“Doctor, lo tengo siempre en su cunita”

Bebés en la cuna

Alfonso Bernal del Riesgo (1903-1975) Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, donde fue catedrático de Psicología y Sociología, fue durante muchos años la figura más destacado de la psicología cubana. Entre sus libros sobresale “Errores en la Crianza de los Niños”, publicado en 1970, una obra maestra escrita en un lenguaje sencillo, que no debiera faltar en ningún hogar, y que ahora reproducimos en Internet en homenaje al autor y a su hija, y para enseñanza de todos aquellos que no tienen acceso al libro como tal. Hemos modificado algunos pocos modismos, para adaptarlos a los lugares y época actuales.

Aurelio Mejía Mesa
[email protected]
Medellín, Colombia
2010


El bebito debe pasar de la cama materna a su cuna poco a poco. Tenerlo siempre en su cuna es un error. Y debe ser cargado algunas veces, para que cambie de posición, huela y sienta mejor a su madre. Por supuesto, cuando es bebito.

Pero hasta el quinto o sexto mes la cuna deberá estar casi pegada a la cama materna, y no debe negársele los brazos demasiado. Después puede irse separando la cuna y cargándolo menos. El niño debe estar y dormir cerca de su madre hasta que se dé cuenta que ella (y los otros familiares) lo quieren y lo pueden proteger a distancia. Esto ocurre poco antes de empezar a hablar y si le han hecho sentir que recibirá alimento, seguridad, protección. Sepa y no se olvide que el niño adquiere miedo fácilmente, y que el miedo es un eficaz alterador y desorganizador de las funciones nerviosas.

Pasada dicha edad (más o menos un año) la cama de los padres deberá ser usada por el niño como el grato lugar en donde a veces retoza y juega con ellos, igual que hacen los leoncitos en el cubil. Sólo se le deberá cargar entonces cuando esté cansado o exista otra causa.

Permitirle al niño que gatee por la casa es muy saludable. (Limpie el suelo: aparte los “peligros”). Por supuesto, la camita del niño sano que ya habla y camina puede estar en cuarto separado del materno, pero cercano y de fácil acceso. La puerta de comunicación no deberá cerrarse.

Pero volvamos a la cuestión del encunar, para ahora considerarlo en relación con el cargar o no al niño. Esto es más complicado de lo que a primera vista parece, porque el deseo de ser cargado cambia en los niños pequeños con los meses.

Veamos:

Crianza niños: siempre en la cuna1. El niño sano, en cuanto camina rehúsa los brazos (el sano, decimos).

2. Antes de saber caminar y después del tercer o cuarto mes de edad, muchos niños parece que “piden brazos”, y lo que casi siempre reclaman es compañía.

3. El hábito de estar siempre cargado lo adquiere el niño que aún no camina, no porque lo cargan sino porque de ese modo logra él estar junto a los seres queridos, y salir del aislamiento. La verdad es que, por razones H o Z, se deja demasiado tiempo solo al niño pequeño. El pide compañía y le dan brazos, y así acondiciona, liga o asocia el estar cargado con el estar acompañado. Y naturalmente, lo solicita.

Cargar al niño “por gusto” es, sin duda, un mal hábito, pero el estar o sentirse acompañado es posiblemente una necesidad del niño pequeño. La ausencia de la madre significa para él ausencia de alimentación o de protección segura. ¿Cuántos adultos permanecerían tranquilos si sospecharan que el único alimento no se sabe dónde está y la única protección segura lleva tiempo ausente?

El niño, como el monito, quiere “irse” con su madre, “viajar” en sus brazos. Y repetimos: no siempre por estar cargado sino por estar con ella; o con quien lo alimenta y protege. Al niño que aún no camina, negarle la compañía de sus familiares es cruel y traumatizante, y lo empuja a pedir que lo carguen, porque no sabe decir “acompáñenme”.

Usted se habrá dado cuenta que en esto de la cama como nido, la cuna y los brazos, ha seguido los consejos de la ciencia y de la sabiduría natural; pero no he olvidado la conveniencia de esto, porque estas medidas producen, entre otras consecuencias positivas, el sueño tranquilo del niño, y contribuyen a garantizar su buen carácter.

Cargue cuando sea procedente a su nenito. Ponga la cuna, el corralito o la sillita cerca de donde usted esté laborando; diríjale la mirada y la palabra de cuando en cuando, y verá cómo no pide tanto que lo tengan en brazos.

Después, cuando camine, déjelo estar junto a usted con frecuencia, y verá cómo cada vez pide menos que lo carguen y, además, le molestará (!) cada vez menos.

En la medida que el niño se va sintiendo seguro (2, 3, 4 años de edad) se va alejando de su madre y demás familiares. Empieza lentamente a independizarse. Usted está en el deber de ayudarlo en ese proceso, y no apresurarlo ni detenerlo. Y, mucho menos, que es lo usual, apurarlo por un lado y detenerlo por otro, creándole dificultades al crecimiento psíquico.

Sobre el chupete

Hay formuladas teorías para explicar la supuesta afición de muchos bebitos por ese objeto. No son tontas, porque la boca tiene grandísima importancia en esa edad. Pero ni a la lectora ni a mí nos agradan las teorías.

¿Se debe dar al nene el chupete? No. Pero es que…

Bueno, si no tiene otra cosa mejor para él, y él lo acepta a la primera introducción… También yo digo: algo es algo; peor es nada.

¿Y se debe permitir que se habitúe? Ningún hábito tonto es bueno. Lo mismo digo del chuparse el dedo. ¿Se lo debo entonces suprimir? Según cómo lo haga. Los malos hábitos se evitan; pero si ya están… se extinguen (desacondicionan) y no se “arrebatan con mano militar”. Esto hiere los sentimientos del niño. Si sabe hacer innecesaria esa succión, su hijo la dejará de un tirón o poco a poco.

El chupete ha sido llamado “compañía bucal ficticia y sustitutiva”, “falso estimulante del erotismo oral”, “consuelo de desdichados…” y de otros modos. Puede calificarse de defectuosa la crianza cuando el niño de más de dos años de edad necesita de esto.

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