Ciencia

II CIENCIA (1)

“La ciencia reside en conocer los he­chos, criticarlos y validarlos con otros hechos válidos o certeros”

Generalidades (Definición, clases, métodos, el conocimiento y sus niveles)

El diccionario de la lengua española de la Real Academia de la Lengua (1991) define a la ciencia como el “conocimiento cierto de la cosas por sus principios y causas”; en la segunda acepción como “cuerpo de doctrinas metódicamente formadas y ordenadas que constituye un ramo particular del saber humano”; el diccionario trae cuatro acepciones más y las clases de ciencias (exactas, físico químicas y naturales); además se refiere a los términos de ciencia ficción, infusa, pura, exacta, humana, oculta, social y a la ciencia cierta.

De tal forma el estudio de la existencia del hombre, si bien se realiza a través de las ciencias genéticas, naturales, sociales y exactas, puede resumirse en dos grandes vertientes: las ciencias energéticas y las conceptuales del orden, con un puente de unión en las ciencias antropológicas, psicológicas y sociales todas las cuales estudian la materia, la energía, el impulso y el movimiento que configuran al individuo dentro de él mismo y del concepto temporo-espacial. Es también necesario tener en cuenta “el estar, el ser, el hacer y el tener” del sujeto. De tal manera tenemos indefectiblemente que llegar al conocimiento y comprensión del hombre. Cuando nos referimos al conocimiento, éste puede enfocarse como sujeto, como verbo o como predicado. Es así como nos enfrentamos al conocimiento de lo histórico, lo cultural, lo filosófico, lo político, psicológico, biofísico-químico, social, antropológico, matemático, psicoanalítico, no sin pasar por el conocimiento científico en las ciencias ya mencionadas, pero indefectiblemente nos enfrentamos al final con el conocimiento del cono­cimiento para su mismo entendimiento; es decir, hay que diferenciar el conocimiento “de” o “en” algo, al algo “de”, “del” o “en” el conocimiento o análisis psíquico.

Así también podemos referimos a la historia, a la cultura, a la filosofía “del” conocimiento hasta llegar al psicoanálisis o a la epistemología “del” conocimiento o al conocimiento “en” psicoanálisis.

Existen métodos, niveles (empíricos, prácticos, mitológicos, artísticos, ideológicos, técni­cos, lógicos, históricos, metodológicos, semiológicos, epistemológicos), leyes (que van de lo científico a lo epistemológico configurando un conocimiento abstracto y dejando el concreto a las demás), que configuran el conocimiento, así como clases, factores y elementos que ac­túan en el mismo.

Para entender cualquier conocimiento es necesario tener en cuenta una serie de factores como fuentes que llevan a conocer, como el instinto epistemológico, la curiosidad y la ten­dencia al cambio, a lo nuevo. Así también es necesario tener en cuenta el fin o los fines del conocimiento; por ejemplo, podemos conocer el fin de ser, hacer o tener para así poder tener una existencia. Otros de los fines podrían ser guiados por los instintos de poder a los instintos de autoconservación.

El objeto del conocimiento lo podemos referir al contenido (tema) y sentido del mismo. Asimismo es factible estudiar los instrumentos del conocimiento (senso-percepción, imá­genes, funciones de pensamiento) hasta llegar al tiempo y comunicación del conocimiento. Igualmente podremos estudiar su organización, acción, momento, fenómeno-situación-fun­ción, estado-modo-posición, organización-sistema-episodio, estructura-fase-etapa, proceso-condición, desarrollo-carácter; los hechos, las estructuras, los sistemas, el cuerpo, los crite­rios y la interpretación de todos ellos.

Es necesario contemplar los grados de conocimiento, las ideologías, los valores y la valo­ración que intervienen en él; las consecuencias, la legimitización, la autoridad, la competen­cia, los artificios, la evaluación hasta llegar a la originalidad con el conocimiento.

Para analizar las clases del conocimiento es necesario ubicarlo como válido, verdadero, real, verificable, ordenado, individual, energético, lógico y consciente con sus opuestos; invá­lido, falso, irreal, no verificable, desordenado, colectivo, conceptual, ilógico e inconsciente.

A todos estos factores que participan en el conocimiento se suman los de los hechos mismos, estudiados a su vez por la fenomenología y la dinámica. El conocimiento por su parte tiene un proceso y un desarrollo que, llevados a la experiencia, originan la vivencia del mismo. Pero nos quedamos con dos vertientes o campos fundamentales en el estudio del conocimiento: el sujeto individual y el grupal o colectivo (con las tres vertientes fundamen­tales del mismo: el pensamiento, la conducta y la sensopercepción, incluyendo en ellas las emociones, los deseos y el cuerpo en general); por otro lado tendríamos el objeto y el objetivo del conocimiento, este último a la postre se pone en íntima relación con el fin y la fuente del conocimiento.

La medicina y el psicoanálisis como otras ciencias, están en una constante renovación. A pesar de tener el médico una variedad de conocimientos recolectados por más de cincuenta siglos, existe una serie de incógnitas por resolver. Si el hombre primitivo intentó explicar sus incertidumbres imaginando los dioses, actualmente se trata de poder comprender aquellas incógnitas con la investigación de la razón y de la sinrazón; es así como el psicoanálisis lo establece.

Anótese bien aquí cómo por años el estudio del inconsciente no pertenecía a las ciencias denominadas duras (físico-químico-matemáticas) puesto que pertenece a lo irracional, iló­gico, incierto; sin embargo se aplica el conocimiento (consciencia) científica para estudiar aquel (el inconsciente); cuando lo explicamos con un método y técnica de la lógica cons­ciente psicoanalítica e investigamos el suceder inconsciente psíquico con el conocimiento neurocientífico de la física y química cuántica entramos a conceptualizar los hechos mentales en forma diferente; sin dejar o invalidar los mecanismos y dinamismos expuestos en los diferentes modelos analíticos; más aún, sería factible comprobarlos. Este campo es nuevo y requiere de múltiples pesquisas para llegar a esa inmensa complejidad del funcionamiento psicodinámico; de esto podemos entender el rechazo de los médicos y científicos de otras ciencias al psicoanálisis, puesto que se decía: “el inconsciente no es ciencia porque no se puede comprobar”; ahora es necesario, esperar las nuevas investigaciones físico-químicas, las cuales todavía siguen en cuestionamiento debido al desconocimiento de las mismas.

Uno de los aportes del psicoanálisis a la comprensión humana, es la posibilidad de la visión del proceso evolutivo psicológico y con ello también la viabilidad de observar en el sujeto mismo la historia evolutiva de la misma humanidad por los residuos que permanecen latentes en cada sujeto. De ahí que las fases descritas por Freud y las observadas posterior­mente son las que tuvo que pasar el ser en su desarrollo hasta convertirse en hombre y luego en hombre culto. De aquí también se desprende cómo las fuerzas instintivas debieron trans­formarse cada vez más para llegar a una organización estructural biológica, y, a la vez las reacciones animales al pensamiento mágico, luego al racional y más tarde al científico; todo esto pertenece más a la historia del conocimiento.

Con respecto al saber en general y al psicoanalítico en especial, existe en primer término una fuente de información del exterior con la cual se enriquece cualquier conocimiento; la fuente de información hay que procesarla, ordenarla y luego transmitirla, publicarla, difundir­la, para ser aprendida y comprendida por otros que tienen que aplicarla, utilizarla, evaluarla, confrontarla y posiblemente transformarla y aun cambiarla por otras; así transfigurada en una nueva, opera de acuerdo con todos estos procesos y con las motivaciones del mundo externo y el interno mental. Todos estos son pasos en que intervienen diferentes funciones del sujeto y del ambiente, que participan en distintos desarrollos que se interrelacionan unos con otros para procesar el conocimiento.

En todo este proceso, progresivamente, y a cada uno de los pasos se puede dar un va­lor mayor; estos valores pueden ser ubicados en el reconocimiento, en la aceptación, en la gratificación de cada uno; hay a la vez, valores universales e individuales que pertenecen a situaciones y fantasías conscientes, inconscientes, personales. Tanto en unos como en otros se puede encontrar escepticismo, desinterés, interés, responsabilidad de qué hacer con lo que se conoce, para luego divulgar, enseñar y, aún más, preparar prácticamente a los otros. Estos están representados por un grupo pequeño o por grupos diversos o por la gran masa social; de ahí la importancia que tiene el considerar el conocimiento de la ciencia en su repercusión social, en su trascendencia ideológica y conductual. La misma ciencia en su desarrollo pro­duce hechos sociales, grupales e individuales, con repercusión en el mundo de los valores, en la escala de los mismos, y aún más, puede llegar a ser cambiados o transformados.

Los procesos de desarrollo científico se ven ubicados temporal y espacialmente; por lo tanto, hay que estudiarlos dentro del contexto histórico (que implica lo temporal y lo situa­cional geográfico). Un momento del desarrollo científico puede ser contemplado por un des­cubrimiento, por un instante, o por todo un proceso que se desencadena en la comunicación de la información del conocimiento, que puede incurrir en un lapso de poco o mucho tiempo cronológico. Hay ideas y conocimientos que se van fraguando y otros que quedan latentes y ocultos, para luego despertarse años más tarde. Por lo tanto, un conocimiento científico puede demorar en su desarrollo hasta siglos, aislado en una o varias áreas geográficas. El conocimiento a la vez puede estar sujeto a las influencias frenadoras, represoras, aceleradoras y libres de las ideologías político-sociales y económicas; por lo tanto, hay que dilucidar éstas, para que se entienda el fenómeno del mismo conocimiento en el momento en que aparecen.

Entre tantos factores que intervienen en el proceso del desarrollo del saber, hay que enun­ciar aquellos que se refieren a las facilidades de comunicación o difusión que comprende tam­bién el “cuarto poder”, y a los instrumentos y métodos que participan en aquélla. Todos estos factores pueden confluir también en uno: el “temor” al “conocimiento” que se ha observado a través de toda la historia de la humanidad, y que el mismo Freud lo dejó planteado, igual que está implícito en diferentes mitos de la humanidad. (2)

Un aspecto que valdría la pena enunciar y estudiar es el fenómeno de cómo un hecho, o la aparición del mismo, a veces hace historia y otras no. Por ejemplo, la de un modelo teórico; esto depende de ciertas circunstancias, no sólo de la coherencia del modelo y su aplicación práctica, sino de quién surgió y cómo vino planteado, a más del momento en que el o los receptores (analistas en este caso) se encuentran para recibir y aceptar la información. Un fenómeno que ocurre es que en ocasiones el receptor se encuentra saturado de información y viene el cansancio; de tal manera que cualquier otra información puede ser aceptada porque genera un descanso de la saturación mencionada, o puede ocurrir que un conocimiento que produce ansiedad es negado y reprimido más que otro, que puede ser llevado preferentemente al plano de entendimiento y comprensión intelectual y no al de la vivencia angustiante.

Pienso que podemos considerar que un hecho, un modelo, se convierte en histórico cuan­do ocurre que un grupo lo acepta con cierta continuidad temporal como verdadero y lo integra a su saber como un paradigma identificándose con él; esta identificación puede ser transitoria pero deja una secuela, una costumbre, una serie de hechos en un grupo como es el estudio y discusión del mismo modelo. Este, por su parte, puede en determinado momento “idealizar­se” y convertirse en un “instrumento de omnipotencia”, lo cual, aunque ocurre, dura más bien poco tiempo, pues acaba con la desidealización rompiéndose la omnipotencia; sin embargó, pueden permanecer residuos que persisten por largo tiempo como el ideal atacado, ignorado, desconocido o negado por temor al conocimiento del mismo.

Por su parte, el “miedo al saber” puede manifestarse con el análisis tendencioso, cristali­zado y muy intelectualizado, convirtiendo el mismo conocimiento en una ideología limitante y restringida; de igual manera afecta al modelo y el mismo conocimiento. Así también ocurre con la logización en las explicaciones e interpretaciones de los hechos y de los modelos; de tal forma se convierten en construcciones, en ocasiones con una pseudo-consistencia que permanece temporalmente de acuerdo con el desarrollo histórico del grupo de científicos, el cual puede hallar un nuevo modelo que sustituya o modifique al primero; un paradigma que se sustituye por otro mejor. En este transcurso suele ocurrir también que exista una serie de transiciones en la dinámica grupal de los científicos; en esa temporalidad se realizarían dife­renciaciones y/o disoluciones con discriminaciones grupales.

No hay que olvidar, a la vez, que un modelo proviene de una teoría y ésta de otra que encierra un concepto de uno o varios fenómenos. Actualmente nos encontramos con la ob­servación del intento de la integración de un modelo de modelos psicoanalíticos; este hecho podría representar el deseo de encontrar la síntesis.

En síntesis explicar que es ciencia o conceptualizar sobre ella es una tarea ardua y difícil, más aún, cuando tenemos en cuenta el hecho de que existe una variedad de definiciones, ba­sadas en principios filosóficos, físicos, técnicos, metodológicos, etcétera.

Al conceptualizar sobre la ciencia, básicamente se recurre al saber teórico que, con una técnica puesta en práctica, puede demostrar los postulados que en ella se emiten. La demos­tración se basa en el razonamiento de la lógica sin caer en la alienación por las polarizaciones irracionales o con intelectualizaciones que parcializan el conocimiento, como lo hace tam­bién el dogmatismo. Esto ocurre por la participación de creencias subjetivas, prejuicios; todos los cuales traen un malestar en los científicos, en los profesionales de la salud y/o en la cultura médica; más aún, cuando solamente se utiliza un método o un pensamiento, (por ejemplo, el de Sigmund Freud) negando o descartando los múltiples aportes de otros científicos y de otras ciencias.

Así mismo podemos observar también lo que podríamos llamar la anticiencia la cual apa­rece con las creencias y prejuicios y todo el subjetivismo ya mencionado. Un problema que surge aquí es el de la interpretación científica, la cual supone una objetividad que lleva a la credibilidad y a la autoridad del conocimiento; lo contrario es entrar en la explicación subje­tiva y con ello en el pensamiento mágico o irracional.

Téngase en cuenta cómo la gnoseología se impuso a la ontología, y esta se basó en la fi­losofía, en el fondo la primera se convirtió en una reflexión del saber científico; de tal suerte que desde las matemáticas hasta la sociología han desembocado en la ciencia, la filosofía, la metafísica y la ciencia de las ciencias o epistemología.

Unos y otros enfoques han seguido diferentes métodos, unas veces describiendo y agru­pando los hechos observados, otras clasificando el conocimiento. No hay que confundir aquí el método con la ciencia o la técnica, ni los sistemas de ordenación con la teoría del cono­cimiento, la que se diferencia de la teoría de la ciencia, que a su vez es una consecuencia de aquella; es necesario dar un paso más allá en el sentido de definir y estudiar la misma ciencia, es llegar a la ciencia de las ciencias, es decir a lo que llamamos epistemología.

Es esta una reflexión de la misma ciencia sobre sus fundamentos, proposiciones, métodos, sistemas y funciones. Sin embargo, sin caer en reduccionismos, la definición de ciencia en el diccionario ideológico de la lengua española dice: “ciencia se refiere al conocimiento cierto de las cosas”.

La clasificación de las ciencias desde Platón y Aris­tóteles, ha tenido una serie de ubicaciones: desde lo sagra­do, lo civil y lo natural has­ta llegar a lo empírico y a la ciencia pura; de lo ideal a lo real; de lo fenomenológico a lo interrelacionado; de lo físico a lo lógico; de las re­laciones a las interrelaciones cualitativas y cuantitativas; del desarrollo a lo procesal; de lo sistémico a lo intersis­témico; del método (Des­cartes) modo y modelo a lo conceptual dentro de todo el pensamiento y a la teoría de la complejidad (/3).

La ciencia en general tam­bién la podemos clasificar en formal (lógica y matemática), en factual, natural (física, química, biológica y electrónica) y cultural (historia, política, sociología). Entre la na­tural y la cultural estarían ubicadas la psicología, la antropología y el psicoanálisis, complementados por la lógica; esto ya fue planteado anteriormente, (ver figura 1).

Clasificación de las cienciasFigura 1. Clasificación de las ciencias. Ref: elaboración propia

Si antiguamente se clasificó la ciencia en natural, civil y sagrada, todas estas clasi­ficaciones pertenecían a la facultad de la memoria y a los datos de la historia; fue más tarde cuando la razón ocupó su importancia como base de las ciencias teleológicas, na­turales (física y metafísica), y de las ciencias del hombre (lógica, ética, historia y luego la sociología) (4), (Ferrater Mora, 1951). En la introducción se expuso cómo la ciencia puede también clasificarse en energética y conceptual. De igual manera, podrían orde­narse las ciencias de acuerdo con el sujeto, la forma, el hecho y la naturaleza de lo que se conoce y estudia.

Si en algún momento se habló de ciencia de las formas y de los fenómenos, ahora se habla más de ciencia de las funciones, de los métodos y de los procesos, o de la com­plejidad, que van a dar origen a los principios y a las leyes de los mismos.

Actualmente, aludimos más a la cien­cia aplicada con una técnica que nos ubi­ca en todo el campo de la tecnología; a la vez nos referimos clasificatoriamente a la ciencia de la ciencia y esta la dividimos en externas (psicología, sociología, historia de la ciencia) e interna (lógica, metodológica, filosofía de la ciencia) las cuales nos con­ducirían a la epistemología y a la semiótica (ver figura 2).

Ciencia de la cienciaFigura 2. Ciencia de la ciencia (Epistemología)
Ref: elaboración propia

La ciencia implica el saber y el conocer; a su vez, el saber debe entenderse como la ligazón de varios conocimientos que pue­den ser aplicados en una forma técnica; y no sólo la historia, sino también la misma metodología, que hace parte del proceso del conocimiento. El conocimiento de los ins­trumentos, de los hechos y de los fenóme­nos que intervienen en él son indispensables para el mismo conocimiento. A la vez que esto ocurre en el proceso del conocimiento, otros procesos se suceden simultánea y/o alternativamente, entre ellos el intuitivo, el lógico, el histórico y el matemático, los que van a prever y a probar los hechos ob­servados, todo lo cual validaría la obser­vación. Este hecho de validar se puede efectuar con palabras o con símbolos de los temas (ciencia), y con teorías (lógi­ca) derivadas de la observación y de la aplicación. Creo que todo este proceso de conocimiento en que va implícita la validación, es cuestión de los niveles del conocimiento mismo y de los de aplicación, práctica de los mismos.


1 Parte de estos textos aparecen en las obras del autor ya publicadas: “El psicoanálisis una nueva profesión”, (Sánchez Medina, G. 1987); “Modelos Psicoanalíticos. Arquitectura y dinámica del aparato mental”, (Sán­chez Medina, G. 2002a); “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (Sánchez Medina, G. 2009); y “El Azar Determinista. El Lazo del Destino” (Sánchez Medina, G. 2011). Espero que esta síntesis sea útil para el lector sin necesidad de revisar los otros textos.
2 “El ‘temor al conocimiento’ está señalado en la mitología del Edén, con el árbol del conocimiento que estaba vedado para Adán y, en el mito de Prometeo que por robar el fuego a los dioses es castigado por toda la eternidad”, (De Francisco, 2012).
3 El pensamiento de René Descartes fue plasmado en 1638 en su escrito “El discurso del método” publicado en la ciudad de Leiden (Holanda), el cual fue traducido al inglés en 1649; en la carátula aparece en español así “un discurso de un método para una buena guía de la razón y el descubrimien­to de la verdad en las ciencias”, (Figura 2). (Menuhin & Curtis, 1979)
4 Téngase en cuenta que la historia no es una ciencia y pertenece más a la hermenéutica y a la informa­ción.

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