Deficiencia de Yodo: Resultados y Epidemiología

RESULTADOS

La carencia de yodo es un problema de salud pública en 54 países (se presenta tanto en países con economías marginales como en regiones industrializadas), cerca de 2 billones de personas en todo el mundo corren un riesgo establecido debido a la ingesta insuficiente de este oligoelemento halogenado, incluyendo un tercio de los niños en etapa escolar. Aproximadamente el 50% de la Europa continental persiste con una deficiencia leve de yodo, y en países industrializados como Estados Unidos de Norte América (USA) y Australia el problema ha resurgido; en USA porque a pesar que la población en general es “suficiente” de yodo, es incierto que la ingesta sea adecuada durante el embarazo; mientras que en Australia la deficiencia ha aumentado como consecuencia de la reducción del contenido de yodo en derivados lácteos –por el menor uso de yodóforos en la industria (un yodóforo se define como un complejo de yodo con agentes no iónicos tensoactivos, que actúan como agentes transportadores y solubilizantes para el yodo en agua, los yodóforos tienen además la capacidad de elevar la actividad bactericida del yodo)-. Esta reducción de los yodóforos en la industria también puede explicar –al menos en parte- la deficiencia leve de yodo en países como la República de Irlanda y en el Reino Unido; en áreas con economías marginales como el sur de Asia y el África Sub-Sahariana el problema es mayor, la menor frecuencia se encuentra en las Américas. La mejor estrategia para controlar la deficiencia de yodo es a través del monitoreo cuidadoso de la yodación de la sal para consumo humano; cerca del 90% del consumo de sal en países industrializados proviene de alimentos procesados (enlatados, embutidos, encurtidos) por lo que la yodación de la sal de consumo para el hogar de forma individual podría no suplir el requerimiento basal mínimo; de esta forma, es crucial que las industrias procesadoras y comercializadoras de alimentos utilicen sal yodada, en especial en aquellas áreas donde la base alimentaria provenga de alimentos procesados (1).

Los grupos más vulnerables por la deficiencia de yodo son las embarazadas y los niños; las consecuencias de la carencia en el desarrollo del cerebro durante la vida fetal constituyeron la fuerza impulsora que llevó a la Comunidad Internacional de Salud Pública, con el apoyo de organismos de las Naciones Unidas, en particular la Organización mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) a adoptar como meta la eliminación sostenida de la carencia de yodo. El yodo es un elemento esencial que no puede ser sintetizado por el organismo; ello hace que los productos alimenticios, como pescados y mariscos sean, con mucho, la única fuente disponible.

El contenido de yodo de los alimentos depende de la cantidad de yodo del suelo; su degradación, debida a la erosión que se asocia al excesivo pastoreo del ganado y a la tala de árboles causa una gran pérdida del oligoelemento, haciendo que los alimentos que crecen en estos suelos tengan un escaso contenido del mismo (2). El término “DDY” se utiliza para definir un grupo de enfermedades que resulta de una pérdida relativa de yodo en la dieta, tales desórdenes incluyen múltiples defectos; por ejemplo, en la etapa periparto se asocia con un aumento en la tasa de abortos, en la mortalidad perinatal y en malformaciones congénitas; en el recién nacido se asocia con bajo peso al nacer, bocio neonatal y cretinismo; en el niño se asocia con retardo mental, sordomudez, retardo en el crecimiento y desarrollo, bocio, anormalidades motoras e hipotiroidismo; en el adulto la deficiencia está relacionada con un aumento en la tasa debocio, hipotiroidismo, disminución en la capacidad productividad laboral y alteraciones en la función cognitiva; el riesgo también es latente en cualquier edad para el aumento en la susceptibilidad de la glándula tiroidea a la radiación nuclear. El indicador recomendado del estado respecto al yodo es la excreción urinaria de este elemento, la cual refleja su ingesta reciente. Actualmente se utilizan dos estrategias diferentes para controlar los trastornos por carencia de yodo, una es “la administración de suplementos de yodo”, usando un preparado de liberación lenta, como el aceite yodado administrado por vía oral una vez al año, y la otra es “el fortalecimientocon yodo en los alimentos”, usualmente la sal. La estrategia recomendada por la OMS para eliminar la carencia de yodo es la yodación universal de la sal, las recomendaciones actuales señalan la necesidad de reducir la carencia de yodo a escala mundial usando sal yodada. Para ser eficaces y sostenibles, los componentes principales de un programa nacional de control de los trastornos por carencia de yodo deben incluir el compromiso político, una vigilancia operativa de la calidad de la sal yodada y el estado de conocimiento con relación al yodo (3,4).

EPIDEMIOLOGÍA:

En un análisis de los datos recopilados en el año 2003, la OMS calculó que algunas de las regiones de la OMS (las Américas y el Pacífico Occidental) tenían la menor proporción de población con ingesta de yodo insuficiente (9.8% y 24.0%, respectivamente). En las demás regiones de la OMS las cifras fueron del 56.9% para Europa, 54.1% para el mediterráneo oriental, 42.6% para África y 39.8% para Asia sudoriental (3). Entre los años 1990 y 2003 la proporción de hogares que consumían sal yodada aumentó del 10% al 66%; como resultado, la OMS calculó que en el año 2003 el número de países en los que los trastornos por carencia de yodo constituían un problema de salud pública había disminuido de 110 a 54. En el año 2006, 15 países habían alcanzado la meta de la eliminación continua de los trastornos por carencia de yodo. En el año 2008 se publicó la prevalencia de deficiencia de yodo, basada en la población mundial estimada para el año 2006, sin involucrar datos de países como USA y los de Europa Occidental (Tabla 1).

Para la población general, y tomando como criterio una excreción urinaria de yodo (yoduria) (6,7). Por otra parte, la ingesta de yodo es más que adecuada, e incluso excesiva en al menos 34 países de todo el mundo, lo cual puede originar un aumento del riesgo de hipertiroidismo y de enfermedad tiroidea autoinmune, recalcando la necesidad de realizar un monitoreo permanente de los programas enfocados a la prevención de los DDY.

Prevalencia de la deficiencia de yodo

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