Vivienda y Movilidad Social: El Impacto Estructural del Impulso VIS en Bogotá

Vivienda VIS en Bogotá
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Bogotá registró recientemente la cifra más alta de iniciación de vivienda desde que existen registros sistemáticos (2001), con 49.883 unidades residenciales iniciadas en un año, lo que representó un crecimiento anual del 11,3 %. Más allá del récord estadístico, el dato revela un fenómeno estructural: cuando la política pública logra fortalecer la demanda efectiva, el sector constructor no solo se reactiva, sino que se convierte en motor de empleo y movilidad social.

En un entorno nacional donde varios mercados inmobiliarios han mostrado ajustes, la capital ha exhibido una dinámica diferencial. El comportamiento simultáneo de iniciaciones, lanzamientos y ventas indica una recuperación sólida con fundamentos estructurales, especialmente en el segmento de vivienda de interés social (VIS).

La VIS como soporte del volumen del mercado

El 61 % de las viviendas iniciadas corresponde al segmento VIS, es decir, aproximadamente 30.600 unidades. Aunque el segmento No VIS mostró un crecimiento más acelerado (26,3 %), es la VIS la que explica estructuralmente el tamaño del mercado.

Este comportamiento confirma que la demanda social no es un segmento marginal, sino el núcleo de la actividad constructora en la ciudad. Cuando este componente se fortalece, el sector en su conjunto gana estabilidad.

Ilustración 1 

Evolución de viviendas iniciadas en Bogotá (2001 – 2025)
Gráfico de línea mostrando tendencia histórica, destacando el máximo alcanzado recientemente.

Ilustración 1: número de viviendas iniciadas en Bogotá

Subsidios a la demanda: el soporte estructural

El récord en iniciaciones no puede analizarse de forma aislada. En los últimos dos años se han asignado más de 26.000 subsidios de vivienda a través del programa distrital Mi Casa en Bogotá, consolidando un esquema de apoyo directo a la demanda.

En el mercado inmobiliario, la estabilidad de la demanda es determinante para iniciar proyectos. Cuando los hogares cuentan con un subsidio que complementa su capacidad de crédito, disminuye el riesgo de desistimiento y mejora la absorción comercial. Esto genera un entorno de mayor confianza para desarrolladores y entidades financieras.

El comportamiento del mercado VIS refleja esta correlación:

  • Lanzamientos VIS: +61,6 %
  • Ventas VIS: +24,3 %

Estas cifras superan ampliamente los promedios nacionales y evidencian una dinámica robusta en la capital.

Desde la perspectiva económica, el subsidio opera como un mecanismo contracíclico: en momentos de desaceleración sectorial, el apoyo público apalanca inversión privada y protege la cadena productiva.

Incluso frente a aumentos salariales significativos (como el incremento del 23,7 % del salario mínimo), que generaron presiones financieras en algunos hogares en proceso de compra, los subsidios han funcionado como amortiguador, ayudando a cerrar brechas de aproximadamente $300.000 en promedio.

Impacto en el empleo: un multiplicador tangible

La construcción es intensiva en mano de obra y genera encadenamientos con múltiples sectores. En el caso de la vivienda de interés social, cada unidad iniciada genera en promedio 1,6 empleos directos.

Si se considera que alrededor de 30.600 unidades corresponden a VIS, el impacto potencial supera los 49.000 empleos directos asociados a esta actividad.

A esto se suman efectos indirectos en:

  • Industria de materiales
  • Transporte
  • Servicios técnicos y profesionales
  • Comercio
  • Servicios financieros

El récord en iniciaciones no es solo una cifra sectorial: es un indicador de dinamismo económico urbano.

Focalización y progresividad: vivienda como política social

El diseño del programa también revela un enfoque distributivo relevante:

  • 6 de cada 10 subsidios han sido asignados a hogares con ingresos cercanos a 1,6 salarios mínimos.
  • 64 % de los subsidios han sido otorgados a mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar.

Este nivel de focalización indica un gasto público progresivo, concentrado en segmentos con mayores restricciones estructurales de acceso al crédito.

La evidencia internacional sugiere que la propiedad formal en cabeza de mujeres se asocia con mayor estabilidad familiar, reducción de vulnerabilidad económica y mejores resultados en bienestar infantil. Así, la política de vivienda combina impacto económico con equidad social.

Vivienda formal y transformación urbana

El acceso a vivienda formal trasciende la dimensión patrimonial. Implica acceso a:

  • Servicios públicos domiciliarios
  • Infraestructura vial
  • Equipamientos educativos y de salud
  • Redes sociales consolidadas

Además, contribuye a contener procesos de informalidad y ocupación en zonas de riesgo, favoreciendo un crecimiento urbano más planificado y sostenible.

Para hogares con ingresos cercanos a 1,6 salarios mínimos, la transición del arriendo a la propiedad representa un cambio estructural en su trayectoria socioeconómica. La vivienda se convierte en un activo susceptible de valorización y acumulación intergeneracional.

Un círculo virtuoso entre política pública y mercado

El comportamiento simultáneamente positivo de iniciaciones, lanzamientos y ventas evidencia un círculo virtuoso:

  1. Subsidios fortalecen la demanda efectiva.
  2. Mayor demanda incentiva lanzamientos.
  3. Los lanzamientos se traducen en iniciaciones.
  4. Las ventas validan la sostenibilidad del mercado.

El crecimiento del segmento No VIS también puede interpretarse como un efecto indirecto de confianza. Un mercado VIS sólido reduce la percepción de riesgo general y mejora las expectativas sectoriales.

Más allá del récord

Las 49.883 viviendas iniciadas constituyen un máximo en más de dos décadas. Sin embargo, su relevancia va más allá de la cifra.

El resultado sintetiza tres procesos estructurales:

  • Reactivación sostenida del sector constructor.
  • Generación masiva de empleo (más de 49.000 puestos asociados a VIS).
  • Avances en movilidad social mediante subsidios focalizados.

Cuando la política pública se orienta a fortalecer la demanda social y reducir incertidumbre sectorial, los efectos no son solo estadísticos. Se traducen en crecimiento económico urbano, estabilidad laboral y construcción de patrimonio para miles de hogares.

En ese equilibrio entre dinamización económica e inclusión social radica el verdadero impacto estructural de la vivienda social en Bogotá.

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