Fines individuales y colectivos del prejuicio

Otro prejuicio a observar es que se encuentra en la “numerología”, cuando el sujeto en­cuentra analogía o repeticiones de los números; por ejemplo: cuando se llegó al año 100, 1000, 2000 d.C., o a los años 99, 999, 1999 d.C., o a los años 101 primero de Enero, o a los números del calendario, 1 de enero del año 11, o 1011 o 2011 y así incluyendo las horas del día 1 de la mañana, once minutos, once segundos; haciendo coincidir los números con las horas y estos combinados con los años y los siglos. A toda esta secuencia trae ciertas coin­cidencias las cuales se interpretan y explican con una connotación mágica del número 1 o 2 los que pueden tener cierta similitud y paralelismo; por ejemplo, el número 6, 66, 666, el dos 22, 222. De esto podemos inferir cómo opera el pensamiento mágico con la creencia y el prejuicio, el misterio, el secreto de lo que puede acontecer cuando el ser humano se encuentra dentro de esa temporalidad y coincidencia numérica.

Recuerdo una familia de varios hijos cuya madre abandonó el hogar por otro amor; las niñas de ese hogar fueron rechazadas por la directora del plantel donde estudiaban; cuando se hacía la fiesta del día de la madre, las niñas afectadas no participaban y eran segregadas y aún humilladas diferenciándolas de las niñas huérfanas y de las que tenían madre; los problemas en este caso fueron avanzando hasta que la profesora sádicamente trataba mal a las niñas abandonadas por la madre las cuales fueron sacadas del plantel y las consecuencias pudieron observarse más adelante, más cuando la directora repetía a las niñas la siguiente frase: “que se puede esperar de ustedes si su madre fue una libertina”. El daño fue irreparable. Los colegios eran de varones y mujeres separando unos de otros a excepción de algunos planteles subven­cionados por gobiernos europeos (EE.UU, Francia, Alemania e Inglaterra).

Hago memoria cómo un día llegó a mi consulta una paciente madre de cinco hijos, la cual se quejaba de depresión por lo que le ocurría con su familia, por quien tenía una historia afectiva muy especial, rica en sentimientos y recuerdos positivos; sin embargo, actualmente estaba deprimida, pues le rechazaban e ignoraban después de haberse separado de su primer esposo hacía un tiempo atrás. La paciente era apoyada por sus hijos y relató cómo su antiguo esposo había hecho acusaciones de distinta índole a un miembro de la familia muy respetado y éste último antes de morir, había recomendado a su familia no tratarla más, debido a algo que nunca comunicó; obviamente la mayoría de los hijos respetaron la última voluntad, y a partir de entonces sólo la saludaban poniéndole una distancia. Al inquirir sobre esto a uno de los familiares éste relató que se había pensado en un cuento elaborado por la fantasía. El relato ya no se podía reconstruir y había quedado el sello de por vida como si fuera real, o si hubiera ocurrido algo muy grave en que se hubiesen transgredido principios fundamentales como es el de la vida. Nada podía hacer la paciente, e indignada sólo era posible hacer la ca­tarsis con su actual esposo y ahora con su terapeuta quienes tampoco tenían soluciones para su queja de la realidad. ¿Qué había ocurrido? La respuesta radica en el o los prejuicios con toda su psicodinamia.

Aquí podemos pensar que en algunos, los prejuiciados, obraba el temor a quebrantar la ley impuesta por el moribundo de quien no dudaban y menos cuando sus palabras fueron pronun­ciadas en el último momento de su vida; el hacerlo implicaba la retaliación en forma supers­ticiosa y mágica omnipotente de la persona ya muerta; cuestionar la aseveración (del prejui­cio), era asumir el irrespeto a las supuestas verdades (o mentiras), o pseudologías fantásticas o realidades construidas con fantasías inconscientes; y, así al dudar, al no creer, al desbaratar los prejuicios, se iría en contra de la persona muerta y se sellaba también la persecución. Aquí podemos recordar el tabú y ambivalencia a los muertos, a los enemigos, a la autoridad, a la consciencia y a la posible aparición del (animismo mágico omnipotente) con pensamientos de los vivos moribundos, los cuales significaría un desafío al superyó o consciencia moral. La paciente hizo consciente y revivió sus culpas persecutorias, sus necesidades de dependencia, las ansiedades de abandono y por ende depresivas, las heridas narcisísticas y pudo encontrar­se a sí misma en nuevas dimensiones, superando también sus culpas de las fantasías edípicas y pre edípicas, las tendencias sadomasoquistas, afianzándose en su ser (mismidad) con ade­cuadas relaciones vinculares sin caer en actuaciones que le perjudicaran.

Desde el punto de vista socio-económico y cultural mi mente trae a la memoria la discri­minación que se hacía de las familias de “buenos” y “comunes” apellidos y así se consideraba a la persona de buena, regular o mala familia; y, los matrimonios deberían hacerse entre conocidas y solventes familias. A la vez, se enseñaba a que el europeo y el extranjero era superior al nacional (creándose el mito del extranjero), y que la juventud tenía que cultivarse, estudiar y seguir los ejemplos de los pueblos considerados superiores por su cultura e idioma. De la misma manera los curriculum o pensum de las instituciones educativas incluían varios idiomas, además de raíces griegas y del latín; obviamente la geografía e historia nacional era completada con la universal.

Si bien estas últimas consideraciones históricas hoy día no se practican porque la tecnolo­gía, las matemáticas y las ciencias biológicas y sociales han tomado lugar y han dejado atrás esos conocimientos produciendo un vacío en el saber y entender lo que implica en la cultura general. Aquí podemos observar cómo los prejuicios pueden ser negativos o positivos según el fin que tengan; por ejemplo, se suprimió la historia patria porque en ella se enseñaba y refería a la violencia española en la conquista, colonia y la guerra de independencia; en todos ellos hubieron miles de muertos creándose supuestamente resistencias y resentimientos que se deseaban suprimir.

Es frecuente en grupos sociales de amigos o familiares que se presenten discordias entre uno y otros; observándose, cómo los sujetos que no toman partido son objeto de un rechazo, o lo opuesto si se pronuncian a favor les ocurre lo mismo con ataques soslayados, vengativos, con críticas prejuiciadas, con desprestigio predominando él o los prejuicios y así se les aísla quedando en la “lista negra”, y con ellos se sella el rechazo disociándose así la familia. Esto ocurre más cuando predomina el instinto de placer, y la intolerancia acompañada del consen­timiento aprendido o acunado en la infancia por mal enseñanza de los padres, lo cual provoca que no se haga autocrítica y menos se proteja el respeto y libertad del otro, el cual no entra en el juego de la discordia. Esto que ocurre a nivel del grupo familiar, también se presenta en los grupos de la política nacional e internacional; por ejemplo, cuando en un Estado se produce grandes diferencias de intereses con la afectación del otro Estado o cuando el jefe de Estado o Ministro de un país no están de acuerdo con los que le precedieron en las diferentes políticas. Es así como una diferencia en conceptos ideológicos se convierte en algo personal, más cuando hay ataques al narcisismo individual.

En resumen, los prejuicios filosóficos, socio-políticos, religiosos, económicos e históricos lingüísticos, éticos y estéticos y aún científicos son factibles de formar y suprimir la libertad, disminuyéndose así el conocimiento verdadero y los valores; de tal manera, se coaxionan los deseos y necesidades; aún más, las leyes pueden crearse por prejuicios individuales o co­lectivos, así como las normas regionales son suceptible que en ellas se proyecten tendencias represoras y luego se extiendan a otras áreas geográficas; por ejemplo, las leyes sobre matri­monio y adopción de y/o por los homosexuales, o las leyes punitivas que cambian según los prejuicios y hasta poder llegar a la impunidad.

También las costumbres no están exentas de prejuicios. A través de milenios los prejuicios se han ido construyendo, como se menciona en otra parte, no solo para seleccionar, diferenciar y clasificar a las personas, operando en ese acto el principio de placer-displacer y por ende el de la compulsión a la repetición. Hay muchos ejemplos y clases de prejuicios en la vida coti­diana, los cuales se han fraguado por hábitos originados por la misma sociedad de consumo, de compra-venta para estimular el comercio; es así como se crean días, en que se festeja las cosechas de productos de pancomer o días de santos, o religiosos u otras festividades como el día de la madre, padre, los niños, los novios, las mujeres, el trabajo, el médico, la música fol­clórica, de la secretaria, de la salud en general y de la salud mental, de la diabetes, del cáncer, etc.; así también se acostumbra a festejar el santo o cumpleaños de cada cual; todos esos días estimulan un regalo, un momento de expansión y en el día del nacimiento se instauró cantar el llamado en inglés “costumbre norteamericana” el “happy birthday”; resulta que existen personas las cuales no desean, y rechazan pidiendo no les canten la conocida canción más cuando no es en su idioma original y su costumbre ancestral; sin embargo, aparecen sujetos que argumentan cómo se debe respetar el derecho y la libertad de cantar aunque el otro pida lo contrario; al hacerlo e insistir, es estar violando e imponiendo un deseo, un prejuicio, un hábito, vulnerando así la intimidad de los afectos del homenajeado, el cual de esa forma se le quita la libertad de desear para “sí mismo”, sentir la esencia y existencia dentro del grupo. En los otros casos de días que se festejan también se crean prejuicios para hacer regalos, y al no cumplir con esa costumbre se crean afectos e interpretaciones poco favorables; lo contrario es establecer alianzas por el llamado “detalle de afecto o recuerdo”.

En el ejemplo puesto arriba sobre el canto, si bien esto aparece como baladí por ser una mera costumbre social, existen prejuicios que operan como una bola de nieve, estableciéndose interrelaciones grupales armadas de prejuicios, perjudiciales a la buena y natural convivencia para así llevarnos bien los unos con los otros, en la familia o en la sociedad; en los grupos de trabajo e instituciones, en comunidades nacional e internacionales ocurre lo mismo. He ahí un punto a dilucidar para crear caminos desprejuiciados y construir una paz interna; por ejemplo, a la mujer se le segregó e inferiorizó por mucho tiempo; actualmente el sexo femenino se ha reivindicado; uno de los ejemplos en Latinoamérica es que existen tres jefes de Estado del sexo femenino; en Europa más concretamente en Alemania, es liderada por una mujer; el ban­co mundial es manejado por otra mujer. En la corte constitucional de justicia la mujer tiene su participación; sin embargo, todavía existen mujeres combativas que se sienten aplastadas por el yugo de los “adanes” sin llegar a encontrar “el compañero amigo” para compartir la vida. Es así como la lucha de sexo perdura con las banderas del machismo y feminismo.

Como se dice en otra parte, los prejuicios religiosos, raciales, lingüísticos, políticos, eco­nómicos, ideológicos, patrióticos, son muros que separan a los hombres. Seis mil años han pasado de la humanidad en luchas y todavía los prejuicios persisten produciendo guerras, además fraguados por intereses y ambiciones egoístas con beneficios propios creándose ene­mistades, derramamiento de sangre, rapacidad, distinciones imaginarias, disputas intra y ex­tra nacionales. Todo esto es una creación humana. El animal no prejuicia sino está prevenido contra un ataque. Las palomas del este y del norte vuelven al oriente y al sur sin ser atacadas por los otros animales; sólo los animales depredadores feroces con hambre y con temor ata­can a especies semejantes; por ejemplo, el tigre de bengala al jaguar. Los prejuicios de las revelaciones de Dios con profetas y mensajeros siguen su marcha y así también se crearon los dogmas; sin embargo, en el fondo existía dentro de estas ideologías religiosas la tolerancia y el amor al prójimo. Por su parte las personas rara vez piensan ¿qué había sido de ellos si hubiesen nacido de otra familia, otra nación, otra raza, otras creencias, y otros paradigmas? Aquí es necesario tener en cuenta que el ser humano ha crecido a través de los siglos viendo al mundo externo a través de vidrios de distintos colores cuando el sol tiene un solo color, lo que implica que dependen de la perspectiva y momento con que se observa y se pronuncia el con­cepto plasmado con afectos o subjetividades distorsionantes. Pensemos que lo que creemos y enjuiciamos ciegamente produce creencias no siempre verdaderas, cuando no falsas. Pienso que lo propio es aclarar el pensamiento desapegarnos de lo propio y ver el árbol no solamente sus ramas sino las hojas y pensar en lo que no vemos que son las raíces. Cuán importante aquí es no quedarnos sumergidos en imitaciones, en pseudo verdades, en supersticiones y en el conocimiento en la sombra. Ocurre que es mejor aceptar las diferencias y desacuerdos para encontrar la realidad; sin embargo, la gente está acostumbrada a lo falso, al prejuicio, a lo heredado o imaginado, a la imitación, descuidando la realidad unificada que nos puede llevar a una prueba de realidad a aceptar tal o cual juicio con la ignorancia y sin conocer la ley de la naturaleza humana.

Cuando encontremos esa verdad, ese equilibrio sin rivalidad ni envidias, podemos encon­trar un mejor juicio de realidad entre los hombres, que también requieren una paz externa e interna a nivel nacional e internacional y la cual se buscan en múltiples formas desde las más objetivas hasta las subjetivas mágicas omnipotente; por ejemplo, todavía se encuentran gru­pos de personas que creen prejuiciadamente en el “agua bendita” para currar los males, pues ponen la fe en ese acto y así se sugestionan y creen que la bendición del agua para beneficio de la salud es una “verdad de arriba”, lo cual significa que es venido de Dios. Así mismo cuando van a la misa esperan que el incienso les llegue para ahuyentar el mal y conseguir el bienestar; lo mismo ocurre en el rezar, hacer plegarias y/o pedir con oraciones ante la repre­sentación divina en una estatua de un Cristo o del ser supremo o un santo o la virgen en un templo o en un lugar de aparición; también se observa estas costumbres en la realización de sacrificios físicos, psíquicos o económicas, el hacer largas peregrinaciones, confesando sus faltas, castigándose físicamente con flagelaciones orando y así conseguir unas indulgencias con actos buenos cumpliendo con ciertos requisitos o aun dando limosnas; a la vez, el rea­lizar la llamada “sagrada comunión” de los católicos (unión común con el cuerpo de Cristo Dios introyectándolo y cuando llega la muerte recibir los santos sacramentos, los santos oleos que purifican el alma.

Otra de las creencias es el no brindar por la vida y el bienestar alzando una copa de agua y no de vino, porque se consigue lo contrario: la mala suerte, el mal (es decir se debe brindar con vino). Existen múltiples actos obsesivos compulsivos para ahuyentar el mal o la mala suerte como el evitar que un gato negro se atraviese en el camino, no pasar por debajo de una escalera, y se recomienda poner una herradura en la puerta para tener suerte, o ubicar un pedazo de espejo enfrente de la casa para ahuyentar o evitar los enemigos; de la misma manera se cree que la aparición de mariposas negras presagian o significan la muerte. Estos pocos ejemplos pueden dar una guía en la diversidad de creencias que se ponen en juego con respecto a conseguir el bien y/o preservar el mal que pueda sobrevenir al ser humano el cual se vale del pensamiento mágico para lograrlo. Todas estas creencias religiosas pertenecen a la fe y a la vez obran como prejuicios. La temática de la religión se presenta en el capítulo correspondiente.

Todos conocemos cómo han existido y existen todavía prejuicios con respecto a enferme­dades, algunas de las cuales se consideraban contagiosa por vía indirecta o indirecta (lepra, sífilis, virus hepatitis C, VIH y tantas otras), por lo cual el mundo consideró se debería aislar al paciente. A principios del Siglo XX se creía prejuiciadamente que una madre de padre sifilítico podría contaminar al hijo de sífilis y de ahí los tratamientos de las inyecciones de salvarsán; ahora en el Siglo XXI un paciente con la hepatitis C, algunas personas creen que pude contagiar a la señora o a los hijos, cuando el virus penetró por una transfusión contami­nante. Así mismo, existen prejuicios con los medicamentos de acuerdo a donde se elaboran; de la misma manera, ocurren con cirujanos y cirugías o con las terapias de distinta índole pu­diéndose terminar con el prejuicio de que el mejor médico e institución médica es el o la que cura o mejora; en este último caso pueden operar distintos factores. A su vez existen distintas variables que determinan la elección del médico; y, en el fondo predomina un prejuicio.

Al fin y al cabo todo el hombre se construye y pasa por un equilibrio dinámico. En los procesos adaptativos y evolutivos se produjeron lentamente los equilibrios funcionales para la supervivencia; y, de ahí se generó la marcha bípeda, toda la comunicación extraverbal y preverbal, hasta el lenguaje oral y escrito, las ideas, los conceptos, los valores de distinta ín­dole, entre ellos los religiosos y lo del arte (arquitectura, pintura, escultura, música, política, danza, literatura, etc.). La misma ciencia trata de buscar órdenes y equilibrios; por ejemplo en la física, la química, la biología, la medicina, las neurociencias, el psicoanálisis, la sociología, la economía, la justicia, etc.

Es necesario advertir que los tiempos han pasado, la ciencia ha evolucionado y la capaci­dad de ilustrarse, educarse e informarse ha cambiado masificándose los conocimientos en for­ma inmediata con avidez de novedades y acompañada de ambigüedades en el conocimiento; y, la mayoría de las veces, con la ligereza insostenible a las profundidades del ser humano el cual requiere a la vez, de la sensación, de celeridad en la libertad sin ataduras pesadas como pueden ser las que obran en las matrices de los prejuicios, los cuales satisfacen limitadamente la curiosidad de conocer los orígenes y principios de todo lo que percibimos e imaginamos. Lo loable es llegar a la crítica general y a la autocrítica fusionada a la, en ocasiones, dolorosa verdad que se siente peligrosa de acabar en las pseudo verdades, o mentiras, o negaciones, que impiden tener la limitada y posible objetividad y libertad, y así mismo quedándose el sujeto en una gran soledad interna existencial. Por todo esto, se puede concluir que es mejor permitirnos más allá de lo que conocemos y aceptar nuestra ignorancia, dejando atrás la om­nisapiencia, la que puede traicionarnos en la búsqueda de las tendencias a la objetividad y al conocimiento verdadero y real. Véase alrededor de estas ideas cómo nos encontramos con los conceptos filosóficos del ser, su esencia, existencia y realidad. Es por esta razón por la cual me ocuparé en otra parte de estos últimos temas básicos para comprender lo que mueve el pensamiento humano para buscar soluciones a los problemas de su existencia en la vida.

La historia de la humanidad está plagada de prejuicios individuales y colectivos, de los soberanos y sus súbditos, o los de índole racial, religioso, de género y de ideologías y cos­tumbres como son los de la moda, además de los prejuicios que no toleran a la persona frágil; todavía existen conductas absurdas como la lapidación de la mujer infiel. Cualquiera de los lectores curiosos podrá indagar sobre estos temas y encontrarán en alguna de las páginas de la historia universal, hechos que son originados y que tienen base en los prejuicios.


7 “Una sociedad utópica sería aquella que pudiera alcanzar los postulados de la Revolución Francesa: la libertad, que es sólo parcial; la igualdad que nunca se alcanza y la fraternidad a que no se llega mientras subsista el egoísmo”, (De Francisco, 2012).

8 Einstein reflexionado sobre el lado oscuro de la historia de la ciencia.

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