Editorial, Discurso de Posesión del Académico Doctor Zoilo Cuéllar Montoya

 En la Presidencia de la Academia Nacional de Medicina de Colombia para el Período 2006 – 2008

Sesión solemne del día 30 de marzo de 2006
Académico Zoilo Cuéllar-Montoya
Presidente

Señor Secretario Perpetuo; 
Señores miembros de las Juntas Directivas saliente y entrante; 
Querida Alicia, hijos y familia;  
Señores Académicos, señoras y señores.

Debo agradecerles inmensamente por el honroso nombramiento, para un segundo período consecutivo, el del 2006 al 2008, en la Presidencia de nuestra Academia, con el cual ustedes tuvieron a bien distinguirme en la pasada Asamblea General Ordinaria de ésta. Les agradezco, Señores Académicos, la calificación que con dicha decisión se dignaron dar a la gestión de la Junta en el período inmediatamente anterior, hecho que, además de enorgullecernos, nos plantea un compromiso aún mayor para con ustedes, con la Academia, con la sociedad y con la Patria.

Hace dos años me referí a la responsabilidad puesta en mi como “grande, inmensa” y mencioné el inconmensurable peso que sentí depositaban ustedes sobre mis hombros con su decisión electoral: ¿qué podré decir hoy frente a lo ya realizado y al panorama que se vislumbra en el horizonte del ejercicio profesional y de las responsabilidades académicas? Es muy positivo para mi espíritu este nuevo nombramiento; impulsa en mi, natural e inevitablemente, a un agigantamiento del super yo y de la autoestima pero, al ser absolutamente sincero, incrementa también el temor frente al futuro, con el cual debo cumplir en forma superlativa, si quiero corresponder a mis electores en sus expectativas y a mí mismo con mis propias aspiraciones, propósitos y perspectivas.

Fiel a mi afición a la historia y, fundamentalmente, a la historia de la Academia Nacional de Medicina, quiero recordar hoy a algunos de quienes tuvieron antes de mí el honor de regir los destinos de nuestra Corporación por más de un período reglamentario.

El primero de ellos fue el Profesor José María Buendía Durán, ilustre tocólogo, oriundo de la hermosa tierra de mis mayores, el Departamento del Huila: él ocupó la Presidencia de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, del 15 de julio de 1880 al 24 de agosto de 1881 y se constituyó, posteriormente, en el primer Presidente de la Academia Nacional de Medicina en su período del 25 de abril de 1891, fecha de la inauguración oficial de la Academia como tal, al 25 de abril de 1893. El segundo de quienes ocuparon por más de un período esta Presidencia fue el Profesor Proto Gómez Bohórquez, boyacense de nacencia, oftalmólogo titulado en París, el primero que practicó formalmente dicha especialidad en nuestra Patria, quien presidió la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales entre el 24 de agosto de 1881 y el 25 de noviembre de 1882.

Posteriormente, entre el 22 de noviembre de 1895 y el 21 de julio de 1897, tuvo bajo su responsabilidad la Presidencia de la Academia: fue el primero de los oftalmólogos académicos en ocupar dicho cargo. Leoncio Barreto, natural de la localidad de Chocontá, Cundinamarca, ocupó la Presidencia de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, entre el 27 de marzo de 1886 y el 30 de marzo de 1887. Barreto había sido uno de los siete gestores de la Academia: hizo parte de quienes asistieron a la casa del Doctor Abraham Aparicio Cruz, a la Junta Preparatoria de la Sociedad de Medicina de Bogotá, en la noche del 3 de enero de 1873.

Al acercarse a su fin la primera década de existencia de la Academia, el doctor Barreto ocupó su Presidencia, del 21 de julio de 1897 al 19 de julio de 1899 y, un año después de concluir la guerra de los Mil Días, el 4 de agosto de 1904, presidió nuevamente la Academia, la cual dejó a su sucesor, el Profesor Juan Evangelista Manrique, el 19 de julio de 1906, convirtiéndose así en el Académico que más número de períodos rigió los destinos de nuestra Corporación: tres en total.

Debieron pasar casi treinta años hasta que el Profesor Rafael Ucrós Durán fuera electo para presidir la Academia para un primer período, cargo que ocupó del 1º de septiembre de 1932 al 26 de junio de 1934 y, reelegido, junto con la totalidad de su Junta Directiva, continuó en la Presidencia de la Academia de esta fecha hasta el 3 de septiembre de 1936. Veinte años después, el Profesor Jorge E. Cavelier Jiménez, Bogotano de nacimiento, de prosapia gala y cartagenera, se hizo cargo de la Presidencia de la Academia, entre el 26 de octubre de 1956 y el 2 de abril de 1959 cuando, por reelección, continuó en el cargo hasta el 9 de marzo de 1961. Unos pocos años después, el 11 de marzo de 1965, se posesionó el ilustre radiólogo bogotano, el Profesor Gonzalo Esguerra Gómez, en la Presidencia de la Academia. Reelegido en dicho cargo, lo ocupó del 16 de marzo de 1967 al 13 de marzo de 1969. Había pasado un poco más de una década cuando, el 20 de marzo de 1980, el ilustre Profesor Doctor Hernando Groot Liévano, nuestro querido Secretario Perpetuo, ocupaba por primera vez la Presidencia de la Academia, para la cual fue reelecto y se posesionó, nuevamente, el 18 de febrero de 1982, cargo en el cual permaneció hasta el 9 de febrero de 1984.

Al Académico Groot lo reemplazó el Profesor Pablo Gómez Martínez, quien ejerció la Presidencia de la fecha mencionada al 6 de marzo de 1986 cuando, por reelección, se posesionó en dicho cargo para un nuevo período, el cual concluyó en la sesión solemne del 14 de abril de 1988. En la sesión solemne del 21 de abril de 1994, tomó posesión de la Presidencia de la Academia el Profesor Gilberto Rueda Pérez, natural de la ciudad de Ibagué quien, por reelección, junto con la totalidad de su Junta Directiva, continuó en el cargo presidencial desde el 28 de marzo de 1996 hasta la sesión solemne del día 19 de marzo de 1998, cuando hizo entrega del cargo a su sucesor, el Profesor José Félix Patiño Restrepo, nacido en la ciudad de San Cristóbal, Estado del Táchira, Venezuela, pero colombiano de siempre, quien presidió la Academia desde esa fecha hasta el 23 de marzo de 2000 cuando, por reelección de la totalidad de la Junta Directiva, continuó en la Presidencia de la Corporación, hasta el 19 de marzo de 2002, fecha en la cual hizo entrega del cargo a su sucesor.

Me acojo hoy, como ya lo hiciera hace dos años, a la sombra tutelar de mis mayores, los Profesores Zoilo Cuéllar Durán, Rafael Ucrós Durán y Manuel Antonio Cuéllar Duran, los tres ilustres expresidentes de esta Academia; a la memoria de mi padre, el doctor Zoilo Cuéllar Calderón y de toda esa estirpe de médicos que me precedieron con su ejemplo y sus ejecutorias, incluido el recientemente fallecido Académico Profesor Antonio Ucrós Cuéllar y, obvia y naturalmente, al nuevo Académico Cuéllar Sáenz, aquí presente, con cuya ayuda, como con la de todos Ustedes, Señores Académicos, cuento para completar mi tarea y plantar las bases de una presencia académica permanente en la actividad del sector salud, tanto en nuestra ciudad capital como a todo lo largo y ancho de nuestra querida Colombia.

Como Presidente de la Academia, en su nombre y en el de su Junta Directiva, celebro con beneplácito la muy justa condecoración concedida recientemente al Señor Académico, Exministro Antonio Ordóñez Plaja, uno de los pioneros del Instituto Nacional de Salud y promotor del Plan Nacional Hospitalario. Distinguido investigador, quien ha asesorado en importantes estudios a la Organización Mundial de la Salud. Igualmente, es un motivo de regocijo para todos nosotros, sus pares, la distinción otorgada al Señor Académico Doctor Miguel Orticochea, eminente cirujano plástico, quien convirtió a nuestro país en su segunda patria y, con su generosidad característica, ha colaborado al enriquecimiento paleopatológico de nuestro museo.

La Comisión Permanente de Reglamento pasó a la Junta Directiva una revisión completa del Reglamento vigente, dentro de la cual incluyó modificaciones al Instituto de Investigación, con el fin de hacerlo operativo. En relación a la labor de investigación, la Academia trabajará intensamente en la consecución del registro en COLCIENCIAS como grupo de investigación, al tiempo que inscribirá en el CVLAC al mayor número de académicos: recordemos que es de particular importancia para nuestra Corporación el área de la investigación conceptual y operativa, fundamental para el planteamiento estratégico permanente de la Academia hacia el cumplimiento de sus objetivos.

La subcomisión de la Comisión de Salud de la Academia seguirá trabajando en los lineamientos que motivaron la redacción del proyecto 033, cosa que ya inició con la reunión habida este lunes en nuestra sala de juntas y el comunicado sobre la Ley 100 de 1993 que se remitió a los medios de comunicación.

Quiero refrendar ante Ustedes, Señores Académicos, ese compromiso formal que hice en este Auditorio el día 18 de marzo de 2004, fecha de iniciación del período académico que hoy concluye, de dar de mí todo lo que mis capacidades me permitan para cumplir con mis deberes como Presidente de la Academia Nacional de Medicina. En igual forma, como lo expresé esa noche, hoy les repito que cuento con la ayuda y colaboración de todos y cada uno de ustedes para lograr los objetivos de nuestra Academia: es mucho lo que en el ámbito de la salud pública, la educación de los profesionales del sector, la defensa del ejercicio de la medicina, como profesión y como ciencia, aún falta por hacer y corresponde a esta Academia conseguir y establecer, ojalá definitivamente, si queremos ser consecuentes con nuestros objetivos reglamentarios y con la impostergable responsabilidad histórica de nuestra Corporación.

Es urgente entonces trabajar por la redefinición del SGSSS como un servicio social y alejarlo de su consolidación como negocio y comercio. Esto sólo lo alcanzaremos si logramos conseguir la desaparición de la intermediación, de las ARS, del ánimo de lucro en las EPS y los maltratos y malos manejos de las IPS, y si conseguimos fortalecer el aseguramiento y ponerlo bajo el control de la Superintendencia Bancaria.

De los hechos negativos del SGSSS la Academia ha destacado, desde siempre, la inexistencia de un sistema de información: por lo tanto, es labor prioritaria de la Academia insistir en la creación de un excelente sistema de información de afiliados, que contenga una base de datos depurada y confiable. Simultáneamente, debemos lograr la corrección de los defectos existentes en la afiliación al Régimen Subsidiado y conseguir que se garantice la prestación del servicio a la población desvinculada mediante un subsidio racional y controla do a la oferta de los hospitales públicos, hecho que sería salvador para éstos. Al ISS debemos considerarlo como el gran moderador del SGSSS y, por lo tanto, debemos propender por su rescate y fortalecimiento.

Pero un deber primordial de la Academia tiene que ver con el rescate y defensa, a ultranza, de los derechos de los pacientes -hoy usuarios o clientes-, tan vilipendiados por las entidades administradoras y prestadoras, hoy intermediarias. Por esta razón, es indispensable conseguir la monitorización de la vigilancia y control de los intermediarios y propender por su conversión en verdaderos aseguradores; es fundamental una vigilancia y control de las IPS para corregir las fallas que tantas presentan. Es indispensable lograr normatizar el contenido de los Registros Individuales de Atención (RIA) y revisar el artículo 23 del Decreto 047 del 19 de enero de 2000, el cual representa un gran obstáculo para la labor de control en el SGSSS.

Una de las funciones que nos marca la Ley 02 de 1979 es la de velar por la salud pública, de tal manera que debemos trabajar para impulsar, con vigor y como función estatal, dicha salud pública. Uno de los problemas más delicados en la implementación de la Ley 100 de 1993 fue la sobreabundancia de reglamentación, razón por la cual debemos trabajar con el Ministerio de la Protección Social y con el Consejo Superior de SSS para consolidar una normatización única, comprensiva y práctica de esa copiosa reglamentación.

Nuestra presión parlamentaria debe lograr, entre otras cosas, la destinación de recursos, en cuantía significativa, para la renovación de equipos y la actualización tecnológica de los hospitales públicos, sin los cuales no se podrá prestar la atención con una calidad actual, acorde con los avances científicos hoy aplicados a la salud. Labor fundamental de nuestra Corporación es la de salvaguardar los principios de la medicina como profesión y como ciencia, fundamentalmente en su capital intelectual, por medio de la educación continua, para lo cual se debe crear un Fondo de Educación e Investigación Médicas, como una subcuenta del FOSYGA. Sólo dicha educación continua podrá responder a los requerimientos fundamentales indispensables para un servicio asistencial verdaderamente de calidad.

Debe establecerse, entonces, un soporte documental suficientemente rico para facilitar la toma oportuna y adecuada de decisiones, con base en una evidencia verdaderamente científica: es esencial, en consecuencia, el fortalecimiento de las bibliotecas, de la información virtual y de los centros de documentación bibliográfica. Debemos luchar porque se considere a la calidad de la atención como un objetivo prioritario e impostergable en el SGSSS.

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