El transporte empresarial en Colombia enfrenta hoy un punto de inflexión: los costos crecientes del diésel, la presión regulatoria y la necesidad de reducir emisiones están empujando a las empresas hacia soluciones más sostenibles. Sin embargo, muchas compañías aún se preguntan si los vehículos eléctricos comerciales son realmente una opción viable para sus operaciones.
La mejor respuesta no viene solo de estudios técnicos, sino de observar lo que ya está pasando en otros mercados. China y Europa se han convertido en laboratorios vivos de la movilidad eléctrica, demostrando que la electrificación no es una promesa, sino una realidad que genera ahorros, competitividad y nuevas oportunidades de negocio.
Este artículo explora los avances de estos dos referentes mundiales y reflexiona sobre cómo Colombia puede aprovechar esas experiencias para acelerar su propia transición, sin partir de cero.
China: el gigante que convirtió la movilidad eléctrica en norma
China no solo lidera la fabricación de vehículos eléctricos (VE), sino también su adopción masiva. Según la International Energy Agency (IEA, 2023), más del 60% de los buses eléctricos y 50% de los camiones eléctricos del mundo circulan en China.
Tecnología y seguridad como diferenciadores:
Los fabricantes chinos han pasado de ser vistos como productores de bajo costo a convertirse en referentes de innovación. Sus avances en baterías de litio-ferrofosfato (LFP) han marcado un antes y un después en la seguridad y durabilidad, con ciclos de vida de más de 3.000 cargas y menor riesgo de sobrecalentamiento.
Diseño e innovación en movilidad eléctrica:
Modelos de marcas como BYD, Geely (matriz de Farizon) o SAIC ya no solo compiten en autonomía (300–500 km), sino también en diseño inteligente para la operación logística: cabinas ergonómicas, integración con software de gestión de flotas y telemetría avanzada.
Cambio en la percepción del mercado:
Si hace una década existía desconfianza hacia la calidad de los vehículos chinos, hoy países europeos y latinoamericanos importan masivamente buses y camiones eléctricos fabricados en China. En ciudades como Bogotá, más del 70% de la flota de buses eléctricos proviene de fabricantes chinos, consolidando esa transición en la región.
En síntesis, China demuestra que la escala industrial, la innovación en baterías y la apuesta estatal decidida pueden transformar la movilidad comercial en un tiempo récord.
Europa: sostenibilidad como exigencia empresarial
En Europa, la movilidad eléctrica ha avanzado desde un ángulo distinto: la regulación y la sostenibilidad corporativa. Ciudades como Londres, París, Madrid o Ámsterdam ya han implementado zonas de bajas emisiones (LEZ, por sus siglas en inglés) que restringen o prohíben la entrada de vehículos a combustión en áreas urbanas.
Exigencias a operadores logísticos:
Empresas de última milla como DHL, UPS y DB Schenker han electrificado parte de sus flotas para poder operar en estas zonas sin sanciones. La presión regulatoria obligó a transformar la logística urbana y aceleró la innovación en vehículos de carga eléctrica.
Ventajas competitivas en licitaciones y contratos:
En países como Alemania o Francia, cada vez más licitaciones de transporte incluyen criterios ambientales. Tener una flota eléctrica no solo es un requisito, sino también una ventaja competitiva para ganar contratos de gran escala.
Impacto en costos y eficiencia:
Aunque la inversión inicial sigue siendo un reto, el costo de energía eléctrica en comparación con el diésel y los menores gastos de mantenimiento han reducido significativamente el TCO (Costo Total de Propiedad). Según la European Alternative Fuels Observatory (EAFO, 2023), un camión eléctrico urbano puede reducir sus costos operativos hasta un 45% en cinco años frente a su equivalente diésel.
Europa demuestra que cuando la regulación empuja y las empresas se adaptan, la electrificación se convierte en estándar competitivo y no en una opción marginal.
¿Qué puede aprender Colombia?

Colombia no necesita empezar de cero. Existen tres lecciones clave que se pueden adaptar de China y Europa:
- La escala importa: como mostró China, apostar en grande acelera la curva de aprendizaje y reduce costos. Iniciativas piloto son valiosas, pero el impacto real vendrá con compromisos empresariales y estatales más amplios.
- La regulación es motor de cambio: Europa enseña que sin presión regulatoria la transición es lenta. Zonas de bajas emisiones en Bogotá y Medellín ya marcan el camino.
- La confianza en la tecnología es esencial: la experiencia china evidencia que la percepción puede transformarse con resultados concretos. Hoy las flotas eléctricas chinas operan con altos niveles de seguridad y confiabilidad en todo el mundo.
En este escenario, Farizon, con el soporte del Grupo Vardí en Colombia, llega con una propuesta alineada con estas tendencias: vehículos eléctricos comerciales diseñados para logística, con autonomía robusta, conectividad inteligente y un respaldo local que asegura confianza operativa.
Conclusión
El transporte empresarial eléctrico no es un experimento: es una realidad probada en los mercados más competitivos del mundo. China lo validó desde la escala industrial y la innovación tecnológica, mientras Europa lo impulsó con regulación y sostenibilidad corporativa.
Colombia tiene la oportunidad de aprovechar estas lecciones para acelerar su transición y no quedarse rezagada. Las empresas que actúen primero no solo reducirán costos y emisiones, sino que también asegurarán una ventaja estratégica en un mercado cada vez más exigente.








