Prueba Sanguínea para detectar Tumores Cerebrales

Prueba Sanguínea para detectar Tumores Cerebrales

Los investigadores han descubierto un mecanismo novedoso por el que los tumores cerebrales manipulan su entorno para favorecer a su propio crecimiento.

Los hallazgos ponen a la vista un proceso biológico fundamental que los oncólogos desconocían hasta ahora, y que posiblemente se pueda utilizar algún día para combatir el glioblastoma, señalan los expertos. Pero de manera igualmente significativa, supone un medio potencial para vigilar la progresión y tratamiento del cáncer a través de un análisis de sangre sencillo, en lugar de depender de las técnicas de imagen o biopsias, algo que no es posible en estos momentos.

“Sería increíble saber si un tumor no se ha tratado del todo o si recurre antes de que podamos verlo en una radiografía o resonancia magnética (IRM)”, apuntó el Dr. Paul Graham Fisher, oncólogo neurólogo de la Universidad de Stanford. “Incluso podemos ir más allá, me refiero a que en el futuro podríamos usar esta prueba para detectar un tumor cerebral. Sería maravilloso”.

Según los hallazgos, publicados en la edición del 16 de noviembre de Nature Cell Biology, Xandra Breakefield del Hospital General de Massachusetts, y su equipo, dirigido por Johan Skog, reportan que las células del glioblastoma secretan unos pequeños sacos llamados microvesículas. Estas vesículas, cargadas de proteínas y material genético, son asimiladas por células contiguas en el cerebro, donde aparentemente las inducen a alterar su programa de expresión génica para atender las necesidades del tumor. Específicamente, persuaden a estas células para que formen nuevos vasos sanguíneos con el objetivo de suministrar nutrientes a la creciente masa de cáncer.

“Creemos que las células tumorales brotan de estas vesículas cargadas de información genética y de proteínas para asumir las riendas de su entorno”, dijo Breakefield. “O sea, lo hacen con un propósito, y muy activamente”.

De hecho, los tumores secretan tantas de estas vesículas que se pueden encontrar en el torrente sanguíneo del paciente, fuera del cerebro. Cuando Skog analizó la proteína y el contenido de ARN de estas microvesículas (también llamadas exosomas) en las muestras de sangre de los pacientes de glioblastoma, encontró que podía obtener una especie de instantánea molecular del tumor.

“Al analizar el ARN de estos exosomas, pudimos determinar el perfil mutante del tumor sin necesidad de realizar una biopsia”, explicó Skog. “Por tanto, esta tecnología permite ver lo que ocurre en el interior del tumor en un momento dado”.

Como todos los cánceres, las células del glioblastoma contienen a menudo docenas de mutaciones. Una de ellas, llamada EGFRvIII, es una mutación en el gen del receptor del factor de crecimiento epidermal (EGFR, por su sigla en inglés). Skog analizó primero 30 biopsias de glioblastoma para buscar la presencia de la EGFRvIII, y lo encontró en 14 muestras. Cuando examinó las muestras de sangre de los mismos pacientes, pudo detectar la mutación en 7 muestras, incluso dos que correspondían a las muestras de biopsia que habían dado negativo para la EGFRvIII.

Esa observación en particular impresionó mucho a Fisher. “Realmente hicieron un buen trabajo de mostrar que muchos de los tumores expresaban [el EGFRvIII], pudieron encontrar esas microvesículas en la sangre, es increíble”, apuntó. “Y además, encontraron unos cuantos tumores donde no habían podido detectarlo, pero sabemos que la EGFRvIII es muy específico del glioblastoma en un paciente de este tipo, y fueron capaces de encontrarla en la sangre, pero no en el tumor, es algo simplemente increíble”.

Es posible que algún día se pueda examinar las muestras de sangre de pacientes de glioblastoma para monitorizar su proceso, comprobar si hay recurrencia y tomar decisiones de tratamiento personalizadas. Por ejemplo, dijo Breakefield, un agente quimioterapéutico actual es un anticuerpo monoclonal que se dirige específicamente a la mutación EGFRvIII. “Obviamente, esas personas responderían mejor a este tratamiento si tuvieran la mutación”, señaló.

Aunque todavía es una posibilidad remota, quizá algún día se puedan realizar pruebas de detección tempranas para determinar la ocurrencia del cáncer mucho antes de que aparezcan los síntomas, cuando el cáncer, si no es curable, al menos es más dócil al tratamiento.

Por lo pronto, la única forma de evaluar el perfil genético del glioblastoma es través de una biopsia cerebral. Y el único modo de detectar un tumor cerebral de forma no invasiva es mediante una técnica de imagen del cerebro, como la imagen por resonancia magnética o la tomografía por emisión de positrones. Con frecuencia, cuando los pacientes presentan síntomas de glioblastoma, la enfermedad está tan avanzada que es incurable y con frecuencia inoperable.

Otros tipos de cáncer también aparentemente forman microvesículas, como el cáncer de mama, lo que sugiere que estos hallazgos se pueden generalizar a otros tipos de tumores sólidos. Sin embargo, “fuimos los primeros en demostrar que para cualquier cáncer se pueda recoger un ARN mutante en los exosomas del cáncer”, afirmó Breakefield.

De acuerdo con las estadísticas del Instituto Nacional del Cáncer, cerca de 22,000 estadounidenses serán diagnosticados este año con algún tipo de tumor cerebral u otro tumor del sistema nervioso; y 13,000 pacientes de cáncer cerebral morirán este año. A principios de año, Ted Kennedy, senador demócrata de Estados Unidos por Massachusetts, fue diagnosticado con un glioma maligno.

“Creo que este estudio constituye un hallazgo novedoso y un gran avance potencial en la forma en que medimos la expresión génica de los tumores y la facilidad con la que se puede lograr a través de un simple análisis de sangre” , dijo el Dr. John Yu, director de Oncología neurológica del Centro médico Cedars-Sinai de Los Ángeles.

Sin embargo, estos hallazgos tendrán primero que validarse y establecer su relevancia clínica, advirtió el Dr. Jeremy Rich, de la Clínica Cleveland en Ohio. “Hay mucho trabajo por hacer, pero encontrar que los tumores básicamente liberan pequeñas partes y que podemos evaluarlas, es un concepto bien interesante”, señaló Rich.

Fisher concluyó que “hay que mitigar el entusiasmo, porque son hallazgos preliminares que no siempre logran tener éxito. Mientras leía el artículo, pensé, esto es increíble, es realmente una forma de aprovechar una nueva vía de investigación oncológica”.

HealthDay

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