Desórdenes Psicopatológicos

GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

A continuación se hará una breve reseña de los desórdenes psicopatológicos, asociados al estrés y a los mecanismos psicodinámicos que se ponen en marcha en la relación cerebro-mente y medio ambiente.

Con respecto a los desórdenes depresivos, como se observa en la organización psicopatológica existe una secuencia de un síntoma a otro y de una organización a otra. En términos generales el cuadro clínico de la depresión, se manifiesta por tristeza, ansiedad, vivencia catastrófica, sentimientos de frustración, sentimientos de abandono, sentimientos de culpa, insomnio, alteraciones en el apetito (voracidad o bulimia), cefaleas, trastornos gastrointestinales, vómitos, diarreas, constipaciones, fantasías de muerte; todo esto pasando por estados melancólicos que pueden llevar al suicidio. Desde el punto de vista psicodinámico esta organización psicopatológica se puede estudiar en Freud en Duelo y melancolía 93.

En psicoanálisis entendemos que los desórdenes se inician con traumas y sentimientos profundos de abandono que producen la sensación de muerte y angustia por lo mismo; unos y otros configuran fantasías inconscientes las cuales operan y se manifiestan como signos, síntomas, contenidos manifiestos deformados y conductas. Los sujetos comúnmente refieren su depresión a una pérdida amorosa del ser querido o por rompimiento del vínculo o muerte, que ocasiona un rompimiento interno del Yo, el cual ha dependido del objeto en forma simbiótica o parasitaria. En todos estos casos siempre se encuentran los sentimientos de privación, por abandonos primarios, con envidia, voracidad, celos, odio, sentimientos de culpa por la agresión y la autodestrucción sadomasoquista, con sometimiento y provocación de agresión sadomasoquista a la vez que con el deseo de llegar a la muerte; todo esto como un sadomasoquismo revertido contra el Yo.

Fue Klein quien trajo los conceptos de posiciones o situaciones esquizoparanoide, depresiva y maníaca en las que oscila el Yo, alternativamente94 para poder elaborar el desarrollo y el vínculo materno. La “situación depresiva primaria” implica la vivencia depresiva, como ya se enunció, por frustraciones graves en la realidad externa vivida como el hecho de ser destruido. Aquí se despierta el impulso destructor innato. La “situación depresiva secundaria” se presentaría con la vivencia depresiva por duelo del objeto perdido y destruido y la identificación con el mismo, produciéndose un dolor y preocupación con la tendencia a reparar. Existe la depresión Super-Yoica que se refieren a que el Yo se siente abandonado por el Superyó quien lo defiende de sus propios instintos.

En realidad existe una secuencia desde la situación depresiva a la paranoide o viceversa, la paranoide primaria, la maníaco primaria, la depresiva primaria, la paranoide secundaria, la maníaca secundaria y la reparatoria. En la situación paranoide primaria, la vivencia paranoide se presenta por el temor al objeto dañado o que intenta dañar; el Yo se queda con el objeto bueno que ofrece seguridad, placer; en esta situación el ligamen al objeto frustrador es de características psicóticas y el instinto de muerte es proyectado al objeto, el cual se torna persecutorio.

La situación maníaca primaria se manifiesta como vivencia maníaca, por identificación del Yo con el ideal perseguidor, a la vez que con la proyección del Yo que se siente perseguido. Existe aquí una vivencia omnipotente, pues el Yo se convierte en ideal perseguidor. En esta situación se observan los mecanismos de control, desprecio, triunfo, vivencia de liberación, excitación, hiperactividad, negación interna y externa. Para Freud, en la manía existiría la fusión del Yo con el ideal del Yo.

En la situación depresiva secundaria, ya descrita, se manifiesta más por el duelo debido al objeto destruido, a la vez que la identificación con el mismo. La situación paranoide secundaria equivale a la vivencia paranoide por temor a la retaliación, y la situación maníaca secundaria a la vivencia maníaca, por introyección del perseguidor que es atacado secundariamente. Aquí el Superyó moral produce el sometimiento del Yo, y aquél, el Superyó, es vengador, prohibidor, castigador, al mismo tiempo se siente como triunfador sobre el perseguidor, produciendo una inversión autoplástica. De la situación maníaca primaria, se puede pasar a la secundaria o a la situación paranoide, y de esta a la depresiva secundaria, para luego alcanzar la situación reparatoria. De todo esto, se concluye la posible fluctuación de una situación a otra, pudiéndose observar los trastornos depresivos, maníacos, o esquizoides o paranoides, que en su no elaboración constituyen los estados psicóticos transitorios, o los desórdenes del carácter o de personalidad con las cualidades psicopatológicas ya descritas en los síntomas y en las diferentes organizaciones psiconeuróticas. Téngase en cuenta cómo de un estado de ansiedad originado por el estrés éste puede desarrollar una psiconeurosis y de allí partir a un trastorno confusional psicótico, de acuerdo a cómo esté conformada la estructura yoica y/o las defensas o pueden existir puntos (aspectos) frágiles de la personalidad; además si el estrés es persistente o discontinuo o transitorio u ocasional esto también va a dar un grado de perturbación psico emocional; sin embargo, existen efectos psíquicos post estrés (post traumáticos) los cuales son de tener en cuenta para su tratamiento en ese ancho abanico de disfunciones sistémicas.

Desórdenes psicóticos. Los desórdenes psicóticos podrían dividirse en los que provienen de la hipocondría, los casos limítrofes, hasta llegar a la esquizofrenia pasando por las ideas fijas, y las neurosis obsesivo-compulsiva, los estados esquizoides, la despersonalización, las dependencias y adicciones, los desórdenes del carácter con sus sintomatologías específicas, que en esta obra no se describen pues no se trata de hacer una obra de psicopatología. A su vez se observan los desordenes de la personalidad, los que se manifiestan en las diferentes formas ya descritas. Todos estos estados pueden llegar a la franca psicosis, a la melancolía, o a la manía y finalmente al suicidio.

Existen otros desórdenes de la conducta en niños y adolescentes o desórdenes situacionales transitorios y los desórdenes sexuales. Todos estos pueden estudiarse en las obras de psicopatología. Sin embargo, los desórdenes sexuales tienen una polimorfía sintomatológica, y dependen de la erotización y del cambio del fin y del objeto. En las organizaciones psicopatológicas, encontramos una diversidad de síntomas, no solamente en el orgasmo, y en el objeto, que se cambia (homo, hetero y bisexual), o autoérotico, sino puede haber una erotización del órgano pudiéndose presentar alteraciones fisiológicas por el uso inadecuado de la función. El órgano afectado es comúnmente aquel que reacciona vitalmente con el medio ambiente, en su mundo afectivo emocional y en o con las esencias de las estructuras emocionales. Todo esto último se presenta en los trastornos psicofisiológicos o en las llamadas organeurosis, los trastornos psicosomáticos, que se relacionan con las histerias de conversión y con los desórdenes sexuales. Muchos de estos últimos desórdenes generan otros más con bases en las psiconeurosis o en las psicosis larvadas, que pueden manifestarse de tiempo en tiempo.

Una magnífica y bien estudiada obra de psicopatología titulada Teoría psicoanalítica de las neurosis de Otto Fenichel, 195795; versión en inglés de 1945 y en español 1957, fue el texto donde muchos analistas de mitad de siglo XX estudiamos las neurosis, las psicosis (depresión, manía y esquizofrenia) y los trastornos del carácter. El estudiante del siglo XXI podrá consultarla y encontrar respuestas y análisis que en este trabajo no halla. Múltiples trabajos psicoanalíticos enriquecen la bibliografía al respecto, uno de ellos en especial es el de Leo Rangel (1965)96.

Durante los últimos 30 años puntualmente se relaciona al funcionamiento de la neurona con una conducta, una sensación o una actividad mental determinada debido a los potenciales de acción. De todas formas los neurocientíficos plantean una reconstrucción que se realizan a través de las conexiones neuronales debido a sus potenciales. Estos potenciales conllevan información de un modo a áreas específicas y allí se interconectan e interrelacionan las informaciones para configurar contextos de representaciones simples y complejas los cuales de todas maneras llevan al sujeto a la consciencia, a la comprensión, a la interrelación del mundo interno con el externo aun sin participar explícitamente la estimulación sensorial conectada con el exterior mas sí con el interior, es decir las informaciones somatosensoriales o de otras sensaciones que puedan producir el estímulo de las células reticulares de la corteza.

En síntesis tenemos un camino largo por recorrer desde el punto de vista de las neurociencias para determinar muy detalladamente cómo es el mapa geográfico neuronal con sus diferentes potenciales y áreas cerebrales que serían los responsables con la química cuántica de todo el funcionamiento de la memoria. Este planteamiento de construir una cartografía cerebral no es simple, más cuando existen neuronas de distinta índole que tienen distintas funciones, unas de almacenamiento y otras de transmisión. Uno de los caminos por seguir es a través de la psicolingüística cómo apareció el lenguaje hablado y escrito con sus signos, significados, el funcionamiento de los signos alfabéticos, los fonemas y sus variantes, las constelaciones sonoras, los fonemas en cadena, el aspecto auditivo, los engranajes de la expresión; algunos de estos temas son desarrollados en la obra: “Cerebro-Mente” 2009 97, en especial se hace mención de los métodos de asociación de objetos y lugares con las vivencias o experiencias placenteras o displacenteras que vive el sujeto. De una u otra manera, el poder de intercomunicación que posee el cerebro para producir, reproducir y transmitir información es asombroso de ahí que David Redish (profesor de la Universidad de Minnesota) escribiera una obra: “Beyond the Cognitive Map (MIT Press, 1999).


93 Freud S., (1917). “Duelo y melancolía”, Obras Completas, Tomo XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires-Argentina.
94 La oscilación o la alternancia también puede configurarse en un ciclo con una frecuencia que varía; la frecuencia en los cambios son posibles de presentarse en períodos cortos; esto ocurre de acuerdo con las defensas participantes y las vivencias con los vínculos presentes, al mismo tiempo que con las fantasías inconscientes más operantes y la capacidad de integración y reparación.
95 Fenichel O., (1957). “Teoría General de la Neurosis”, Editorial Paidós.
96 Rangel L., (1965). “Some comments on psychoanalytic nosology”, Brives, Affects, Behavip, vol. 2.
97 Sánchez Medina G., Márquez Díaz J., (2009). “Cerebro-Mente. El pensamiento cuántico”, Editorial Cargraphics, Bogotá-Colombia.

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