Diseñar una estación de trabajo saludable no es una cuestión estética ni una tendencia corporativa pasajera. Es una obligación técnica vinculada a la prevención de riesgos laborales y a la reducción de trastornos musculoesqueléticos asociados al trabajo sedentario. Desde la correcta elección de la silla hasta el uso de apoyos como el descansa pies estándar, cada elemento cumple una función específica en la construcción de una postura neutra y sostenible durante la jornada.
La evidencia en ergonomía laboral es clara: cuando el puesto de trabajo se adapta a las características del usuario, disminuyen las cargas estáticas sobre la columna, se reduce la fatiga y mejora el desempeño. Por el contrario, estaciones mal configuradas favorecen molestias crónicas en cuello, espalda baja, hombros y extremidades inferiores. Esta guía aborda los componentes mínimos que debe tener un puesto de trabajo para cumplir con criterios básicos de salud ocupacional y promover bienestar a largo plazo.
La silla: eje estructural de la postura
La silla es el punto de partida de cualquier estación ergonómica. Su función no es solo permitir que la persona se siente, sino sostener la curvatura natural de la columna y distribuir adecuadamente el peso corporal.
Una silla adecuada debe ofrecer ajuste de altura para que las rodillas se mantengan aproximadamente en un ángulo de 90 grados, con los muslos paralelos al suelo. El respaldo debe incluir soporte lumbar que respete la curvatura fisiológica de la región baja de la espalda. Sin este apoyo, el usuario tiende a encorvarse, incrementando la presión sobre los discos intervertebrales.
La posibilidad de ajustar la inclinación del respaldo y la profundidad del asiento también resulta relevante. Estos ajustes permiten adaptarse a distintas estaturas y contextos laborales, favoreciendo cambios posturales a lo largo del día.
Superficie de trabajo y relación con el cuerpo
El escritorio debe facilitar que los antebrazos reposen paralelos al suelo mientras se utiliza el teclado. Cuando la superficie está demasiado alta, los hombros se elevan y se genera tensión cervical; cuando está demasiado baja, el trabajador se inclina hacia adelante, comprometiendo la zona lumbar.
Más allá de una medida estándar, lo importante es la relación entre la altura del escritorio y la del usuario. La estación debe permitir que los codos permanezcan cerca del cuerpo y que las muñecas no adopten ángulos forzados. Asimismo, el espacio inferior debe permitir libertad de movimiento para las piernas.
Monitor y ergonomía visual
La pantalla influye directamente en la salud del cuello y en la fatiga visual. Si el monitor se ubica demasiado bajo, la persona flexiona el cuello de forma sostenida; si está muy alto, genera extensión cervical.
La recomendación general es que el borde superior de la pantalla se encuentre a la altura de los ojos o ligeramente por debajo. La distancia ideal suele oscilar entre 50 y 70 centímetros, dependiendo del tamaño del monitor. Además, se debe evitar el reflejo directo de ventanas o luminarias sobre la pantalla, ya que esto induce posturas compensatorias y esfuerzo visual innecesario.
En el caso de portátiles, elevar la pantalla con un soporte y utilizar teclado y mouse externos es una medida preventiva ampliamente recomendada.
Teclado, mouse y alineación de las extremidades superiores
La correcta ubicación del teclado y el mouse reduce el riesgo de lesiones por movimientos repetitivos. Ambos dispositivos deben estar alineados con el cuerpo, evitando desplazamientos laterales del brazo.
Las muñecas deben mantenerse en posición neutra, sin extensión excesiva. La tensión acumulada en esta zona puede derivar en molestias como tendinitis o síndrome del túnel carpiano. Más que accesorios adicionales, la clave está en la altura adecuada y en una postura equilibrada.
Apoyo para las extremidades inferiores y estabilidad postural
Un aspecto frecuentemente subestimado en la ergonomía es la posición de los pies. Cuando la silla se ajusta correctamente en relación con el escritorio, puede ocurrir que los pies no apoyen completamente en el suelo. Esta situación genera presión en la parte posterior de los muslos y afecta la circulación.
Para garantizar una postura neutra y estable, es recomendable incorporar apoyos específicos, que permiten mantener ambos pies firmemente apoyados, facilita pequeños cambios de posición y mejora la distribución del peso corporal.
El soporte para pies contribuye a disminuir la tensión lumbar y favorece el retorno venoso en jornadas prolongadas de trabajo sentado. Lejos de ser un accesorio opcional, forma parte del equipamiento básico cuando la configuración del puesto lo requiere.
Iluminación y confort ambiental
La iluminación adecuada es otro componente esencial. Una luz insuficiente obliga a acercarse a la pantalla o a los documentos, generando posturas forzadas. Por el contrario, una iluminación excesiva o con deslumbramientos produce fatiga visual.
El entorno debe contar con iluminación uniforme y preferiblemente aprovechar la luz natural sin generar reflejos directos. La combinación de luz general y luz puntual ajustable suele ser la solución más eficiente en oficinas y espacios domésticos.
Además, factores como temperatura, ventilación y nivel de ruido también inciden en la percepción de confort y en la capacidad de concentración.
Movimiento y pausas activas: complemento indispensable
Incluso con una estación correctamente equipada, el cuerpo humano no está diseñado para permanecer inmóvil durante horas. Las pausas activas periódicas permiten reducir la carga estática sobre músculos y articulaciones.
Cambiar de postura, levantarse brevemente, realizar estiramientos suaves o descansar la vista son prácticas recomendadas dentro de los programas de salud ocupacional. La ergonomía no se limita al mobiliario; incluye hábitos saludables que complementan el diseño físico del puesto.
Una inversión en prevención y productividad
Implementar el equipamiento básico para estaciones de trabajo saludables no solo responde a obligaciones normativas en materia de seguridad y salud en el trabajo. También tiene efectos directos en la productividad y en la sostenibilidad organizacional.
La prevención de trastornos musculoesqueléticos reduce incapacidades, disminuye el ausentismo y mejora el clima laboral. Un trabajador que cuenta con una estación bien configurada experimenta menos fatiga y mayor capacidad de concentración.
En síntesis, una estación de trabajo saludable se construye a partir de decisiones técnicas coherentes: silla ajustable con soporte lumbar, escritorio a la altura adecuada, monitor correctamente ubicado, dispositivos alineados y apoyo para las extremidades inferiores cuando sea necesario, como el descansa pies.
No se trata de añadir elementos innecesarios, sino de garantizar condiciones mínimas que protejan la salud y favorezcan un desempeño sostenible a lo largo del tiempo.







