Un Nóbel para la endocrinología moderna

Médicos

Por el famoso Instituto de Medicina y Cirugía Experimentales de la Universidad de Montreal pasaron importantes estudiantes e investigadores que contribuirían al desarrollo de la endocrinología. Tal vez el más conocido sea Roger Guillemin, quien se trasladó allí una vez graduado de médico de la Universidad de Lyon, quien inició sus trabajos hormonales en ratas nefrectomizadas a quienes se les indujo hipertensión por DOCA. En nuestro medio fue allí a estudiar Hernán Mendoza Hoyos, uno de los primeros endocrinólogos del país quien –a pesar de su prematura desaparición, víctima de un tabaquismo inveterado- fue uno de los iniciadores de trabajos sobre población, a través de su vinculación con la asociación de facultades de medicina. Pero volviendo a Guillemin, a su retorno a Francia no encontró el ambiente académico que necesitaba por lo que regresó a Montreal y obtuvo su Ph.D. Se interesó en el estudio del control fisiológico de la hipófisis, trabajo que posteriormente continuó en Houston, durante su vinculación con Baylor. Su amistad con personas como Claude Portier y Geoffrey Harris, le ayudaron en orientar sus investigaciones posteriores sobre mediadores químicos de origen hipotalámico. Volvió a Francia y otra vez retornó a los Estados Unidos, vinculándose al Instituto Salk en La Jolla, California.

Cuando el premio Nóbel se concedió en 1997 a tres investigadores en el campo de las hormonas, Roger Guillemin, Andrew Schally y Rosalyn Yalow, el mundo supo de sus investigaciones -los dos primeros sobre neuropèptidos hipotalàmicos- y la tercera la que diseñó el método de determinación hormonal conocido como radioinmunoanálisis. Roger Guillemin fue el descubridor de la hormona liberadora de la tirotropina (TRH), de la somatostatina u hormona antagonista de la del crecimiento y ha sido estudioso de las endorfinas u opiáceos endógenos; Andrew Schally por su parte estudió la TRH trabajando en medio millón de hipotálamos de cerdo, identificó sus aminoácidos y finalmente la sintetizó. En cuanto a la somatostatina, encontró que inhibe el crecimiento, evita la ceguera en los diabéticos y modula la secreción de una serie de péptidos en el aparato digestivo, entre ellos la insulina. Su aporte más conocido fue tal vez el aislamiento y síntesis de la gonadorrelina, la hormona liberadora de las gonadotropinas que ha sido utilizada en tratamientos para la fertilidad y cuyos análogos son ampliamente usados en el cáncer de próstata, endometriosis y otras enfermedades. Conocí a Schally en la Universidad de Tulane –en la época en dirigía el laboratorio de endocrinología y polipéptidos del Hospital de Veteranos; allí trabajaba con sus científicos y colaboradores. Con uno de ellos, Abba Kastin -joven internista-endocrinólogo que investigaba sobre el factor liberador de la MSH- tenía el gusto de almorzar con frecuencia en la cafetería de la Facultad de Medicina; por supuesto, no hablamos del tema del trabajo. Como parte de mi residencia en medicina interna, tuve la oportunidad de rotar un semestre por esa sección de endocrinología, servicio que dirigía otro eminente investigador en péptidos hipotalámicos, el doctor Cyril W. Bowers. Schally era de los pocos no médicos, y se encerraba en su laboratorio a realizar experimentos con animales a partir de las dos de la tarde. No asistía a las reuniones de endocrino, como si lo hacían Bowers, Kastin, William Locke, Thomas W. Redding, W. H. Carter, M. Tanaka y Akira Arimura (quien luego trabajaría en Londres con Pearse, sobre las células APUD). Debo confesar que –como internista en formación- sentía una cierta superioridad de diagnostician frente a aquellos japonesitos cuando se presentaban casos clínicos, pues hablaban poco inglés y no eran médicos. En su autobiografía, el profesor Schally los menciona a todos ellos y lógicamente al doctor Bowers (quien perfectamente hubiera podido ganarse el Nóbel) y a sus colaboradores inmediatos. Pero yo consideraba –gajes de la juventud- que lo importante era poder hacer diagnósticos más o menos brillantes, y no en pasar el tiempo disecando ratas de laboratorio.

Schally -nacido en Polonia -hablaba perfecto español y portugués, y eso le facilitó realizar investigaciones en ibero-américa, con personajes como –entre otros- Carlos Gual, Arturo Zárate y Mario Paredes, en cuya casa en Quito tuve la oportunidad de departir nuevamente con Schally y su esposa, Ana María Medeiros, endocrinóloga. En Colombia Schally tuvo un colaborador de nombre E. Pedroza, al que nunca conocí pues tal vez se dedicaba a las ciencias básicas. Finalmente, Rosalyn Yalow y Salomón Berson diseñaron el método del radioinmunoanàlisis, procedimiento de laboratorio que permite medir partículas muy pequeñas como las hormonas en sangre.

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