El Éxito Económico de Corea del Sur

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¿Cómo hizo Corea del Sur para dejar de ser uno de los países con más miseria en el planeta y, después de sufrir los horrores de la guerra, convertirse en un imperio comercial?

Esta y otras preguntas respondió Yoo Soo Hung, profesor de la Universidad de Corea y director del Instituto de Economía de la Innovación de Corea del Sur, durante su visita a la Universidad Nacional de Colombia.

Corea del Sur era un país netamente agrícola, que dependía en gran parte de los cultivos de arroz. Durante la guerra, entre 1950 y 1953, la ciudad quedó totalmente destruida. Su pobreza llegó a ser superior a la de Colombia hoy.

Según expertos como Fred McMahon, director del Centro de Estudios de Comercio y Globalización del Instituto Fraser de Canadá, “si Corea hubiera seguido el consejo de los antiglobalistas y se hubiera negado a mantener sus fronteras abiertas a fin de proteger intereses especiales, el milagro económico coreano se habría estancado. El tratado de comercio Corea–Estados Unidos ha garantizado la relación comercial y la futura apertura y prosperidad de Corea del Sur”.

Para Yoo Soo Hung, el desarrollo económico de Corea del Sur en las últimas cinco décadas puede percibirse como un milagro, pero más allá de esto, “es el resultado del trabajo duro y del liderazgo del Gobierno con los sectores trabajadores. Cuando el país empezó su desarrollo económico, el nivel era de menos de 100 dólares per cápita. Hoy alcanza los 20.000 dólares americanos”.

Dicha situación de pobreza de la que se levantó esta nación, se acentuó con la guerra, pues pese a los 50 millones de personas con educación y que conformaban la mano de obra del país, más de un millón perecieron y la economía de esta región, con pocos recursos naturales y carente de capital físico y tecnología, se vino a pique.

Para salir de la crisis, explica el experto, “hicimos préstamos, compramos tecnología al extranjero, fabricamos bienes y los vendimos en el mercado mundial para tener moneda extranjera y poder pagar las deudas y la maquinaria”.

La medida también atendía a la falta de experiencia de Corea en la fabricación de buenos productos. Sin embargo, no se detuvieron y comenzaron a fabricar pelucas y a comerciar madera, sin conseguir un alto interés de los demás países, que incluso consideraban sus productos caros y de mala calidad.

La competencia fue difícil. Según explica Yoo Soo Hung, “las compañías eran muy pequeñas, pero con la entrada a la Organización Mundial del Comercio se mejoró la situación. El Gobierno ayudó a las compañías pequeñas eximiéndolas de impuestos, y los bancos ofrecieron préstamos sin intereses. Empezamos a vender la madera y las pelucas y a exportar pescado a Japón”.

En los años setenta todos los países de Asia ahorraban en el banco en promedio el 30 y el 40 por ciento de sus ingresos para invertir en fábricas, mientras que el Gobierno inyectaba dinero al sector privado. “Empezamos con industria liviana, después avanzada y luego la industria química pesada, por ejemplo, la manufactura de acero, carros y maquinaria.

Nos hicimos fuertes en la construcción de barcos, plantas petroquímicas y equipos electrónicos de alta tecnología”, explica el experto.

El apoyo del Gobierno fue tal, que gestionó préstamos para estos conglomerados y así, las compañías petroleras pudieron superar la crisis; además, creó institutos de investigación científica y aumentó los recursos en investigación y desarrollo.

Con este apoyo, los conglomerados comenzaron a reclutar estudiantes y por primera vez iniciaron la producción de chips, logrando crecimientos tan elevados en sus industrias, que hoy les permiten exportar el 60 por ciento de los chips del mundo. Así, con inversión para la producción de tecnología, la educación y el apoyo industrial por parte del Gobierno, Corea del Sur ha venido fortaleciendo su economía y convirtiéndose en una de las naciones modelo en crecimiento.

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