Las Primeras Hormonas

Secretina y Gastrina

Secretina y GastrinaEl planteamiento de una medicina experimental –por Claude Bernard- y el mejor conocimiento de la anatomía y de la función celular –Vesalio, Virchow- llevó a un auge de la investigación en la fisiología. Como las secreciones más conocidas eran las externas o exocrinas, el aparato digestivo fue un lógico objetivo de estos estudios fisiológicos. Cuando el siglo veinte se inició, el concepto que prevalecía para explicar la actividad secretoria de las glándulas digestivas –en el mismo tubo o en las glándulas anexas- era el nervismo (mediado por el vago), postulado por el ruso Iván Pavlov (1849-1936) de la escuela de San Petersburgo: si pongo un pedazo de carne en la boca de un perro, este segrega más jugo gástrico que si se le pone directamente en el estómago a través de una fístula; luego el control de la secreción es nervioso (y más concretamente autonómico, por el vago). Así estaba la situación cuando en 1902 William Maddock Bayliss (1860-1924) y Ernest H. Starling (1866-1927) –dos parientes políticos que eran profesores de fisiología en el Colegio Universitario de Londres- lograron aislar una sustancia especial de un extracto de mucosa duodenal, que cuando era inyectada intravenosamente estimulaba la secreción de agua y bicarbonato en un páncreas denervado. Según Bayliss y Starling, esta sustancia –que llamaron Secretina- demostraba que el control de esos procesos fisiológicos que ellos estaban observando, era debido a secreciones químicas en vez de a un control neurológico. Los fisiólogos británicos postularon que estos mensajeros químicos –que tenían objetivos lejos de los tejidos que los originaban- podrían eventualmente regular otros órganos. Bayliss –casado con Gertrudis, una hermana del conocido Starling- era apacible, reservado, amable y poseía muchos conocimientos, mientras que su cuñado era brusco, ambicioso, serio, quijotesco, generoso y muy nervioso (www.physoc.org). Sidney Ringer –otro personaje muy conocido por su la solución para administración intravenosa que lleva su nombre – los recibió en la Sociedad Fisiológica siendo su presidente; tal vez la influencia de este experto en electrolitos llevó a Bayliss a usar inyecciones de agua con sal en los casos de shock quirúrgico o en el causado por heridas, que atendió durante la Primera Guerra Mundial. Tal vez este expertise lo que lo condujo a sus investigaciones sobre secreciones digestivas ácidas y básicas. Estos destacados científicos hicieron investigaciones independientemente y en conjunto. Starling –autor de los Principios de Fisiología Humana- había formulado la hipótesis sobre el balance de las fuerzas a través de los capilares y un par de leyes –la que establece que la fuerza de la contracción del músculo cardíaco es proporcional a su longitud inicial- y otra que afirma que un estímulo en el intestino, como la presencia de alimento, inicia una banda de constricción del lado proximal y una de relajación en el lado distal, lo que resulta en una onda peristáltica. Bayliss era el autor de los Principios de Fisiología General y había postulado con Starling que la onda excitatoria del corazón viaja de la base a la punta; juntos habían estudiado la inervación intestinal y sus movimientos. Nos los imaginamos emocionados –como casi dos décadas más tarde estarían Banting y Best descubriendo su insulina- la tarde en que ellos mostraron que la secreción pancreática era controlada por un extracto de mucosa yeyunal; el paso de jugo gástrico rico en ácido clorhídrico al duodeno –y su contacto con la mucosa duodenal- produce el jugo pancreático rico en bicarbonato que lo neutraliza. Y otra similitud con los investigadores de Toronto: ellos y –años antes- los ingleses, fueron perseguidos por activistas protectores de animales que luchaban contra la experimentación en ellos. Banting tuvo que hacer sus estudios a escondidas –como los pioneros de la anatomía hicieron sus primeras disecciones- y Bayliss y fue acusado -un año después de lo que llamaríamos el nacimiento conceptual y práctico de la endocrinología- por Stephen Coleridge, secretario de la Sociedad Nacional Anti-Vivisección, de abrir en su laboratorio a un perro café que estaba vivo, una especie de tortura. El profesor instauró una demanda que le ganó a Coleridge por dos mil libras, donando esta suma a la universidad para financiar estudios fisiológicos. Luego en Londres se erigió un monumento al perro café, que –al ser destruido por un grupo de estudiantes de medicina- originó una tremenda revuelta. Con ocasión de este asunto, Bayliss escribió varios artículos sobre el manejo humanitario de estos animales. La secretina los llevaría tres años más tarde a acuñar el término hormona (ορμαω, excitar, mover) y al desarrollo de una nueva comprensión sobre la manera como funcionan los seres vivos: que la fisiología de los órganos podía ser regulada por químicos segregados en tejidos distantes. Starling dio varios ejemplos de dichas hormonas: la epinefrina –para muchos la primera hormona en realidad- la secretina, otras potenciales hormonas gastrointestinales, los extractos que existían de la tiroides y de las gónadas, y –de manera muy tentativa- una posible secreción interna del páncreas. En realidad el neologismo le fue propuesto por William Hardy y W.T.Vesey, biólogos del Caius College en Cambridge, durante una comida. La definición original de Starling –dada durante la Croonian Lecture, en el Colegio Real de Médicos de Londres- fue la siguiente: “Las hormonas son mensajeros químicos producidos de manera recurrente, con el fin de suplir las necesidades fisiológicas del organismo, y transportados a través del flujo sanguíneo, desde el órgano en que se producen hasta el órgano donde ejercen su efecto”. Una docena de años después empezaron a usarse los términos endocrino y endocrinología, que estudiaba estas glándulas de secreción interna y sus hormonas, mensajeros químicos que no sólo excitaban sino que también inhibían.

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