Algo más sobre la Intuición y la Subjetividad

Recabando con respecto a la intuición, nuevamente ésta se comprende como la capacidad del aparato mental para percibir y tener la sensación de un hecho, una acción, un fenómeno, sin los elementos propios de la lógica consciente; es decir, es un pre-conocer que ocurre antes de haberse integrado el objeto a signos graficados, indagados, gramatizados y llevados a un discurso conceptual. En la intuición el sujeto tiene un impulso, imagina, “presiente”, percibe una señal y un objeto, encuentra una sensación y hace la notación, la puede recordar y llegar a formar un protopensamiento”; aun puede conectarse con una imagen, sin alcanzar a percibir la representación de la misma. En la intuición no hay paso directo de la imaginación a la palabra.

En ese transcurso pueden configurar un lenguaje comunicable de una idea y de un deseo; quizás lo que más se puede denotar es el deseo. He aquí en donde se pone en juego todo el mundo de la subjetividad. La comunicación de lo intuido no se realiza con signos convencio­nales sino por medio de presignos” (“señales codificadas con significados”). Esta percepción y posible comunicación puede ser indispensable en la funcionalidad de las relaciones entre el sujeto-objeto (interno y/o externo). Las señales en la intuición, provienen de estímulos internos o externos, y son percibidas en forma de los ya nombrados presignos, evocados o no, de acuerdo con sus estímulos asociantes; de aquí se parte a los procesos de significación, en los que participan entre otros los fenómenos de la ideación, la asociación y la sustitución, que son estudiadas en la lingüística y que no me propongo desarrollar aquí (Sánchez Medina, G. 1975).

La intuición es uno de los primeros pasos en el conocimiento; es un saber sin un por qué o para qué; eso puede ser el inicio del pensamiento sin palabras, y sin discurso. En la intuición no hay pleno conocimiento, ni trascendencia de él; en la intuición, “el sujeto ve la cosa o bien siente sentir” el acto o la visión del mismo; es en otras palabras, repitámoslo, un “presentir”. La intuición también estaría ubicada, dentro del contexto psi­codinámico, en la percepción interna de la imagen (objeto), del deseo, del impulso, movidos por el instinto con su configuración de la fantasía inconsciente, todos ellos operan­do dentro de la subjetividad y del sí mismo. Por su parte, la identificación de lo percibido y presentido es posterior, y se realiza una vez que el sujeto ha podido distinguir el objeto, diferenciarlo, diagnosticarlo para luego llevarlo a la denotación significativa y de allí pasarlo a la palabra.

También en la subjetividad los afectos tienen que ver con este tipo de conocimiento, por­que ocurre que “conocemos” e “intuimos” cuando hay una relación afectiva e intersub­jetiva, sin trabas mayores; es cuando se encuentran los mundos afectivos e instintivos muy cerca uno del otro (sujeto-objeto), y cuando los sistemas conscientes inconscientes están en una estrecha relación “sintónica”, “sincrónica” y “sintópica”. Es, por decirlo de otra manera, la interfuncionalidad de los aparatos mentales o la “sintonía” de ellos, cuando la intuición se pone en función en la relación dual. La capacidad intuitiva, en el conocimiento en general, y en el científico, no indica, ni califica, ni valida la capacidad del conocimien­to, como ocurre en la relación terapéutica dual psicoanalítica y se observa en el proceso transferencia-contratransferencia.

A pesar de que Freud (1932) en su escrito aparecido en “Lecciones Introductorias al Psi­coanálisis” (5) sobre “El problema de la concepción del universo” (Freud, 1932), escribe como: “La filosofía no es contraria a la ciencia pero metodológicamente yerra, en cuanto so­breestima el valor epistemológico de nuestras operaciones lógicas y reconoce otras distintas fuentes del saber, tales como la intuición”. En mi entender, el problema reside más en la “sobreestimación” de los valores y no en el desconocimiento de los hechos mentales; más aún, parecería que Freud entrara en una necesidad de ubicación del nuevo conocimiento psicoanalítico, cuando en el mismo escrito, refiriéndose al psicoanálisis y al problema de la concepción del universo (Weltanschauung), escribe: “… no sería difícil fijar la posición del psicoanálisis a su respecto. Siendo una ciencia especial, una rama de la Psicología, Psicología-abisal o Psicología de lo inconsciente (6), será absolutamente inadecuada para desarrollar una concepción particular del universo y tendrá que aceptar la de la ciencia”; más adelante afirma con respecto al psicoanálisis que “la única fuente de conocimiento del universo es la elaboración intelectual de observaciones cuidadosamente comprobadas, o sea, lo que llamamos investigación, y niega toda posibilidad de conoci­miento por revelación, intuición o adivinación”. Esta última afirmación freudiana parecería que no da cabida a la “intuición” en el proceso intelectual, pero para eso está la inves­tigación con la observación cuidadosa y comprobada; no se trata de aceptar y asimilar la “adivinación” y la “revelación”, a la “intuición”. Aún más, pienso que Freud no penetró explícitamente en el fenómeno de la intuición, sin embargo, lo dejó implícito al referirse a los diferentes procesos que se suceden entre los llamados procesos primario y secundario (7).

La intuición también se análoga a lo que entendemos como “presentimiento” o al llamado “sexto sentido”. Las investigaciones científicas recientes señalan una posible ex­plicación neurobiológica de la intuición; esto último se está efectuando en el Centro del Desarrollo de la Investigación y Aprendizaje en la Universidad de Pittsburgh de los EE. UU., por el psicólogo Jonathan Schooler, 1998, y por Michael Rogg 1988 de la Universidad de Saint Andrews en Escocia y en la Universidad de Viena, Austria, en las cuales se ha en­contrado relaciones entre la memoria y las ondas cerebrales, pudiéndose concluir cómo las palabras que se olvidan siguen los mismos circuitos de la memoria de las palabras que se recuerdan; las primeras con intensidad menor, de ahí su no recuerdo u olvido. Todavía faltan más estudios e investigaciones que prueben estos hechos. Aquí podríamos conectar estos conceptos con el “mecanismo de la represión” bien formulada por Freud y tam­bién postulados en “Proyecto de una psicología para neurólogos” (1895) (Freud, 1895). Hoy día podríamos entender estos fenómenos como potenciales evocados con frecuencias que se interfieren e impiden el recuerdo por mecanismos psíquicos conflictivos; por lo tanto el mecanismo de la represión también descrito en el psicoanálisis, no vendría a ser sino un potencial que participa en los diferentes circuitos que se interrelacionan en los recuerdos. Entendamos también que existen diferentes atractores de la realidad externa e interna que pueden inhibir o desinhibir o facilitar la viabilidad de los circuitos para recordar u olvidar. Actualmente no se ha podido identificar y mapear estos circuitos.

Las personas que llegan a romper con la barrera de la lógica, la razón, la realidad concre­ta, la consciencia, y a la vez tienen una sensibilidad con alta resolución, por decirlo así, con capacidad y posibilidad de tener sensaciones, presentimientos, intuiciones provenientes del inconsciente que pueden llegar a conformar un pensamiento y un conocimiento; aun­que no sea inicialmente verbal, lógico y lineal y de certeza, con todos ellos se puede lograr alguna información, para luego llegar a hacer de esa intuición algo cierto, y de­mostrable lógicamente con un pensamiento y concepto; de ahí que cuando la persona deja “libre” su mente, puede asociar, conectar y encontrar la información olvidada; por eso en psicoanálisis utilizamos el método de “asociación libre” para encontrar los diferentes conflictos reprimidos. De esto podríamos inferir que de lo que se trataría en psicoanálisis es de “recordar” y “revivir experiencias pasadas” (“experiencia emocional correctiva”) y de encontrar la información realizando la revivencia conflictiva; si bien, sólo en parte, es cier­to, en psicoanálisis es más un hallar una reordenación en la nueva vivencia (transferencia-contratransferencia) para conseguir otro equilibrio menos conflictivo y más “fácil y libre” de interferencias que no permiten configuraciones armónicas; es más, un encontrar con libertad la realización de sí mismo y que las ideas, las asociaciones fluyan para que así se puedan construir pensamientos creativos.

Con respecto al tema de la intuición y al pensamiento, Einstein (1936) se expresó en la siguiente forma: “La conexión de los conceptos elementales del pensamiento co­tidiano en relación, con los conjuntos de experiencias sensoriales, sólo puede ser comprendido por vía intuitiva y no pueden fijarse científicamente(8). Es de anotar aquí que Einstein refiriéndose a sus ideas con respecto al universo, el espacio-tiempo y la desviación de la luz, con su teoría de la relatividad expresó: “aquellos pensamientos no venían en una formulación verbal; rara vez pienso en palabras, el pensamiento llega y solo después puedo intentar expresarlo con palabras”, (Hawking, 2003), (9). De esto se puede concluir cómo el conocimiento y la comprensión tienen un campo que tiene sus conexiones y pertenece a mecanismos psicodinámicos complejos en el que intervienen los sistemas topológicos in­conscientes, preconscientes y conscientes.

“Verificación

“Voy a analizar tres tipos de verificación. Las dos primeras aluden concretamente a las teorías científicas, mientras que la tercera tiene que ver también con el arte.

“Al volver la vista atrás para contemplar sus experiencias como científico, Einstein logró expresar concisamente las dos primeras: ‘el primer punto evidente: la teoría no debe ir en contra de los datos empíricos’. Si una teoría científica no puede verificarse en el laboratorio, se pone en cuestión y puede llegar a ser rechazada. Pero no tan rápido continua diciendo Einstein, ‘por muy evidente que este requisito pueda parecer a primera vista, su aplicación resulta bastante delicada’. Esto es justo lo que ocurrió con la teoría de Lorente-Einstein cuando la contradijeron los datos de Kaufmann, mientras que las otras teorías especializadas y relacionadas con los electrones les fueron mejor. Lorente cayó preso del pánico, pero Einstein tuvo confianza y procedió a generalizar su teoría de la relatividad. La razón radica en la segunda forma de evaluar las teorías científicas de Einstein, que consiste en optar por teorías ‘cuyo objetivo es la totalidad de las apariencias físicas’. Este era el objetivo de la teoría de Lorente-Einstein y, más en concreto, en la cabe­za de Einstein, de su teoría de la relatividad. Esas teorías no sólo afectan a los electrones y el físico alemán se negaba a permitir que el problema lo resolviera un único conjunto de datos empíricos.

“El tercer método de evaluación, que se aplica tanto al arte como a la ciencia, es aun más sutil. Es la verificación mediante la influencia: ¿ha llevado la nueva idea a alguna parte?, ¿Inspira a otros a producir una ciencia útil o un arte de importancia?, ¿se convier­te en parte de una visión del mundo? Está claro que la teoría de la relatividad de Einstein y Las Señoritas De Avignon de Picasso, cumplen todos esos requisitos. Los impulsos creativos de ambas figuras se convirtieron en inspiración y ellos mismos en argumentos de películas y novelas. Sus grandes obras elaboradas durante el periodo más intensamente creativo fueron al principio rechazadas, después elogiadas, mas tarde incorporadas al medio intelectual que ellas mismas habían generado, y finalmente, superadas. Pero nunca podrán olvidarse, porque ya forman parte de la piedra sobre la cual siempre se asentaran la ciencia y el arte en su conjunto. Durante sus vidas, la influencia de sus creadores men­guó, sin duda a su pesar. Einstein y Picasso ya no podían producir obras como las de su juventud, cuando nada les importaba más que las ideas. Extrañaban los días de la Oficina de Patentes y el Bateau Savoir. La llama del genio arde con fuerza, pero por poco tiempo, y después empieza a apagarse lentamente.

Quizás Einstein pensara en sí mismo tanto como en Newton al escribir, al final de su vida, de esta forma tan conmovedora:

-‘Perdonadme, Newton; tu describiste prácticamente el único camino que, en tu época, un hombre de mente y de capacidad creativa, superior podrá descubrir. Los conceptos que creaste, aún hoy en día, siguen guiando nuestro pensamiento en física, aunque ahora sabemos que, si queremos alcanzar una comprensión más profunda de la relaciones, habrá que sustituirlos por otros muy distintos de la esfera de la experiencia inmediata’.

Mientras que para Newton ese momento no llego hasta 1905, a Einstein le ocurrió durante su propia vida”. (Miller, 1997, p. 300-308)’.

En la transcripción parcial de las ideas de Arthur Miller encontramos cómo se puede crear, descubrirse o realizar un hecho (obra musical, pictórica, científica, etc.), unas teorías las que algunas veces son rechazadas y luego aceptadas e incorporadas para constituirse en geniales (provenientes de un genio); sin embargo, el momento de creación puede ocurrir por un azar (causalidad) que estaba determinado por diferentes variables del creador (genialidad, moti­vaciones, intereses, fantasías operantes, estímulos presentes, intuición, presentimiento, pre­conceptos), los cuales se interrelacionan y obran en el o un momento dado, por ese fenómeno que denominé: “azar determinista”. Aquí deviene una pregunta: ¿será que todos los genios estarán predeterminados y determinados al descubrimiento de algo nuevo y/o a la realización de una obra?, ¿principio o teoría creadora? La respuesta no puede ser indefectiblemente afir­mativa, pues puede que el genio exista pero no aparezca la obra genial; entonces y ¿cuál es el destino que acompaña al genio?; la respuesta es la que él mismo y su momento o circunstan­cia se den en la vida cotidiana.


5 “Las conferencias agrupadas bajo el título de Lecciones introductorias al psicoanálisis fueron desarrolla­das por mí durante los cursos de 1915 a 1916 y 1916 a 1917 en un aula de la Clínica Psiquiátrica de Viena, y ante un auditorio compuesto por individuos de todas las facultades, (Freud, 1932).

6 La negrilla es mía”

7 Adivinación y revelación pueden hacer parte del proceso del conocimiento si consideramos que estos dos están en intima relación con la intuición y están asociados a estados especiales de consciencia en que no se distinguen bien entre lo interno y externo, y lo que aparece en la consciencia puede ser referido a algo externo.

Es necesario aquí acotar que en el fondo no hay “asociación completamente libre” porque aquella la asociación está determinada por todas las cadenas o conexiones entre una representación y otra; si la denominamos “libre” es para que el sujeto trate de quitar las barreras de la represión consciente e inconsciente y así llegar al espacio mental del recordar y asociar lo traumático conflictivo. (G. Sánchez Medina). La negrilla es mía.
9 “Einstein se refirió en varias oportunidades a esta forma de funcionamiento de su aparato mental”, (De Francisco, 2012).

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