Temas Libres: La Enfermería Transcultural

Una Alternativa para el Cuidado de Enfermería de la Población en Condición de Desplazamiento Forzado por la Violencia (DFV) en Colombia

Elsy Forero Beltrán*, Celmira Laza Vásquez**
* Enfermera Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Salud Comunitaria Universidad
Mariana-Convenio CINDE. Docente Facultad de Enfermería. Fundación Universitaria del Área Andina. Correspondencia: [email protected]
* Enfermera. Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud. Especialista en Epidemiología
General. Universidad El Bosque. Docente investigadora Facultad de Enfermería/Centro de Investigación
y Desarrollo. Fundación Universitaria del Área An di na. Correspondencia [email protected]
Recibido: enero de 2006
Aceptado para publicación: febrero de 2006
Actual. Enferm. 2006; 9(2):14-21

Resumen

El Desplazamiento forzado por la violencia en Colombia se desarrolla en el contexto de un conflicto social y armado de más de cuarenta años. Tiene como víctimas directas una franja de la población colombiana que presenta una importante heterogeneidad relacionada con el origen, la procedencia y el acervo cultural y étnico. El cuidado de Enfermería que se debe brindar a esta población sugiere un reto importante para los profesionales de Enfermería, dada la carga cultural, las características y el impacto negativo del DFV en esta población. Frente a este reto el profesional de Enfermería, se propone la aplicación de la Teoría del Cuidado cultural para brindar un cuidado de enfermería con una base cultural que sea idóneo para la población que en Colombia se encuentra en condición de DFV.

Palabras clave: cuidado, enfermería, desplazamiento forzado por la violencia, teoría de cuidado cultural, cultura.

Abstract

The Forced Displacement by Violence – FDV – in Colombia has developed in the context of a social and armed conflict of more than forty years. This conflict has a seg ment of the Colombian population as direct victims, which display an important heterogeneity related to their origin, source, cultural, and ethnic foundations.

The nursing care that must be given to this population suggests an important challenge for nursing professionals given their cultural load, their special characteristics and the negative impact of the FDV in this part of the population. To face this challenge, the use of the Theory of Cultural Care is proposed to the nursing professionals, to provide nursing care under a cultural basis suitable to the Colombian population in condition of FDV.

Key words: Care, nursing, forced displacement by violence, cultural care theory, culture.

El DFV en la Configuración de la Sociedad Colombiana Actual

Las condiciones históricas por las cuales está atravesando el país con respecto al conflicto social y armado que se su cede hace varias décadas y que se ha agudizado en los últimos diez años afecta y permea a toda la sociedad colombiana. Este conflicto colombiano impacta negativamente y de manera significativa a una franja de la población civil que ha sido desplazada forzada y violentamente de sus lugares de origen. Este grupo, conocido como “los nuevos colonizadores urbanos”, se ha concentrado en las principales capitales, en las medianas ciudades y en las cabeceras municipales. Ellos son los colombianos desplazados forzosa mente por la violencia en Colombia.

El desplazamiento forzado por la violencia (DFV) es hoy una de las crisis humanitarias de mayor impacto negativo e importancia en los últimos años en nuestro país, fenómeno que se ha configurado como consecuencia directa del conflicto social y armado. “En Colombia el conflicto social y armado sucede desde hace más de cuarenta años, y que se ha agudizado en la última década, ha dejado como una de las más funestas consecuencias la crisis humanitaria del desplazamiento forzado por la violencia.

El desplazamiento forzado es un fenómeno que da cuenta de las dinámicas de exclusión, impunidad e intolerancia en Colombia. Estos facto res que explican la expulsión violenta de por lo menos tres millones de compatriotas se aso cian con los procesos de concentración y uso de la tierra en función de actividades privadas que despojan a miles de campesinos, deterioran el medio ambiente y ponen en riesgo la seguridad alimentaria de amplios grupos de la población. De igual manera, se relaciona con la represión y la criminalización de las expresiones políticas de oposición, la situación de pobreza ex trema, el desconocimiento de la diversidad cultural y la ausencia histórica del Estado en algunas regiones del país”.(1)

El DFV ha dejado múltiples secuelas, tanto a las víctimas directas como a la sociedad colombiana en general. Según Harvey Suárez Morales,(2) esto se evidencia en la violación continua de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales afectando enormemente a las personas, la familia y la sociedad, ya que se desestructura la unidad familiar, las redes sociales y comunitarias.

El DFV aumenta la vulnerabilidad de las personas, una vez que se propicia el aislamiento, la soledad, el abandono, la incertidumbre del futuro y el temor permanente de perder su vida, la de sus seres queridos o amigos. Hechos que se suman al deterioro de la calidad de vida ante la falta de respuesta para satisfacer las necesidades básicas como la alimentación, la vivienda, el trabajo, la recreación, circunstancias que repercuten en la pérdida de la autoestima y la confianza para asumir el futuro como individuo, familia y colectivo.

La descomposición de las redes familiares y comunitarias sumada a la pérdida de apoyo afectivos, económicos, políticos, sociales y culturales modifica los roles, las cargas y las pautas de crianza en el interior de dichas unidades, generando tensiones, conflictos interpersonales e incluso maltrato y violencia intrafamiliar.

El DFV rompe con el sistema cultural de interpretaciones reflexivas y simbólicas del mundo de la vida. Según Claudia Duque, “El mundo de la vida integrado por tres submundos: el físico natural el cual está vinculado al hombre por razón de su existencia y su relación tanto con las cosas existentes como con las creadas por él mismo; pero además, vinculado al mundo simbólico espacio de la cultura y el lenguaje; así mismo se relaciona con otras personas, forma grupos, se relaciona con ellos y esto da lugar al mundo social”.( 3) En este contexto, el ser humano se desarrolla como persona. Allí adquiere las normas y pautas de conducta que le transfiere la cultura mediante los procesos normales de socialización, proceso relacionado con la construcción e interiorización de normas y creencias de los sistemas simbólicos y valorativos.(4) La socialización garantiza la continuidad social y cultural una vez que interioriza los códigos de control social, prohibiciones y pautas de conducta con el fin de asegurar la supervivencia de grupos y sus tradiciones, utilizando para tal fin la cercanía y el afecto. Todo es posible por que desde el inicio de la vida del niño transcurren formas prácticas de interacción profundas las cuales se arraigan y permanecen inclusive en las transformaciones más radicales.(4)

Para Berger y Luckmann, la socialización secundaria es la internalización de submundos institucionales tales como la escuela, el trabajo, la comunidad, las prácticas y tradiciones culturales; incluye la identificación de roles, asimilación de vocabularios e interpretaciones tácitas de la realidad, pero también adquiere las habilidades y destrezas propias del desempeño según la complejidad de la división del trabajo.(4)

Además de las consecuencias descritas anteriormente, la socióloga Gloria Naranjo,(1) citada por Bello, afirma que otro de los resultados nefastos del DFV es, la nueva reconfiguración espacial en las grandes ciudades colombianas que se han convertido en las principales receptoras del grueso de la población en condición de DFV. En estas ciudades, conviven en las zonas marginadas de las urbes, los habitantes de la ciudad, muchos de ellos antiguos migrantes campesinos de otras épocas; y la población desplazada por la violencia. Estos últimos, constituidos por una franja poblacional de gran heterogeneidad cultural y étnica en la cual se entremezclan y relacionan campesinos, indígenas y afrodescendientes de diferentes regiones del país y disímiles acervos culturales.

Colombia es reconocida como un país multiétnico y multicultural,(5) hecho que se hizo posible gracias a la Asamblea Constituyente de 1991, plasmado en la Carta Política de ese mismo año. Es te reconocimiento es más evidente con el fenómeno del DFV, que en la reconfiguración espacial y demográfica de las principales ciudades de nuestro país, reafirma el multiculturalismo del pueblo colombiano al conformarse barrios y comunidades enteras en las cuales cohabitan personas procedentes del campo, miembros de comunidades indígenas y afrodescendientes; entretejiendo e intentando reconstruir sus vidas con los citadinos habituales.

A pesar de que el DFV hace aún más visible la multiculturalidad y multietnicidad de los migrantes, sin embargo la multiculturalidad de la nación colombiana es tan antigua como su misma historia. Si recordamos, los pueblos nativos conformados por diversas organizaciones tribales con ciertas similitudes, pero también con diferencias como la lengua y su propia cosmo visión sobre el origen del hombre e interpretación del mundo. Si le agregamos a esto la llegada de los españoles, con su historia particular y con antecedentes interculturales de cristianos, judíos y musulmanes; y posteriormente la llegada forzada y violenta de población africana heterogénea a su vez, cuya multiculturalidad se deriva de su historia, ubicación geográfica y modos de producción.(6)

Según la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, en el 2004, el mayor número de población desplazada forzosamente provenía de los departamentos del Tolima, Putumayo, Chocó, Antioquia, Caquetá, Cauca, Norte de Santander, Guaviare Cesar y Bolívar. La mayoría de zonas rurales (74%),(7) de estos, el 33% pertenecía a comunidades negras y el 5% a diferentes pueblos indígenas.(8) En síntesis, el desplazado no se puede considerar como un grupo ni mucho menos como una clase determinada, no puede asignarse características esenciales o naturales, no se puede generalizar, ni mucho menos asignar categorías, porque de cualquier forma la definición conceptual que se acerque a una interpretación general no refleja la diversidad étnica, cultural, regional, de edad, de género, de expresión o de condiciones socioeconómicas.(9)

El DFV es un evento doloroso y traumático para todos los que lo sufren. Sin embargo, se han descrito diferencias muy precisas del impacto de este fenómeno en algunas poblaciones específicas. Al hacer una mirada del impacto de este fenómeno en los pueblos ancestrales colombianos, en el caso de las comunidades indígenas, la vulnerabilidad es mayor al verse obligados a salir de sus territorios y dada la significación de la tierra, que más que un bien material, es la fuente donde se origina la vida, se transmite, se crea y se recrea la cultura. La relación con la tierra para las comunidades indígenas significa la supervivencia física y sociocultural.(10)

Según la cosmovisión particular de los pueblos indígenas la salud y la enfermedad son conceptos estrechamente ligados al espíritu el cual no sólo pertenece al hombre sino que pertenece a las plantas, los animales y las cosas.(11) Cada cultura tiene una concepción del cuerpo humano que está encarnada y expresada en su cosmovisión. No es posible, entonces, separar la concepción del cuerpo, de la salud-enfermedad (remedios, curaciones), naturaleza, territorio, sociedad, historia entre otros; estando la coherencia de todos estos elementos asegurada, precisamente por la cosmovisión que cubre desde el mito hasta la práctica social más trivial.(12)

El DFV del pueblo indígena de su territorio significa no sólo el riesgo de enfermar y morir, debido a la mengua de satisfacción de las necesidades básicas y a su mayor vulnerabilidad en contextos socioculturales diferentes, sino a la desaparición como pueblo, una vez que se pierde ese referente de interacción de ejes materiales sociales y simbólicos;(9) reflejados en la libre expresión cotidiana en lengua nativa, la provisión de los alimentos propios y sus prácticas mágico religiosas y, finalmente, en su relación significativa con la tierra. El territorio junto con la unidad, la autonomía y la cultura son los principios que hacen parte de la visión del indígena, según la Organización Nacional de Indígenas de Colombia.(13) Esto es tan imprescindible tanto para su supervivencia física como cultural. Así, a es tas poblaciones el desplazamiento les genera pérdida y ausencia de lugar, de autonomía en su territorio, de sus alimentos, de identidad, de su historia y espiritualidad, y de sus formas de organización como pueblo.(10)

La situación de las personas y comunidades afrocolombianas desplazadas forzadamente también es bastante difícil. Según afirma José Santos, “Las comunidades negras están ubicadas en el tiempo y en el espacio en una encrucijada: sin haber superado las condiciones de un pasado de esclavización, enfrentan hoy lamentables condiciones de marginalidad, pobreza y exclusión, y el peso desproporcionado del conflicto armado en sus vidas, sus territorios, su cultura y sus proyectos, comprometiendo seriamente su futuro”.(14)

En las comunidades campesinas indígenas y las afrodescendientes, como en todas las sociedades, forman organizaciones complejas, con el fin de producir instituciones, actividades cooperativas y estructuras sociales, que adquieren una vida y estabilidad propias.( 15) Este tipo de estructuración organizativa les permite ser beneficiarios de programas sociales y acceder a formas de comunicación e intercambio de información con Instituciones Gubernamentales, políticas, Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y con la sociedad en general.

El DFV arrasa con la identidad cultural de estos pueblos y al llegar a las ciudades, entran en un choque cultural que se reflejan e impactan en las diferentes esferas del desarrollo humano, lo cual afecta notablemente la salud y las formas del cuidado de las comunidades.

El DFV: un nuevo reto para las enfermeras(os) y para el cuidado de la salud

En el panorama actual del conflicto armado, guerra, violencia, migraciones forzadas y vulneración de los Derechos Humanos de una importante franja de la población y de la sociedad colombiana en general es el escenario de la práctica actual de las enfermeras (os) colombianos. Este cuadro no parece cambiar prontamente dadas el resto de condiciones que presenta el país.

Las migraciones han sido un fenómeno frecuente en la historia de Colombia, siendo más evidente en ciertos periodos de tiempo y acelerados por causas naturales o provocados por el hombre. El DFV ha originado el mayor desplazamiento de la población en Colombia en los últimos veinte años, causando graves problemas en diversas proporciones y en diferentes ejes del desarrollo socioeconómico de los pueblos, en el aspecto económico la destrucción de cultivos, pérdida de ganado, incendios de casas, lucro cesante por la desocupación forzada de fincas.(16) Por otra parte las implicaciones emocionales, psicológicas y afectivas son de dimensiones inimaginables, si se tiene en cuenta la alteración abrupta de la cotidianidad de los individuos entendida como ese entramado de las interacciones formales e informales, rituales y ceremonias, formas de comunicación, donde se involucran diversos actores, normas para la interacción que permiten afirmar la vida cotidiana.(4)

Las implicaciones económicas generadas por el DFV, el deterioro social, la marginalidad, los cambios en el perfil epidemiológico pueden tener aproximaciones al dimensionar la magnitud, por que son hechos observables, medibles y cuantificables. Sin embargo, la evaluación del impacto emocional, psicológico y cultural son intangibles. El dolor, el miedo, la añoranza de los seres queridos, los animales, la tierra son huellas indelebles que acompañarán siempre los recuerdos de las víctimas del desplazamiento. “Es una situación de dolor difícil de explicar y expresar en palabras ya que las personas que no lo han padecido no logran entenderlo”.(17)

Frente al panorama del DFV en Colombia, el nuevo reto para la sociedad colombiana es grande y arduo. Sin embargo, el interés de este artículo es configurar una idea del reto específico que tiene el profesional de enfermería para el cuidado de la salud de la población en condición de desplazamiento forzado.

A pesar de la normatividad existente tanto para la población en condición de DFV y las minorías étnicas, en la que se ha avanzado mucho, se ha evidenciado la problemática para brindar cuidado de la salud y la prevención de la enfermedad en esta población, debido tal vez, a las pocas herramientas conceptuales y habilidades para el desarrollo del cuidado culturalmente competente basadas en la comunicación, la interpretación de los procesos de salud y enfermedad y la cosmovisión diferente a la cultura occidental.

No obstante la normatividad jurídica respecto al reconocimiento de la nación multiétnica y multicultural, el Estado las ha llevado parcialmente a la práctica;(18) aparece más como una promulgación simbólica que no se aplica y se concentra en el discurso jurídico con el fin de mostrar unas normas que carecen de recursos institucionales y acciones concretas sistemáticas(19) a la hora de prestar los servicios sociales a los sujetos de estos derechos; y que se den teniendo en cuenta sus condiciones particulares. Sin embargo, no se puede desconocer el significado que para las minorías étnicas tienen estos avances; dado que durante siglos fueron desconocidas en todos los aspectos de los programas de desarrollo sociales económicos y culturales.

Hechos del Callejón

Técnicos y políticos de diferentes niveles y en todas las épocas trazaron sus planes de desarrollo de manera vertical, centralizada y dirigido a poblaciones homogéneas. El hecho de que exista la norma general propicia cambios en la conciencia de las personas objeto de los programas y empiece a exigir que estos se adecuen a las comunidades respetando sus creencias usos y costumbres; además que se hicieran de forma participativa.

De hecho ya se ha manifestado la inquietud de las minorías étnicas, principalmente los pueblos indígenas. Su preocupación radica en que se tiene el acceso a programas educativos básicos y media, no así a programas de educación superior, en donde son manifiestas las carencias en cuanto a cobertura y contenidos curriculares adecuados.(19)

En relación con la normatividad expresada en la ley con respecto a salud no ha sido suficiente para que el cuidado de la salud en la realidad se aplique según los aspectos propios de las etnias y culturas de nuestro país.

Aunque la formación del profesional de enfermería ha dado grandes transformaciones si se tiene en cuenta que durante varias décadas del siglo XX fue orientada por su influencia positivista, con enfoque biológico, individua lista y fragmentario del ser humano cuyo objeto de estudio es la enfermedad; los cambios históricos, económicos y sociales propiciaron la apertura de los currículos al concebir al hombre como un ser biosicosocial exigiendo para el cumplimiento de este propósito la participación plena de las ciencias sociales tanto en la teoría como en la práctica.(20)

La formación integral del profesional de enfermería le permite a éste brindar cuidado bajo el principio de integralidad.(21) La proporción del cuidado bajo este principio asume al sujeto en sus múltiples dimensiones tanto en su aspecto físico, biológico, psíquico, espiritual, social, económico y cultural. Pero en la realidad el cuidado de salud que brinda enfermería sigue siendo individualista y centrado en lo biológico. Hay ciertas dificultades para brindar cuidado integral al individuo, atribuidas al sistema de salud, centrado en el individuo, medicalizado, descontextualizado y con primacía de lo económico. En lo relacionado con el recurso humano, hay que tener en cuenta la deslaborización, la sobre carga de trabajo y la despersonaliza ión del profesional de salud.

Sin embargo, el cuidado puede acercarse en el aspecto biosicosocial cuando se presenta la ocasión, como en los elementos del ambiente y la familia;( 22) pero en nuestra realidad algunos aspectos dificultan ese acerca miento. Esto se debe a la rigidez de las instituciones, los horarios de visita limitados, falta de espacios físicos y de tiempo; y la falta de accesibilidad de los profesionales para el diálogo entre familiares, personal de salud y paciente.

Si nos vamos al abordaje de la dimensión cultural de los individuos sujetos del cuidado de enfermería se presentan otras dificultades, pues a lo anterior habría que sumarle otros aspectos como es el desconocimiento parcial de las prácticas y cuidado de la salud desde la perspectiva cultural, además de las relaciones de causalidad mágicoreligiosa y sobrenaturales referidas a realidades no explicitas y derivadas de la relación intersubjetiva:

Es decir un mundo de realidades conocidas en común(23) que escapan a la lógica racional de los profesionales de la salud. En este contexto es necesaria la apertura del pensamiento para acercarse al estudio y comprensión de otros saberes que expliquen los conceptos de salud y enfermedad que tienen las comunidades según su origen y cultura como lo es el concepto del cuerpo y la explicación de enfermedad.(24)

Las universidades y las facultades de Enfermería han mostrado avances en la apertura del pensamiento acorde con la Constitución Nacional del 1991, en la cual se reconoce la diversidad cultural y étnica de la nación; propiciando los espacios para la reconstrucción de los modelos de formación en los programas adicionándose las fuentes teóricas que nutren la disciplina de la teoría transcultural.

No obstante, esto no sólo debe darse en el discurrir del análisis de las teorías, sino que además, debe llevarse a la práctica. Para lo anterior es necesario acudir a otras fuentes. Prescindiendo de la rigurosidad y racionalidad que exige la ciencia, de manera que proporcione un amplio marco y promuevan la relación con otros saberes y conocimientos; otras maneras de habitar, sentir y pensar el mundo.(25)

Índice Enfermería Vol 9 No. 2 El Cuidado Cultural

 

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