Hormonas de Las Suprarrenales y de La Tiroides

De la cuasi-ignorancia al hallazgo de la Cortina

Desde que en 1718, el Barón de Montesquieu declarara desierto el premio para dilucidar la función de las cápsulas suprarrenales, poco a poco empezó a verse la luz a través del tunel. El efecto presor de los extractos, la enfermedad de Addison, la de Cushing, los trastornos hidroelectrolíticos y del metabolismo hidrocarbonado llevaron a una serie de estudios del efecto de la corteza sobre el riñón. Los perros adrenalectomizados tenían una supervivencia prolongada mientras de les administrara extracto adrenal en solución salina; estos mismos animales tenían bajo el sodio y alto el potasio; los addisonianos mejoraban con la administración de sal de cocina. En el extracto suprarrenal más o menos purificado que ayudaba a los enfermos hipoadrenales, había entonces una hormona –que llamaron interrenalina y luego cortina- la que había que aislar y cristalizar. Se logró un método para producir la cortina, usando solventes orgánicos.

Cortina: mezcla de compuestos esteroideos

Varios bioquímicos, particularmente Edward C. Kendall (1886-1972) de la Clínica Mayo en Rochester y Tadeusz Reichstein, de Basilea, hicieron importantes contribuciones. Kendall cristalizó una cortina, que contenía carbono, hidrógeno y oxígeno, pero no sabía que no era un compuesto homogéneo. Experimentos posteriores mostraron que se trataba de una mezcla de compuestos estructuralmente parecidos, que sumaban dos o tres decenas de ellos. Vino la puja por diferenciarlos en medio de grandes dificultades. Las moléculas debían ser esteroides, ya que Reichstein logró transformar una de ellas en otra con efecto masculinizante, según la prueba de la cresta del gallo capón. Trabajando aquí, experimentando allá, dentro de las treinta moléculas se lograron identificar seis compuestos activos (que mantenían en su núcleo los dobles enlaces), nombrados de manera diferente pero con letras, de la A a la F. El suizo consiguió diseñar un método para obtener esteroides en cantidades aceptables a partir de los ácidos biliares, provenientes del colesterol. Había esteroides también en las vitaminas D y en la hoja de digital; había tumores suprarrenales asociados con precocidad sexual; había diversos efectos en los diferentes compuestos. Luego se identificó la estructura esteroidea de cada uno de estos compuestos: el A era 11-dehidrocorticosterona, el B, corticosterona, el E, cortisona, el F, hidrocortisona. En 1940, Long y Thorn (quien luego estandarizaría una prueba diagnóstica para la insuficiencia suprarrenal, la caída de los eosinófilos durante la infusión de ACTH) demostraron el efecto de la corteza sobre el metabolismo de los carbohidratos. La guerra estimuló ciertas líneas de investigación, además de la de los esteroides suprarrenales, la de la penicilina y la de las drogas antimaláricas. Lo de las suprarrenales se basó en rumores (¿o propaganda?) inexacta de los nazis; se suponía que estos estaban comprando cantidades industriales de adrenales bovinas en Suramérica, de las que hacían un extracto para contrarrestar la hipoxia de las grandes alturas en los pilotos de la Luftwaffe. Se logró producir una cantidad grande de compuesto A, cuyo uso en animales y voluntarios sanos resultó decepcionante; se trataba en realidad del metabolito inactivo (dehidro) de la corticosterona, principal glucocorticoide de las ratas; es diferente de la 11-DOCA (deoxi) que sí tiene acción mineralocorticoide.

Tadeusz Reichstein era un bioquímico suizo de origen polaco que enseñó en Zurich y Basilea; aunque su fuerte fueron los esteroides, pues aisló la cortisona independientemente de Kendall y obtuvo unos cuarenta corticoides de los cuales sólo seis eran hormonas biológicamente activas, fue también quien sintetizó el ácido ascórbico a partir del sorbitol y el precursor del Nescafè por sus investigaciones sobre los productos aromáticos del café tostado.

Como hemos visto, Kendall era un conocido bioquímico. Había cristalizado e identificado la estructura química del glutatión y los sistemas oxidativos de los animales. En la nochebuena de 1914, después de haberse vinculado a la Clínica Mayo donde había mucho interés en estudiar las enfermedades del tiroides, Kendall logró el aislamiento y cristalización e la tiroxina, a partir de 6500 libras de tiroides de cerdo. Diez años de investigación de su grupo -tratando de dilucidar la estructura química de la tiroxina- no funcionó, concluyendo de manera incorrecta que se trataba del ácido triyodohexahidroxi-indol propiónico. Había logrado sin embargo una proeza pues además de anotar que un 65% de su peso era yodo, estudió los efectos fisiológicos de la hormona; dos años más tarde el británico Sir Charles Robert Harington la sintetizó, después de demostrar que se trataba del derivado tetrayodado de la tironina. Al parecer lo logró de la forma más difícil, pues la reducción del doble enlace del compuesto terminaba con la remoción de los átomos de yodo. En 1930, el mismo Harington y Salter, demostraron que la tiroxina está ligada a la molécula de tiroglobulina por una unión peptídica.

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