El Metabolismo Óseo

Paratiroides, tetania, patología ósea antes del siglo XX

Desde que Courtial descubrió en 1709 los cambios óseos de la osteitis fibrosa quística y Steinheim definió la tetania por hipoparatiroidismo en 1830, muchos hallazgos clínicos y de laboratorio empezaron lentamente a observarse. Por supuesto, las primeras referencias se hicieron a la patología ósea, al llamativo cuadro clínico de la tetania y eventualmente, a la descripción de las glándulas paratiroides en hombres y animales.

El reconocido patólogo e historiador mejicano Ruy Pérez Tamayo (quien introdujera el término serendipia, como traducción del serendipity anglosajón) dice lo siguiente en su libro.

De la magia primitiva a la medicina moderna (http://omega.ilce.edu.mx): Las glándulas paratiroides fueron descritas por Richard Owen (1804-1892) en 1852, durante la disección de un rinoceronte indio que murió en el zoológico de Londres.

En el hombre fueron mencionadas primero por Virchow en 1863 y extensamente estudiadas por (el estudiante sueco de medicina) Ivar Sandström (1852-1889) de Upsala. Quien señaló la existencia de dos paratiroides en cada lado del cuello (en el meticulososo estudio anatomo-histológico sobre cincuenta autopsias, las llamó paratiroides por su situación cercana a la glándula tiroides).

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A lo cual debemos añadir información marginal recogida de otros autores:

Como el hecho de que Clarke describiera vagamente la tetania en los niños en 1815, que Stanki en 1839 hiciera descripciones similares a las de Courtial (Engel haría similares observaciones en 1864), que Albers –en un atlas de anatomía publicado también en 1839- incluyera una ilustración de las paratiroides y que Remak describiera en 1855 las paratiroides del gato (el mismo autor asoció embriológicamente las paratiroides con el timo en 1891).

Erb, Trousseau y Chvostek (entre 1862 y 1876) describieron signos de la tetania hipocalcémica, término acuñado por Corvisart en 1852. (Armand Trousseau perteneció a aquel extraordinario grupo de clínicos franceses del siglo diecinueve, y es nombrado también en la historia de la endocrinología por su contribución al conocimiento de la enfermedad de Addison).

El famoso patólogo Virchow –ya mencionado- encontró en el hombre las glándulas paratiroides (1863), Weiss reconoció la tetania post-paratiroidectomía en humanos y los famosos cirujanos de tiroides Reverdin y Kocher (premio Nóbel de Medicina), la llamaron estrumipriva (del struma de la tiroides).

Este último informaría el encuentro de adenomas paratiroideos en 1899, el alemán Schiff encontraría que la tiroidectomía en gatos, perros y simios –mas no en conejos- producía una tetania que era fatal y el famoso fisiólogo francés Eugene Gley (1857-1930). Probaría que para que se produjera la tetania, las paratiroides debían ser extraídas junto con la tiroides. Acudió a esa explicación (las paratiroides –por un tiempo llamadas glándulas de Gley- tendrían según él un efecto suplementario de la tiroides). Cuando observó que la tiroidectomía no mata a los animales herbívoros. Gley confirmó lo de Schiff, pero describió unos casos en los que la muerte no se produjo debido a la presencia de glándulas tiroides supernumerarias.

¿Qué ocurría?

En los omnívoros –mas no en los herbívoros- las cuatro paratiroides estaban incrustadas dentro de la tiroides, y si bien se les adscribió inicialmente la misma función de la glándula de mayor tamaño. Antes de terminar el siglo se confirmó que las glándulas más pequeñas tenían una función diferente (Moussen, 1891).

Por otro lado, entre 1895 y 1897 – Kohn primero y Welsh después- harían completas descripciones histológicas de las pequeñas glándulas. Al finalizar el siglo, De Sancti informó casos de adenomas paratiroideos. Pero no los relacionó con la enfermedad ósea.

Pienso que la contribución más notable de la última década del siglo diecinueve la realizó el patólogo alemán Friedrich Daniel von Recklinghausen (el mismo de la neurofibromatosis). Quien separó la osteitis fibrosa quística de otras enfermedades óseas como la osteomalacia y el Paget. Y -aunque después se cuestionó que el caso que él informó fuese una verdadera osteitis fibrosa quística- el alemán quedó con el epónimo a cuestas.

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