Las Hormonas del Lóbulo Posterior

El profesor Dale había descubierto que el extracto de hipófisis posterior tenía acción oxitósica; la pituitrina se utilizó entonces para adelantar los partos en los momentos oportunos y para evitar las hemorragias por la astenia del órgano. Vincent du Vigneaud –un bioquímico de Chicago- tuvo la oportunidad de trabajar con los científicos más importantes del momento en el naciente campo del metabolismo y de las hormonas, y trabajó en las más prestigiosas universidades. Sus investigaciones se centraron principalmente en los compuestos de importancia bioquímica que contenían azufre, preocupándose en especial por la insulina y por los dos compuestos de la neurohipófisis, la oxitocina y la vasopresina u hormona antidiurética. Pero también estudió el metabolismo intermediario, péptidos, aminoácidos, la transmetilación y el metabolismo de los compuestos con un carbono, la transulfuración, la biotina y la penicilina. Al comenzar el tercer milenio, los americanos Peter Agre y Roderick MacKinnon, ganaron el Nóbel de Química por la identificación de los canales que transportan agua y los que lo hacen con iones. Localizados en las membranas celulares, son muy importantes en el funcionamiento cardiaco, renal, nervioso y muscular. Los canales que transportan agua se denominan acuaporinas, que permiten su difusión simple. Por serendipia descubrieron en 1987 un polipéptido de 269 aminoácidos y 28 Kda al que denominaron CHIP28; esta proteína es abundante en el riñón y en el glóbulo rojo, tejidos muy permeables al agua. En 1991 comprobaron que se trataba de un canal de agua, el que posteriormente recibió el nombre de acuaporina 1. Actualmente se reconocen diez de estas acuaporinas en los mamíferos, y más de ellas en otros seres vivos como microorganismos y plantas. En el riñón actúan siete, la segunda de las cuales (AQP2) es regulada por la hormona antidiurética.

El siglo XX arrojó datos claros sobre el papel de los dos lóbulos de la glándula, su relación con el hipotálamo, el papel de depósito de la neurohipófisis, la relación de la neurohipófisis con las glándulas endocrinas clásicas, la purificación y síntesis de sus hormonas peptídicas, la posibilidad de medirlas con el radioinmunoanálisis y la capacidad de tratar algunos problemas clínicos con las propias hormonas o sus análogos. La adenohipófisis se consideró inicialmente la dueña del sistema endocrino –la glándula maestra que todo lo dirigía sin controles superiores- hasta que por los estudios de Harris y de otros distinguidos investigadores se aclaró que su papel es más bien de coordinador de estímulos determinados por neuronas monoaminérgicas y peptidérgicas del hipotálamo, y de diversos influjos ambientales y endógenos como el calor, el estrés y el dolor.

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