El acceso de las mujeres a la vivienda no es una política asistencial: es una infraestructura urbana que habilita autonomía, seguridad y estabilidad social. En un contexto global marcado por inflación persistente, tasas de interés elevadas y restricciones crecientes al crédito, la vivienda se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para el bienestar urbano. Sin embargo, este desafío no afecta a todos los hogares por igual. Las mujeres —en particular aquellas que son jefas de hogar o cuidadoras— enfrentan barreras estructurales adicionales que limitan su acceso a soluciones habitacionales formales, profundizando desigualdades económicas, sociales y territoriales.
En Bogotá, este debate se ha abordado desde un enfoque de ciudad: la vivienda entendida como política urbana estratégica. Bajo la articulación técnica e institucional de la Secretaría Distrital del Hábitat, la política habitacional ha integrado instrumentos financieros, acompañamiento y criterios diferenciales orientados a ampliar el acceso de las mujeres a vivienda formal y sostenible. Este enfoque reconoce que la vivienda no solo cubre una necesidad básica, sino que actúa como un habilitador clave de trayectorias de vida más seguras y autónomas.
La vivienda como habilitador de autonomía femenina
La evidencia internacional es consistente: el acceso seguro a la vivienda propia fortalece la independencia económica de las mujeres, reduce su exposición a situaciones de violencia y amplía su capacidad de decisión sobre el proyecto de vida. Contar con una vivienda adecuada libera tiempo, reduce el estrés financiero y crea condiciones más favorables para la educación, la inserción laboral y el cuidado personal. En contextos donde persisten brechas salariales y altos niveles de informalidad laboral femenina, la vivienda se consolida como un activo fundamental para reducir la dependencia económica y fortalecer la resiliencia de los hogares.
Bogotá: de la política social a la política urbana estratégica
Durante los últimos años, Bogotá ha avanzado hacia un enfoque integral de vivienda que reconoce explícitamente estas dinámicas. La política habitacional ha ampliado de manera efectiva las oportunidades de acceso a vivienda para las mujeres mediante mecanismos de inclusión temprana, flexibilización de condiciones financieras y programas de educación e inclusión financiera. En 2025, la participación de las mujeres en los créditos desembolsados en la ciudad superó la mitad del total, con una presencia especialmente significativa en el segmento de vivienda de interés social (VIS).
Este comportamiento responde a un diseño de política pública que concibe los subsidios no como transferencias aisladas, sino como instrumentos para cerrar brechas financieras, reducir riesgos crediticios y acompañar procesos de adquisición de vivienda sostenibles en el tiempo. Asimismo, la política ha demostrado ser particularmente efectiva para mujeres jóvenes y jefas de hogar, promoviendo el acceso temprano a la propiedad y fortaleciendo la estabilidad de los hogares en etapas clave del ciclo de vida.
Vivienda, seguridad y prevención de violencias
Uno de los impactos más relevantes —y a menudo menos visibilizados— del acceso a vivienda propia para las mujeres es su efecto en la reducción de la violencia basada en género. La estabilidad habitacional disminuye la dependencia económica y amplía las opciones reales de salida de entornos inseguros. En este sentido, la política de vivienda opera como una herramienta preventiva que complementa las estrategias tradicionales de atención y protección. En Bogotá, una proporción significativa de las mujeres que accedieron a vivienda propia lo hicieron con apoyo de subsidios habitacionales, lo que refuerza el papel de la política habitacional como instrumento directo de autonomía y seguridad.
El riesgo de retroceder
Estos avances no están garantizados. Escenarios de restricción crediticia, incremento del costo del financiamiento y deterioro del ingreso real amenazan con revertir los progresos alcanzados. Las mujeres, especialmente aquellas mayores de 28 años, enfrentan brechas salariales significativas tanto en la formalidad como en la informalidad, lo que deteriora su perfil de riesgo crediticio y limita su acceso al crédito hipotecario. Frenar el acceso de las mujeres a la vivienda compromete objetivos urbanos de largo plazo relacionados con estabilidad social, reducción de la pobreza y prevención de violencias.
Lecciones para las ciudades
La experiencia de Bogotá ofrece una lección clara para las ciudades de la región y del mundo: diseñar políticas de vivienda con enfoque de género no es una concesión asistencial, sino una decisión urbana estratégica con impactos económicos, sociales y demográficos de largo alcance. Incorporar a las mujeres como protagonistas de la política habitacional —desde el diseño de instrumentos financieros hasta los esquemas de acompañamiento— fortalece la resiliencia urbana y contribuye a construir ciudades más equitativas, seguras y sostenibles.
En un momento en que las ciudades buscan respuestas integrales a desafíos complejos, entender la vivienda como infraestructura de autonomía femenina no es solo una opción deseable: es una condición necesaria para el desarrollo urbano del siglo XXI.







