Las Cotidianas Prácticas Evaluativas

Dr. Álvaro Monterrosa Castro, M.D

Si bien desde un punto de vista muy general, se ha mejorado paulatinamente en la praxis pedagógica, la parte del proceso enseñanza – aprendizaje donde son más notorios y protuberantes los errores, es en el acto mismo de la evaluación. La forma de evaluar a los estudiantes es inadecuada, plagada de errores, sin planificación y realizada casi siempre a las carreras y con el único objetivo básico de dar por finalizado el programa. Se llenan de paso unos requisitos previamente planteados por la secretaría académica, sin ejercer mayores exigencias procedimentales y conceptuales, y sin el rigor y el perfeccionamiento necesario e imprescindible, que permita dar cabida al proceso fundamental de la auto evaluación, sano mecanismo de retro alimentación que facilita la objetividad, al estimar la calidad en el proceso de enseñanza y aprendizaje que se realiza.

IMG_11082014_135748Se suelen realizar exámenes escritos para acumular notas y luego computar con un examen final, exámenes que suelen ser distantes de la realidad del proceso educativo, sin una coherencia con la realidad, dedicados a preguntar lo mismo de siempre: lo dicho de los autores, las cifras fijas, los conceptos estáticos; pruebas que son el pasto rico para los estudiantes memorizadores, lectores de apuntes y revisores superficiales de los textos clásicos, alumnos muertos a la hora del análisis y la confrontación de las ideas, discentes que pronto olvidan todo. Son sólo eso, exámenes, pruebas escritas que generan calificaciones y no evaluaciones.

Por tanto, se realiza la actividad bajo un paradigma eminentemente calificativo, de tipo cuantitativo, donde la nota que se espera alcanzar es la que sea suficiente para ser la llave que da paso al final del período reglamentario de estudios y la promoción a programas superiores. No hay modelo identificable de contenido teórico.

Se debería realizar una definición más exacta de los objetivos propuestos, programados y por ende los suficientemente alcanzados, ya que su identificación viene a ser herramienta importante para establecer la calidad dentro del accionar educativo diario. Se debería evaluar con imparcialidad las destrezas y habilidades. Amén de conocer la magnitud en la adquisición y la apropiación de los conocimientos teóricos, interesa ya sea, medir o conceptualizar sobre la habilidad para utilizar los recursos en el instante justo. Debería realizarse un mejor control y una más estricta vigilancia del proceso de enseñanza – aprendizaje. La falta de plenas exigencia académicas y el relajamiento en la labor pedagógica de muchos de los miembros del recurso humano, es motivo causal de esta alteración en el normal proceso evaluativo. Debería realizarse un control mucho más estricto de las labores escolarizadas, estandarizarse y difundirse normas, directrices y las reglas de juego al interior de la actividad: enseñanza, aprendizaje, evaluación.

Se debe estar interesado en realizar un acorde re-estructuración de los esquemas del proceso de enseñanza, aprendizaje, evaluación, dados desde la óptica de una más moderna aplicación de las técnicas educativas, de la aplicación de estrategias y recursos, practicando un mejor planeamiento, diseño y ampliación de las labores y actividades inherentes al proceso docente, tanto los relacionado propiamente con el alumno, como con el docente, como la institución misma. Sé esta tratando de delimitar porcentajes y momentos más oportuno para realizar la evaluación, tratando de que esta sea mas una proceso de reconocimiento de las actividades realizadas, del desempeño cumplido, que un acto puramente represivo.

Se hace necesario revisar, y hacerlo permanentemente, los curriculum, la ejecución del desarrollo del programa, tanto por alumnos como por docentes, evaluando y a la vez corrigiendo todos aquellos aspectos, no solo de adquisición de conocimientos por el estudiantado, sino enfatizando en sus valores, principios, todo al amparo de un marco afectivo, actitudinal y procedimental.

Evaluando con base en procesos, definiendo la participación activa del estudiante en aspectos tanto operativos como de toma de decisiones, permiten identificar la capacidad de utilizar la lógica, sus cualidades humanísticas y de respeto hacia el prójimo, dolor ajeno, así como en el juicio y el raciocinio.

Los instrumentos de evaluación deben ser acordes con la realidad que se practica, que permitan valorar, definir, identificar y demostrar fielmente cual ha sido el rendimiento y el aprovechamiento del estudiante en su paso por el programa, identificando en conjunto aquellos aspectos deficitarios. Debe realizarse por tanto una evaluación continua y repetida de todo el accionar del estudiante y del docente, y de todos los aspectos diversos a considerar, cognitivos, axiológicos, humanísticos y practicarse permanente, a diario, adherida, a la actualidad cotidiana en la que este presente el estudiante.

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