Satanás y satanización

Etimología. El término Satanás viene del latín Satāna, y éste a su vez del arameo הַשָּׂטָן, ha-shatán, “adversario, enemigo, acusador”. Aunque luego se le menciona como un “espía errante” de Dios sobre la Tierra; el sentido primario, de la raíz שטן (štn, “impedir, hostigar, oponerse”), sería simplemente el de “enemigo”. (112). En “el libro de los números” se llama “Shatán” (adversario, oponente), al mensajero ángel que Yhavé envio para impedir que Balaam maldiga el pueblo de Israel (Números 22:22 32). En árabe existen las palabras “soy y ata” (quemar, sollanar, chamuscar, mater), y “asata” (aniquilar, mater, hacer perecer), o “stasata” (arder de cólera maligna; el término en árabe “sagti” significa “torbellino de palvo”. El término “shatán” (del árabe Shaitan) entró en la vida jurídica israelita y se le dio el sentido de acusador delante del tribunal; a la vez, el término “shitna” derivado de la misma raíz es la acusación. La entidad de Satán indica que incita al pecado y busca el mal del hombre que aparece en el antiguo testamento. En los evangelios es el enemigo de Cristo, (113).

Los exorcismos llevados a cabo por Jesús de Nazaret fueron planteados en el Nuevo Testamento por (Marcos 3:22-27) (Mateo 12:22-30) (Lucas 11:14-23). Queda así fijada la figura del “Maligno” para la doctrina cristiana. En lengua árabe se le llama shaytán, que también significa serpiente. Los cristianos llaman demonio o diablo; sin embargo, en el Antiguo Testamento se menciona (en los escritos de Tob) al adversario que se opone a la divinidad.

Por su parte en griego no se escribe Satanás sino se refiere a los diabolos o diablo (procedente del verbo día-ballö) adversario, oposición, enfrentamiento, enemigo, acusador o calumniador. En el judaísmo se identifica a Satanás con el Lucifer o Belial o Belzebú; los nombres Semyazza y Azazel son también equivalentes a Satanás. En el apocalipsis de San Juan aparece el genio inspirador del mal como la famosa “bestia”. Lucifer, Satanás y Belzebú conforman un triunvirato que según el Antiguo y Nuevo Testamento gobiernan el infierno. El nombre de Lucifer proviene de la imagen del ángel Luzbel (114) (luz bella) portador de la luz que se cambia por Satán. Luzbel era el querubín, protector, músico, director de la alabanza a Dios y que combatió con los arcángeles Gabriel y Miguel. El término hebreo Satán aparece traducido en múltiples versiones antiguas y modernas de la biblia. (115)

En realidad el origen del proceso de formación de Satanás debe buscarse antes de la tradición cristiana; así, hace 5500 años en Mesopotamia (Sumeria) se hablaba de los demonios “Udug y Pazuzzi” que llevaban el problema del mal. En el cercano oriente se elaboraron los complejos de los sistemas míticos en donde los demonios tenían la funcionalidad de policías cósmicos y salvaguardaban el orden sin formar dentro de sí una integración dualista; la tradición judía sintetizó su costumbre con la creencia en los demonios, tomándolos desde las religiones como aparece en Job 1:10 ss. Los germánicos con el dios Tor, los hindúes con Siba y los grecorromanos con Pan y así ubicaron en el culto al macho cabrío, en las ciudades agrarias pre cristianas. El mal fue personificado en todas las culturas orientales del lejano oriente y de las occidentales a través de los milenios, aún se le representaba con animales, los cuales eran considerados el diablo o el Satanás representantes del mal.

Por su parte el mal indica lo “contrario a lo que es debido, sin razón, apetecido o se requiere, de manera impropia, insuficiente”. Por su parte el mal o lo malo se usa como un sustantivo y es contrario al bien que se aparta de lo lícito y honesto; se entiende que el mal produce un daño y es una desgracia, calamidad, enfermedad, dolencia (dolor), y en suma una destrucción y desorden, pudiendo a la vez presentarse males desordenados y buenas destrucciones.

Yendo a los conceptos que significa el término, éste “el mal”, es opuesto “al bien” y tiene una noción metafísica en que se plantea el “no ser” o la “dualidad del ser” (“el ser y no ser”, o “el ser o no ser”); esta noción es filosófica y ya está planteada en el capítulo IX (“Estnon”) de la obra: “El Azar Determinista”, (Sánchez Medina, G. 2011).

La noción subjetivista se refiere al juicio negativo. El filósofo Plotino identifica “el mal” con la materia y ésta con “el no ser”; y San Agustín escribe: “ninguna naturaleza es mala y este nombre no indica otra cosa que la privación del bien”, (116), (Abbagnano, 1997)(117); Santo Tomas se refirió en el mismo sentido al afirmar que “el mal es la ausencia del bien” (aquí se define por la presencia y ausencia), y Leibniz se pronunció en el sentido que “Dios es la causa material del mal, que consiste en su parte positiva y no en su forma que consiste en la privación”. Croce afirmó: “el mal cuando es real no existe sino en el bien que contrasta y lo vence, y, por lo tanto no existe como un hecho positivo”. Aquí nos enfrentamos a la lucha entre dos principios; el modelo de esta concepción es la religión persa de Zaratustra que constituye una solución muy simple en la cual “tanto el bien como el mal tienen su propia causa antitética”. He ahí el dualismo. Aquí ¿cuál sería la solución? Esta se ha buscado en el idealismo, en el espiritualismo, en la teoría subjetiva del bien (Hobbes, Spinoza, Locke), y, que Kant resuelve diciendo: “Los únicos objetos de una razón práctica son el bien y el mal […] ambos conforme con el principio de la razón”, los cuales no pueden ser determinados independiente de las facultades del hombre y de sus juicios de valor, los que a la vez se han construido con las sensopercepciones del “placer” vs el “displacer” o dolor o sufrimiento (físicos, psíquicos, sociales, económicos, morales alternantes) a través de la evolución de la vida. Schelling investiga sobre esta dualidad y busca la esencia en la libertad humana (118), en la cual también se encuentra la tendencia al dolor (masoquismo) y/o algofilia (satisfacción o complacencia con el mal). Existen varias actitudes ante el dolor como la huída, el combate y la lucha para conseguir un bienestar; estas tres reacciones parecerían estar determinadas por la naturaleza. Lo que también hay que tener en cuenta es que no podemos suprimir por completo, ni la necesidad del placer, ni la confrontación ni la evitación del dolor; lo que si podemos lograr es comprenderlo, aceptarlo, cambiarlo, justificarlo o manejarlo para producir un orden y un equilibrio. Einstein dijo: “la vida es muy peligrosa, no solo por las personas que hacen el mal, sino y sobre todo, por las que se sientan a ver lo que pasa”; en otra ocasión el mismo genio dijo: “el mundo no está amenazado por las mismas personas, sino por aquellos que permiten la maldad”. “El mundo está hoy en una crisis cuyo alcance aún no se han dado cuenta quienes poseen el poder sobre las decisiones de gran trascendencia acerca del bien y del mal”. (Op. cit. Sánchez Medina, G. 2011).

Según el pensamiento filosófico de Leibniz, en el que plantea como “sólo las particularidades son malas”, lo cual es producto de la consecuencia del reconocimiento de la finitud del hombre que hace parte del espíritu, el cual no puede comprender cómo el mal provenga de la Providencia divina; sin embargo, “la existencia de una creación implica forzosamente la existencia del mal, pues un bien absoluto solo podría darse en el caso de un aislamiento de Dios” y “sólo la Causa Primitiva es absolutamente perfecta”, (Op. cit., Abbagnano 1997).

Como vemos el problema del mal ha desencadenado especulaciones filosóficas; sin embargo, hay que identificar a qué mal nos referimos, si es el proveniente de la naturaleza o es el proveniente del hombre y en qué momento se presenta en la vida, en la cultura o en la historia, además de la actitud frente al mal y a su circunstancia. Además téngase en cuenta la calidad, la cantidad, intensidad, frecuencia, magnitud del mal y sus consecuencias. Reflexionemos así mismo cómo “la privación de todo bien equivale a la nada, y luego, sí hay una existencia ella significa que es algo bueno” y “todo lo que es, es bueno”. He ahí la conclusión de que la existencia, el ser (él “es”) lo consideramos como “bien”. El mismo Hegel postula “el malcomo la negatividad positiva. He aquí la dualidad. Es necesario tener en cuenta al “ser” y el “evento” (hecho); el primero (el ser) participa como base (estructura) de hecho histórico en y con toda su evolución.

Satanismo

Este término se refiere a la creencia, veneración y admiración por Satán o sus figuras similares. En el Nuevo Testamento aparece este personaje en diferentes evangelios y así también en el libro de la revelación y en la creación y la caída del hombre. A través de los años se ha escrito mucho a través de este personaje, el cual se le da una connotación alegórica que representa crisis de fe, individualismo, libre albedrío, sabiduría, progreso, rebelión, libertad, y aún sabiduría y más en la supuesta sociedad secreta paladista. El satanismo es ateísta y simbólico mas no rinde culto a Satán en sentido teísta, mas sí es contrario a todo credo espiritual y defiende el hedonismo, el materialismo, el objetivismo randiano, el egoísmo racional, el individualismo, la apoteosis, la filosofía Nietzscheana y Crowleyana y el antiteísmo.

El satanismo también es casual o por momentos y aparece en la época adolescente como una rebeldía utilizando acciones y rituales como la “misa negra”, la imaginería demoníaca, para conseguir una imitación del satanismo que impacta a los individuos susceptibles y no implica un interés real por los ritos, el simbolismo y la filosofía de las prácticas satánicas; en el adolescente aparece al borde de sufrir un trastorno de la personalidad y/o estar relacionados con problemas de salud mental o con el abuso de sustancias psicoactivas, y los trastornos con déficit de atención e hiperactividad y/o con dificultades en el aprendizaje y en las autolesiones masoquísticas. El satanismo en el adolescente puede evolucionar dependiendo de cada ser humano y puede inducirse a través de la música o ciertas partes de la biblia negra. En ocasiones el satanismo se organiza en grupos, sectas, realizando inclusive sacrificios de violaciones al hombre, a la mujer o a los niños y aún llegando al sacrificio del ser humano con la muerte. Nótese que en el año de 1991 Karla La Veg refundó en 1991 la “iglesia satánica” y además el día tradicional del “aquelarre” (de las brujas).

El satanismoFigura 38. El satanismo se proyecta con la insignia del pentagrama invertido. Ref: tomado de: https://www.taringa.net/posts/paranormal/9481817/Pero-che-Que-es-el-Pentagrama.html

El satanismo se proyecta con la insignia del pentagrama invertido y con la orden de los nueve ángulos. En la época moderna se creó una sociedad religiosa de iniciación al ocultismo, con el concepto del camino de la mano izquierda opuesto al de la mano derecha; este último sería el buen camino (nótese aquí cómo la dualidad y la ambigüedad entre derecha e izquierda es proyectada en una acción). La sociedad, instauró el templo de Set o Seth. El “setianismo” es una teoría sin mirar al “satanismo teísta” proveniente del rey Egipto Seth o “señor de las tinieblas” al cual se le rinde culto a través del ritual de la “llama negra”, “Seth aparece en la Biblia como el Satanás que tienta a Cristo y a Job”, (De Francisco, 2012).

Antes del satanismo moderno en la civilización cristiana europea descendiente de los cruzados, también tuvo lugar en los países musulmanes y así apareció el grupo Yazidíes que eran seguidores y adoradores de Satán. Téngase en cuenta que toda esta concepción de Satanás, satanismo y satanización proviene también de una defensa al temor al mal identificándose con el personaje del mal y utilizándolo como una “contra fobia” al mismo. Esto es importante tenerlo en cuenta, en especial en los adolescentes que usan inclusive la música (black metal, heavy metal y otras) como una protesta rebelde, y de provocación, y a la vez de entretenimiento, volviéndose “anti todo”, identificándose así con el mal o Satanás y no con el opuesto Dios ideales o valores. Para el sujeto su decisión o transacción es realizar pactos con el enemigo, el mal Satanás, para conseguir así la identificación con él y/o los poderes que se asumen o se pueden adquirir; en los pactos con el diablo se pactan la entrega de la voluntad a cambio de conseguir bienes materiales o beneficios prohibidos. Aquí obsérvese el dicho que se “vende el alma al diablo”, como Fausto con Mefisfófeles, otro de los nombres de Satanás.

Desde el punto de vista psicoanalítico además de operar la ya mencionada contrafobia es importante mencionar que Satanás representa lo prohibido, la muerte, la sexualidad y la violencia en general, el incesto, los instintos reprimidos, eróticos o tanáticos, la perversión, la cacofonía, la irracionalidad, la identificación con el objeto malo proveniente del padre o la madre para defenderse de los ataques persecutorios puesto que el bien y los ideales provienen de él y pueden ser considerados peligrosos y aún mismo la misma razón y la justicia; por lo tanto la injusticia, la destrucción, las acciones cometidas contra las prohibiciones y las normas sociales y toda la urdimbre compleja de las sociedades sostenidas por el amor humano y el sufrimiento son violadas; así el instinto de muerte y destrucción toma su predominio. Entiéndase aquí que el complejo de Edipo, la muerte del padre configura algo malo demoníaco y opera como un funcionamiento y argumentación haciendo uso de la brujería y de la demonología; en contraposición aparecieron los inquisidores del siglo XV. En síntesis el satanismo conlleva una neurosis y una psicosis o lo que llamamos casos fronterizos o neurosis disociativa y estados confusionales. Es así como se llega a la posición demoniaca o satánica.

Es interesante como esta dualidad entre Dios y el diablo, apareció en el Lejano Oriente y también en occidente, América y África, pues las imágenes demoniacas de los espíritus malignos son propias del ser humano, la cual configuró creencias, mitos, ritos, teorías, puesto que estos conflictos inconscientes no tienen ni tiempo, ni raza, ni lugar.

Posesión demoniaca

La posesión demoniaca se refiere a un trastorno del comportamiento en el cual se siente que el espíritu del ser humano es tomado por otro, y, en este caso del demonio o Satanás. Esta posesión llamada también “demoniopatía o demonio manía” corresponde a problemas mentales como la histeria disociativa, casos fronterizos, estados disociativos y confusionales, epilepsias, trastorno de personalidad. El sujeto puede tener trastornos en la memoria, convulsiones, respiraciones agónicas, aversión a lo sagrado, aparición de parálisis, enfermedades sin causa aparente, conocimiento de sucesos distantes y ocultos, pronunciación de lenguajes extranjeros o entendimiento de los mismos, no conocidos, autoflagelaciones, disfunciones, diferentes marcas, cicatrices, arañazos, lesiones en la piel o las denominadas llagas de Jesús. Todo esto es asociado e interpretado como una posesión demoniaca puesto que se pierde el control interno en las acciones de la consciencia y del cuerpo.

Muchas religiones distinguen esta posesión demoníaca como una patología, y en el caso de la religión católica solo se procede a exorcizar cuando los psiquiatras estudian el caso y se pronuncian que no hay enfermedad mental; sin embargo, muchas veces no se llega al diagnóstico puesto que el mismo psiquiatra puede estar confundido. De una u otra forma este desorden psíquico de la posesión se proyecta como un trance y es interpretado como una posesión sobrenatural del (os) demonio (os) los cuales toman el control produciendo doble consciencia o una consciencia confusional. El “psiquiatra prepsicoanalista” Pierre Janet publicó el caso de Aquiles, (en 1890), quien fue poseído por el demonio y curado con hipnosis; Joseph Breuer en colaboración con Sigmund Freud publicaron en 1895 la obra “Estudios sobre la Histeria” basado en el caso de Ana O. la cual hablaba lenguas extrajeras; años después, en 1899 la Medium Helen Smith publicó “Desde la India al planeta marte” en que se hacía referencia a los temas de gurú, chamanismo y exorcismo. El síndrome de Tourette y la epilepsia fueron relacionados con este trastorno de la posesión satánica. Los sumerios se refirieron a ella, y los sacerdotes de ese entonces hacían el exorcismo que denominaban “ashitu”. En muchas escrituras cuneiformes aparecen plegarias para protegerse de los demonios; los chamanes hacían exorcismos. A través de la historia muchas personas mentalmente enfermas fueron asesinadas porque se creían eran poseídas por el demonio. Los mismos animales se les consideraban que podían ser poseídos por el demonio o eran el demonio encarnado en ellos y por eso se les mataban, (Borja Gómez, 1997).

Actualmente en el cine se proyectan películas con este mismo tema. En la Biblia en el evangelio de San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan, en los libros de los hechos y en la Apocalipsis se refieren a las personas poseídas y curadas por Jesús pues fueron expulsados los demonios que habían poseído el hombre; así mismo se relata cómo Jesús expulsa a 2000 cerdos como horda de demonios, hace hablar a un mudo poseído por el demonio, da a los 12 apóstoles la autoridad para expulsar al espíritu maligno. El mismo bautizo es una especie de exorcismo; Jesús cuenta de una alegoría de cómo los espíritus vuelven a casa al cuerpo de un ser humano en el que habían vivido antes; Jesús cura además a un loco expulsando al demonio; expulsa a 7 demonios del cuerpo de María Magdalena y, elimina en Sabbat a un espíritu que causa enfermedades en el cuerpo de una mujer; una turba de judíos quiere matar a Jesús y le acusa de poseído por los demonios; Satanás ocupa el corazón de Ananías; a Felipe el evangelista en Samalia, los espíritus malignos le abandonan; Simón el mago, ofrece el poder de la imposición de las manos; Pedro dice que Jesús expulsa a todo aquel que se encuentra bajo el poder del diablo, Pablo y Silas son encarcelados por expulsar un espíritu adivinatorio en una esclava; los pañuelos y los delantales tocados por Pablo, curan enfermedades y expulsan espíritus malignos (véase aquí todas las hechicerías y supersticiones con los fetiches); siete hijos de Esceva intentan expulsar los espíritus diciendo: “en nombre de Jesús a quien Pablo predica, yo te ordeno salir” pero no tiene éxito por su falta de fe; la ramera de Babilonia es hogar de demonios, espíritus malignos y aves inmundas (119).


112 Samuel 29:4; Reyes 11, 14-25

113 Salmos 109:6) (Zacarías 3:1) 1Cronicas 21:1) Sapiencia 2, 24, (Job 1:6-9) (Job 1:12), (Marcos 1:12-13) (Mateo 4:1-11), (Lucas 4:1-13)

114 “Luzbel, el ‘ángel caído’”, (De Francisco, 2012).

115 Números 22:22 En este versículo el ángel de Dios es un adversario (hebreo satán) para Balaam, poniéndose en el camino para impedir que Balaam salga a maldecir al pueblo de Israel. Números 22:32 La frase “yo he salido para resistirte” es la traducción al castellano de una frase hebrea que dice literalmente, “yo he salido como adversario (satán) tuyo.” Nuevamente, el adversario en referencia es el ángel de Dios. En estos dos casos, el satán o adversario a que se refiere es el mismo ángel de Dios, por lo que se puede ver claramente que la palabra satán no se refiere necesariamente a un ser maligno o malvado. El ángel de Dios fue un satán para Balaam simplemente porque se opuso a que fuera con los embajadores de Balac. Samuel 29:4 Los filisteos temen que David se les vuelva enemigo (hebreo satán) si sale a la guerra con ellos. Samuel 19:22 David dice que los hijos de su hermana Sarvia (Joab y Abisai) le son adversarios (hebreo satán) porque quieren dar muerte a Simei, mientras que David ha decidido perdonarlo. Reyes 5:4 Salomón dice que no hay adversarios (hebreo satán), es decir, que está en paz con las naciones circunvecinas. Reyes 11:14 Hadad edomita es un adversario (hebreo satán) de Salomón. (2 veces)1 Reyes 11:23 y 11:25 Rezón hijo de Eliada es otro adversario (hebreo satán) de Salomón. Salmos 38:20 David dice que los que le pagan mal por bien le son contrarios (hebreo satán). Salmos 71:13 David desea que perezcan sus adversarios (hebreo satán). Salmos 109:4 David se queja de sus adversarios (hebreo satán). (2 veces) Salmos 109:20 y 29 David se queja nuevamente de los que lo calumnian (hebreo satán). Zacarías 3:1 El verbo acusarle es una forma de la palabra hebrea satán, (Torres Amat, 1957).

116 “Esto condujo a San Agustín a definir el infierno (mal), como la privación de Dios” (A. De Francisco, 2010)

117 Cita de San Agustín De Civ. Dei, XI, 22).

118 Op. cit., Abbagnano, 1997 pág. 765-768

119 “Jesús expulsa a los demonios y los pasa a una pira de cerdos que luego caen despeñados. Los exégetas bíblicos no encuentran buena explicación que dé cuenta de por qué se hizo eso en los cerdos”, (De Francisco, 2012).

Volver Índice Siguiente

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!