El futuro de la endocrinología

El futuro de la endocrinología

Con ocasión de los sesenta años de la fundación del Journal of Endocrinology y de la Sociedad de Endocrinología del Reino Unido, se publicaron un par de artículos de expertos que intentaron pronosticar cómo será la endocrinología en los próximos sesenta años.

El australiano Ho dice que la práctica futura de la especialidad estará influencia por tendencias seculares (el mundo está envejeciendo y volviéndose obeso y diabético), el consumidor esperará respuestas al problema del envejecimiento –o retornará a la expectativa del rejuvenecimiento, como en las épocas de Brown-Sèquard), y respuestas a todos los demás motivos de consulta actuales al endocrinólogo (además de figura esbelta, quieren mejorar la estatura, la musculatura, la potencia y el deseo sexual, tener una piel tersa, etc.) que tienen mucho que ver con la endocrinología cosmética. La salud se globalizará y se esperarán mejores drogas para tratar las enfermedades. Los pacientes –ahora llamados consumidores o usuarios- serán personas mejor informadas sobre los adelantos de la ciencia y las expectativas que se generan (vgr. Investigación en células madre o pluripotenciales). Por otro lado, el mundo de las hormonas ya dejó de ser el clásico de los ejes hipotálamo-hipófisis-órgano periférico, y ahora comprenden una multitud de señales diversas. Se desarrollará la fármaco-genómica y se caracterizarán mejor las influencias genéticas sobre el organismo. Madurará la paracrinología, que discierne de manera exacta los requerimientos hormonales a nivel celular, y la intracrinología, o las modificaciones de la hormona primaria (con ciertas acciones) y la secundaria, que se produce dentro del órgano (y que tiene otras acciones). Un enfoque de polifarmacia para los trastornos de la comida y del peso (por ejemplo, antiorexigénicos como análogos de la leptina, antagonistas del neuropéptido Y más anorexiantes como agonistas del receptor de melacortina y antagonistas de receptores cannabinoides, asociados con moduladores del receptor olfatorio, que le quiten a los alimentos el gusto atractivo). Los dogmas centrales o paradigmas endocrinos pueden ser cuestionados, los textos de la materia se re-escribirán, ya que las células endocrinas no liberan una sola hormona sino varias, que se pueden ligar a un variado número de receptores que a su vez pueden ligarse a diversas hormonas con diversas afinidades. Se descubrirán nuevas hormonas y nuevos órganos endocrinos, pues actualmente casi todos los órganos y tejidos producen hormonas. Habrán nuevas funciones para hormonas ya descubiertas (Vgr. Oxitocina es también la hormona de la confianza, la ghrelina, la del hambre, las endorfinas las de la felicidad, etc.). Se estudiarán mejor los efectos no genómicos de las hormonas esteroides, la barrera conceptual entre el cerebro y los órganos periféricos se volverá más permeable, nuevas técnicas de biología molecular harán posibles experimentos hasta ahora imposibles, se formularán hormonas especialies a pacientes normales (como dar Ghrelina para mejorar la memoria, esteroides anabólicos para aumentar la musculatura, hormonas digestivas para bajar de peso, hormonas reproductivas para controlar la actividad sexual, etc). Muchos trastornos endocrinos –hasta ahora considerados idiopáticos- tendrán una causa curable o prevenible, el diseño de medicamentos con acción hormonal será mejor, y también se controlarán agentes tóxicos con acciones hormonales que se encuentran en el ambiente. Se generarán preguntas sobre el papel de las hormonas en el espacio sideral y en los otros planetas de nuestra propia galaxia y de otras que el hombre podrá visitar si dispone de una tecnología más avanzada. No pensemos en lo que será el hombre en mil años, no siquiera en cien, pensemos en veinticinco o cincuenta años, cuántos cambios no habrá. Aunque –repetimos- no se puede predecir el futuro con cierto grado de probabilidad, si sabemos que muchas de estas expectativas y otras más se cumplirán, para hacer a la humanidad más longeva, productiva y con mayor bienestar. No eterna ¡por supuesto! aunque ojalá sí, más justa y más fraterna. Y cuando –esperamos- se logren todas estas mejoras, se erradique el, se controle el dolor y la violencia, la inequidad y tantas fallas protuberantes de hoy día (¿será posible?), entonces… ¡qué fácil será olvidar la historia!

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