Las Patologías Endocrinas en la edad antigua

La diabetes es una enfermedad conocida desde la antigüedad. En el papiro de Ebers se mencionaban los síndromes poliúricos. Un contemporáneo de Cristo, Celso, describe una enfermedad consistente en poliuria indolora con emaciación. Areteo de Capadocia dio su nombre a la diabetes (“pasar a través de un sifón”); esta enfermedad se describe como una licuefacción de la carne y los huesos en la orina.

Galeno introdujo el concepto de que estos pacientes tenían un problema de debilidad renal y de que los líquidos se eliminaban sin cambio alguno, concepción errada que persistió por catorce siglos. Los chinos hablaban de sed extrema, forunculosis y orina tan dulce que atraía a los perros.

Para los indios era la “madhummeda”, o enfermedad de la orina de miel: Susruta escribió que había dos tipos de pacientes con orina dulce, aquellos que tienen una tendencia congénita y aquellos en los que la enfermedad se ha adquirido debido a un modo anormal de vida.

El raquitismo es tal vez la enfermedad por deficiencia vitamínica más antigua que se conoce. En las momias egipcias se observan enanos acondroplásicos y posiblemente raquíticos, pero es Sorano (78-117) quien primero se refiere a esta patología, cuando afirma que el aprendizaje (de caminar) no debe empezarse demasiado pronto, pues los huesos (del niño) pueden torcerse, ya que todavía no son firmes.

El bocio fue descrito por egipcios, chinos y griegos. El papiro de Ebers señala como posibles tratamientos la cirugía (procedimiento que imaginamos causaba severas hemorragias) y la ingestión de unas sales –probablemente ricas en yodo- que se obtenían en el Bajo Egipto. Hipócrates había culpado también al agua –por ejemplo, la proveniente de la licuefacción de la nieve- que o bien tenía a mencionar lo de las ausencia de yodo o presencia de sustancias bociógenas.

Un arquitecto de nombre Vitrubio volvió aguas como etiología e hizo una descripción del bocio. Julio César y Juvenal se refirieron al bocio alpino. Celso escribió De struma, un libro sobre tumores del cuello e hizo una clasificación intentando diferenciar el bocio de otras masas como lipomas y quistes, se encontraba entre la piel y laringe, hecho sólo de carne, aunque a veces podía tener pequeños huesos y pelos, sugiriendo que allí pudieran existir lo que conocemos hoy como quistes dermoides.

Los chinos sugirieron que la calidad del agua, los terrenos montañosos y las emociones eran causantes del bocio, que se podría tratar (o prevenir) con algas marinas y de cenizas de esponja (ricas en yodo) y tiroides desecado de ciervo. Estas ideas orientales llegaron a Europa hacia la edad media y Arnaldo de Vilanova retomó lo de las cenizas de esponja, cambiar de aguas y de… país.

El eunucoidismo –como se describe al cuadro que se desarrolla por la castración- ha sido conocido en todas las épocas y regiones. Eunuco –que quiere decir guardián de lecho- es una palabra mencionada en muchos libros antiguos como la Biblia, y lo que le ocurre al gallo y al hombre capados, lo describe Aristóteles diciendo que la cresta del gallo se vuelve pálida, ya no canta más y abandona sus actividades sexuales, características que nunca aparecen si la castración se realiza antes de su juventud… tal como pasa en el hombre, que –castrado antes de su pubertad- no le aparece vello y su voz se mantiene atiplada… Entre los chinos y orientales el asunto era algo tradicional; un autor de nombre Matignon dice que “en China se es eunuco por la fuerza, por gusto, por pobreza y por pereza”.

Las castraciones en muchos casos eran verdaderas emasculaciones –pues se cortaban tanto los testículos como el pene- pero en otros casos eran sólo las gonadas, lo que a veces permitía una actividad sexual limitada.

La virilización de una muchacha griega de trece años –que posiblemente padecía un síndrome adrenogenital- es descrita por el poeta Ovidio, a la que se refiere como un mancebo que anteriormente había sido una mujer. La pubertad precoz –entre hechos reales y fantásticos- es mencionada por Séneca y Plinio el Joven que hablan de personas cuyo desarrollo corporal se realizó muy tempranamente.

El gigantismo se conoce desde que alcanza la memoria, creyéndose inclusive que los primeros hombres eran gigantes. La descripción de dos casos en la Biblia –la del rey de Basham y la de Goliat- y otras referencias como la de Plinio demuestran que se sabía que podían existir seres humanos de estatura exagerada. Incluso Robert B.Greenblatt en su libro Search the scriptures sugiere que Goliat pudo haber tenido un tumor pituitario –causa de su gigantismo- y de alguna hemianopsia que hubiera facilitado el golpe mortal que le propinó David con su guijarro.

Faltaban aún muchos siglos antes de que la endocrinología se desarrollara para explicar lo que pasaba con estos enfermos, que aquí se ven como pertenecientes a un circo de casos raros.

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