Incógnita de los Sueños, La Elaboración Onírica en General

Dr. Guillermo Sánchez Medina.

Para seguir adelante en la comprensión de los sueños es necesario formular algunas consideraciones respecto a la llamada “elaboración onírica”.

En la elaboración onírica se trata evidentemente de transformar en imágenes sensoriales y, con preferencia visuales, las ideas verbalmente concebidas. Ahora bien, todas nuestras ideas tienen como punto de partida tales imágenes sensoriales. Sus primeros materiales y sus fases preliminares fueron impresiones sensoriales, o más exactamente, las imágenes mnémicas de dichas impresiones.

Sólo más tarde se enlazaron palabras a éstas y se configuraron las palabras como ideas. La elaboración hace, pues, sufrir a las ideas una marcha regresiva, un desarrollo retrógrado. Tal sería el mecanismo de la elaboración onírica.

Berhein, usando el fenómeno hipnótico, indujo a un sujeto a ciertas ideas que después debía recordar en su estado normal. Una vez despertado, le preguntó cuáles eran las ideas sugeridas durante el proceso hipnótico; el sujeto sólo pudo recordarlas mediante la estimulación “insistente” de las ideas primitivamente sugeridas; este experimento nos demuestra la necesidad del estímulo para rememorizar las ideas. Caso similar sucede con el contenido de los sueños, es decir, se necesita un estímulo, bien interno o externo, para que aquél se presente.

Las ideas o complejo de ideas y las fantasías se hallan saturadas de efectos, y a la vez permanecen ignoradas o sea inconscientes. He ahí uno de los mecanismos de la fantasía inconsciente.

La escuela de Wundt inició el experimento llamado de “asociación”, en el que el sujeto es invitado a responder lo más rápidamente posible, con una reacción cualquiera, a la palabra que se le dirige a título de estímulo. De este modo se pudo estudiar el intervalo que transcurre entre el estímulo y la reacción, la naturaleza de la respuesta dada y los errores que pueden producirse en la repetición interior del mismo experimento.

Bajo la dirección de Bleuler y Jung se hicieron nuevas experiencias, pidiendo al sujeto experimentado que hiciera asociaciones complementarias, lo cual descubrió complejos ideológicos. Aquí fue donde por primera vez se tendió el puente entre la psicología experimental y el psicoanálisis. La reacción aparecía entonces como un enlace entre la palabra estímulo y el complejo que la misma despierta en el sujeto del experimento.

Ahora bien, en el sueño la palabra estímulo queda reemplazada por algo que procede de la vida psíquica del durmiente, aunque de fuentes por él ignoradas, y este algo es a su vez producto de un complejo. Así pues, las ideas ulteriores que se enlazan a los elementos de un sueño se hallan también determinadas por el complejo correspondiente a dicho elemento y pueden, en consecuencia, ayudarnos a descubrir tal complejo.

Los niños, los adolescentes, los adultos y los viejos sueñan cada uno a su manera, de acuerdo con su circunstancia, que corresponde al mundo interno. El sueño, como ya se anotó, es la producción del inconsciente que sale por la ventana del preconsciente, en imágenes.

Los sueños de colores, muy vívidos, que semejan la realidad, son en verdad la realidad interna del soñante; es por eso por lo que el soñante al despertar le cuesta trabajo o demora hacerse a la realidad externa y piensa que el sueño es la realidad y sólo un tiempo después es cuando al despertarse por completo se tranquiliza al darse cuenta de que sólo era un sueño.

Hay distintas situaciones que estimulan la corteza cerebral mientras la persona está dormida; los estímulos externos sirven, como se anotó, como elementos que despiertan el sueño, el contenido del mismo, el cual se forma por el soñante de acuerdo con sus percepciones, imágenes y fantasías inconscientes.

Cuando el sujeto está dormido se pone en función una barrera a los estímulos externos, a informaciones que deben pasar por el aparato senso-perceptor, pero cuando el estímulo es muy intenso y éste puede sobrepasar el dintel o la mencionada barrera, entonces aquél se abre paso en el mundo interno y se conecta con él y en él para producir un contenido específico inconsciente en el sueño. Todo esto ocurre en el proceso onírico.

Es Freud, en realidad, quien realiza el estudio profundo del sueño, investigando los distintos mecanismos y procesos que en él ocurren y de los cuales ahora me voy a ocupar.

Veamos lo que podemos distinguir en el sueño. En él hay un contenido compuesto por imágenes, sonidos y acciones (senso-percepciones) en los que intervienen sentimientos, ansiedades, afectos e impulsos; todos ellos configuran una serie de fantasías provenientes del inconsciente.

El contenido que vemos a simple vista lo llamamos “manifiesto”; pero éste no es sino una mera manifestación de fantasías, ideas, representaciones, imágenes y afectos latentes. Se llama trabajo del sueño la elaboración psíquica que sufre el “contenido latente” para convertirse en el “contenido manifiesto”.

El sueño tiene un significado encubierto y es necesario descubrirlo en psicoanálisis. Se llama interpretación del sueño la labor que hay que realizar para dar con el significado reprimido inconsciente. Trabajo del sueño e interpretación son dos términos que señalan una dirección contraria. Hacemos una interpretación cuando, partiendo del contenido manifiesto, logramos descubrir la significación del contenido latente. En cambio, estudiamos el trabajo del sueño cuando, partiendo del contenido latente, observamos las modificaciones que sufre para convertirse en el contenido manifiesto.

Por la reacción que se produce del contenido latente al contenido manifiesto, podemos dividir los sueños en tres categorías. Los que poseen un sentido y por lo tanto son comprensibles; tales sueños son breves en general, muy frecuentes y no despiertan atención por carecer de todo aquello que pudiera causarnos extrañeza y asombro.

El segundo grupo está formado por aquellos sueños que, aunque presentan diferencia y poseen un claro sentido, nos causa extrañeza por no saber cómo incluir dicho sentido en nuestra vida psíquica, por ejemplo, cuando soñamos que un querido pariente ha muerto, no teniendo ningún fundamento para temerlo, esperarlo o sospecharlo.

El tercer grupo lo constituyen aquellos sueños que carecen de las cualidades antes nombradas, es decir, sentido y comprensibilidad, y se nos presentan embrollados, confusos, incoherentes y faltos de sentido.

Freud se refiere a cómo en una parte del gran conjunto psíquico, formado por las ideas inconscientes del sueño, surgen éstas en el sueño manifiesto y constituyen así un fragmento del mismo. En otros casos dicha parte de las “ideas latentes” emerge también en el sueño manifiesto como una alusión, un símbolo o una abreviación de estilo telegráfico.

A la labor interpretadora incumbe completar este fragmento o desentrañar la alusión. La sustitución por un fragmento o una alusión constituye uno de los métodos de deformación empleados por la elaboración anímica.

Está deformación onírica es la que da al sueño una singular apariencia y nos lo hace ininteligible.

Otro de los mecanismos que se suceden en el sueño es el conocido por el “desplazamiento”, que forma uno de los principales medios por los cuales se efectúan la deformación. Más adelante con ejemplos aclararemos todos estos mecanismos. Existe también una censura del sueño que funciona permanentemente, la cual atenúa y modifica con alusiones el contenido del sueño.

La censura pertenece al mecanismos de represión, a la estructura super-yoica (Super-Yo) y a la conservación real, la cual se relaciona con las normas colectivas y las individuales.

Así pues, los efectos de la censura y los medios de que disponemos la deformación de los sueños son la omisión, la modificación y la arbitraria agrupación de los materiales, la censura misma es una de las principales causas, como se mencionó anteriormente, de la deformación onírica; dejamos, pues, englobados en el desplazamiento la modificación y la arbitraria agrupación de los materiales conscientes e inconscientes.

La censura es, en otras palabras, la resistencia que se opone a la aclaración. Vemos cómo la censura no limita su función a determinar una deformación del sueño sino que actúa de una manera permanente e ininterrumpida, con el fin de mantener y conservar la deformación producida.

Hay una clase de sueño que es la satisfacción de deseos legítimos y de necesidades orgánicas imperiosas.

Estos últimos no sufren, además, deformación alguna, ni la necesitan para nada, pues pueden cumplir su función sin ofender en lo más mínimo las tendencias morales y estéticas del Yo. Es necesario saber igualmente que la deformación del sueño se realiza en función de otros factores, siendo tanto más pronunciada cuanto más reprensible es el deseo que ha de sufrir la censura y más severas las exigencias de éstas. Por esta razón una muchacha bien educada y de rígido pudor deformará los sueños imponiendo una censura implacable a las tentaciones sufridas.

Encontramos que la deformación que nos impide comprender el sueño es efecto de una censura que ejerce su actividad sobre los deseos inconscientes. Naturalmente no se afirma que la censura sea el único factor productor de tal deformación. Existen otros varios factores que coadyuvan a este fin.

Equivaldría a decir que si la censura quedase eliminada de la deformación onírica, no por ello resultarían los sueños más inteligibles ni coincidiría el contenido manifiesto con las ideas latentes. En realidad es todo el aparato mental el que interviene en su funcionamiento en el trabajo de la producción o no de los sueños; en este aparato, repitámoslo una vez más, participan los diferentes procesos: el psico-somático, el onírico y el del pensamiento.

Todos ellos funcionan interrelacionándose uno con el otro en la unidad de la “persona” sujeto.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!