Una Amistad y una Vocacion: Carlos Sanmartin Barberi

Discurso Pronunciado por el Dr. EGON LICHTENBERGER en su recepción como Miembro Honorario de la Academia Nacional de Medicina.

Con motivo de haber sido distinguido para presentarme en este recinto respetable para recibir la medalla de Miembro Honorario, revisé la lista de los académicos honorarios y demás miembros de la Academia Nacional de Medicina.

Que la persona, que les dirige la palabra, pase a engrosar la lista de figuras tan eminentes de la Medicina Colombiana, me causa sentimientos de temor, de humildad y de satisfacción.

De temor porque soy consciente de lo que significa ser y de lo que se espera de un Miembro Honorario de la Academia. De humildad por figurar al lado de profesionales tan eminentes y que han hecho contribuciones tan significativas en todas la ramas de la Medicina.

Y de satisfacción por haber sido elegido por unanimidad para pertenecer a esta casa, después de mas de treinta años de labor académica y de casi quince frente al Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Me perdonarán ustedes, si de la lista de Académico Honorarios deseo mencionar en esta ocasión solamente el nombre del Doctor Carlos Sanmartín Barberi, cuya ausencia de esta sesión solemne es extremadamente dolorosa. (Lea también: La Universidad Nacional y la Academia de Medicina)

Con Carlos tuvimos una larga y estrecha amistad que comenzó con los estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, cuyos cincuenta años de egresados como médicos, se celebró recientemente con un acto académico, en el cual, el Doctor Sanmartín deleitó a los asistentes con una disertación sobre los progresos de la Medicina durante los últimos cincuenta años, disertación profunda y amena como todas las que pronunció durante su vida académica y profesional.

Recuerdo cuando por los años 1943-1944, nos reuníamos por la noche en su casa, ubicada en Teusaquillo y en el microscopio heredado de su padre, Doctor Roberto Sanmartín Latorre, tempranamente fallecido en 1941, mirábamos preparaciones histopatológicas.

Tengo en mi mente la imagen de su madre, doña María Barberi Lascano de Sanmartín, dama de apariencia frágil, pero de temple enérgico y de vasta cultura. Al Doctor Roberto Sanmartín padre, sólo lo puede conocer por las huellas de la labor científica desarrollada en el Hospital San Juan de Dios.

En 1949 Carlos Sanmartín y quien les dirige la palabra, fuimos distinguidos con un fellowship del Consejo Británico y en septiembre de este año, después de un viaje accidentado, llegamos a Londres.

Fuimos alojados en unas pensión ubicada en el barrio Kensington y durante la primera noche, Carlos sufrió un severísimo ataque de asma, que hizo necesario buscar ayuda médica en el hospital mas cercano.

El tiempo a mi disposición no permite comentar en detalle el récord académico, las distinciones recibidas, la experiencia profesional y las numerosas y valiosas publicaciones del Doctor Carlos Sanmartín Barberi.

Menciono solamente haber sido Jefe de Laboratorio, Instituto “Carlos Finlay” (hoy INAS) de 1950 a 1953, del cual fue Director de 1982 a 1983, Profesor Jefe de la Sección de Virus, Facultad de Medicina, Universidad del Valle de 1955 a 1975, Profesor Jefe de Medicina Preventiva de la misma (1960-1964), Jefe de la Unidad de Virología, Centro Panamericano de Zoonosis, Organización Panamericana de la Salud, Ramos Mejía, Buenos Aires, Argentina.

En 1972 fue distinguido por la Sociedad Americana de Medicina Tropical e Higiene como 37. Charles Franklin Craig Lecturer y dictó en Miami una conferencia memorable titulado “Experiencias epidemiológicas en Subpaíses, supradesarrollados (overdeveloped subcountries – en inglés) disertación que inició aclarando, que no se trataba de una confusión de términos sino que se referia a aquellos países, que indiscriminadamete abrazaban los avances más recientes de la Ciencia y Tecnología, cuando las estructuras sociales y económica estaban atrasadas años luz y donde muchos problemas resueltos en otros países, continuaban rampantes y en seguida citaba ejemplos para ilustrar el punto.

En 1986 fue distinguido como Miembro Honorario de esta Academia.

En 1992 recibió el premio “Carlos Finlay” día Panamericano del Médico, Laboratorio Italmex, otorgado por la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Colombiana de Sociedades Científicas, y la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina.

Publicó numerosos trabajos científicos sobre enfermedades parasitarias y virales especialmente sobre la encefalitis equina, varios de éstos con el Doctor Hernando Grood, Secretario Perpétuo de la Academia y quien nos honra con su presencia.

El 2 de Octubre del año pasado, pasamos con Carlos Sanmartín un día memorable en la hacienda “Aguas Calientes” en Tabio, con quesos y vino y ese día convenimos revisar y clasificar dos álbumes de pacientes tomadas por Sanmartín padre, que hace años logré recuperar de algún rincón de la Hortúa. Tristemente, su inesperado fallecimiento el 6 de diciembre pasado ha truncado este deseo. Con la avenencia de los familiares de Carlos haré entrega de este material a la Biblioteca de la Honorable Academia.

Me perdonarán ustedes haber dedicado unos minutos a este ilustre Miembro Honorario, pero tengo un motivo especial para honrar su memoria : fue él, quien propuso mi nombre a esta corporación y por esto es tanto más doloroso que no pueda acompañarnos en esta solemne ceremonia.

Honremos su memoria guardando un minuto de silencio.

Me resta prometer a la Academia cumplir fielmente mis deberes y prestar mi modesta colaboración en los campos médicos en los cuales tengo alguna experiencia.

Nuevamente reciban ustedes mis sinceros agradecimientos por el honor de ser recipiendario de la Medalla de Miembro Honorario.

Gracias por su atención.

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