¡Ya Vienen los Alemanes!, 2 Parte

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

Para 1901 el hijo de Warner heredó la empresa, la que vendió a los hermanos PFEIFFER, quienes tenían en San Luis una compañía de productos químicos. Los Pfeiffer dejaron de pensar en términos locales para tener una visión nacional, que luego sería global. En 1916 le compraron en Nueva York un edificio al almacén por departamentos B. Altman, y después de una serie de exitosos negocios, al iniciarse la Segunda Guerra Warner Lambert ya era conocida en el campo farmacéutico, por lo que fundó su propio instituto de investigaciones. La adquisición de Parke & Davis se logró al comienzo de los setenta.

Pfizer se convirtió en la más grande del mundo, con su participación de 7.1%. Al adquirir en forma hostil la Warner Lambert (Warner y Parke-Davis), es el dueño de ocho productos que venden más de un billón de dólares anuales, cuatro de los cuales están entre los diez medicamentos más vendidos en el mundo: La atorvastatina, un inhibidor de la HMG-Co-A reductasa, potente droga para reducir los niveles de colesterol; el amlodipino, moderno calcio-antagonista de larga duración; la sertralina, antidepresivo de última generación, y el celecoxib, Aine inhibidor de la Cox-2, analgésico y antiinflamatorio. El popular sildenafilo es también un producto de gran venta, así como el piroxicam, la azitromicina, la cetirizina, el fluconazol y la trovafloxacina. Su despensa (o “pipeline”) de productos de investigación, le permitirá por mucho tiempo permanecer en esta posición. En el año 2.002, Pfizer adquirió a Pharmacia-Upjohn-Monsanto, solidificándose como la compañía farmacéutica más grande del mundo. La historia de estas últimas empresas las mencionaremos en otro capítulo. En la primera década del siglo XXI, Pfizer adquirió a Wyeth.

Tal vez las empresas más antiguas sean las dos compañías Merck, el gigante norteamericano Merck, Sharp & Dhome y la alemana Merck Darmstadt,

ya que todo se inició con el establecimiento en 1668 de una pequeña farmacia en Darmstadt, Alemania, propiedad de Friedrich Jakob MERCK, que quedaba frente a un castillo y tenía por nombre “El signo del ángel” o “Angel apotheke” (Fig. 47-1).

Merck Darmstadt es famosa en la producción de drogas para la diabetes, la tiroides y la hipertensión entre otros. La metformina – y su nueva asociación en una sola pastilla con la glibenclamida- son de amplio uso por los diabetòlogos. En el sitio www.thyrolink.com aparece la historia de la investigación en productos para la tiroides desde 1894 con el tiroides desecado de oveja, y particular con la introducción en 1973 de su prestigiosa tiroxina. Un descendiente de Jacobo el droguista, Heinrich Emmanuel Merck, transformó el pequeño negocio en una industria farmacéutica grande hacia el año de 1827, comercializando en sus inicios morfina, codeína y cocaína.

El nieto de Heinrich, George Merck, viajó a los Estados Unidos y se estableció hacia 1900 en Rahway, New Jersey, donde en 1903 empezó a vender farmacéuticos. Su hijo, George W. Merck decidió en 1930 enfocar sus esfuerzos en la investigación farmacológica, inaugurando en 1933 el primer edificio dedicado exclusivamente al desarrollo innovativo de medicamentos, del que dijo que en ese momento era apenas un conjunto de ladrillos y morteros, pero que en el futuro conquistarían lo imposible. Y así esta compañía se convirtió en la “reina de las farmacéuticas”, con el temprano desarrollo de drogas como la vitamina B12 para el tratamiento de la anemia perniciosa, de la estreptomicina para la tuberculosis, de la cortisona para la artritis y muchas enfermedades de origen inmunológico, lo que mereció varios de los premios Nóbel.

La botica de Friedrich Jakob Merck

Selman Waksman fue uno de ellos, y afirmaba que su descubrimiento de la estreptomicina no hubiese pasado de ser una curiosidad bibliogràfica de no haber sido por Merck. Hoy en día esta es una de las compañías farmacéuticas que más invierte en investigación, por lo que por su buena cantidad de prometedores productos en desarrollo ha podido aún sobrevivir a la enorme ola de fusiones, adquisiciones y desmembraciones que han afectado a muchas de las otras farmacéuticas. Numerosas innovaciones para el tratamiento de la tensión arterial (alfa-metil-dopa, enalapril, losartàn), para la artritis (indometacina, rofecoxib), para la hipercolesterolemia (lovastatina y simvastatina), amén de numerosas otras exitosas drogas como inhibidores de leucotrienos para el asma o alendronato para la osteoporosis, cambiaron la historia natural de mortales enfermedades en la segunda mitad del siglo XX.

Merck fue una de las compañías que más debió pagar por los perjuicios causados por el estrógeno sintético dietilestilbestrol, que se prescribía en las mujeres embarazadas con amenaza de aborto, habiéndose posteriormente observado que las hijas de estas madres desarrollaron cánceres vaginales y ováricos.

Una labor muy importante de la compañía Merck ha sido la publicación ininterrumpida por décadas de una serie de libros científicos entre los que se destacan el Manual Merck de Diagnóstico y Terapéutica y el Index Merck. El primero ya va acercándose a veinte ediciones, con cerca de tres mil páginas, y es considerado un importante texto de medicina. La primera edición vio la luz hace más de 100 años, en 1899, como una publicación de Materia Médica, que se basó en la farmacopea norteamericana, para luego empezar a incluir las Indicaciones Terapéuticas, lo que lo ha convertido en un importante libro histórico para observar cómo era el ejercicio de la medicina al comenzar el siglo XX. El Índice Merck, publicado por primera vez en 1889 es actualmente la referencia estándar para más de 10.330 productos farmacéuticos de importancia, así como de productos químicos orgánicos e inorgánicos, reactivos de laboratorio y sustancias de origen animal y vegetal. Dichas publicaciones, que se pueden visitar en el ciberespacio, no están realizadas con ánimo de lucro. Tiene también un importante museo que entre otras cosas conserva los tanques y máquinas que se usaron en los cuarentas para desarrollar la producción masiva de penicilina, en la que participaron numerosas compañías norteamericanas.

George W. Merck, quien fuera presidente de la compañía que lleva su nombre y descendiente del fundador, dijo alguna vez: “Nunca olvidaremos que los medicamentos son para la gente y no para hacer utilidades. Estas vendrán por añadidura; mientras recordemos esto, nunca desaparecerán”. Algo análogo pero más romántico, se menciona en un diálogo de la película “El cartero”. El humilde servidor que lleva el correo le contesta lo siguiente al poeta Pablo Neruda, cuando este le reclama porque el cartero se ha apropiado de sus versos para enamorar a una muchacha del pueblo: “Los versos no son de quien los escribe, son de quien los necesita”.

Otra empresa que provino de Alemania fue la Schering-Plough. Ernst SCHERING inició a los 16 años su carrera farmacéutica en Berlín y once años más tarde (1851) compró allí la “botica verde”. El libro “Medicamentos en Colombia” presenta una detallada historia de este pionero alemán y de los otros empresarios que se fueron asociando en el transcurso de los años. En la botica verde, Schering se dedicó a proveer medicamentos y productos químicos para fotografía, inaugurando poco después instalaciones para manufactura de productos que fueron internacionalmente reconocidos por sus estándares de calidad y pureza. Ingresaron al mercado americano en 1880 con productos para la difteria y se establecieron allí como la compañía Schering & Glatz, que fue básicamente un distribuidor. La empresa fue nacionalizada en América en las dos oportunidades de las guerras mundiales, pero en el intermedio de las dos alcanzó a crecer bastante como Corporación Schering, constituida en Nueva York en 1928; comercializó sus productos de investigación alemana como las hormonas sexuales del tipo benzoato de estradiol o la testosterona y un laxante de volumen que fue muy popular. Abe PLOUGH por otro lado era un vendedor nato, y empezó a vender medicamentos desde los 16 años. La compañía de Plough creció en los años veinte y se hizo un fabricante líder en productos dirigidos al consumidor, antes de fusionarse con la Schering, en ese momento empresa totalmente americana pues la segunda nacionalización fue definitiva.

La Schering AG Berlín continuó como una empresa muy importante en el campo de las hormonas sexuales, y ha comercializado el estradiol bajo varias marcas, la testosterona, la ciproterona, el norgestrel y el gestodeno, estos últimos como una línea de anticonceptivos que se han vendido en asocio con Wyeth. Recientemente fue adquirida por su coterránea Bayer.

El abogado Francis Brown, guardián temporal de la empresa durante la escisión de los a los cuarenta, se constituyó en el primer gerente americano, mientras que Robert Waterman se encargó de la investigación y el desarrollo. Desde entonces ha hecho enormes aportes en el campo de las alergias y de la inmunologìa, particularmente con sus reconocidos antihistamínicos y corticosteroides, y también aminoglicòsidos como la gentamicina. También tiene una línea oncológica que tiene productos antiandrógenos para el cáncer de próstata e interferones para ciertos tipos de leucemias y hepatitis.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!