Introducción: El Respeto a la Vida

FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA

Capítulo I

Fernando Guzmán Mora, MD.
Germán Peña Quiñones, MD.

No constituye ninguna novedad el afirmar que vivimos en un país sin valores y que ha sido catalogado, con razón, como el más violento del mundo. Las cifras no mienten: En Colombia cada 24 horas 82 personas son asesinadas, 520 sufren lesiones personales graves, lo personas se suicidan, 60 o más niños son maltratados gravemente, 30 mujeres son violadas y ocurren 800 casos de aborto, entre otro sin número de exabruptos. De acuerdo con informes recientes, la perdida anual del país por motivos de la violencia asciende a la suma de 6 billones de pesos (diez por ciento del producto interno bruto). Pareciera como si el horizonte de la diferencia entre el bien y el mal se hubiese perdido.

¿Cuál es la solución a semejante conflicto que nos está matando a todos los colombianos por igual? ¿Será aceptable que, por el deseo de sobrevivir, debamos adaptarnos o acoplarnos a una situación aberrante que conduce al fenómeno de “tolerancia social de lo inicuo”? ¿Deberá nuestra siguiente generación ser educada en una serie de principios sólidos, rígidos y permanente?.

La moral no es simplemente un concepto filosófico. Es una vivencia existencial basada en el mejoramiento o perfección de los individuos. Constituye el código de comportamiento social y personal que defiende los intereses colectivos y permite la convivencia entre personas. La moral es entonces el conjunto de normas de conducta que permite establecer una distinción entre lo que es bueno y lo que no lo es.

El acto humano no puede basarse en una moral de tipo situacional, pues la conciencia no puede obrar independientemente de los principios universales, que son al fin y al cabo los que orientan los casos particulares.

Existen unos principios absolutos para cualquier estructura ética, en lo que concierne al ser humano en si. Ellos incluyen su autonomía de decisión, su individualidad, su igualdad de derechos y la práctica de deberes elementales entre personas. El estudio y la enseñanza de estos principios “mínimos” de convivencia es el fundamento de la ética social. Bien lo dice el Magistrado Dr. Francisco Herrera: “…Tenemos tres grandes principios éticos, destinados al recto obrar humano, según la premisa ética de la recta razón… Haz el bien y evita el mal… No hagas a otro lo que no desees que hagan contigo… Haz a los demás lo que deseas que hagan contigo…”

Ética y educación van de la mano. A través de la educación, tanto en la familia como en la escuela, se inculcan al ser humano en evolución los conceptos básicos de comportamiento, en base al “modelo ideal” de persona que se tenga en la sociedad. Y la educación en nuestro país debe basarse, por encima de todo, en el concepto del respeto absoluto a la vida humana.

El derecho a la vida es un derecho natural, fundamental e irrenunciable. Es inherente a la naturaleza humana y no el simple elemento de un contrato social o cultural. Es un derecho que acompaña a la persona desde la concepción hasta la muerte. Es la suprema expresión de respeto a la naturaleza: Que el ser humano respete a sus congéneres.

La vida, en teclas sus manifestaciones, debería inspirar veneración. Esto ha sido consagrado en innumerables documentos y declaraciones de principios. Nuestra constitución lo expresa en forma muy ciara: “El derecho a la vida es inviolable”. La Corte Constitucional ratifica este punto, al reconocer que el derecho a la vida es el más importante de los bienes del individuo humano y refuerza su conclusión al afirmar que en donde exista dicha vida humana, el garantizar su protección.

Pero Estado somos todos. No se puede aceptando la legitimación de la muerte sobre la base de conceptos políticos, económicos, filosóficos ni de ninguna otra índole. El respeto a la vida es la base de toda educación ciudadana. Una vez que el concepto sea asimilado por la sociedad se podrá hablar de civilización. De lo contrario, seguiremos en la barbarie.

Y nuestra generación, que probablemente será denominada algún día como la que perteneció al imperio de la tristeza, por las profundidades a que ha llegado la infamia en nuestro país, deberá educar a la siguiente en el principio del respeto a la vida, si quiere terminar con la cadena de violencia que hoy a todos nos enluta.

Hogares, colegios, universidades, empresas, instituciones, congregaciones, cortes y cuanta agrupación humana pueda constituirse, debería tener como principio básico de educación:

¡La vida humana es sagrada e inviolable!.

En esta primera entrega de TRAUMA: TEMAS BÁSICOS, queremos recopilar la experiencia conceptual de cirujanos que trabajamos en este campo de la violencia, con el único objeto de aportar, por lo menos, una pequeña contribución al manejo de esta epidemia de la vida moderna del mundo y de Colombia en particular.

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