Otros Laboratorios Farmacéuticos Americanos

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

En este capítulo contaremos brevemente la historia de compañías como American Home Products (AHP), propietaria de Wyeth (ahora Pfizer). También la de Abbott, Lilly, Bristol Myers Squibb (BMS) y Johnson & Jonhson (J&J). Otras empresas básicamente americanas como Smith, Kline and French (SKF), Upjohn y Searle-Monsanto, han venido a ser partes de otros grandes conglomerados y se mencionan en sección aparte.

Dos miembros de una familia tradicional de Filadelfia, John WYETH (Fig. 48-1) y su hermano, fundaron una droguería en el centro de la ciudad de Benjamín Franklin. Dedicada como las demás, a la elaboración de fórmulas magistrales, suministraban también dosis medicinales previamente medidas, lo que se consideró una técnica relativamente novedosa. Debido a que los Wyeth inventaron la primera tableteadora rotatoria que impulsaría mucho la manufactura de medicamentos, esta antigua farmacia se llegó a convertir en el primer fabricante de productos farmacéuticos como tal en los Estados Unidos.

El hijo Stuart era adinerado, y tal vez no tenía interés en la incipiente industria, así que se la donó a la importante Universidad de Harvard. Entretanto se había constituido en Nueva York la AHP, cuyo objetivo era el de vender productos para las amas de casa (como por años distribuyó limpiadores, betunes, analgésicos, insecticidas y demás). Su línea inicial de productos de consumo se basó más que todo en extracto hepático y aceite mineral. En 1931 adquirió a Wyeth y en 1943 a la empresa canadiense Ayerst.

Bajo la égida de AHP, Wyeth se involucró en el desarrollo de fórmulas infantiles que han sido una alternativa para la lactancia materna, y que se popularizaron entre el número cada vez mayor de mujeres que trabajan. Por otro lado, después del descubrimiento de la penicilina que merece historia aparte, vino la Segunda Guerra Mundial y el interés de lograr la producción industrial de este antibiótico para tratar a los soldados heridos en el campo de batalla.. Wyeth fue precisamente uno de los primeros laboratorios en producir a gran escala la penicilina, logrando perfeccionar el proceso en 1943. Esta compañía mercadeó la penicilina benzatìnica por décadas, habiéndola luego vendido a la austriaca Biochemie (Novartis), actualmente la mayor productora del agente anti-infeccioso, y quién obtuvo la primera penicilina oral.

Por otro lado, varias compañías se habían dedicado a la producción y perfeccionamiento de vacunas, particularmente contra la mortal viruela. Uno de los problemas era que, siendo la enfermedad prevalente en regiones tropicales, la vacuna no se podía almacenar. Wyeth desarrolló una vacuna secada al frío que podía usarse en esos territorios, y al donar los derechos de patente de su aguja bifurcada, logró suministrar 200 millones de vacunas anuales, con lo que la viruela fue erradicada en 1979.

William AYERST y sus tocayos McKenna y Harrison, además de Hugh McPherson, habían fundado una empresa interesada en comercializar el aceite de hígado del bacalao que se pescaba en Newfoundland, aparentemente más rico en vitamina A que el bacalao noruego. McKenna, un empresario muy sintonizado con las tendencias de su industria, aprovechó la presencia en Canadá de investigadores de la talla de James B. Collip, químico investigador en pèptidos y quien ayudó a descubrir la insulina, a más que produjo también un extracto paratiroideo. Collip, nombrado Jefe de Endocrinología de la Universidad McGill de Montreal, logró una larga y fructífera asociación con la Ayerst, y en sus investigaciones sobre estrógenos obtuvieron la producción de los estrógenos equinos conjugados; lanzaron esta terapia hormonal de suplencia en los albores de los 40 en Canadá y en los Estados Unidos.

American Home se dedicó a comprar pequeños pero productivos negocios, con lo que construyó un imperio, que aún hoy es importante en la bolsa de Wall Street. En 1943 adquirió a Ayerst, luego a los laboratorios Whitehall, y en 1989 a Robins, empresa de Virginia que se había iniciado en 1860, cuando Albert Hartley ROBINS comenzó con una pequeña farmacia en Richmond. Las dos últimas compañías se han unido para comerciar básicamente productos populares que no requieren fórmula médica y que se conocen usualmente como OTC (la sigla de “over the counter”). El negocio farmacéutico se convirtió en el principal, por lo que AHP se deslindó de los tradicionales productos caseros de consumo; últimamente ha realizado el desarrollo de importantes productos de alta tecnología, que han revolucionado la historia natural de enfermedades como la artritis reumatoidea, la hemofilia, o el tratamiento de los tumores malignos. En la década de los 90 AHP adquirió American Cyanamid, y después de una serie de escisiones, conservó la empresa farmacéutica de esta, Laboratorios Lederle, años atrás fundada en 1906 por el doctor Robert LEDERLE, y que tuvo cierto renombre por sus investigaciones en sulfas, tetraciclinas y acetazolamida, un diurético que hoy se usa básicamente para el manejo del glaucoma. Fue particularmente activa en el desarrollo de vacunas, lo que ha convertido a la actual Wyeth-Lederle en líder en este campo por su aporte de las nuevas vacunas conjugadas como por ejemplo la del neumococo, que pueden ser utilizadas para prevenir enfermedad en niños.

Hace unos años AHP se vio involucrada en una polémica sobre el “Fen-phen”, ya que era el principal comercializador de la fenfluramina y de la des-fenfluramina, drogas provenientes del laboratorio francés Servier, utilizadas en el tratamiento de la obesidad. Combinados estos agentes serotoninèrgicos con la fentermina, si bien lograban importantes pérdidas de peso, también ocasionaron una serie de casos de lesiones valvulares tricúspides; de esta manera, AHP decidió retirar dichas drogas del mercado.

AHP intentó sin éxito fusionarse con las empresas americanas SmithKline-Beecham, Monsanto y Warner-Lambert, las que tomaron su propio camino al unirse con la Glaxo-Wellcome, con Pharmacia-Upjohn y con Pfizer. Sin embargo, las grandes inversiones que ha hecho en la investigación farmacéutica le permiten conservar su liderazgo con productos como el etanercept (inhibidor del Factor de Necrosis Tumoral) que junto al infliximab de la Schering-Plough, han revolucionado la historia natural de la artritis reumatoidea y de otras enfermedades de origen inmunológico. Wyeth tambièn ha introducido productos para la hemofilia, la trombocitopenia post-tratamiento con oncológicos, para los trasplantes, investiga en muchos productos para el cáncer, en antibióticos y en la línea psiquiàtrica, con el antidepresivo venlafaxina y su tradicional lorazepàn; comercializa en asocio con la Schering alemana, una línea de anticonceptivos hormonales. En años recientes, la corporación AHP unió sus compañías –ahora farmacéuticas- bajo el nombre global de Wyeth. En la primera década del siglo XXI, Wyeth fue adquirida por Pfizer.

Los “gránulos dosimètricos” dieron origen en un pequeño apartamento en Chicago a una de las empresas farmacéuticas más grandes del mundo. Allí el médico de treinta años Wallace C. ABBOTT hacía pildoritas con la parte activa de las plantas medicinales, y fue tal su éxito que al despuntar el nuevo siglo fundó Abbott Alkaloidal. Al suspenderse las importaciones de los fabricantes alemanes durante la Primera Guerra, Abbott empezó a manufacturar procaína, un sustituto de la novocaína.

John WyethSus investigadores Ernest Volwiler y Donale Tabern (años más tarde incluidos en el Salón de la Fama de los Inventores), lograron desarrollar un tiobarbitùrico que –usado solo o antes de la administración de éter- lograban una inducción placentera y suave, sin producir delirio ni efectos psíquicos aterradores; este compuesto es el Pentotal. Abbott ha comercializado productos farmacéuticos de gran éxito como la eritromicina y otros macròlidos, antiepilépticos, preparaciones de hierro, hormonas hipotalàmicas para el cáncer de próstata e inhibidores de la bomba de protones. Otras líneas en las que sobresale son la nutricional infantil (línea Ross), los productos hospitalarios, agrícolas, químicos y particularmente los de la línea diagnóstica, dentro de la que se destacan la primera prueba para el Sida y una serie de equipos para laboratorios clínicos.

La historia de BMS se refiere a varios pioneros farmacéuticos del siglo XIX. En 1887 los señores William McLaren BRISTOL y John Ripley MYERS hicieron una inversión para fortalecer una pequeña firma de productos de consumo, de nombre Clinton. Muy lentamente fueron creciendo con un producto laxante, un dentífrico, antisépticos y jarabes para la tos, nada muy diferente de sus demás competidores; sin embargo llegaron a ser fuertes con las penicilinas de espectro reducido, particularmente la antiestafilocòcicas. Antes de ellos (1856) ya existía en Brooklyn la empresa de un farmacéutico que a la vez era un cruzado de los fármacos de buena calidad; Edward Robinson SQUIBB fue muy dedicado en esta campaña e inspiró la legislación que un tiempo más tarde daría lugar a la FDA. Ya en manos diferentes a las de la familia fundadora, Squibb se convirtió en uno de los grandes productores de penicilinas y de insulina. Como se interesaron también en las fórmulas infantiles, más tarde adquirieron la línea de Mead Jonson; en el campo farmacéutico fueron revolucionarios al crear el primer inhibidor de la ECA – el captopril- una de las sustancias antihipertensivas más usadas en el mundo, algunas cefalosporinas y agentes hipolipemiantes. En el campo oncológico fueron comisionados por el Instituto Nacional de Cáncer para el desarrollo del quimioteràpico paclitaxel, muy usado en los cánceres femeninos de seno y ovario.

En la central Indianápolis, tan recordada por las carreras de autos, un veterano de la Guerra Civil y químico farmacéutico, el Coronel Eli Lilly, fundó un nuevo laboratorio. Desde un comienzo, su empeño fue la innovación y la producción de drogas realmente efectivas. Uno de sus mejores químicos en un comienzo fue Ernest Eberhard; después vendría la fabricación industrial y comercialización de la insulina de Banting, el estudio de la Anemia Perniciosa (que mereció premio en Estocolmo), produjo penicilina masivamente y desarrolló otros antibióticos como la eritromicina (una de las dos sales), la vancomycina, el analgésico propoxifeno y el antidepresivo fluoxetina. Ha sido tan popular este último fármaco, que un exitoso libro reciente sobre filosofía de la vida recuerda la famosa marca. También recuerdo el infaltable antiséptico “Merthiolate”, con el que de niños nos trataban las heridas y nos aplicaban los inolvidables colutorios para la faringitis.

Las compresas antisépticas, las suturas estériles y las vendas quirúrgicas eran características –a principios del siglo XX- de una empresa que fundaron el siglo anterior los hermanos JOHNSON. Se llamaban Robert, James y Edward, el primero de los cuales se impresionó con los descubrimientos de Lister y sus “asesinos invisibles”. Las cremas y aceites para bebé, y los jabones suaves, fueron pronto algunos de sus más consumidos productos. Las famosas “curitas” o “banditas” (por la marca en inglés) fueron un invento de un comprador de algodón de J&J. Josefina, la esposa de Earle Dickson, se cortaba con frecuencia en la cocina, y debía esperar a su marido para que le trajera gasa y esparadrapo. A este señor se le ocurrió entonces cortar esparadrapo en pequeñas tiras y añadirles pedacitos de gasa que cubrió con crinolina, dejando lista a su señora para las pequeñas curaciones de emergencia.

Su interés en la salud femenina los llevaría más tarde a incursionar en el campo de las toallas sanitarias (Modess), de los anticonceptivos varios (Ortho) y de los analgésicos populares (acetaminofen). Así como hubo un coronel Lilly, también hubo un general Johnson, de la II Guerra. Hijo del fundador, Robert Wood Johnson (cuyo nombre lleva una famosa fundación), revolucionó el mundo de los negocios – que hacía énfasis en las utilidades- y desarrolló un credo corporativo que ponía de primero a los consumidores, luego sus empleados, tercero la comunidad y el medio ambiente y por último las utilidades de los inversionistas. Esto, que era una filosofía personal y voluntaria, está expresada en leyes en la mayoría de los países.

De ahí que resultara especialmente trágico que encontraran cianuro en algunas cápsulas de su popular analgésico y antipirético. La contaminación aleve se había realizado después de que el producto había salido de las plantas, por lo que la situación se resolvió por el retiro de los productos y la inclusión de un nuevo y resistente material de empaque. J&J es la dueña de 190 compañías afiliadas. Una de las más conocidas en el ramo farmacéutico es Janssen- Cilag, cuyo fundador fue el belga Paul Janssen, quien descubrió el haloperidol. De esta compañía salieron también los modernos antimicóticos del tipo ketoconazol y sucedáneos.

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