Los Laboratorios Suizos y los Japoneses

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

Basilea ha dado origen farmacéuticas muy importantes entre las que queremos destacar a Novartis y a Roche.

En 1758, Johann Rudolph GEIGY-Gemuseus, se inició comerciando materiales, químicos, colorantes y drogas de toda clase; este imaginativo comerciante de Basilea, creó una empresa química para extraer de las selvas potentes compuestos o extraños colorantes.

Adquirió así en Suiza un molino y una planta de extracción de colorantes. Durante décadas, la empresa familiar de los Geigy se dedicó al negocio de los tintes, que fue de la mano de las textileras que trabajaban la seda, la lana y el algodón, hasta que en 1914 J.R. Geigy Ltda. Se convirtiese en una compañía pública y en 1924 iniciara sus investigaciones en las áreas farmacéutica y agroquímica. Productos como la fenil-butazona inyectable y la oxifenbutazona en grageas (ambas como los primeros anti-inflamatorios no esteroideos, usados para la artritis) y la imipramina (un anti-depresivo), proporcionaron medios eficaces para tratar estas enfermedades tan comunes. 1948 es un año clave para Geigy, pues los descubrimientos sobre la eficacia insecticida del DDT (diclorodifeniltricloroetano) le dan el premio Nóbel al científico Paul Müller.

En aquella Basilea del Rhin y de los textiles, se fundó en 1884 la Compañía para la Industria Química en Basilea por Alexander Clavel, la que se conoció por sus siglas como CIBA. Se basaba en en el uso del colorante artificial fucsina, que da un bello tinte fucsia a las telas. Después de trasladarse a una ciudad cercana y convertirse en una sociedad limitada, Ciba incursionó en la investigación farmacéutica y logró posicionar un estimulante respiratorio conocido como Coramina, proporcionó el primer medicamento, tanto oral como inyectable para el control de la hipertensión arterial como fue la reserpina, utilizado también como sedante y lanzó un analgésico que fue muy popular, la Cibalgina. Estos medicamentos, aparecidos en la década de los cincuenta, eran unos de los pocos medicamentos de marca disponibles en el “armamentarium” de la época.

En 1970 Ciba-Geigy se convierte en una sola empresa y lanza su producto estrella diclofenaco, que se convierte en el AINE más utilizado. La patología ocular es atendida por una compañía especializada, la Ciba Vision, y por supuesto que además es también líder en la protección de cultivos y en la sanidad animal. La Documenta Geigy produce importantes aportes a la comunidad investigadora, como las conocidas “Tablas Científicas”.

En la misma ciudad de Basilea nace la Sandoz en 1886, merced a la sociedad que realiza el financista y comerciante Edouard SANDOZ con el químico y científico Alfred Kern. Poco después empieza a vender la antipirina, y años más tarde se da a conocer por su investigación en los derivados del ergot y del cornezuelo de centeno, que han sido tan usados en obstetricia y en el manejo de las cefaleas vasculares o migrañas. La rama farmacéutica se fortalece con la participación de la austriaca Biochemie, que descubre como producir penicilina oral, la fenoximetil-penicilina. Es una industria pionera en inmunosupresores, y la aparición de la ciclosporina A permite las exitosas cirugías de los trasplantes, que evita los rechazos de injertos.

Dos problemas causaron inconvenientes a la Sandoz, pues habiendo sido el descubridor del LSD-25 para uso en psiquiatría experimental, terminó esta droga convirtiéndose en importante alucinógeno de venta ilegal en Europa, cuyos efectos son comentados en alguno de los libros del Nóbel de Literatura Aldous Huxley. Otro fue el incendio de una gigantesca planta en 1986, lo que hizo que se vertieran al Rhin 30 toneladas de productos químicos tóxicos.

El tratamiento de los prolactinomas, que se conocen como causa frecuente de infertilidad y del síndrome de galactorrea-amenorrea, se logra con éxito por la introducción de la bromoergocriptina. Sandoz es líder en la producción de pèptidos y lanza importantes compuestos como la calcitonina y el ocreòtido, un inhibidor de la somatostatina. Una revista científica conocida como “Triángulo” da a conocer aportes de importantes descubridores, entre los que recuerdo los del descubridor de la lipotropina y del ACTH, el investigador Li de la Universidad de Berkeley. En 1996, época de las grandes fusiones, aparece Novartis, fruto de la unión de Sandoz con Ciba-Geigy.

Basilea es la sede de otra gran farmacéutica fundada en 1896 por Fritz HOFFMAN, cuya esposa era de apellido LA ROCHE. Esta corporación que tiene decenas de miles de empleados en todo el mundo (como ocurre con todas las grandes empresas multinacionales) tiene su principal fortaleza en la división farmacéutica y en la de productos populares. Fue la primera en sintetizar las vitaminas A, C y E para uso comercial, lo que le ha permitido una estabilidad financiera no exenta de problemas pues fue una de las empresas multadas al asociarse con otras para controlar el precio de las vitaminas; recientemente la empresa vendió su división de vitaminas, para concentrarse en el negocio farmacéutico propiamente dicho. Roche ha sido líder en el desarrollo de las benzodiacepinas, con varios exponentes mayores en este campo. Ha tenido enorme éxito con productos para la tuberculosis o con sulfodrogas como el Bactrim.

Fritz Hoffman y Adèle La Roche

En alguna oportunidad tuvo un problema de contaminación por parte de una de sus plantas ubicada en un pueblito italiano, que indujo 136 casos de cloracnè; esto empañó su imagen corporativa e hizo que el laboratorio tuviera que pagar altas sumas por concepto de compensación. Roche es una de las pocas grandes firmas mundiales que continúa perteneciendo a la familia fundadora (Fig.51-1).

En cuanto a los japoneses, existen varios y muy importantes; sin embargo, sólo mencionaremos aquí el caso de Chobei TAKEDA, quien inició en 1781 el comercio con remedios de origen asiático en Doshomachi, Osaka; sus herederos japoneses se dedicaron en los 100 años que siguieron a la compra mayorista de hierbas medicinales, para revendérselas a pequeños comerciantes y a médicos.

Uno de los descendientes de Takeda, Chobey el IV, logra hacia 1870 el crecimiento de la compañía al convertirse en importadora de medicamentos occidentales como la quinina para la malaria y el fenol para el cólera. Después de 1937, se convierte en fabricante japonés de las vitaminas sintéticas C y B1, ramo en el cual es el segundo fabricante mundial, pero que le ha traído problemas por una serie de demandas hechas por mil compradores a seis compañías, pues al controlar el 80% del mercado vitamínico imponían los precios causándole pérdidas a estos distribuidores. Esta y las otras empresas se vieron obligadas a pagar sumas considerables a los demandantes. Takeda es ahora un líder en investigación farmacéutica, y ha sido famosa en la producción de cefalosporinas, y de drogas para el tratamiento del cáncer de la próstata, de la hipertensión y de la diabetes. Un inhibidor de la ECA muy conocido ahora (pero comercializado por dos compañías occidentales) es por ejemplo el candesartàn.

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