El Diagnóstico Prenatal; La moral Objetiva

Capítulo IX

FERNANDO SANCHEZ TORRES

Sobre el tema del diagnóstico prenatal no existe en Colombia legislación alguna:

Como tampoco se conoce pronunciamiento de la Asociación Médica Mundial. Por eso el médico deberá guiarse por aquellas normas de carácter general que registra la ley 23 de 1981 y que pueden ser aplicables en el asunto que nos ocupa. Veámoslas:

“Declaración de principios. Artículo 1. La medicina es una profesión que tiene como fin cuidar de la salud del hombre y propender por la prevención de las enfermedades(…)”.

“Del Juramento. Artículo 2. velar con sumo interés y respeto por la vida humana, desde el momento de la concepción (…)”.

“Artículo 6. El médico rehusará la prestación de servicios para actos que sean contrarios a la moral (…)”.

Por su lado, la iglesia Católica por conducto de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho el siguiente pronunciamiento:

“El diagnóstico es licito si los métodos utilizados, con el consentimiento de los padres debidamente informados, salvaguardan la vida y la integridad del embrión y de su madre, sin exponerles a riesgos desproporcionados. Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto; un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte.

Por consiguiente, la mujer que solicitase un diagnóstico con la decidida intención de proceder al aborto en el caso de que se confirmase la existencia de una malformación o anomalía, cometería una acción gravemente ilícita.

Igualmente obraría de modo contrario a la moral el cónyuge, los parientes o cualquier otra persona que aconsejase o impusiere el diagnóstico a la gestante con el mismo propósito de llegar en su caso al aborto.

También será responsable de cooperación ilícita el especialista que, al hacer el diagnóstico o al comunicar sus resultados contribuyese voluntariamente a establecer o a favorecer la concatenación entre diagnóstico prenatal y aborto41“.

Diagnóstico y terapia génica pre-implantación

La fertilización extracorpórea del óvulo ha permitido no sólo ver directamente el desarrollo del cigoto y del embrión, sino también examinarlo para descubrir defectos intrínsecos o comprobar su normalidad, antes de que ocurra la implantación.

Cuando lo primero, es decir, cuando se hace evidente la existencia de daño o enfermedad, es posible hoy intervenir con el propósito de corregir el problema; es lo que se llama la “terapia génica”, tenida como una forma de manipulación genética, del dominio de la ingeniería genética.

La ingeniería genética apenas está en sus inicios, sin que se sepa, a ciencia cierta, hasta dónde podrá llegar.

Como es lógico, esa capacidad láctica potencial despierta serios temores, que se conoce hasta ahora es admirable desde el punto de vista científico, pero susceptible de cuestionamiento ético, pues puede ser la vía para establecer una política eugenésica.

En efecto, la posibilidad de identificar muy tempranamente el sexo, tan temprano como al quinto o sexto día que sigue a la fertilización del óvulo, cuando el embrión (o pre -embrión) se compone apenas de seis a ocho células, permite sembrar en el útero aquellos que no estén amenazados por una enfermedad congénita recesiva ligada al cromosoma x43.

Recordemos que más de doscientas enfermedades congénitas recesivas ligadas al cromosoma x, y que afectan solamente a los varones, han sido identificadas.

Se ha informado el diagnóstico de defecto congénitos en la etapa de pre-implantación, como la adrenoleucodistrofia con retardo mental, que afecta a los individuos de sexo masculino. La fecundación del óvulo manipulado in vitro, permite llevar a cabo ‘a biopsia de una célula, la cual es “sexada” por amplificación del DNA en una secuencia repetida, especifica del cromosoma Y.

Si el pre-embrión es de sexo masculino, se elimina; si es femenino, se transfiere al útero44. Algo similar puede hacerse cuando en la pareja existen antecedentes de hemofilia, de fibrosis quística, de enfermedad de Tay Sachs, el síndrome de Lesch Nyhan y la enfermedad de Hunter.

De esa manera, eliminando los embriones que llegarían a ser individuos enfermos, se estaría adelantando una labor profiláctica, pues no volverían a nacer niños hemofilicos, ni afectados con fibrosis quistica, ni con ninguna otra enfermedad ligada al cromosoma x.

Sería, pues, una eugenesia por exclusión, de validez ética discutible. (Lea También: El Aborto Provocado)

Como se sabe, quien acuñó el primero la palabra “eugenesia” fue el científico inglés Francis Galton en 1 883.

Con este término quería significar el mejoramiento de la especie humana mediante estirpes superdotadas nacidas de matrimonios de categoría superior, es decir, compuestos por parejas de muy buena salud, talentosas, con medidas frenológicas especiales.

Era, sin duda, una aspiración sana, una eugenesia positiva. En cambio, la eugenesia que ahora comienza a dibujarse presupone prescindir de los embriones que eventualmente podrían ser defectuosos.

Y digo que eventualmente, pues con las técnicas actuales para sexar en sus primeros estadios al embrión, es posible que se incurra en errores y, lo más grave, en injusticias, pues no todos los embriones de sexo masculino, que son los que se eliminan, irán a padecer la enfermedad que se invoca para ello47.

Aquí radica el mayor cuestionamiento que cabe hacerle a esta eugenesia, que bien puede considerarse “negativa”, relacionándola con la fórmula ingenua que proponía Galton hace algo más de cien años, pues el desecho deliberado de embriones ha sido considerado por algunos como un “aborto genético”48, por cierto con características muy particulares.

De la ingeniería genética es mucho lo que puede esperarse.

No está lejano el momento en que pueda “mapearse” el genoma del ser humano en sus estadios celulares más elementales e identificar los genes alterados y luego proceder a cambiarlos por otros normales.

Reparado el embrión se le permitirá continuar su desarrollo en el claustro materno.

No habría, entonces, ninguna objeción moral, según lo expresado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la iglesia Católica: “Como en cualquier acción médica sobre un paciente, son licitas las intervenciones sobre el embrión humano siempre que respeten la vida y ‘a integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, ‘a mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual” (subrayado en el texto original)49.

Para finalizar este capítulo, encuentro apropiada una frase del famoso genetista inglés Lionel Penrose, recogida por Kevles en su libro La eugenesia ¿ciencia o utopía?: “Prefiero vivir en una sociedad genéticamente imperfecta, la cual conserve principios humanitarios de vida, que en una cuyas bases tecnológicas sean dechado de perfección hereditaria”50.

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