Educar hoy… ¿Para qué?

Dr. Álvaro Monterrosa Castro, M.D

Escilda Benavides Benitez
Alvaro Monterrosa Castro

La existencia de continuos cambios, de nuevos horizontes dentro del espectro mundial en que debe sobrevivir la especia humana, obliga: a adquirir unas nuevas posturas educativas, a innovar en nuestras estrategias didácticas, a preguntarnos sobre los problemas diarios que la práctica pedagógica nos plantea, a buscar y obtener respuestas enriquecedoras durante el quehacer, permitiendo que los individuos tomen conciencia y se acoplen con el mundo que les rodea y así puedan discernir sobre los conflictos que le afectan. El compromiso y el cumplimiento de estos frentes, permiten que la labor docente tenga sentido y actualidad.

El aprendizaje es un proceso humano y se debe ayudar al alumno a descubrir los verdaderos valores, se debe dar singular importancia a los objetivos humanísticos en la preparación del hombre del futuro, contribuyendo a que de veras sean ellos mismos. Para que estos objetivos sean alcanzados, se necesita un correcto proyecto pedagógico que oriente al alumno a como desempeñarse en el seno de la comunidad escolar y social, asegurándole una vida verdaderamente humana y democrática.

Ese proyecto debería incluir:

  • Formar en la libertad. El camino se hace con decisiones personales. Somos tarea de nosotros mismo y nadie puede sustituirnos.
  • Formar en la creatividad. Un individuo creativo tiene mayores posibilidades de sobrevivir.
  • Formar en los valores de relación, diálogo y participación. Debemos dar y recibir para complementarnos, enriquecernos y realizarnos.
  • Formar en la interioridad del ser. El ser no es estático, es la realización personal.
  • Formar en el respeto a la vida.
  • Formar en la esperanza.
  • Formar en una personalización y socialización.
  • Formar un hombre para pensamiento propio y decisiones autónomas.

 

Es una necesidad sentida la preparación de los jóvenes, en forma integral, es decir, para su buen desempeño en su actividad profesional y en su quehacer en la sociedad. De allí que se deba asumir el reto de integrar la Universidad con la comunidad, lo cual se logra con la participación de todos, utilizando una herramienta importante como es el diálogo, para conocer que necesita la comunidad, que quieren los estudiantes y cuál el papel de la Universidad en su labor como pilar formativo del individuo. Para lograr un cambio de fondo en la educación, se debe ejercer permanentemente la capacitación del profesorado en aspectos de corte pedagógico.

La educación de hoy, implica una reforma, pero desde las bases de la sociedad misma. Hay que analizar las características de la sociedad, porque Universidad y Sociedad están en permanente confrontación. No obstante el hombre con su capacidad creadora, es el que debe darle un giro acorde y modernizado a la educación. La educación, a la luz de nuevos paradigmas en adopción, implica una reforma, y es el docente quien debe crear el mecanismo para que esos cambios sean representativos.

En el mismo orden de ideas, se debe tener en cuenta que en la educación Universitaria de hoy, existen algunos aspectos negativos, que es prudente señalar.

  1. La falta de costumbre para leer y escribir entre docentes y estudiantes.
  2. Los grupos numerosos que alteran y dificultad el proceso de enseñanza – aprendizaje.
  3. Abundancia de profesores de cátedra. Esta circunstancia se presenta con el fin de que la Universidad, no adquiera mayores compromisos laborales.
  4. Falta de modelos pedagógicos en los docentes, los cuales no exploran nuevas estrategias educativas. Maestros que sabe mucho del área específica del saber, pero muy poco de aspectos conceptuales relacionados con la pedagogía.
  5. No hay una relación permanente entre los docentes y estudiantes, lo cual conlleva a un desconocimiento socio – económico y cultural, por ende no existe conocimiento de la procedencia del alumno.

Los nuevos paradigmas educativos son el reto. El docente debe comprenderlos, comprometerse con ellos y aplicarlos con la mayor honestidad posible. Educar es sembrar en el alumno semillas que deben generar con el transcurrir del tiempo, un hombre nuevo, propiciador de la paz, la no-violencia y el desarrollo.

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