Revista de Cirugía: Portada, Volumen 09 No. 2

Pica Antigua, Manuel F. Riveros

La Obra

Se trata de un pasaje del ritual de la fiesta brava, el llamado primer tercio o tercio de varas o picas, siendo el segundo el de banderillas y el tercero el de muleta, estoque y muerte del toro. La presente escultura de 50 x 25 x 25, representa la impresionante pica antigua en la que un picador jinete en un caballo, hiende en el morrillo del toro una pica metálica engastada en una vara o garrocha, con la que pretende mermar el poder del toro para facilitar los dos siguientes tercios de la faena y, de contera, defenderse a sí mismo y a su cabalgadura del peligro que encierra la embestida, la cornamenta y la fuerza de la fiera.

Los orígenes de este arte de la tauromaquia, netamente español pero difundido en muchos países de América, en Portugal y el sur de Francia, parecen remontarse a los tiempos en que el hombre primitivo de la península Ibérica tenía que cazar reses salvajes de singular bravura, a las que tenía que enfrentar con el menor riesgo y con la mayor probabilidad de dominarlas para su propio beneficio.

A través de esta ardua labor fue surgiendo un arte que se ha ido perfeccionando, al punto de convertirse en un espectáculo tan emotivo que hace vibrar a multitud de espectadores a pesar de hallarse controvertido por otra multitud de ciudadanos en todo el mundo.

Se dice, en forma anecdótica, que en el año 228 a. de J. C., Annlcar Barca, después de haber fundado Barcelona, llamada así en honor suyo, marchó sobre Ilici y sitió la ciudad. Los defensores, con ayuda de ganado domesticado, reunieron un considerable número de astados salvajes que uncieron a carros de guerra y les colocaron antorchas ardientes en los cuernos. En la batalla que siguió, resultó muerto Annlcar Barca, y su ejército quedó “aniquilado”.

El Autor

Para quienes no tuvieron la oportunidad de leer el resumen biográfico del médico-escultor, publicado hace 3 años en esta Revista, nos permitimos reproducirlo ahora:

Manuel Fernando Riveros-Dueñas, cirujano joven de la promoción javeriana de 1982, con adiestramiento académico en Cirugía General en el Hospital de la Samaritana de Bogotá, fue certificado como especialista en esta disciplina en 1989. Viajó en seguida a Inglaterra al Hospital Midlesex University College 01 London, donde cursó un posgrado en Cirugía Vascular. A su regreso al país ingresó de nuevo a su Hospital donde se desempeña como coordinador de esta nueva especialidad.

Manuel Fernando nació en Bogotá en el hogar del conocido cirujano Luis Enrique (“El Pote”) Riveros (q.e.p.d.), tres de cuyos hijos son ahora destacados cirujanos. Desde su niñez, Manuel demostró su inclinación hacia la escultura que practicaba con barro, arcilla, arena, cera, plastilina y todo material que se dejara moldear, hasta que a los 15 años de edad, su padre lo convitó a un taller de fundición para que una de las obras, un toro, se convirtiera en su primer bronce, lo que felizmente se logró. Desde entonces son numerosas sus esculturas, especialmente de toros de lidia en todas las actitudes y trances de la fiesta brava. Porque nuestro médico escultor es como fue su padre, un tenaz aficionado a los toros, con asidua asistencia a las corridas, con biblioteca especializada sobre el tema y con conocimientos a fondo de lo que es el toro y la tauromaquia.

Este autodidacta del arte de la escultura, siendo alumno del primer semestre de medicina en 1976, participó en el “1 Salón de Artistas Javerianos” y se ganó el Salón con tres dibujos en tinta y una escultura, lógicamente de un toro.

En 1980 tomó parte en el “1 Salón de Artes del Fuego” en la Fundación “Gilberto Alzate Avendaño” de Bogotá. En 1987 expuso en la “Galería Elida Lara” de Barranquilla, y en el año de 1991 en Bogotá, en la “Galería Pluma”, con 20 esculturas de toros, uno de los cuales es el que luce feroz en la portada de nuestra Revista.

El cirujano artista ha unido su vida a la de María Lucía Mora, médica joven y agraciada, hija de un ilustre neurocirujano de esta capital, de quien ha heredado sus dotes de inteligencia y señorío”.

J. Silva, MD.

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