Los Primeros Especialistas en Bogotá

Fernando Sánchez Torres, M.D

Por los documentos que hemos podido consultar fue el doctor Joaquín Maldonado, natural de Chocontá (1823), uno de los primeros especialistas de la tocología. Y lo creemos porque sus colegas lo tenían como persona que poseía extensos y sólidos conocimientos del ramo obstétrico. Y había de ser así pues fue profesor de Obstetricia en el Colegio Mayor del Rosario desde 1849. También ocupó las cátedras de Terapéutica y Anatomía. Retirado voluntariamente de la actividad docente en 1856, se consagró al estudio de las ginecopatías y a la atención de partos39. Parece, pues, que el doctor Maldonado fue el primer especialista “integrado” en Obstetricia y Ginecología.

En Bogotá residía, hasta el año de 1866 en que murió, el doctor José Salvador Riera, natural y médico de la Habana, quien figuraba como especialista en enfermedades de la mujer. Entre 1860 y 1863 fueron impresos dos trabajos suyos: La esterilidad en ambos sexos y Las enfermedades de las mujeres. Del primero de ellos reposa un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Bogotá (Fondo Pineda, No. 380). Se trata, como dice su autor, de una breve reseña de las causas accidentales esenciales que originan esta enfermedad”, escrita para el público, en general. Divide la esterilidad masculina en impotencia y esterilidad propiamente dicha, es decir, “cuando el licor seminal carece de virtud prolífica, o no puede ser introducido en el aparato genital femenino por impedirlo alguna lesión orgánica”. Por su parte, la esterilidad femenina la considera de causas orgánicas (ausencia de matriz, imperforación del himen, estrechez de la vagina, etc.) y accidentales (falta de flujo menstrual o presencia de “floresbíancas”, vale decir, leucorrea; “excesivo ardor lascivo”, o ninfomanía, y la «inoculación sifilítica”). Para ilustrar su exposición el doctor Riera presenta una serie de casos clínicos, tratados en distintas ciudades (Méjico, Filadelfia, Nueva York), lo cual permite deducir que fue un médico internacional, itinerante, sin residencia fija.

El primer caso práctico que presenta de esterilidad en la mujer, es el siguiente: “Una señorita, un año antes de contraer matrimonio, se entregó enteramente a la lectura de libros sagrados, hasta llegar a olvidarse de su propia persona. Llevada al lecho nupcial casi por fuerza por sus padres, continuó después de casada en la lectura i contemplación mística que la dominaba, cumpliendo con la mayor frialdad los deberes cónyuges; pero no obstante deseó al fin tener un hijo para consagrarlo, decía, al servicio de Dios. Consultóme el medio de lograr su objeto, i al efecto le aconsejé; poniéndome de acuerdo con su confesor para que me corroborase, abandonara absolutamente toda clase de lecturas, ocupándose en los quehaceres más activos de la casa, i que hiciera ejercicio a pie a caballo, a mañana i tarde. La aconsejé también una bebida afrodisiaca otros medicamentos adecuados, asociándolos al uso de un congestor de la matriz. Mes i medio después se le presentó un abundante flujo menstrual que me vi precisado a combatir por los medios ordinarios. Al mes subsecuente esta función se produjo con regularidad, faltando enteramente dos meses después para sucederle los síntomas de la fecundación; teniendo dicha señora el placer de arrullar en sus brazos una hermosa niña”.

La obrita del doctor José Salvador Riera termina con esta joya: “0iremos consultas en nuestras habitaciones, de las diez a la una del dia; i nos trasladaremos a cualquier parte fúera de nuestra residencia, sea cual fuere la distancia, previo el pago que por honorarios i viáticos se estipule”40.

Procedente de Suiza, en donde había cursado estudios profesionales y se había graduado en 1877 con la tesis “Sobre el epitelio amiótico”, se radicó en la capital, su ciudad de origen, la doctora Ana Galvis Hotz. Durante los pocos años que ejerció en Bogotá se anunció como “especialista en enfermedades del útero y sus anexos”41. Creemos que la doctora Galvis, además de corresponderle el honor de ser la primera médica que ejerció en Colombia, fue también la primera especialista en ginecología. Hija del doctor Nicanor Galvis y de Sofia Hotz, no solo fue la primera médica de Colombia sino también de Suiza. Murió en Bogotá el 2 de noviembre de 1934.

Como dijimos, la doctora Galvis se recibió de médica en Berna (Suiza) con una tesis titulada sobre el epitelio del amnios”, trabajo este de mucha importancia. En efecto, se trata de una descripción muy cuidadosa y detallada del epitelio amniótico de la placenta humana madura, el cual no había sido bien estudiado para entonces, pues se consideraba que estaba constituido solamente por epitelio pavimentoso. Dando muestras de ser una acuciosa observadora, advierte que sus experiencias están basadas principalmente en preparados conservados de manera artificial, y que en algunas oportunidades fueron comprobadas repetidas veces en amnios muy frescos de res y de cerdo, como también de conejillos de Indias recién sacrificados. Describe así sus observaciones: “El amnios maduro lleva en la casi totalidad de su superficie libre un epitelio cilíndrico bien formado. Solamente la región del polo libre ovular, como también a veces, cerca de la placenta, se encuentra epitelio pavimentoso bajo”42. Además, es de admirar que, sirviéndose del microscopio de luz, describiera con precisión y se atreviera a asignarles funciones a las columnas o canales intercelulares del amnios, comprobados casi cien años después con el microscopio electrónico43.

Librado Rivas, nacido en Bogotá en 1822 y graduado en la Universidad Central en 1846, ocupó diversas cátedras médicas desde 1855 hasta 1877, año de su muerte. Fue profesor de Maternidad, sobresaliendo por su habilidad para ejecutar toda clase de intervenciones obstétricas.

Natural de Chaparral, Rafael Rocha Castilla hizo estudios de Medicina en Bogotá para refrendar su titulo en París. Dictó Obstetricia en el Colegio del Rosario durante cinco años (1860-1865); luego ocupó la cátedra de Anatomía durante 16 años. En 1881 viajó a Europa donde se radicó por algún tiempo44 .

Aunque ignoramos si en el transcurso de su ejercicio profesional practicaron con preferencia la ginecobstetricia, es conveniente mencionar los nombres de algunos colegas graduados en París con tesis relacionadas con la especialidad. Rafael Grau, doctorado en 1854, escribió un trabajo sobre fístulas vésicouterinas; Joaquín Vengoechea se recibió en 1857 con un estudio sobre “El Tratamiento de los quistes del ovario”; la tesis de Juan de Dios Uribe, presentada en 1874, versó acerca de ‘”Las causas y los mecanismos de las hemorragias intersticiales de los organos genitales de la mujer”, y la de Nicanor Insignares, en 1875, sobre la “Relación de la endocarditis subaguda con la hemiplejía puerperal”. Ignacio Gutiérrez Ponce, graduado en París, fue profesor de Medicina en Nueva York, en 1874, con un trabajo, muy elogiado por cierto, sobre “fiebre puerperal”. Las primeras tesis de grado que trataron asuntos ginecobstétricos fueron presentadas en 1891 en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional por los doctores Luis Felipe Calderón (“Estudios sobre la amputación del cuello uterino”) y Eliseo Montaña (“Contribución al estudio de la ovariectomía en Colombia”)45.

Los grandes maestros

Forzoso es hacer mención especial, aunque sea somera, de las vidas y hazañas de Leoncio Barreto, José María Buendía y Juan Evangelista Manrique, pues ellos fueron, indudablemente, los precursores de la Obstetricia y la ginecología colombianas.

Leoncio Barreto nació en Bogotá en 1839 según Pedro María Ibáñez46; para Miguel Canales47, quien fue su discípulo agradecido, nació en 1837 en la provincia de Chocontá. En 1860 recibió el título de Médico y Cirujano en la Universidad de Santo ‘Tomás de Aquino, en Bogotá, y tres años más tarde el de Farmacéutico. Comenzó su actividad docente, que iba a ser el mejor y mayor galardón de su vida, regentando la cátedra de Higiene Privada en 1862, en 1863 la de Anatomía y en 1865 la de Física. A pesar de que fue también catedrático en la Clínica de Hombres en 1866, ya había dado demostraciones de su vocación y su disposición por la tocología. Desde 1865 dictaba clases teóricas de Obstetricia y en el ejercicio privado, junto con José María Buendía, Librado Rivas y Joaquín Maldonado, comenzaba a conquistar en Bogotá -como afirmara Ibáñez- “la justa y merecida fama de que gozó en el difícil arte de los partos”48.

Al abrirse la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional en febrero de 1868, Leoncio Barreto fue uno de los 17 profesores escogidos para regentar las 14 cátedras que constituían el primigenio plan de estudios. Cinco años después se fundó en el Hospital de Caridad, vale decir Hospital San Juan de Dios, la Clínica Obstétrica e Infantil, cuyo manejo compartió con José María Buendía. Fue además profesor de Patología Externa en 1876 y de Fisiología en 1879. Fue miembro fundador, en 1873, de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, más tarde Academia Nacional de Medicina, en la cual llegó a ocupar los cargos de secretario y tesorero.

Dos hazañas quirúrgicas conducen a que el nombre de Leoncio Barreto figure de manera destacada en la historia de la ginecobstetricia colombiana. Nos referimos a la ovariectomía ejecutada el 3 de octubre de 1864, operación ésta que se constituyó en la segunda laparotomía hecha en Colombia, y a la sinfisiotomía que practicara, el primero, en 1873, siguiendo la técnica propuesta por Sigault en Francia. A pesar de ser cirujano y obstetra de gran habilidad y experiencia, tuvo la debilidad de guardar para sí las proezas que realizó en el dilatado ejercicio de su profesión. Tal vez pecó de modesto. De no ser por Eliseo Montaña y Luis Largacha, aquellas dos intervenciones, hitos de la evolución de la especialidad entre nosotros, hubieran pasado inadvertidas. De ellas nos ocuparemos con todo detalle más adelante.

La anterior es, a cortos rasgos, la hoja de vida de Leoncio Barreto. En ella, como ya expresamos, resalta su labor como profesor, o mejor, esta actividad se constituye en su mejor carta de presentación. Por eso pensamos cuán duro debió de ser para él tener que dejar la cátedra en 1905, obligado por circunstancias no insólitas en esa época y que es bueno recordar en homenaje a su memoria. “Afiliado al liberalismo por educación y por temperamento -cuenta el doctor Miguel Canales-, fue llamado por el entonces ministro de Instrucción Pública a que jurara su fe de católico sobre el texto bíblico. No contaba el agente de aquella intolerancia con el carácter incorruptible del doctor Barreto, quien, con el gesto de indignación y la entereza de alma de quien sabe cumplir con su deber, protestó airado contra semejante lastimosa imposición y se negó a someterse a la fórmula que se le exigía. Desde entonces nunca más se volvieron a oír los acentos de su voz en el aula universitaria, ni sus fecundas enseñanzas robustecieron las mentes de las nuevas generaciones médicas’49.

De su obra escrita solo ha llegado hasta nosotros un Prontuario de medicina legal y jurisprudencia médica, publicado en 1890. Sabemos que escribió un Cuadro sinóptico general de zoología y un trabajo científico sobre “enquistamiento de la placenta antes del parto,,” 50. Además, y como demostración de su interés por sacar del empirismo la noble actividad obstétrica, dictaba en el hospital conferencias prácticas a las ignaras comadres que ejercían el oficio de parteras, y escribió para ellas un Compendio de obstetricia.

El 26 de noviembre de 1826 nació José María Buendía Durán en La Plata, municipio del entonces Estado Soberano del Tolima. Cursó literatura en el Colegio Seminario de San Bartolomé de Bogotá y luego hizo estudios de medicina en el Colegio Mayor del Rosario, recibiendo el doctorado en 1850. Durante cuatro años ejerció en diversas poblaciones de Antioquia y el Tolima, y en 1854 viajó a Europa para actualizar sus conocimientos y refrendar su título en París. Un lustro más tarde regresó al país se estableció en el Tolima; en 1864 volvió a Bogotá en calidad de Representante al Congreso Nacional. Aquí tomó parte activa en la fundación de la Escuela Privada de Medicina y regentó en ella la cátedra de Obstetricia. Terminadas las sesiones del Congreso, viajó por segunda vez a Europa, de donde retornó en 1868 para radicarse definitivamente en la capital. Murió el 6 de febrero de 1915. El doctor Buendía ocupó distintas cátedras, llegando a ser profesor titular por muchos años de la Clínica Obstétrica e Infantil. Fue rector de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional desde 1892 hasta 1897 y presidió en dos ocasiones la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales, más tarde Academia Nacional de Medicina. No dejó obra escrita alguna pero, en cambio, modeló a nuestros primeros obstetras, entre ellos a su propio hijo, el profesor Nicolás Buendía.

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