Gobiernos deben simplificar sus impuestos y combatir la evasión

Los sistemas tributarios complejos y una evasión tributaria generalizada distorsionan las decisiones de inversión de las empresas en América Latina y el Caribe; reduciendo la eficiencia de los mercados y limitando la inversión pública en infraestructura, educación y otros servicios públicos esenciales.

Esto dificulta las posibilidades productivas de las economías de la región, según un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La recaudación tributaria en América Latina y el Caribe es baja en comparación con los estándares internacionales, y se concentra en las empresas grandes. Y los impuestos son altos: en promedio llegan al 48 %por ciento de las utilidades, mientras que en los países de altos ingresos los impuestos alcanzan en promedio el 41% de las utilidades.

Además, los sistemas impositivos latinoamericanos tienen altos costos de transacción. Las empresas en esta región invierten en promedio 320 horas al año en calcular, preparar, presentar y pagar (o retener) sus impuestos; casi el doble de lo que destinan en promedio sus contrapartes en países de altos ingresos.

El proceso de recaudación de impuestos toma unas 2.600 horas en Brasil, mientras que en Granada, Dominica y Santa Lucía toma menos tiempo (ver el gráfico abajo).

Las tasas impositivas elevadas pueden desincentivar la inversión en tecnología y otras formas de mejorar la productividad; ya que los impuestos reducen las ganancias potenciales que generan esas inversiones. Por lo tanto, el estudio advierte que la productividad de las empresas del sector formal se reduce; afectando al crecimiento económico a largo plazo.

Si los gobiernos adoptan regímenes tributarios más inteligentes; pueden aumentar sus ingresos y financiar los programas sociales y de fomento a la inversión que tanto necesitan, sin perjudicar la productividad ni frenar el crecimiento.

La región necesita asegurar que sus sistemas tributarios impulsen una mejor asignación de recursos que facilite una mayor productividad: según el estudio. Esto significa no sólo simplificar los impuestos sino también reducir los impuestos a las empresas en general para reducir el nivel de informalidad.

En la actualidad, 61% de los ingresos tributarios de América Latina y el Caribe provienen de las empresas; mientras que en países industrializados, las corporaciones aportan sólo 25% de los ingresos totales.

Pero a pesar de los altos impuestos a las empresas, los ingresos tributarios latinoamericanos y caribeños representan sólo 17% del PIB; mientras en EE.UU. llegan a 27 por ciento y a 36 por ciento en los países industrializados, dice el estudio.

Los resultados del estudio son un adelanto del libro del BID La Era de la Productividad: Transformando las economías desde los cimientos; un importante estudio, cuyos resultados serán anunciados durante la reunión anual del Banco, que se llevará a cabo del 19 al 23 de marzo de 2010 en Cancún, México.

El libro —que forma parte de la serie Desarrollo en las Américas, la principal publicación académica del BID—; ofrece un análisis completo de la productividad en la región y de su impacto en el crecimiento económico.

Asimismo hace recomendaciones a los gestores de políticas públicas para ayudarlos a abordar las causas de la baja y estancada productividad.

Impuestos altos, evasión tributaria alta

Dado que las tasas tributarias y los costos de transacción de los impuestos son altos, no es de extrañar que la evasión prevalezca en América Latina, según los autores del estudio.

La evasión tributaria es generalizada en empresas grandes y chicas: las micro y pequeñas empresas en su gran mayoría no pagan impuesto alguno; y las empresas del sector formal declaran ingresos inferiores a los que tienen.

En algunos países, como Brasil y Panamá, dice el estudio, llegan a declarar apenas 60% de sus ventas.

Una encuesta de la consultora McKinsey & Company revela que, en México, casi 70% de las microempresas (empresas con 10 empleados o menos); no están registradas y por lo tanto no pagan impuestos.

Entre las empresas pequeñas y medianas, 63% declaran que sí están registradas pero que no pagan impuestos. En el caso de las grandes empresas, 48% no pagan impuestos.

La situación es aún más dramática en El Salvador. Sólo 1% de todas las microempresas y apenas 3% de todas las que no son microempresas se encuentran registradas.

La evasión es mucho menor en Chile, pero tampoco es insignificante en algunos tipos de impuestos. Se estima que 66% de los establecimientos con 10 o más trabajadores pagan menos impuesto al valor agregado (IVA) de lo que deberían; mientras 58% tributa menos de lo que debería en impuestos a las utilidades y 34 por ciento paga menos en aportes a la seguridad social.

La evasión perjudica la productividad

“El alto nivel de evasión perjudica a la productividad”, alerta Carmen Pagés, coordinadora del estudio, “ya que impide que el gobierno tenga ingresos suficientes para invertir en bienes públicos capaces de aumentar la productividad, tales como la infraestructura y la educación. Además, da a las empresas informales, que suelen ser menos productivas, una ventaja injusta en el mercado donde compiten contra las que sí pagan impuestos”

Si los gobiernos se fijan sólo en las empresas más grandes y más productivas, la evasión se convierte en un subsidio a las empresas menos productivas y en una carga adicional para las más productivas, sostiene el estudio.

Desde este punto de vista, la evasión tributaria puede reducir la productividad promedio, en la medida que la competencia de las empresas informales o evasoras reduce el mercado de las formales.

La competencia desleal del sector informal es la tercera mayor restricción para el crecimiento de las empresas en América Latina, después de la corrupción y la inestabilidad macroeconómica.

Otras restricciones al crecimiento incluyen la ineficiencia regulatoria, la alta tasa tributaria a las empresas, la delincuencia, el escaso y caro acceso al financiamiento, el alto costo de la electricidad, o la ineficiencia de la administración tributaria, según datos de la Encuesta Empresarial del Banco Mundial (World Bank Enterprise Survey), citados en la investigación.

El problema de los regímenes especiales

Con el fin de reducir la informalidad y aumentar la base tributaria, varios países de la región han adoptado regímenes fiscales especiales para las micro y pequeñas empresas.

Estos regímenes tratan de reducir los aportes laborales de los empresarios y al mismo tiempo ampliar los beneficios para los trabajadores de bajos ingresos, además de intentar reducir para el gobierno los costos de administrar la tributación de las pequeñas empresas, a fin de que la autoridad impositivas pueda dedicar recursos a la lucha contra el fraude en las grandes corporaciones.

A pesar de todas sus buenas intenciones, estos regímenes pueden perjudicar la productividad y, por consiguiente, limitar el crecimiento económico en el largo plazo. El mayor problema de estos regímenes especiales es que impulsan a las empresas pequeñas a no crecer, ya que si crecen más allá de cierto punto, pierden la preferencia tributaria, según es estudio del BID.

“Al final, estos regímenes crean incentivos para que las empresas no crezcan más allá de cierto punto”, dice Pagés. “Si invierten y crecen, pierden el tratamiento especial y sus impuestos aumentan dramáticamente. En muchas ocasiones, los impuestos adicionales que tendrán que pagar no compensan la inversión realizada en crecimiento. Por lo tanto, dejan simplemente de invertir”.

El estudio insta a los gobiernos de la región a simplificar sus regímenes tributarios, reduciendo los obstáculos y el tiempo que demandan los trámites tributarios. Además, recomienda a los países de la región establesan aumentos graduales de tasas impositivas entre los diferentes regímenes a fin de reducir las barreras que enfrentan las micro y pequeñas empresas para invertir y ampliar sus negocios.

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