Aprender a Comunicarnos

Creo que una de las causas de los desencuentros y los conflictos en la humanidad, ha sido por la imposibilidad de comunicarnos, muy seguramente mucho de los lectores, como a mí me ha pasado, nos hemos perdido de grandes oportunidades, de posibilidades afectivas, políticas y sociales, por no saber comunicar o por lo menos por no hacerlo en forma acertada al momento de expresar nuestros pensamientos, nuestros sentires y reflexiones sobre la vida. Es demasiado importante conectar nuestros sentidos con las diferentes formas de expresión.

La comunicación es difícil, porque existen barreras (diferencias de edad, ambiente, culturas diversas, situaciones personales, malentendidos…) que la dificultan. Exige algo más que intercambio de ideas; también es un intercambio de sentimientos, de actitudes, de emociones. Aprender a comunicarnos es algo maravilloso que nos une a los seres y nos permite conocer la riqueza que hay dentro de cada uno; y afirmar que todos estamos en la disposición de comunicarnos, porque ésta es una necesidad humana, una condición que nos impulsa a la convivencia.

Toda relación, ya sea momentánea, ya sea duradera, como en la amistad, comienza por una primera comunicación. Si normalmente entendemos por esta primera comunicación una conversación verbal, (que en muchos casos es así), no podemos olvidar los demás lenguajes y formas de comunicarnos que nos permite crear vínculos sociales. Lenguajes como las señas, el lenguaje corporal, o la comunicación a través de los sentidos, percibir un sentimiento, un olor y el contacto interpersonal, constituyen aspectos especialmente importantes de la comunicación.

Hoy, una vez mas quiero exaltar el gran esfuerzo de organizaciones como el Instituto de Audiología de Pereira, que hacen posible superar las barreras de alguna discapacidad para permitirse abrir las fronteras de la comunicación entre personas ausentes de los sentidos del habla y escucha y con el resto de la humanidad conectarse en un mundo real y en línea.

En nuestro planeta se hablan hoy unas 3.000 lenguas y dialectos agrupados en familias. A medida que unas lenguas se desarrollan, otras van desapareciendo así mismos evolucionan las herramientas para comunicarnos. Las modificaciones del lenguaje reflejan las diferentes clases, géneros, profesiones o grupos de edad, así como otras características sociales. Por ejemplo, la influencia de la tecnología en la vida cotidiana, el consumismo tecnológico que nos absorbe cada día más y nos brinda la oportunidad de comunicarnos a distancia, de tener información del mundo actualizada, e interactuar con seres que nunca hemos visto. Aquí quiero hacer una reflexión especial frente al manejo de las comunicaciones virtuales ya que están abriendo un mundo de posibilidades ilimitadas universalizando el conocimiento y donde nuestras nuevas generaciones se están envolviendo. Es por ello que no recomiendo permitir que crezca la brecha entre la juventud cibernética y alguna parte de ella bordeando las adicciones y la militancia en pandillas virtuales que conducen muchas veces a la violencia física y hasta el suicidio.

Creo que las actuales generaciones y los adultos responsables, debemos intervenir con afecto y con conocimiento en eso mundos de Internet que se están robando el sentido de autoridad y los valores de compartir en familia. Si pasamos del señalamiento, la crítica o el temor al Internet y nos meternos a esos espacios, será posible acompañar a la niñez y a la juventud a comprender el gran valor de aprendernos a comunicar y de hacer de estos medios tecnológicos una buena manera de vislumbrar el mundo y el conocimiento global en esta compleja nueva lengua cibernauta.

Es nuestro deber ético y tradicional buscar día a día mejores formas de comunicarnos. Cual quiera que sea la forma o el medio siempre y cuando no sea violento debemos adoptarlo bajo una gran premisa: A más comunicación más comprensión, más conocimiento y más respeto por la diferencia.

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