36 afectados, y como una rareza, 3 de ellos mujeres.

Igualmente el estudio de portadoras de esa enfermedad, trabajo de próxima publicación en los Estados Unidos. La investigación de la catarata congénita, una importante causa de ceguera en Colombia, con sus estudios de 1992 y 1994, que indican que dos tercios de los casos son de origen genético y dentro de los no genéticos, un 25% se deben a la rubéola con asociación a una retinopatía.

El próximo trabajo conjunto será un estudio clínico y genético sobre retinitis pigmentaria en una extensa familia colombiana con seguimiento de varias generaciones. En la realización de estos estudios hay que agradecer la colaboración del Departamento de Genética de la Universidad Javeriana, de varias universidades de los Estados Unidos y de la ayuda, entre otras, de Colciencias y el Banco de la República. La importancia del tema y las necesidades nos han llevado a la creación en nuestra Fundación de la Sección de Genética, en su progresiva dotación y al frente de la cual hemos colocado a la doctora Tamayo.

Así hemos podido conocer mejor a la doctora Tamayo e identificar algunas facetas de su personalidad, como su dinamismo permanente, espíritu de colaboración, optimismo y perseverancia ante dificultades, su sencillez, arrogancia en ocasiones y como todo genetista, desconfianza con los competidores.

La doctora Tamayo en su aún corto tránsito por la vida, ha cumplido muchas metas: Bachiller del Colegio Elvira Lleras y médica de la Universidad Javeriana. Luego de su medicatura rural en Cúcuta y La Palma retorna a la Universidad Javeriana a realizar su especialidad en genética que complementa en la Universidad de Nebraska en Omaha y a su regreso se dedica de lleno a la enseñanza y a la investigación, organizando y participando en cursos, seminarios, talleres, congresos nacionales e internacionales en número de 25 en donde presenta 30 conferencias durante los últimos 15 años. Ha asesorado o dirigido 17 tesis y ha realizado 21 proyectos de investigación en donde ha demostrado otra faceta muy positiva: su habilidad para conseguir patrocinio, basado no en lo que ahora se llama “hábil vendedora”, sino en el respaldo científico y la importancia de sus proyectos así como en su voluntad de trabajo.

Con su experiencia, dinamismo y amistades, ha colaborado en la creación de grupos o redes de trabajo, 5 en Colombia y 7 en el exterior. Infortunadamente dos Institutos, el de Ciegos y el de Sordos amenazan cierre.

Aún no satisfecha, desde 1984 se sintió atraída por el periodismo y la comunicación social habiendo efectuado publicaciones en importantes periódicos y revistas para convertirse después en editora o asesora de diversas publicaciones como folletos, boletines periódicos y manuales para la colección “Derecho a vivir en desventaja”, sobre el Síndrome de Down y sobre aspectos genéticos básicos y de dismorfología. Desde 1989 ha publicado como única autora o asociada a colegas, 2 libros y 48 artículos médicos que han sido publicados en Colombia y en el exterior.

En 1998 ingresa a la Universidad Jorge Tadeo Lozano para profesionalizarse como periodista empírica y en donde recibirá su grado en diciembre de este año, quizás en su preparación para una nueva etapa de su vida; entretanto, elabora en publicaciones científicas y culturales, por ejemplo, sobre el maestro Germán Arciniégas, a saber, un catálogo sobre su biografía anecdotaria, con CD-Room autobiográfico y la colección de textos de 30 años. Además se halla en preparación un CD-Room sobre el escritor argentino Macedonio Fernández.

Otro libro, objeto de su presentación de esta noche, es el “Libro del Almismo, el libro del pensar”. Es un ensayo de lo que hay de genética entre los escritores argentinos Macedonio Fernández, Julio Cortázar y el famoso escritor Jorge Luis Borges, ciego por desprendimiento de retina y sus complicaciones. En la investigación del caso hablé con sus cirujanos, nuestros amigos Malbran de Buenos Aires, quienes enviaron un poema del maestro dedicado a ellos en un homenaje póstumo a Borges en 1986 en la Fundación Oftalmológica Argentina y copia del cual ha sido entregado a la doctora Tamayo.

La doctora Tamayo escribió este libro como genetista y está dirigido a pacientes afectados genéticamente y a los familiares de estos pacientes; también a médicos, a personas en general y está basado en sus propias investigaciones de muchos años sobre ceguera y sordera. Para insistir en estos conceptos, publicará otro libro, ya en imprenta, titulado “Hacer del médico moderno un verdadero comunicador social”, en el cual, con su sensibilidad de comunicadora y periodista en salud, busca médicos que practiquen una medicina de mejor comunicación con la sociedad y con los pacientes. Es un bello y loable propósito para la crisis que agobia al médico y a la sociedad en que se mueve y que tenderá a empeorar de no encontrarse soluciones adecuadas que dependen más del profesional y de las orientaciones que haya recibido en el seno de su familia, luego en el colegio y en la universidad. Quizás, una solución, mencionada en su libro, es que “se debe creer cuando otros han perdido la esperanza y se debe seguir adelante cuando los demás se rinden”.

Obviamente, la obra de la doctora Tamayo ya ha merecido premios y distinciones académicas por parte de Colciencias, la Fundación Oftalmológica Nacional, la Sociedad de Pediatría y los Laboratorios Rhône Poulenc con dos premios “Academia Nacional de Medicina”. El último premio lo recibe esta noche al hacerse merecedora de la aceptación como Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina, Institución que la recibe con brazos abiertos, en donde usted podrá seguir realizando los trabajos e investigaciones que son su vida y en donde quizás encuentre respuestas a sus interrogantes y deseos. Así lo espera y lo desea la Academia: Sea usted bienvenida. Señoras y señores, espero haberles presentado la semblanza de una mujer profesional que ha superado con creces las limitaciones que le forjó el destino para constituirse en un bello ejemplo para imitar. Muchas gracias por el honor de su atención.

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