Psicoterapia Especial Parece Ayudar a los Pacientes Moribundos

Psicoterapia Pacientes Moribundos

Un diálogo terapéutico conocido como terapia de dignidad ayudó a los pacientes terminalmente enfermos a mejorar su calidad de vida y su sentido de dignidad al mismo tiempo que cambió la forma en que sus familias los consideraban y apreciaban, según una investigación reciente.

Sin embargo, la terapia a corto plazo no alivió a los que estaban angustiados por la muerte, como habían esperado los investigadores.

Pero sí ofreció muchos beneficios más para la experiencia del final de la vida, según el Dr. Harvey Max Chochinov, autor líder del estudio internacional que aparece en la edición en línea del 7 de julio de la revista The Lancet Oncology.

Chochinov, de la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá, fue pionero del concepto de la terapia de dignidad, que define como “una psicoterapia individual breve diseñada para personas que se acercan al final de la vida”.

Dijo que el tratamiento parece “iluminar aquello que nos hace ser personas”, ya que con frecuencia las enfermedades terminales hacen a los pacientes sentir que la persona que han sido ha desaparecido.

Aborda la necesidad de la gente de dejar algo de sí detrás, añadió.

La terapia de dignidad involucra una conversación entre paciente y terapeuta sobre las cosas que son importantes para el paciente. Esa información se graba en audio, se transcribe y se edita en una narrativa legible que el paciente puede elegir compartir con sus seres queridos.
“Puede incluir información biográfica, las lecciones aprendidas, o los deseos, esperanzas o sueños para las personas que están a punto de abandonar”, apuntó Chochinov.

Para el estudio, el primer ensayo aleatorio sobre la terapia, Chochinov y colegas compararon la terapia de dignidad llevada a cabo con 108 pacientes con la atención paliativa estandarizada (para hacer que los pacientes se sientan cómodos) con 111 pacientes, y con la atención centrada en el cliente (una terapia que se enfoca en el presente) con 107 pacientes.

Aunque los investigadores no hallaron diferencias en el nivel de angustia entre los grupos al final del estudio, hubo diferencias en la calidad de vida, en sentirse útil para los seres queridos, y un sentido mejorado de la dignidad. Los grupos de dignidad tuvieron mejores resultados generales que los otros dos grupos.

La terapia de dignidad también mejoró el bienestar más que la atención centrada en el cliente, hallaron los investigadores, y funcionó mejor que la atención estándar para reducir la tristeza o la depresión.

Un hombre cuyas metas vitales habían sido afectadas por sus problemas con la bebida dijo que esperaba que sus hijos y nietos lo usaran como ejemplo de la forma en que no se debe vivir. Otro, felizmente casado, dijo que esperaba que su esposa encontrara felicidad con otra pareja tras su muerte.

Chochinov señaló que la terapia es una transcripción de una grabación de audio en lugar de un video por un motivo. El método permite al paciente enfocarse en las palabras y el mensaje, no en su apariencia, que la enfermedad puede alterar mucho.

El hecho de que la investigación no encontrara un efecto sobre la angustia “no significa que no sea eficaz”, apuntó la Dra. Cheryl Nekolaichuk, psicóloga de atención paliativa del Hospital Comunitario de las Monjas Grises en Edmonton, Canadá, quien escribió un comentario sobre el estudio.

Nekolaichuk está familiarizada con la terapia de dignidad, y aseguró que es útil para los que desean “poner las cosas en perspectiva en un momento muy difícil de la vida”.

La terapia parece ayudar a la gente a construir un legado, añadió la Dra. Alexi Wright, profesora de medicina de la Facultad de medicina de la Harvard y del Instituto Oncológico Dana-Farber, en Boston.

“Cuando eso no sucede, la familia sufre”, dijo, y anotó que la terapia de dignidad podría ayudar a que la muerte de una persona sea menos difícil para sus seres queridos.

La investigación, en que también participaron investigadores de tres universidades australianas y del Centro Oncológico Conmemorativo Sloan-Kettering de la ciudad de Nueva York, fue financiada por el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU.

FUENTES: Harvey Max Chochinov, M.D., distinguished professor of psychiatry, University of Manitoba, Winnipeg, Canada; Cheryl Nekolaichuk, Ph.D., psychologist, Grey Nuns Community Hospital, Edmonton, Canada; Alexi Wright, M.D., instructor in medicine, Harvard Medical School, Dana-Farber Cancer Institute, Boston; July 7, 2011, The Lancet Oncology, online

HealthDay

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