“Figúrate… apenas puedo ocuparme de él”

Niño triste castigado

El tiempo que se dedica a los niños menores de dos años, nunca es excesivo, aunque suele ser mal empleado. Después de esa edad puede y debe ir disminuyendo poco a poco… Después de los cuatro, el niño puede ir al preescolar y “descansarse” de él… El tiempo de dedicación ha de ir decreciendo. En la pubertad, el tiempo que llamo de atención, debe ser sustituido por “tiempo de relación”: comprenderlo, brindarle amistad, tolerarlo, ser confidencial… A los 17, la familia biológicamente sobra: usted entonces le debiera hacer ya poca falta a su hijo o hija. O ninguna, si lo crió correctamente.

La escala de la dedicación al niño dispuesta por la naturaleza, ¿puede ser hoy cumplida? La familia la ha violado por defecto… o escasez y… ¡por exceso o abundancia! Lo uno y lo otro perjudica al niño y al púber.

La dedicación maternal escasa daña la salud mental y física del niño. El ser humano abandonado a tan tierna edad no crece todo lo sano que podría crecer. Por supuesto, las buenas sustitutas alivian… y a veces benefician. Pero hallar una buena sustituta de una buena madre no es cosa fácil. Nadie ignora cómo alquilan algunos una mujer manejadora, o ponen al niño en manos de la empleada del servicio doméstico. Esto es otro error de nuestra crianza. Y de los graves. Pero lo peor, repito, es el abandono.Crianza niños apenas puedo ocuparme

—“Y ¿si tengo que ir de paseo o de compras?”

—Pues lleve al niño con usted.

— “¿Tan chiquito?” —

Sí. Su bebé, si está siendo bien criado, puede acompañarla a los 8 ó 9 meses.

— “Pero es una molestia…”

—No lo dudo. Pero a él le “molesta” más estar separado de su madre. Él se da cuenta a esa edad de que ella “apenas puede ocuparse de él”, porque él carece de importancia para ella. O le da menos de lo que le corresponde por ley biológica. Pero no se preocupe. No durará mucho la “molestia”. Recuerde lo dicho sobre la disminución progresiva del tiempo de dedicación. A los 4 años ya podrá usted “descansar” bastante de él. Pero… entonces déjelo a él descansar de usted. Hay madres que sólo le dedican unos minutos diarios a su hijo… para fastidiarlo o malcriarlo.

Las consecuencias de este error suelen agravarse con la llegada de un hermanito. La ración habitual de maternidad disminuye, porque se reparte; esto, sin duda, “instala” el desconcierto en la cabecita del primogénito, niño o niña.

Si se procediera con delicadeza y madurez, la aludida disminución afectaría poco, porque el nuevo huésped puede ser bien recibido. Pero no se suele proceder con tino. “Déjame, que tengo que atender a tu hermano”, se dice y repite muchas veces. La pequeñuela (o el pequeñuelo) se siente más abandonada, postergada y a veces comparada desfavorablemente.

“Este sí es lindo”. “¡Y es varoncito!, como tú lo querías. He ahí como puede empezar a formarse eso que se llama “complejo de inferioridad” y “complejo de Caín”.

No proceda así con sus hijos cuando le nazca otro. Al contrario, extreme con él o ellos sus atenciones y cuidados. No repita lo que quizás le hicieron a usted.

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