El Virus (VIH) y la Enfermedad Causada por esta Infección (Sida) VIH-SIDA y Cerebro

Académico Dr. Gabriel Toro G.*
Dr. Carlos Eduardo Pérez D.**
Dr. Edgar Alberto Parra S.***

Introducción

La enfermedad ocasionada por VIH/SIDA es una epidemia de contextos y matices bastante polifacéticos, atroces, únicos en la historia de la humanidad. Esta entidad se describe como una enfermedad de transmisión sexual, sin embargo las características son de una enfermedad de transmisión social; debemos tener en cuenta que cerca de 50 millones de individuos en el mundo la padecen y de ellos aproximadamente la mitad son mujeres.

La enfermedad causada por el VIH acumula nuevos casos de niños, hombres y mujeres sin distingo de edad, sexo, orientación sexual, raza o credo y nosotros seríamos cómplices si mantuviéramos una actitud indiferente hacia este nuevo y cruel azote de la humanidad cuya letalidad es tan alta que la ubica entre las diez causas de defunción más frecuentes en el mundo y con tendencia a situarse entre las cinco primeras.

El VIH pertenece a la familia de los retrovirus y su comportamiento es el de un agente biológico de alta replicación alcanzando de 108 hasta 1010 copias de nuevas partículas virales por día y su objetivo o blanco selectivo son todas las células CD4 especialmente los linfocitos. Ocurre así un desequilibrio entre la respuesta inmune supresora y la efectora y una colosal batalla entre el nuevo número de células CD4 infectadas y el nuevo número de células CD8 citotóxicas.

Con la progresión de la enfermedad, que es muy variable, pero cuyo promedio puede ser de 6 a10 años, aparecen los síntomas del deterioro inmunológico progresivo trayendo como consecuencia las infecciones oportunistas que incluyen hongos, bacterias, virus y parásitos y entre ellas las más frecuentes la candidiasis oral, pneumocystosis carinii, toxoplasmosis, citomegalovirus, criptococosis.

Las células CD4 realizan respuestas de tipo TH1 parcial, no hay adecuada formación de granulomas y los microorganismos oportunistas citados encuentran una situación propicia para su desarrollo. Como es un trastorno básico de la inmunidad celular, la reactivación de las infecciones oportunistas constituye, si no el único como veremos, si el elemento fundamental del complejo que hoy se denomina SIDA.

Eventos virológicos

El VIH se transmite a través de la barrera mucosa y se extiende a los ganglios linfáticos regionales, luego ocurre una viremia masiva con niveles plasmáticos máximos de ARN viral entre dos y cuatro semanas después de la transmisión con extensa diseminación y compromiso masivo del sistema linfático.

La respuesta inmunitaria logra control parcial atribuido principalmente a la células T citotóxicas (predominantemente CD8), que se regula en gran medida por la respuesta de citoquina CD4 específica para VIH. La respuesta humoral se refleja en seroconversión, que usual mente puede determinarse mediante detección de anticuerpos (serología positiva) aproximadamente a los 22 días del contagio, usando los nuevos métodos serológicos. Estos métodos se pueden resumir así:

a) Serología para VIH; la prueba estándar logra la detección inicial con ELISA y su confirmación con Western Blott, la sensibilidad y especificidad de este método superan el 99% en pacientes con infección crónica. La más recientemente introducida es la prueba rápida de Ora Sure que puede ofrecer un resultado en aproximadamente veinte minutos,

b) Carga viral, esta información ya puede obtenerse con las tres pruebas comerciales disponibles: Amplicor, Versant y Nuclisens,

c) Recuento de las células CD4 el cual se logra utilizando clitómetros de flujo y analizadores hematológicos; los valores normales están entre 800 y 1050 por mm3. La respuesta de anticuerpos sólo es efectiva parcialmente, por lo cual persiste la replicación activa que genera una carga viral relativamente constante (nivel plasmático de ARN viral) entre las nueve y doce semanas, lo que usualmente se denomina “punto de partida”.

Cuadro clínico

El síndrome retroviral agudo es la etapa que consiste en un cuadro febril agudo semejante a la mononucleosis caracterizado por fiebre, adenopatías, faringitis, mialgia y pérdida de peso. Se presenta al principio de la infección, cuando la carga viral es elevada y no ha iniciado la respuesta inmunitaria. El diagnóstico se hace por el hallazgo de una carga viral alta (casi siempre>10.000 c/ml-copias de RNA viral por ml) y a veces >1.000.000 c/ml) con serología negativa o indeterminada. Este síndrome agudo es autolimitado y en casi la mitad de los pacientes puede ser clínicamente silencioso o pasar inadvertido como si se tratara de un resfriado.

Los síntomas atribuibles al VIH son relativamente raros hasta cuando presenta un recuento de células CD4<200/mm3, cifra que representa el umbral de susceptibilidad para infecciones y tumores oportunistas. Hay algunas excepciones: la tuberculosis, la neumonía neumocócica, el herpes y las aftas que pueden presentarse con recuentos de células CD4>200/mm3, más frecuentemente en portadores del virus, siendo también comunes en el resto de la población. Sin embargo, las complicaciones clásicas que definen el SIDA casi siempre se presentan con recuento de células CD4<200/mm3.

Entre estas, la principal es la neumonía por Pneumocystis carinii (Jiroveci), la toxoplasmosis, la meningitis criptococócica, la esofagitis candidiásica y la infección diseminada por citomegalovirus o por Myco bacterium avium. Los tumores oportunistas relacionados con la infección avanzada por el VIH incluyen preferencialmente el linfoma no Hodgkin y el sarcoma de Kaposi.

Tras el diagnóstico de una complicación que define el SIDA, la duración promedio de vida sin tratamiento es de 1.3 años. Por consiguiente, el promedio de supervivencia sin tratamiento desde el contagio es de 10 – 20 años en asintomáticos y de 1.3 años después de la primera complicación que determina el SIDA.

Cabe enfatizar que la profilaxis contra infecciones oportunistas y el tratamiento antirretroviral han alterado dramáticamente esta historia natural, de tal manera que la infección por VIH en este siglo XXI promete ser muy diferente a la observada en la era comprendida entre la descripción del SIDA (1981) y la introducción de los inhibidores de la proteasa (1996); desde luego para quienes tienen acceso a estas terapias.

Resistencia

Hay evidencia clara de creciente resistencia del VIH a los agentes antirretrovirales desde la introducción del AZT en 1986. La preocupación obvia es la pérdida de efectividad de los agentes actualmente disponibles, por lo tanto, los planes hacia el futuro incluyen uso más juicioso de los agentes disponibles y la introducción de nuevos fármacos para hacer frente a las cepas resistentes.


* Neuropatólogo. Profesor emérito y honorario de la Universidad Nacional. Investigador emérito del Instituto Nacional de Salud. Miembro
de número de la Academia Nacional de Medicina.
** Médico Infectólogo. Jefe Unidad de Infectología Hospital Militar y Clínica de Marly.
*** Médico Patólogo. Coordinador Grupo Patología del Instituto Nacional de Salud. Docente de Patología Universidad El Bosque.

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