“Se lo hago todo a mis hijos”

Esta es una costumbre —y un error muy generalizado. Y nada hay más absurdo…

El niño debe aprender a atenderse a sí mismo desde edad temprana y habituarse a hacérselo todo: comer con sus manos, peinarse, bañarse, vestirse, limpiarse los zapaticos y andar tranquilo por la calle, suelto de las manos. También puede hacer otras muchas cosas. Permitir que el niño actúe solo tiene beneficiosa influencia. Inmediata y ulterior. Lea el artículo. «Yo sólo», escrito por la soviética Yadviga Neverovich, que aparece al final de este libro.

Y hay más: el pequeño debe habituarse a ayudar a sus padres en los quehaceres de la casa; el más sencillo primero, y los otros después, según vaya creciendo. Ha de acostumbrarse a trabajar desde temprana edad, así lo han aconsejado todos los educadores respetables. La cantidad o índole del trabajo ha de ser, por supuesto, proporcional a la edad, vigor y sexo del muchacho.

El error que estamos denunciando no debe seguir vigente porque origina consecuencias fatales para el futuro del individuo y de la nación. En el campo y en las familias urbanas pobres, los niños ayudan y a veces trabajan más de lo conveniente. En la ciudad, se les enseña a los niños a ser perezosos o a pasarse la vida viendo el televisor o jugando en el computador. De más está decir que la condición activa y la perezosa de los adultos no cae del cielo: se origina y forma durante los años de la niñez y de la adolescencia.

Crianza: lo hago todo por mi hijoQuiero aquí advertir que la cooperación en pequeñas tareas dejará de producir sus excelentes efectos si se convirtiera en forzosa, áspera, grosera… ¡en obligatoria coacción! El juego es sagrado para el niño, y cuando esté activo en lo suyo, jugando, no se le debe interrumpir. El también merece respeto.

Después de los seis años el niño puede realizar “trabajitos”. En el agro criollo los realiza con éxito y naturalidad. Pero antes de esta edad, y aunque usted sea inhábil en esto de enseñarlo a trabajar, si usted se limita a permitirle al niño que esté a su lado y que se crea que la está ayudando, le hará un gran bien y la molestará muchísimo menos.

Es cierto que, por lo general, el niño pequeño quiere tocarlo todo y jugar con todo; pero a los pocos días, si ya tiene dos años, comprenderá sus límites, y viendo él mismo satisfecha su curiosidad, reducirá su “cooperación”… Pero aun suponiendo que ésta fuera algo estorbosa, sepa usted que será muy válida para la salud y el crecimiento mental del niño, porque, primero, lo tendrá ocupado; segundo, lo preparará para ayudarla de verdad más tarde; tercero, lo habituará a cooperar desde temprano; cuarto, lo responsabilizará con la atención y el aseo de su propia personita, facilitando la habituación higiénica.

El niño criado en la cooperación y el trabajo, cuando llega a joven se puede decir que posee una cabeza muy distinta a la del señorito cómodo o niño mimado. Sí, porque cooperó con su familia no le “chocará” cooperar con la sociedad.

Desista poco a poco de hacérselo todo a sus hijos, y vaya también poco a poco enseñándoles que la ayuden e intervengan en algunas labores domésticas; y cuando sean mayores de seis o siete años, encárgueles sus trabajitos. Recuerde que el niño debe habituarse de una manera natural al trabajo.

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