Algunas ideas con respecto a la fantasía y la imaginación

Cuando nos referimos a la “representación” lo hacemos a la acción de volver a presentar (re-presentar) una imagen en la consciencia para lo cual se requiere un mecanismo psicodiná­mico; la imagen que se proyecta puede ser real o construida en la virtualidad; de tal manera, el sujeto percibe lo que piensa y aún puede presentarse pensamientos concretos con imágenes como lo realiza las mentes primitivas; de tal manera, las imágenes se originan por la percep­ción de las cosas corpóreas que luego se configuran en la mente, se recuerda, se diferencia, se ordena y se vuelve a presentar (representación o re-presentar); para todo esto se requiere las facultades mentales y entre ellas todo el intelecto y la memoria.

Sin embargo, existen imágenes creadas por el propio ser humano que son interrelacio­nadas con otras, como ocurre en los sueños, en el arte poético o pictórico, combinando la sensopercepción con los instintos, deseos y necesidades; las mismas alucinaciones son repre­sentaciones que se les da la connotación de la realidad como los sueños.

Desde el punto de vista histórico Aristóteles decía que la imagen eran las cosas sensibles pero que no son materiales; es decir, eran las imágenes el producto de la imaginación, en donde existen sensopercepción, significado, y aún un sentido. Nótese aquí que las imágenes están relacionadas con las ideas que se expresan a través de las representaciones de la palabra; además estas ideas, imágenes y representaciones hacen un puente entre lo material y lo inma­terial, entre cuerpo-mente y esta última con el espíritu; es decir con lo que le da vida y perte­nece al orden materia-energía en sus más profundas instancias teniendo en cuenta que puede manifestarse una u otra alternativamente. Todas ellas conectándolo con la realidad. De una u otra forma existe un límite en evocar o producir las imágenes de acuerdo a la capacidad de cada cual. Aquí recuérdese a San Agustín quien decía: “las imágenes son originadas por las cosas corpóreas y por medio de las sensaciones que, una vez recibidas, se pueden recordar con gran facilidad, distinguir, multiplicar, reducir, extender, ordenar, trastornar, recomponer del modo que plazca al pensamiento”, (Abbagnano, 1997). Francis Bacon dio énfasis a que la imaginación junto a la memoria y a la razón son facultades fundamentales en que se basa la poesía; y, Descartes se refirió a la fuerza que implica la sensopercepción para crear nuevas figuras y representaciones. Hobbes se refirió a la imaginación como una condición fundamen­tal de la actividad mental y como un cuerpo en movimiento.

Así transcurrieron siglos hasta llegar al XVII y XVIII cuando Spinoza postuló que “la mente no hierra en cuanto imagina, sólo en cuanto cree presente las cosas imaginadas”; a su vez, Kant vio en la imaginación “la facultad de las intuiciones incluso sin la presencia del objeto” y, la distinguió en productiva, que es el “poder de la representación ordinaria del objeto y que precede a la experiencia”. Personalmente pienso que la intuición conlleva a la imaginación y fantasía pudiendo ser esta creadora a distintos niveles. El concepto de una “imaginación productiva”, según Kant es puramente formal porque no produce más que la condiciones de la intuición en la dimensión espacio-temporal (Crítica de la razón pura). En resumen, entiéndase que una es la acción productiva y otra la reproductiva, las cuales pueden tener oscilaciones; sin embargo, siempre confrontadas con una realidad, a no ser que ésta últi­ma se pierda como ocurre en la psicosis o los estados confusionales, o en el proceso terciario ya nombrado en otra parte y que corresponde al inconsciente, (Abbagnano, 1997).

De una u otra manera, imaginación y fantasía son fenómenos normales del aparato mental como es la inteligencia, la memoria, etc. La fantasía, en síntesis, es la representación mental del impulso y la imaginación es la acción y función de la mente para crear imágenes; a su vez, el impulso es la energía que produce una fuerza que empuja, con una dirección y un fin al sujeto a nivel físico y psíquico; de tal manera, las fantasías son representación de imáge­nes. El fenomenólogo Husserl expuso la idea de la “libre fantasía” como una experiencia humana de la verdadera naturaleza y que paradójicamente se conjuga con la “ficción” o la “apariencia” construyéndose así un pensamiento no solamente onírico, sino abstracto como ocurre con las matemáticas, sin que por ello se le atribuya a la misma imaginación o fantasía el poder mágico creador más pudiendo éste estar presente. Desde el punto de vista psicoa­nalítico la fantasía consciente es la representación de imágenes en el consciente, a la vez se representa y detecta en los sueños, las imaginaciones y ensueños diurnos, las novelas, la poesía, las ficciones, los proverbios, los mitos, las leyendas, el folclor y el arte en general.

Pensamiento, fantasía e imaginación se tiñen de emociones o afectos que los modulan para permanecer en el campo de la consciencia como una realidad; de tal manera a través de la historia individual y colectiva se fueron construyendo desde las sensopercepciones alimentadas por las necesidades y deseos para llegar a las preconcepciones, a las concepciones, al pensamiento y al concepto, no sin pasar por la satisfacción del deseo o la insatisfacción por la frustración, y así originar una ficción o una realidad imaginativa con fantasmas los cuales se expresan en mitos, creencias, pensamientos o imágenes oníricas (dormidas o despiertas) y pensamientos vacíos, mágicos omnipotentes o con supuestos conocimientos; a la vez, esto se puede observar en pinturas rupestres, escritos milenarios hasta llegar a las elaboraciones en o con la ciencia ficción.

La fantasía inconsciente es la expresión mental de los instintos, y funciona como una unidad operativa consciente del aparato mental, y es la capacidad de suscitar imágenes de representación del objeto; esta opera a la vez como el mecanismo de defensa de la realidad interna y externa; así mismo funciona al servicio de las necesidades, los deseos y la creatividad. Existe una interacción constante e inevitable de la fantasía inconsciente, con las experiencias reales y con el mundo interno. A cada impulso le correspondería una fantasía y son múltiples las clases de fantasías inconscientes que operan de acuerdo con las necesidades, los objetos y las ansiedades,(Sánchez Medina, G. 2002).

Cuando nos referimos a la “fantasía inconsciente”, tenemos que hacerlo también con respecto a otros fenómenos psíquicos que ocurren y que hacen parte de la misma y esta a su vez, para el psicoanálisis y para la teoría posicional kleiniana, es el elemento que funciona como intermediario o agente entre los instintos y los objetos; es decir, es la expresión mental de los instintos y existe desde el comienzo de la vida. Lo que Freud denominó “fantasía” fue lo referente a los sueños diurnos y nocturnos, a las escenas, a los episodios, a las novelas y a las ficciones que el sujeto construye y se narra a sí mismo y que está en intima relación con el inconsciente.

Antes de seguir adelante, es bueno aclarar lo que se entiende por imagen y por fantasía. La primera sería la representación del objeto, mientras que la segunda involucra a la primera; también sería la fuerza o facultad de suscitar y combinar libremente las imágenes en determinadas situaciones o estados de desarrollo, además de la organización en una unidad funcional; en otras palabras, sería la unidad con la que el aparato mental opera y funciona desde el inconsciente; la manera como construye el aparato mental, la realidad es a través de las sensopercepciones conscientes e inconscientes.

La fantasía está compuesta no sólo de imágenes, sino de impulsos instintivos que tienen su contenido, su intención, su fin, su objeto, su característica, sus cualidades y su intensidad, todo lo cual se combina deformando el sentido de la realidad externa, para existir o para configurar internamente una realidad distinta. A cada impulso instintivo le corresponde una fantasía; por ejemplo, al deseo de comer le corresponde la imagen de algo comestible que le satisface el deseo. Es a nivel del proceso primario, como se inicia la formación de imágenes y con ellas la apariencia del objeto. Cuando no hay objetos estos se crean en el imaginario más cuando existen improntas primitivas y aún en el ADN viene marcados ciertas tendencias al encuentro de los objetos. Entiéndase aquí todo este mundo en donde opera la creatividad, (41).

En la fantasía inconsciente intervienen diferentes clases de imágenes, las que pueden ser de orden acústico, visual, cenestésico, táctil, gustativo, olfativo, térmico, doloroso, etc. Por otra parte, los instintos intervienen en el proceso de la fantasía porque son la fuerza que da la calidad a aquélla y a los objetos.

La fantasía, tiene diferentes funciones, una de las cuales es servir como instrumento de defensa de la realidad externa o interna, pero también puede estar al servicio de las necesidades y de las satisfacciones de los deseos y, aún más, de la creatividad; también hay fantasías que pueden usarse como defensas de otras; como son por ejemplo las fantasías maníacas que pueden servir como protección de las depresivas; de esta manera, la fantasía sirve para representar los ya nombrados mecanismos defensivos del Yo.

Las clases de fantasías inconscientes son múltiples, y, también como ya se observó, están de acuerdo con las relaciones objetales, con las ansiedades y con las defensas correspondientes, todas las cuales configuran y condicionan una posición del Yo.

Una analista posfreudiana y kleiniana, Hanna Segal, refiriéndose a la “fantasía inconsciente” da el siguiente ejemplo para explicar el funcionamiento de la misma: “el bebé somnoliento que mueve la boca con expresión placentera y hace ruidos de succión, o se chupa los dedos, fantasea que está realmente succionando o incorporando el pecho, y se duerme con la fantasía de tener el pecho que da leche realmente dentro de sí. En forma similar, el bebé hambriento, furioso, fantasea desgarrándolo y destruyéndolo y sus propios gritos lo desgarran y lo lastiman como el pecho desgarrado atacándolo en su propio interior. Por consiguiente, no solamente siente una necesidad, sino que puede sentir que sus contracciones de hambre y sus propios gritos son un ataque persecutorio en su interior. Desde el momento del nacimiento, el bebé se tiene que enfrentar con el impacto de la realidad que comienza con la experiencia del nacimiento mismo y prosigue con innumerables experiencias de gratificación y de frustración de sus deseos. Estas experiencias con la realidad influyen inmediatamente en la fantasía inconsciente, que a su vez influye en ellas. La fantasía no es tan sólo una fuga de la realidad, sino una concomitante constante e inevitable de las experiencias reales, en constante interacción con ellas”, (Segal, 1965), (42).

Es muy importante la interrelación de la fantasía inconsciente con la realidad externa y el ambiente, tiene mucha importancia sobre los efectos en la infancia y la niñez; sin embargo, sin que haya mal ambiente también pueden presentarse fantasías agresivas persecutorias. El psicoanalista en realidad se dedica a descubrir la fantasía subyacente, tras las producciones del inconsciente como en el sueño, el síntoma, físico o psíquico, el actuar, la asociación libre, los actos fallidos.

Es importante tener en cuenta que cuando el deseo se articula con la fantasía, también se operan una serie de procesos defensivos de los cuales ya nos ocupamos.

Es necesario resaltar en la forma como una mala experiencia se vuelve más importante si el bebé ha tenido fantasías y sus experiencias adversas solo le confirman lo que en su inconsciente está funcionando. Por otra parte, las experiencias buenas tienden a disminuir, a modificar las malas y a estimular el amor y la gratitud. De todo esto se deduce la importancia de que el bebé tenga un adecuado ambiente en sus primeros años. “Cuando un niño hace una fantasía de realización de deseos no está evitando solamente la frustración y el reconocimiento de una realidad de su propia hambre sino de su propia ira contra su realidad interna” (Op. cit. Segal, 1965).

Realidad interna y externa desde el punto de vista psicológico, son espacios que se integran en las relaciones objetales vinculares y que tienen una serie de vicisitudes de las cuales me ocuparé más adelante. Deseo hacer énfasis que es necesario tener en cuenta todo el funcionamiento del aparato mental en relación con el exterior y con otros aparatos mentales, los cuales también tienen sus funcionamientos particulares de acuer­do con cada individuo y cada situación.

De otra parte hay que considerar cómo los órganos de los sentidos son los que verdadera­mente determinan y designan el objeto real exterior y lo hacen por la sensación de extensión, con el aparato de percepción táctil y el auditivo, entre otros; es así como se van adquiriendo las nociones de largo, corto, profundo, lejano, delante, atrás, al lado, de posición y volumen. El espacio es concebido como un continente formal que comprende cuerpos diversos en su forma. La imagen dentro de la geometría espacial (curvilínea) le da la posibilidad de com­prensión, al continente, para su movimiento y su desplazamiento. El primer espacio perci­bido por el sujeto es su continente madre-útero; allí están determinados los primeros límites y luego, después del nacimiento, cuando se rompe ese equilibrio (continente-contenido) es cuando viene la progresión de la extensión de los límites espaciales. Todos estos elementos funcionan dentro de unas relaciones, un desarrollo y un orden, para finalmente ser integrados en un concepto, una abstracción, dentro de la misma funcionalidad.

Tanto la realidad interna como la externa tendrán que darse a conocer mediante nuestras propias senso-percepciones (incluyendo aquí las proto o pre senso-percepciones, que confi­guran también la intuición) que instauran la experiencia y la vivencia; la sucesión de unas y otras nos darán la noción de realidad (interna-externa), pero no hay que desconocer el espacio, el tiempo, el movimiento y la vivencia inconscientes; el tiempo y el espacio inconscientes son conceptos hasta cierto punto virtuales, pero que podemos ubicarlos en aquella configuración molecular codificada con una serie de signos, los que luego se pueden activar en señales; es decir, en esa activación, en el acto, se produce un movimiento, un tiempo, y el mismo espacio concreto estaría allí en esa base molecular, de ahí también que se entienda que el inconsciente es igualmente atemporal, o intemporal, por lo estático interno impreso y aun heredado, con y como potencial de ser activado y conocido, pero que está y también tiene su movimiento témporo-espacial en esa dimensión inconsciente.

La senso-percepción tendría también tres caras. Una que es externa, que se representa afuera; otra interna en el mundo mental representativo (adentro) conocido o que se sabe o de que se da cuenta, y que se percibe, y la tercera, aquella senso-percepción de que no se da cuenta, que no conoce o no sabe qué percibe conscientemente; esta tercera cara sería lo que denominamos inconsciente; entre la segunda y la tercera, existiría una cuarta que es aquel estado de sensopercepción y de conciencia que el psicoanálisis conoce como preconsciente, que está en los límites de lo desconocido; en este espacio es en donde ubicamos la atención flotante, las asociaciones libres, los sueños, los actos creativos, los delirios y otros fenóme­nos mentales y sus derivados; es aquí en donde personalmente sitúo el “proceso intermedio” o “terciario”, del cual me ocuparé más adelante. Cuando en psicoanálisis, como en otras ciencias, nos referimos a cambio, desarrollo, evolución, transformación, queda implícito el concepto de tiempo, a la vez, es por esto también como entendemos que estas condiciones (de tiempo, espacio, movimiento, ritmo) son “de” algo, por ejemplo, nos referimos al cambio de material de asociaciones, de conducta o del desarrollo del Yo, de la situación para llegar a una posición, fase y/o ciclo, todo lo cual implica un espacio, un movimiento, un tiempo y un ritmo.

Hasta aquí me he ocupado de algunos conceptos con respecto a la etimología y dinámica de la “fantasía e imaginación” que se relacionan con los fantasmas, éstos en el folclor de mu­chas culturas son los supuestos espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan. Entiénda­se aquí que los fantasmas pertenecen más a una creencia y una superstición donde opera el pensamiento mágico, las necesidades, los deseos, las tendencias pudiéndose presentar las ilusiones ópticas y entre ellas provocadas por la pareidolia o cualquier otro prejuicio cognitivo llegándose así al fenómeno paranormal. Múltiples son las publicaciones que se han hecho de experiencias alrededor de la historia y el mundo sobre percepciones de gol­pes, ruidos, música, voces, percepción de temperaturas bajas, aparición de nubes, fuerzas, energías cinéticas, movimientos de objetos, ventanas, puertas, percepción de los muertos, las apariciones de los muertos, desplazamiento de objetos, luces, sombras, etc.; unas y otras tocan con el estados anímico y emotivo y aún crítico del sujeto que percibe; por lo general se termina en encontrar a los sujetos clarividentes, médium, chamanes; de todas manera, los fantasmas como construcciones psíquicas son una realidad para el sujeto que cree, pues es su realidad interna psíquica.

Una de las apariciones de fantasmas es la perteneciente al espiritismo, el cual cree en los espíritus de los muertos que encarnan brevemente y aparecen con el mismo o diferente atavío; esto ocurre en la puesta del sol a media noche en luna llena, en fecha determinada, manifestándose en forma imprevista e imprevisible. Todos estos son fenómenos residuales que aparecen periódicamente en sujetos que sienten en su consciencia haber percibido el llamado “fantasma o espíritu”. Aún más, hay sujetos que ven barcos, trenes, aviones, casas y pueblos fantasmas. En algunas ocasiones estos fenómenos aparecen en el animismo vudú o con drogas alucinógenas, ocurriendo las falsas resurrecciones. Todo esto merece la pena mencionarlo porque operan las predisposiciones por prejuicios cognitivos y tradiciones cul­turales propicias, (pero no son apariciones visibles sino estados particulares de conciencia determinados por las drogas), (43).

La ciencia en realidad considera que creer en fantasmas es una superstición asentada en la cultura en ciertas religiones; por ejemplo en Estados Unidos el 32% de los habitantes creen en fantasmas que aparecen luego de la muerte o más allá; aquí nos podemos ubicar ¿qué piensan las religiones al respecto? La respuesta es obvia; todas las religiones creen en otra u otras vidas. De una u otra manera, está presente la mitología, las costumbres, la religión, la cultura, los prejuicios, el concepto de sobrenatural y sus fuerzas, el antropomorfismo, el primitivo animismo, la creencia en ángeles, arcángeles y querubines y dioses, en entidades de distintos tipos, en los llamados duendes, demonios, genios, hadas; todo esto ha transcurrido a través de milenios. Aquí volvemos nuevamente a encontrarnos con el pensamiento prelógico y primitivo que no distingue entre lo real e imaginario; al mismo tiempo se revela ante la idea inaceptable de la muerte y considera que los sueños es otra parte de esta vida que se comunica con la otra vida o el más allá; es por esto que se “cree en otra existencia supuestamente reales que calma la inquietud existencial provocada por los sentimientos de culpa y del a finitud en la muerte”. De una u otra manera el prejuicio de los vivos sobre los muertos se refiere a que aquellos retornan en fantasmas, espíritus o almas en pena.

Consideraciones históricas

Históricamente los pueblos primitivos necesitaron de los fantasmas o las ánimas o duen­des para animar y mover los cuerpos inanimados, volver a latir el corazón, darle el aliento, corazón y vida; es por eso que requirieron esa figura o fenómeno para alertar a los vivos con sombras y así conservarlos, (44). Adviértase cómo en la mitología de las culturas antiguas como en el mito de Gilgamesh el fantasma de Enkidú se apareció al protagonista Gilgamesh; lo mismo ocurre en la Odisea de Homero, y en la Eneida del latino Virgilio en que se realizan viajes de ultratumbas; los romanos ponían un puñado de tierra sobre el cadáver porque sino el alma erraría por la eternidad; y, además le ponían una moneda en la boca para pagarle al barquero, de lo contrario el alma no tendría descanso. A los suicidas romanos se les enterraba con la mano cortada y separada del cuerpo con el fin de desarmar a su espíritu; los fantasmas buenos eran los espíritus de los antepasados y los malvados, vagaban errantes por la noche. “Era en el fondo la creencia en alguna forma material de las almas, que había expuesto De­mócrito”, (De Francisco, 2012).

Plutarco en el Siglo I describe unos baños encantados en su Queronea natal en donde apa­recía el fantasma de un hombre asesinado; el historiador romano Plinio el joven, fue expuesto en su escrito en una casa encantada en Atenas en donde aparecía un espectro que arrastraba cadenas; cuando el filósofo Atenodoro alquiló la casa y vio al fantasma en un esqueleto, este fue vuelto a sepultar y así desapareció el supuesto fantasma. El romano Plauto en su comedia Mostellaria y el sirio Luciano de Samosata en su relato “El descreído”, escribieron sobre los fantasmas. Así mismo lo hizo Flejon quien fue un liberto del emperador Adriano. Este último escrito sirvió a Goethe en la obra: “Novia de Corintio”; y a Washington Irving (1783-1859), (45) para “El estudiante alemán”; no sabemos si este mismo autor lo utilizó en “El libro de los bocetos” o en “Cuentos de un viajero” (1824), o en la “Conquista de Granada” y en sus otros “Cuentos de la Alhambra” y Nueva York y en las Conquistas de España; a la vez, la idea de los fantasmas aparece en “Hamlet” de Shakespeare; en “El Caballero de Olmedo” y “El Duque de Viseo” de Lope de Vega, en “El Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina; también existen otros nombres de autores famosos como: E. Hoffman, Edgar Allan Poe, Jean-Charles Emmanuel Nodier y Sheridan le Fanu, Gustavo Adolfo Bécquer, Guy de Maupassant, Emilia Pardo Bazán, Richmal Crompton, Somerset Maugham entre otros. Aquí vale la pena mencio­nar al premio Nobel García Márquez con su realismo mágico pleno de fantasmas, fantasías, pensamientos mágicos y realidades mágicas.

De una u otra manera, hallamos el pensamiento primitivo, prelógico o mágico que ha tras­cendido a través de milenios en civilizaciones orientales en que todavía se cree en la reencar­nación y la transmigración de las almas. Aún más en China e India al reencarnar un fantasma, puede optar por la inmortalidad y trascender espiritualmente en diversos planos para servir a los seres humanos, o puede bajar a los infiernos y sufrir ciclos kárnicos; en Japón la religión shintoista reconoce la existencia de espíritus de todo tipo, y acepta la creencias de fantasmas como parte de la vida; lo mismo ocurre en Malasia, África y América hispánica. Fue en el Siglo XVIII cuando el padre Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), se pronunció así: “no hay Fantasma ni espectro que no desaparezca al conjuro de una buena tranca”. En el Siglo XIX la creencia en los fantasmas resurgió con el romanticismo y el desarrollo del espiritismo, la teosofía y la seudociencia de la parapsicología.

El siglo XX y XXI se siguen considerando a los fantasmas como almas errabundas tra­badas a pesar de la corriente positivista escéptica y científica. En la mayoría de las culturas persiste la sensación de miedo, las creencias culturales y religiosas, como ya se ha nombrado en el islamismo, budismo, hainismo, hinduismo, shintoismo, espiritualismo y cristianismo, a pesar que hay concepciones y estudios diferentes con creencias religiosas distintas. A su vez, “la idea de los fantasmas” persiste y sigue apareciendo en las novelas, el teatro, el cine y en la creencia popular. “La idea de los fantasmas persiste asociada por lo general al miedo que despierta su creencia, incluso en los mismos espiritistas”, (De Francisco, 2012).

Clases de fantasmas

La clasificación se realiza de acuerdo al lugar determinado en que se presenta, las apari­ciones postmorten, o, en casos críticos, como cuando una persona tiene una experiencia im­portante y sobreviene una crisis produciéndose la aparición inducida. Además los fantasmas se conectan con la sociedad y la economía pues existe la sociedad de compraventa de las mismas creencias; por ejemplo; del negocio editorial, teatral, cinematográfico, radiofónico, televisivo y periodístico; todos ellos con intereses creados supuestamente por la aparición de fantasmas, produciéndose así el fraude y la explotación de esa creencia y del miedo y a la vez del ambiente morboso, con leyendas, y quedando la verdad siempre encerrada en una ignorancia; a su vez también se observa el rechazo, las explicaciones racionales y científicas y de ahí la desconfianza en el método científico, el empirismo, la incredulidad, en los cuales interactúan los observados y los observadores con los fantasmas residuales que realizan actos repetitivos y carecen de actitud comunicativa, o lo contrario, los que se comunican o interac­túan, los que se manifiestan por encantamientos, o con burlas en donde encienden y apagan las luces, o se manifiestan con algún movimiento y en las sombras; la misma sombra crea la ilusión en el ser humano, y la idea de fantasma que se proyecta en la imaginación.

Creencia en los fantasmas

La parapsicología como pseudo ciencia ha tratado de documentar el testimonio de los fantasmas alejándose de los prejuicios primitivos; sin embargo, ha fracasado y así se ha ale­jando de la investigación científica, dejándola en manos de los prejuicios o sensopercepciones con ese ancho campo en donde funciona el consciente, el preconsciente y el inconsciente, las funciones empáticas, la intuición, la imaginación, la empatía, las fantasías conscientes e inconscientes y toda una historia y cultura.

Algunas personas dudan de la existencia de los espíritus y fantasmas y otras creen que solo corresponde a una fantasía con representaciones, imágenes del imaginario primitivo animista, el cual proyecta sus propios deseos, necesidades, miedos y fantasmas, algunos originados en la fantasía del inconsciente individual y colectivo; otros dudan porque tienen miedo a la dimensión pre o inconsciente, a lo oculto; estos dos últimos no dudan sino rechazan y se con­vierten en incrédulos pero aceptan las demostraciones reales o en la práctica; algunos entre los que me cuento, pensamos que es mejor investigar con las neurociencias y el psicoanálisis todos estos fenómenos, aceptando la participación de la psicodinamia con los mecanismos de la identificación proyectiva simple o masiva, lo cual provoca las alucinaciones, las imágenes oníricas, o hipnagógicas, y el mecanismo de la disociación; todos estos mecanismos o psico­dinamismos se presentan con frecuencia en los estados transitorios confusionales, en casos fronterizos, en esquizofrénicos o en trastornos de la personalidad; es decir en situaciones de patología, pero para algunos en situaciones de normalidad.

En algunos casos específicos, lo que puede acontecer, es que nos enfrentamos a fenóme­nos todavía desconocidos o no bien detectados por la ciencia; y, sería factible que aquellos pertenecieran a hechos provocados por la interacción de funciones de la física ondulatoria cuántica, todavía en sus albores; esto significa que materia-energía tienen sus participación, más no conocemos de qué manera específicamente actúan. Todo esto no significa descartar la participación de los psicodinamismos explicitados por el psicoanálisis y en especial las ya enumeradas fantasías inconscientes que también alimentan creencias y prejuicios; de todas formas nos encontramos en la frontera y relación entre el cuerpo y la mente y ésta con la energía-materia y lo que entendemos con el espíritu. A todo esto hay que agregar que cuando el sujeto entra en pánico, pierde el sentido de realidad y es allí cuando aparecen múltiples fantasías que son factibles de convertirse subjetivamente en fantasmas.


41 Ver Creación, Arte y Psiquis, cap. II: “Conocimiento y creación artística” y Cap. V y VI: Proceso analítico y Proceso creativo, (Sánchez Medina, 2003); “La teoría de la complejidad y la creativi­dad”, (Sánchez Medina, G. 2002).

42 Desde el punto de vista psicoanalítico, el proceso creativo puede venir ya codificado enérgicamente, pero es ayudado por las experiencias que el sujeto hace desde la edad uterina hasta la edad adulta; además pueden manifestarse en diferentes campos científicos, filosóficos, literarios, artísticos. Ver obra citada anteriormen­te.

43 “Las apariciones visuales de supuestos espíritus, no son frecuentes en el espiritismo. En el espiritismo predominan los fenómenos físicos y entre los psíquicos, los que presenta el médium y transmite a los asis­tentes a las sesiones espiritista, mensajes, etc. Algunas ‘apariciones’ han sido supuestamente fotografiada y publicada en libros. Difícil saber si fueron farsas, o si como ellos mismos lo dicen experiencias reales de materializaciones, yo dudo mucho de ellas”, (De Francisco, 2012). El que escribe estos textos es escéptico a creer en las apariciones de espíritus más en los estados mentales de los sujetos pueden fantasear ver aquellos espíritus a través de sus propias fantasías proyectadas en la pantalla de la consciencia.

44 “Demócrito consideraba que el alma estaba compuesta por una materia muy tenue, capaz de mover otras cosas materiales; si fuera inmaterial, decía, no podría producir esos fenómenos; y por ser ‘material’ podría aparecerse en las vecindades de los cementerios. Así lo explicaba al hablar de su teoría atómica”. (De Francisco, 2012).

45 Escritor estadounidense del Romanticismo

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