Anuncian la aprobación inminente del primer inhibidor de la integrasa

inhibidor de la integrasa

Javier Granda Revilla, Tarrasa (27-11-2007).- Tras recibir el visto bueno por parte de la FDA el pasado 12 de octubre, raltegravir, el primero de los nuevos inhibidores de la integrasa, recibió la opinión positiva del panel de expertos de la EMEA el pasado 15 de noviembre por lo que, según el doctor Emilio Fumero, del departamento médico de MSD, laboratorio que comercializa el fármaco, la aprobación definitiva se producirá en plazo “menor de dos meses”. El anuncio fue realizado durante una presentación a la prensa “De la supervivencia a la calidad de vida en el sida. Nuevas necesidades de los pacientes”, celebrada en Tarrasa el pasado viernes.

“El mecanismo de acción de esta nueva familia de fármacos bloquea la integración del virus y evita la eternización de la infección en la célula, atacando la enzima integrasa, una de las tres que necesita para replicarse”, explicó el doctor Bonaventura Clotet, jefe de servicio de Sida del Hospital Germans Trías i Pujol de Badalona. En su opinión, el objetivo ahora es “tratar precozmente la enfermedad, consiguiendo una caída significativa del virus dormido. Los fármacos potentes que aparecen ahora pueden contribuir a acabar con la carga viral, eliminando el reservorio”.

Otra de las ventajas que presenta el nuevo fármaco es su menor toxicidad, por lo que, según el doctor Josep María Gatell, jefe del servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic de Barcelona, están especialmente indicados a los pacientes de mayor edad, con más problemas asociados al envejecimiento y con problemas concomitantes como la hepatitis. “La mediana de edad ha aumentado de manera sustancial porque los pacientes, o bien sobreviven, o bien se infectan más tardíamente”, razonó.

Origen preciso

Los últimos estudios sitúan el origen del VIH en el sur de Camerún, produciéndose el paso al humano en 1931 y saltando el Atlántico en 1966, donde se localiza en Haití, llegando tres años después a EEUU. No sería hasta 1981 cuando, tras ser publicada por el CDC una memoria sobre el sarcoma de Kaposi en hombres homosexuales, comienzan a leerse en prensa titulares sobre esta ‘nueva’ enfermedad.

Los siguientes pasos fueron la identificación del VIH en 1983 y la aparición en un plazo inusualmente corto del AZT, el primer antirretroviral, en 1987. En el intervalo entre 1987 y 1997 se produjeron “muy pocos avances, la aparición de dos nuevos fármacos y la confirmación de que el tratamiento con terapia combinada era mejor que la monoterapia”, afirmó el doctor Federico Pulido, presidente de Gesida.

Tras la Conferencia Mundial de Sida celebrada en Vancouver en 1996, aparecen los inhibidores de la proteasa, comenzándose también a usarse terapias triples y herramientas de laboratorio como la carga viral, que mide la eficacia del tratamiento. Comienza también entonces el concepto de cronicidad en el manejo de la enfermedad.

Sin embargo, según el doctor Pulido, aparecen nuevos problemas como la falta de adherencia, toxicidad o aparición de resistencias. “Ahora precisamos de un tratamiento que no sólo controle la enfermedad, sino que rescate a aquellos pacientes que han fracasado en pautas anteriores. Faltaban fármacos que controlaran a los pacientes con los virus más resistentes”, explicó.

Mejoras exportables

La enfermedad afecta en la actualidad a 32 millones de personas, según ha puesto de manifiesto los recientes datos de ONUSIDA. De ellos, 22,5 se localizan en el África subsahariana. El reto ahora es que las mejoras que se alcancen puedan ser exportables al mayor número de personas en el mundo, “porque el porcentaje de pacientes tratados sólo alcanza el 20%, una cifra mayor a la que hace unos años, pero claramente insuficiente”, concluyó Pulido.

Por último, Ferrán Pujol, de Hispanosida, aportó el punto de vista del paciente, recalcando la importancia del acceso al diagnóstico precoz, la necesidad de realizar campañas de concienciación y la obligación de cuidar los aspectos psico-socio-sanitarios relacionados con la enfermedad.

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