Antropoeidos el Hombre Ideal

XII (Del orden cosmológico y ontológico; la física cuántica y ondulatoria)

“El ser humano siempre busca ideales, perfecciones en el ser, saber y hacer para conseguir ordenaciones, equilibrios y armonías en su existencia”.

 

Origen y significado de la palabra antropoeidos

La palabra antropoeidos (1) surge del griego antropos (hombre), “eidos” (idea e ideal, presencia, aspecto, apariencia, mostrarse). La palabra ideal viene del latín idealis, relativo a la idea y éste del griego “eidea”, que es la forma, o apariencia. La palabra “idea” como se anota, viene del griego “eidos” forma o apariencia; esta palabra es derivada del griego “eído” que significa yo vi; de ahí vienen también las palabras, idear (formar una idea); ideación (proceso de formación de ideas); ideal, relativo a la (s) idea (as), usualmente a una idea perfecta, o idealismo, doctrina o pensamiento filosófico que considera las ideas como el principio del conocimiento; idealizar (convertir la realidad en una idea mejor o más bella de lo que es). La palabra griega “eidos” también conlleva la idea de “ver” y se halla en la base de la palabra latina “video”. La raíz indoeuropea “weid” significa ver o saber. En griego tenemos el verbo ειδω eido (ver) y su pretérito perfecto “yo he visto”; en sánscrito “veda”, significa “yo sé”, y “vedas” los que saben; en alemán la palabra “wissen” es saber y en inglés “wisdom” es sabiduría y prudencia. Existe una íntima relación entre el ver y el saber. En hebreo el verbo saber se dice “la ladaat” (לדעת) y “yo sé” se dice “aní ioidea” (הייתי). De toda esta etimología podemos concluir que el hombre requiere “ver, saber”, con una tendencia a la perfección en la cual se incluye la armonía, el orden y el equilibrio, y para ello, se vale de múltiples caminos para arribar a ese estado.

Clases de ideal

Las clases de los ideales dependen de la necesidad del hombre de elevar las cosas en, sobre, o encima de la realidad, por medio de la inteligencia o la fantasía a niveles categoriales que los denominamos como excelentes, perfectos, ejemplares, modelos; a su vez, existe el “idealismo” como sistema filosófico que considera la idea como principio del ser y del conocer. De tal forma, todo parte de la idea y de la necesidad de ubicar las ideas o la representación o el producto de ellas a altos niveles en distintas categorías; por ejemplo, el ideal filosófico (ideal platónico), el ideal matemático (en algebra abstracta el ideal de un anillo), el “ideal primo” en álgebra, con los conceptos de números primos, el conjunto de ideales de la “teoría del orden” y la colección de conjuntos pequeños o insignificantes; en todos estos está participando la teoría del orden que nos lleva a la perfección o exactitud. A su vez existe el ideal de la química; por ejemplo, la cadena ideal para describir un polímero como el transformador ideal eléctrico, con cualidades hipotéticas de resistencia cero y flujo magnético perfecto; el gas ideal con propiedades simplificadas que permiten la formulación sencilla de las leyes y teorías, la solución o disolución ideal de un líquido; el ideal físico en donde participan las cuatro fuerzas (gravitacional, electromagnética, nuclear débil y fuerte) que caracterizan el átomo con todas sus partículas incluyendo las cuánticas, (2).

Existen diferentes ciencias sus ideales, como un resultado final ideal, de una solución en un contexto metodológico, el experimento ideal (mental o imaginario); es así como apareció el “ideal del Yo” dentro de los sistemas y subsistemas de la teoría del psicoanálisis. Otra forma de manifestarse el ideal, es la población ideal, el ciudadano u hombre ideal, el país ideal, el municipio o ciudad o calle, el transporte ideal, la música ideal, los colegios, universidades y trabajos ideales, los sistemas de salud y médicos ideales, los centros de investigación ideales, los equipos deportivos ideales, los clubes ideales, las empresas ideales, los periódicos y revistas ideales, los trabajos y conferencias ideales, los concursos, los productos industriales ideales, o los productos vegetales ideales, la comida ideal, la familia ideal, la sociedad y el hombre ideal.

Aquí podríamos plantear que “el ideal” es una representación mental con valores para llegar a un estado inalcanzable propio del hombre para conseguir un orden perfecto en su pensamiento, en sus afectos, necesidades y conducta; es una fantasía construída por la imaginación, con sus representaciones universales que, con su cultura e historia, crea esas imágenes e ideas apoyándose en sus capacidades desde el pensamiento, la palabra hablada o escrita y la palabra e imagen convertida en una obra concreta o abstracta. Sobre este tema se ocupó Vasili, Davídov en la obra “La enseñanza escolar y el desarrollo psíquico”, (Davidov, 1986).

En búsqueda de lo ideal

A través de los textos anteriores nos hemos encontrado con que el ser humano busca soluciones objetivas o mágicas y religiosas para salvarse del mal, de la muerte y lo hace a través de multiplicidad de doctrinas, creencias, filosofías, pseudofilosofícas, científicas y de la pseudociencia, o de teologismos y neoteologismos; esto lo hace con prejuicios, con diferentes visiones del mundo y con su derecho a vivir, sentir y pensar, en forma distinta de acuerdo con su historia y cultura. En cada uno de los tiempos se han creado soluciones para los diferentes problemas; esto ha sucedido por largos milenios desde la aparición instintiva animal de buscar la supervivencia en el reino mineral, vegetal y la convivencia con otras especies animales con su instinto de supervivencia, utilizando mecanismos diversos como la depredación. Así podemos observar en el reino animal que el pez grande se come al pequeño o la depredación de los carnívoros y los herbívoros para llegar al hombre “homo erectus” que selecciona y combina las dos formas de subsistencia (herbívora y carnívora), (3). Téngase aquí en cuenta que el animal, ya en su supervivencia, busca las plantas medicinales o los frutos de plantas alimenticias ricas de elementos para su subsistencia, su evolución y desarrollo; de la misma manera se busca, a la vez, la comunicación con el medio ambiente, el agua, los minerales y todos los sistemas vivos de donde también provinieron.

Recuérdese aquí que los diferentes átomos se unieron para formar moléculas, así como el agua, el magnesio, el cloro, el sodio, los sulfatos, los hidratos de carbono, los fosfatos, los ácidos nucleídos, las proteínas fueron organizándose y ordenándose para estructurar macromoléculas con relaciones formándose grupos con aspecto geométrico abierto-cerrado; así mismo se originaron los bucles cerrados y micelas, redes catalíticas de enzimas, pasando al ADN con todas sus codificaciones para constituirse y organizarse como ser humano siguiendo las leyes naturales del orden y la evolución, interviniendo la temperatura, la presión, las radiaciones, las fuerzas gravitacionales y electromagnéticas para llegar a la célula y a procesos de nuevos órdenes y sistemas con sus diferentes funciones y conformar al ser humano, (4). Si bien estos textos aparecen muy condensados, sugiero al lector referirse a obras que explicitan discriminadamente la aparición de la vida. Aquí la pregunta: ¿no le ocurre al ser humano individual y colectivamente lo mismo?; es decir, ¿será que para su evolución y supervivencia, deben seguir las leyes del orden u organización a diferentes niveles físico-químicos, biológicos, psíquicos, sociales y económicos? y ¿no será ese el ideal? La respuesta es muy factible sea positiva.

En realidad la naturaleza misma se estableció en un orden partiendo de un desorden y así también aparecen los ciclos y dentro de ellos los niveles de equilibrio u órdenes que pasa el ser humano que nos llevan a pensar y desear en el ideal; y, para el ser viviente el ideal es estar vivos. Desde un punto de vista general, también podría decirse que el universo oscila entre “la entropía y la entalpía”, “el orden, desorden, caos y nuevo orden”, todo ello dentro de una armonía y equilibrio en conjunto. Entendiéndolo todo esto así, llegamos a comprender más el concepto de ideal, el cual, como ya se explicitó, es más del ser humano consciente el cual desea, solicita, persigue, provoca, tiene o siente la pérdida de su ideal o idealización mágico y omnipotentemente. En síntesis buscamos un (os) ideal (es), equilibrios u órdenes que nos mantengan vivos. Vale la pena recordar las culturas egipcias mesopotámicas y griegas con sus diferentes mitos, rituales y escritos llevados a la actuación como fueron las tragedias griegas, por ejemplo la tragedia del mito de Edipo Rey de Sófocles, todos ellos nos abrieron la puerta al autoconocimiento para salir a la vez de la ignorancia. Sin embargo, faltaron casi 2500 años para que apareciera Freud descifrando e interpretando la tragedia humana de Edipo considerada la mejor por Aristóteles.

En verdad todos buscamos estar presentes y ser conscientes en aras de alcanzar un equilibrio de las condiciones internas y externas que nos permitan vivir. Es posible que el mismo universo antes de estar presente el hombre ya había una predeterminación con diferentes fuerzas y entre ellas la de la evolución que le conducían a un equilibrio y, como ya se explicitó anteriormente es una lucha entre la entropía y la entalpía pasando por un equilibrio cambiante dinámico dentro de una armonía, posiblemente semejante a la música a formas y colores que aparecen en la naturaleza que conforman armonías transitorias y luego desaparecen.

Aquí la pregunta: ¿acaso esta búsqueda no pertenece a una necesidad proveniente de la misma naturaleza cósmica para mantener el equilibrio de la existencia del ser en el universo, mientras transcurre su ciclo vital? La respuesta es afirmativa, pues el mismo cosmos está en un eterno cambio y transformación entre materia-energía (visible-oscura), fuerza, movimiento (positivo-negativo, presente-ausente, conocida-desconocida y lo témporo-espacial); recuérdese que aproximadamente el 95% de la materia total cósmica es una forma que escapa a nuestro entendimiento y 1/3 es lo que se llama materia oscura, y lo demás es lo factible de observación como los racimos de galaxias que vemos; lo demás es lo calculado con sus ecuaciones para determinar también la aceleración del universo; es así como se puede construir o levantar cartografías galácticas para explicitar las estructuras del universo. Todo esto nos conduce a entender las leyes de la naturaleza y fuerzas conocidas (gravedad, anti gravedad, electromagnetismo y fuerzas nucleares y en especial los cuántos físicos y así poder elaborar modelos cosmológicos en donde está el orden, el desorden y el caos, lo que equivale a “lo no lineal” sino complejo de la naturaleza y en esta la atómica, la molecular y la vida del hombre en su entorno para hacer parte del orden cosmológico y ontológico; este último perteneciente al primero, (Gaztañaza, Rosalba, & Elizalde, 2010).

Entiéndase aquí que existe el concepto, la idea, el deseo y fantasía del hombre ideal (antropoiesis) de un “Yo ideal”; a su vez en psicoanálisis nos referimos al concepto del “ideal del Yo”, el cual es un factor condicionante de la represión y de la sublimación (5), y, también ésta última proviene de la modificación de la forma de satisfacción de las pulsiones instintivas. La idealización en psicoanálisis es el proceso que se refiere a lo que llamamos objetos ideales (representaciones), en los cuales se enaltece o engrandece al objeto; de tal manera se realiza una satisfacción narcisística como un ideal del Yo. El ideal del Yo es sinónimo en psicoanálisis al Superyó o consciencia moral y es lo que se proyecta ante “sí mismo” como una “idea”; en esta idealización del Yo se supone que no hay contradicción, puesto que no hay conflicto por no existir el rechazo y por lo tanto no existe inseguridad y culpabilidad.

A su vez el idealismo e idealización están conectados con la omnipotencia y la magia del pensamiento, las cuales hacen un conjunto con el narcisismo cargado de resentimiento, rivalidad, envidia, odio, agresión y deseos de aniquilación o de muerte del rival sentido perseguidor; estos mecanismos requieren o se valen de la identificación con los objetos idealizados que supuestamente están imbuidos del poder omnipotente; y, a la vez, la omnipotencia se despierta por carencias y fragilidades o incapacidades físicas, psíquicas, socio económicas, espirituales, científicas, de conocimiento u otras, que producen una inseguridad en el Yo del sujeto, el cual proyecta o ubica esas debilidades en el otro para ser protegido, y a la vez, se identifica con el poder ubicado en el otro (en el afuera; por ejemplo, el niño del siglo XX se identificaba con los personajes como Tarzán, supermán y tantos otros convertidos en héroes o sujetos de imitación o para ser como ellos a distintos niveles; de tal manera, el Yo débil se asegura y queda protegido y disminuyéndose la ansiedad no sin operar los otros mecanismos que en el lenguaje de Melanie Klein se llaman esquizoparanoides, depresivos, y, con la posibilidad de eliminar la ya mencionada culpa y llegar a la reparación. Todo esto pertenece a estructuras psíquicas que están determinadas genéticamente.

Por lo expuesto anteriormente entiéndase que en el ser humano se instauran diferentes mecanismos y entre ellos está la idealización, en la cual, como ya se enunció anteriormente, el Yo se engrandece e hipervalora y sobreestima hasta puede llegar al amor ególatra nutrido por el narcisismo, (6); así también se crea una “imagen ideal” de otras personas por sus atributos, principios o sistemas de valores pudiendo aparecer como norma, ley, prohibición, armonía, belleza, poderes. Los ideales y valores son múltiples y de distinta índole, pueden ser individuales, colectivos, naturales, espirituales, físico-químico-psíquicos, éticos, estéticos, político-económico-sociales, psicológicos, intelectuales, de poder, de control, todos los cuales despiertan satisfacción y aceptación grupal o social. Es así como aparece la imagen del “hombre ideal” y/o el “ideal del hombre” (homo totalis u homo integralis, hasta el nivel que cada cual pueda darle y discutible de su existencia porque nada es perfecto o depende de la vara con que se mide), los cuales pueden asimilarse uno con el otro para buscar la perfección, la excelencia, el modelo de armonía. Téngase en cuenta que los modelos de ideales han cambiado y cambian a través del tiempo. Además cada cultura, grupo social, nación y época, así como individuos tienen sus ideales propios y colectivos.

Es de tal manera cómo las satisfacciones reprimidas son superadas con un “nuevo ideal” y abren el campo para la satisfacción y la negación de tendencias agresivas o libidinales no aceptadas; el ser idealizado un sujeto, (objeto externo) se le identifica con el (os) ideal (es) y así se aseguran las tendencias y necesidades internas. Cuando el ideal se rompe, el sujeto siente su pérdida y por ende aminora su seguridad, pues está basada en aquel; de tal manera la idealización es una necesidad que tiene el Yo, repitámoslo una vez más, para asegurarse a “sí mismo”. Entiéndase que en la idealización participan diferentes mecanismos que llevan a la identificación y a cierto equilibrio en las relaciones del mundo interno con el externo.

Existen ordenadores cosmológicos del universo y otros que el mismo hombre construye mentalmente con conceptos para facilitar el orden, no sin pasar por desórdenes y órdenes naturales; podría pensarse en la posibilidad de que llegue al momento en que los ordenadores por ejemplo, los computadores nos ordene la mayoría de la vida o ella misma. Entonces ¿cuál es el ideal del nuevo orden social económico, político, administrativo, moral demográfico y existencial?. La respuesta podemos iniciarla en que el hombre en su evolución va construyendo ideales y cambiándolos dirigido por fuerzas equilibrantes y desequilibrantes en una continua dinámica polifacética con un principio y un fin, la vida y la muerte oscilando en la humanidad, la cual tiene la bella oportunidad de pasar por ese tránsito maravilloso que es la vida. Todo esto se hace pasando umbrales y diferentes fronteras.

El ser humano ha sufrido a través de ciento de miles de años una serie de vicisitudes, traumas, procesos de adaptación, de evolución, organización social, todos los cuales conllevan la tendencia al orden, equilibrio y armonía para llegar al hombre de nuestro tiempo. Estos procesos son, no solamente biopsicológicos y sociales, sino de valores espirituales y religiosos, todos los cuales tienden a conseguir una paz y el ya mencionado equilibrio y orden para mantener la vida.


1 En el diccionario griego don José Pabón de Urbina, en la página 174 la palabra “eido”, con omega al final y las acepciones con sus significaciones que aparecen son: “ver, mirar, observar, reconocer; hacerse visible, mostrarse, aparecer; parecer, parecerse, ser igual, parecido o semejante; comprender, conocer, entender; ser experto, entendido o capaz; pensar, sentir, tener sentimiento, idea, amistad o favorable; agradecer; pensar, sentir o tener sentimientos de amistad o favorable; seguro, seguramente, sin duda alguna; y la palabra “eidos” a su vez significa: vista, visión, aspecto, catadura, figura, forma, hermosura; idea, representación, imagen; clase, especie, manera de ser, índole, naturaleza, disposición”. Según el señor Sauvaeot, en la revista N°66 ‘Vie et Langage’, hay que reducir la utilización de los neologismos, pues se encuentra uno ante el problema de restar, o de copiar, o de crear una palabra original que no contiene todos los matices que se desean transmitir”. ¿Vale la pena utilizar una palabra conocida? Esto es inquietante porque los lingüistas pueden no estar todos de acuerdo”. Comentario del doctor Ítalo Di Ruggiero (Mayo del 2012).

2 “Que caracterizan o son propias del átomo; las fuerzas no constituyen el átomo sino son propias o características de él”, (De Francisco, 2012)

3 Parecería que la naturaleza buscara sus niveles de orden, para la supervivencia y “conociera” (por así decirlo); además están los elementos básicos de su estructura biofísica química, utilizando diferentes medios (como la lucha) para conseguirlos.

4 véase obra: “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (Sánchez Medina, 2009, p: 250 y sig).

5 Estos conceptos son desarrollados por el psicoanálisis. Ver libro “Modelos psicoanalítico. Arquitectura y Dinámica del Aparato Mental”, (Sánchez Medina, G., 2002, p: 94-98).

6 En psicoanálisis diferenciamos el narcisismo primario del secundario; el primero es un estado precoz en donde el niño carga su libido sobre sí mismo, y el segundo es la vuelta de la libido sobre el Yo después de retirar las catexis objetales. Existe la tendencia primaria no solamente a verter la libido sobre sí mismo sino también elegir el objeto externo y cargarlo de libido. Cuando ubicamos al narcisismo dentro de una fase de autoerotismo primitivo, obviamente lo localizamos con las relaciones objetales (relación sujeto-objeto). El narcisismo incluso se puede entender desde la vida fetal, puesto que la libido está centrada en las partes internas del proto-yo y el yo que están en elaboración. Por lo tanto, la distinción entre erotismo y narcisismo desaparecen; el último tendríamos que llamarlo auto objetal indiferenciado en donde no hay no diferencia entre sujeto y objeto; sin embargo, es difícil entender un narcisismo sin la relación de objeto a no ser que lo entendamos solamente como las relaciones proto-objetales del protoyó. La patología del narcisismo es más de quedarse en el primario o predominar en el secundario y de ahí la homosexualidad, la hipocondría , la megalomanía, la paranoia, las personalidades narcisísticas, el pensamiento mágico omnipotente primitivo que también se relaciona con el ideal del Yo, el Yo ideal y la consciencia moral; de tal manera el ideal del Yo, el Yo ideal, el superyó, consciencia moral, autoerotismo, narcisismo primario y secundario se interconectan e interrelacionan. Aquí es necesario tener en cuenta que el narcisismo estaría ubicado más en el Yo corporal (somatizaciones), o el psíquico (delirios), o en actos y sentimientos de grandeza o autosuficiencia; a la vez entre más narcisismo manifiesto aparece más el sadomasoquismo latente estará presente, o viceversa con sus identificaciones predominantes narcisísticas. Aquí vale la pena tener en cuenta que así como existe el narcisismo primario y secundario, en mi opinión existe el narcisismo terciario, el cual se construye con la ubicación de la libido no en el Yo, sino en el nosotros, la comunidad, la sociedad, predominando ese funcionamiento en el ideal del Yo; esto ocurre más después de la elaboración del Complejo de Edipo y más allá de él. Para este tipo de narcisismo se requiere una serie de mecanismos psíquicos de renuncias libidinales del Yo y de la superación del pensamiento mágico omnipotente.

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