Enfermería en el Tercer Milenio: Fin de la Ética del Sacrificio

* Adaptado y abreviado del presentado por la autora a la Universidad
Autónoma de Coahuila, México, dentro de la consulta para reforma curricular en Enfermería (2003).** Enfermera. Psicóloga. Magíster en Desarrollo Educativo y Social. Hospital Santa Sofía de Caldas. Profesora Ad Honoren, Enfermería Universidad de Caldas, Manizales, [email protected] Actual. Enferm. 2004; 7(1):15-19

En este comienzo de siglo y de milenio, asistimos a una ruptura y derrumbamiento de viejos paradigmas, en cuanto a la concepción, la percepción del mundo, de la sociedad y de la ciencia.

Un nuevo concepto integral de la salud, incorpora dentro del proceso de atención, acciones de autocuidado, de prevención y de curación; las cuales, plantean la necesidad de que el profesional de la salud rompa con la concepción mecanicista que imperó por muchos siglos, por una visión más amplia integral, holística y humana.

Nos señala Abascal Ramos (2001), que consultada una abundante bibliografía sobre cuál es la misión de la enfermería, en lo referente a su ejercicio y al concepto de cuidado, se han identificado:

“Cuidado como: trato humano (un modo humano de ser) al que se le incorporan conocimientos y habilidades; cuidado como imperativo ético y moral (compromiso personal de mantener la dignidad e integralidad de las personas); cuidado como afecto (implicación emocional, empatía, intimidad); cuidado como atención biológica (búsqueda de resultados fisiológicos como indicadores de cuidados) y por último, cuidado como acción terapéutica en la que el paciente percibe sus necesidades y demanda el tipo de cuidado que precisa; la enfermería como profesión ofrece acciones encaminadas a satisfacer dichas necesidades” .(1)

La nueva visión abre el camino a una práctica de salud más humana y más integral, por tanto, se hace necesario que los nuevos Profesionales en Enfermería integren los saberes sobre la salud, con los comportamientos éticos que deben acompañar a las prácticas y que, finalmente, este quehacer profesional, sea una estética para el desarrollo y sostenibilidad del fenómeno que llamamos vida en el universo.

Estos tres momentos: el conocimiento, la ética y la estética se fundamentan a sí mismos dentro de las prácticas de la salud y se integran en el proceso de atención en una forma holística, integradora e integrante del profesional de enfermería.

El primer momento: hace referencia al Saber de la salud, como conjunto de conocimientos de carácter científico y práctico, propias de las ciencias de la vida, las cuales sirven para mantener, prevenir, y preservar la vida. De la interrelación y articulación de estas áreas, tanto a nivel vertical como horizontal, depende que este saber, en su referencia objetiva o práctica de salud, produzca los resultados de un ejercicio Profesional en Enfermería.

El segundo momento: el actuar ético, es uno de los rasgos que singularizan al ser humano, es el de poder obrar con toda la libertad en su forma de asumir y andar por el mundo; tal singularidad es muestra de la presencia de valores éticos, gracias a ellos la existencia humana adquiere sentido, de ahí nace la perentoria obligación de conservar el valor ético fundamental de preservar la propia vida y la de los demás, ya que la ética es una forma de vida, una manera de ser, un principio que se ha transformado en una conducta efectiva, que incide en la forma como nos relacionamos con la vida, la muerte, el amor, la sexualidad, con los otros, no como un mero ideal utópico, sino que es la efectividad de este principio vuelto conducta en el sujeto.Finalmente, el tercer momento: el momento estético, se refiere al respeto, al cuidado y a la conservación de la vida, con entendimiento, pasión y amor dentro de un concepto renovado de lo vivo. Porque cuando hablamos de vida, hablamos de un concepto amplio, que parte de las múltiples relaciones del tejido, de la trama y la urdimbre de la vida. La vida entendida así, como valor ético fundamental, es un acto estético de creatividad y es una categoría de reflexión que encierra todas aquellas expresiones sobre el fenómeno viviente, humano, del planeta o cualquier manifestación vital del Universo.

De La Ética de la Sumisión a una Estética de la Vida

Si rastreamos el desarrollo de la Profesión de Enfermería nos daremos cuenta que a pesar de los avances profesionales, ha permanecido muy apegada a los esquemas tradicionales centrados en la beneficencia y el recato. Para Florence Nightingale, (identificada como pionera de la profesión), las virtudes que deben caracterizar a una buena enfermera son:

“Una enfermera debe ser una persona de la que se pueda uno fiar, en otras palabras, capaz de ser enfermera de confianza… No puede ser chismosa, ni ligera charlatana; nunca debe contestar preguntas sobre su enfermo; … debe ser estrictamente moderada y honesta, pero, más que esto, debe ser una mujer religiosa y devota; ha de respetar su propia vocación, porque con frecuencia se coloca en sus manos el precioso don de la vida; debe ser una minuciosa, fiel y rápida observadora, y ha de ser una mujer de buenos y delicados sentimientos”. (1)

Esta caracterización definió durante todo el siglo XX la misión y el papel de la profesión de enfermería, y muy a pesar, de la incansable búsqueda por establecer una profesión liberal, la mayoría de los perfiles expresados a lo largo del pasado siglo, se enmarcaron dentro de este código ético, que si bien, logró emancipar un poco el concepto del cuidado, dejó aún subsumido el perfil profesional de la Enfermería en una ética de la sumisión.

Una necesidad fundamental de la enfermería es ser reconocida, respetada y apoyada como profesión vital para la humanidad. Es parte de su naturaleza y de su sustrato ético y científico, poseer una eficacia activa y una buena potencia moral, para así trasmitirla a los (as) que sufren la enfermedad o requieren sus saberes y talentos. Promover una ruptura con la ética de la sumisión, proponemos directamente una secularización de la cultura profesional, porque quienes actualmente cuidamos a los enfermos y, en general, ejercemos esta profesión desde los diferentes campos de desempeño ético y estético, buscamos potenciar nuestra fuerza moral y, por ende, el reconocimiento social e institucional. Un proceso de secularización de la profesión reforzaría la concepción moderna y liberal, al igual que restauraría vestigios y secuelas de docilidad y pasividad impuestos soterradamente por siglos en su ejercicio:“La secularización de la cultura requiere poner de presente los hitos o los puntos en que se hace un uso acrítico de íconos, de símbolos y, por tanto, de lenguaje proveniente de las formas simbólicas religiosas”.(2)Hemos reflexionado e investigado sobre la enfermería y sobre su historia y, fruto de ello, propendemos por desarrollar una ética y una estética, apoyadas en un proceso de secularización, que potencie la energía moral de quienes la ejercemos y restaure de una vez por todas, equívocos culturales mantenidos por la tradición.

El Imperio de la Ideología del Mártir

Con el advenimiento del cristianismo a la historia de Occidente, el cuidado y atención de los enfermos, fue ejercido en su mayoría por hombres y mujeres que habían consagrado sus vidas a la promoción de los ideales cristianos. De los siglos XII a XIV predominaron organizaciones religiosomilitares que buscaban liberar a Jerusalén del dominio Musulmán. La reconquista de los lugares santos, obligó a los cristianos a movilizarse hacia Asia Menor con las órdenes religiosomilitares y ejércitos, en arduas travesías, que forzaron la creación de ciertos sistemas más organizados del cuidado y atención a enfermos, heridos y moribundos. En las Guerras de las Cruzadas se encuentran las primeras organizaciones formales del cuidado y atención a los enfermos.Las Cruzadas Cristianas son un punto importante de referencia en la historia de la enfermería. Los horrores, que generaron la distorsión de esta gran fuerza humanitaria y emancipadora que portaba el cristianismo, dejaron una profunda huella de mortificación y subvaloración en el inconsciente colectivo de profesiones que, como la enfermería, se religaron desde sus orígenes a órdenes religiosas:“El esfuerzo cristiano dio sus frutos.

Los principales fueron un planteamiento evidentemente humanitario del cuidado de los enfermos y de los pobres y el desarrollo de los servicios de enfermería organizados. Los aspectos positivos de la herencia de la enfermería a partir de las enseñanzas cristianas son evidentes y se han identificado específicamente. No obstante, este pensamiento religioso obstaculizó el proceso de la enfermería. Dado que la enfermería se relacionó estrechamente con la religión y las órdenes religiosas, la disciplina estricta se convirtió en un modo de vida. Quienes se dedican a la tarea de enfermeros acabaron por ser adiestrados para la docilidad, pasividad, humildad y un desprecio total de sí mismos. Se promulgó una obediencia incontestable a la decisión de otros estamentos de rango superior, generalmente el sacerdote o el médico. Así, el criterio individual de la enfermería y la responsabilidad personal para tomar decisiones en relación con el cuidado de los pacientes fueron olvidados y permanecieron totalmente ajenos a la enfermería durante mucho tiempo”.(3)La profesión de enfermera fue, por siglos, fundamentada sutilmente por prédicas maximalistas que sólo daban crédito a las normas dolorosas de una ética que exigía permanentes auto sacrificios y renuncias. El cristianismo antiguo dotó a la profesión de un pesado fardo de deberes, obligaciones y sacrificios. El ejercicio a través de muchos años fue doloroso, arduo y muchas veces hasta indeseable; éste ha sido un costo oneroso para cientos de mujeres que han consagrado su vida al cuidado científico y humanitario del enfermo, sin compartir la ética del sacrificio y de la mortificación:

“No hace tantos años como para que no lo recordemos, el coraje y la heroicidad eran uno de los valores más preciados socialmente. En relación con la patria, con la nación y también desde la fe religiosa, el coraje de los militantes era una pieza indispensable para construir la ciudad de los hombres o la ciudad de Dios. Algo quedaba de aquello de que la sangre de los mártires fue semilla de cristianos: la renuncia, el sufrimiento voluntario, eran oblación ineludibles para fecundar cualquier causa humana o divina (…)”. (4)

Rituales Fundacionales de la Ética del Sacrificio

La exomologesis como la expresa Michael Foucault en su libro “Tecnologías del Yo” (1991), consistía en un ritual cristiano de los primeros siglos, que exigía una sujeción a ciertas reglas referidas al vestir y a prohibiciones sobre el sexo y el placer. Dentro de sus estatutos se encontraba la obligación de solicitar la penitencia, el reconocimiento dramático de la condición de pecador y el anhelo de la flagelación. Los actos por los cuales los cristianos se castigaban a sí mismos, estaban íntimamente relacionados con el reconocerse como pecadores y penitentes. El autocastigo y la expresión del yo, constituían un mismo ritual. Probar el sufrimiento, demostrar la vergüenza, hacer visible la humildad y la modestia, eran rasgos principales de la mortificación y de la penitencia. La confesión pública o privada del pecado y la impureza, era una forma de borrarla y de retornar la pureza adquirida por el bautismo. El mostrar al sujeto lleno de pecado y de impurezas, fueron las principales representaciones que de sí tenían los cristianos antiguos. Es importante insistir, dice Foucault, en que la exomologesis no es verbal, es, ante todo, simbólica, ritual y teatral.

La exagoureusis es otro ritual del cristianismo del siglo IV, referido a la obediencia y a la contemplación. El sentimiento de la obediencia no se basaba solamente en la necesidad del perfeccionamiento del sí mismo, sino que se debía acceder a la vida monástica y mantener este espíritu como un sacrifico permanente del control completo que de la conducta tenía el maestro sobre el discípulo:

“La exagoureusis. Se trata de una analítica y continua verbalización de los pensamientos llevada a cabo en la relación de la más completa obediencia hacia otro, esta relación está configurada por la renuncia al propio deseo de cada uno y de su propio yo”. (5)

El cristianismo antiguo concedió también una importancia considerable al papel del Dios pastor y su pueblo rebaño. Práctica que consistía en asegurar por parte del pastor, la protección del rebaño y de todas y cada una de las ovejas. El pastor dispone una ruta para su rebaño: o bien conducirlo hasta los mejores pastos o bien llevarlo de nuevo al redil. La metáfora del Diospastor y su pueblo rebaño, comporta una relación de sumisión a las figuras jerárquicas. La relación del pastor con sus ovejas se concebía como una relación jerárquica de total dependencia; el lazo con el pastor era un lazo de sumisión; las ovejas debían someterse a las directrices permanentes de sus pastores; ser guiado constituía un estado permanente para los feligreses, perpetuando en la mayoría de los casos, la condición de minoría de edad y de culpabilidad e incapacidad, o en otras palabras, la renuncia a la libertad de conciencia y a la ilustración:

“La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su culpa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro ¡sapere aude! ¡ ! ten el valor de servirte de tu propia razón! he aquí el lema de la ilustración (…)”. (E. Kant. ¿Que significa la ilustración?). (6) Las prácticas de confesión, de alineación de conciencia, de guianza permanente y de obediencia total: tenían por finalidad la “mortificación”. Esta era la renuncia por parte de quienes las profesaban al mundo y a sí mismos.

Algunos rituales del cristianismo antiguo como la exomologesis, la exagoureusis y el Diospastor y su pueblo rebaño; imprimieron en el espíritu de la profesión de enfermería, una ética de la mortificación y del sacrificio; ello con el fin de trasmitir el ideal cristiano que consagraba: “la salvación del alma sólo en la medida del sufrimiento y del dolor”. Así se dio paso por siglos al imperio de la ideología del mártir.

¿Crisis de Fundamentos y de Valores?

Hay una crisis ética en la enfermería contemporánea, pero no tanto porque se estén perdiendo unos valores centrales, sino por que se está poniendo en cuestión el modo tradicional de acceder a estos valores y la manera como debe encarnarse los mismos; empezamos a cuestionar nuestras convicciones morales fundacionales y a dudar de la veracidad de las mismas. Esto se deriva de la sencilla razón que actualmente enfermeras y enfermeros, no damos más crédito a la ética del sacrificio, consideramos que ya han sido suficientes los siglos orientados por esta ideología. En cambio, sí damos crédito a una ética indolora que no exige auto sacrificios y desconsuelos.

Decimos al unísono: no a la ética del camello, cargada de pesados deberes, sanciones, exigencias y demás neurosis que de allí proceden; sí a la enfermería plena de quicio vital, que enfrenta su deber con entusiasmo moral y eficacia activa, consciente de que con su accionar está tejiendo sociedad y bienestar:

” Acogiéndose al bello rótulo de Guyau Une mórale Sans obligation, ni sanction viene Lipovetsky a proclamar en su trabajo que ha visto su fin lo que él denomina “moralismo”, es decir, la época de la moral del camello cargado de pesados deberes de que ya Nietzsche hablara, y que hemos entrado en una nueva era, alérgica a las obligaciones y las sanciones, las exigencias y los imperativos morales; vivimos en “una sociedad cansada de prédicas maximalistas, que no da crédito sino a las normas indoloras de la vida ética”, de una ética que no exige autosacrificios”. (4)

Estimular una ética indolora, no nos hace menos disciplinadas y entusiastas en el cuidado del enfermo, y no por ello, dejamos de plantearnos exigencias provenientes más de la coherencia con un principio de solidaridad, que de la salvación del alma a través del dolor y del sufrimiento. Propendemos por una eficacia vital nacida de una ética secular centrada en la responsabilidad. Compartimos con Guyau y Lipovestsky la importancia de una moral sin pesadas obligaciones y sanciones. Rechazamos el sacrificio por el sacrificio. Por asistir a un cambio considerable del modo de percibir los valores morales, muchas de las enfermeras del siglo XXI, no queremos más ser heroínas, santas o mártires. Ya murió el milenio de los autosacrificios y sufrimientos, ahora surge el de la fuerza moral y el entusiasmo indoloros.

Ética de la Eficacia Activa

Las enfermeras de fin del pasado milenio y principio de este nuevo, que hemos abogado por una secularización de la enfermería; preferimos a una profesión y a unas profesionales plenas de eficacia vital y entusiasmo, que partiendo de un proceso de ilustración científica e histórica, y de un compromiso vital de potenciar las prácticas y la autonomía de las mismas, fomenten un espíritu solidario, responsable y vigoroso, que reemplace la transmisión acrítica de viejos esquemas portadores de hegemonías y desequilibrios de la sociedad, la salud y los géneros:“(…) Recordando para empezar, como en otras ocasiones, que no entiendo por “moral” un conjunto de mandatos que obligan a los seres Humanos, sino en el sentido de Ortega, cuando dice que la moral no es algo que nos viene de fuera, sino que una persona o una sociedad está alta de moral cuando está en su pleno quicio y eficacia vital. Los valores morales tienen que ver con ese estar en forma de las sociedades, con ese estar en plena eficacia vital”. “(…) Por eso, está alta de moral una persona o una sociedad seguía diciendo con toda razón Ortega cuando “está en su quicio y en su plena eficacia vital”, cuando le sobran agallas para enfrentar la vida; está desmoralizado, por contra, el desquiciado, el que ha perdido la medida humana”. (4)Ciertas ideologías antiguas ya no parecen tener sentido, ya no motivan nuestros corazones y nuestros espíritus; nos parece que costaron sacrificios en balde, y que más que potenciar, lesionaron y deterioraron la moral del profesional de enfermería. La renuncia y el sufrimiento voluntario fueron por siglos oblaciones ineludibles a la misma. Hoy después de años de ejercicio no apoyamos más esa ética; además de considerarnos alérgicas a los sermones, al sacrificio por el sacrificio, a la culpabilización y a toda la suerte de figuras que de allí procedan; creemos y sustentamos, que existen valores modernos con la suficiente fuerza moral como para sustituir el sacrificio como sustrato ético de la enfermería. Por consiguiente, propender por una secularización de la enfermería demanda un control en la trasmisión acrítica y arreflexiva de sentimientos, símbolos y figuras religiosas, que contienen una carga negativa para la autonomía e independencia de la profesión; son entre otras: el patriarcalismo, la erotofobia, la sumisión acrítica a figuras jerárquicas, fatalismos y chivos expiatorios, estados de minoría de edad culpable, mesianismos y espera del paraíso, sentimientos de mortificación y sacrificio, reafirmación de objetos simbólicos con carácter iconizado uniformes, tocas, himnos, escudos etc.(7) Respetando la religión cristiana y su prodigioso potencial en el desarrollo humano y profesional, discrepo sobre la ética de la mortificación, porque y a la luz del pensamiento moderno y del ejercicio contemporáneo rebaja el potencial moral de quienes ejercemos actualmente la enfermería; desgasta, desanima y desalienta. Discrepo porque creo que esta profesión y muchos de sus profesionales estamos dando a las instituciones donde laboramos lo mejor de nuestros espíritus emprendedores y altruistas, entonces, ¿por qué? y ¿para qué? una ética del sufrimiento, del dolor y de la obediencia; ¿por qué no? una ética de la responsabilidad, del quicio moral y del reconocimiento.

Nuevo Milenio, Nuevas Ideologías

Uno de los cambios que se avecinan en este milenio, para el sustrato ético de nuestra profesión, consiste en que hemos pasado de una ética de la mortificación y de la obediencia acrítica y arreflexiva, a una ética de la solidaridad y de la eficacia activa:“El valor solidaridad constituye una versión secularizada del valor fraternidad, que es el tercero de los que defendió la Revolución Francesa. La fraternidad exige en buena ley que todas las personas sean hijas del mismo padre, idea difícil de defender sin un trasfondo religioso común. Por eso la fraternidad de origen religioso cristaliza, secularizada, en la solidaridad; uno de los valores más necesarios para acondicionar la existencia humana y que sea habitable, en la línea de lo que veníamos diciendo”. (4)

Llegó el tiempo que enfermeros y enfermeras en el mundo, asumamos el protagonismo de la vida moral de nuestra profesión, porque nos compete la tarea de juzgar nuestros actos, tanto así como del sustrato ético de la profesión que ejercemos. Por esta misma razón urge una formación sobre las cuestiones morales que atañen a la profesión y a la sociedad, puesto que en lo moral y en lo ético que compete a la enfermería y a sus profesionales ya no existen representantes:

“sucede, pues, por el momento que la moral del deber por el deber ya no parece tener sentido y, por otra parte, que las respuestas ya no vienen dadas, sino que hay que buscarlas”. (4)

Es urgente, a mi juicio, fortalecer la energía moral de la enfermera(o) y de la enfermería, desde una ética que comprometa toda su fuerza en construir nuevos imaginarios éticos y morales para la profesión; porque en últimas, el nivel moral de la profesión es el nivel moral de enfermeros y enfermeras que la ejercemos. Ser sujetos de nuestra propia historia y de nuestra propia ideología, desarrolla la autonomía y responsabilidad suficientes como para elevar pretensiones de validez propias y crear la ilusión necesaria para hacer de ellas un sustrato ético, que convoque nuevas legitimidades, créditos y razones, más libres y coherentes.Atender con calidad y gusto a los enfermos, potenciar la humanización y eficacia de las prácticas profesionales y responder con responsabilidad por la realidad con la que tenemos que habérnosla, nos mantendrá en una permanente búsqueda ética y estética del quehacer de la enfermería.

Referencias Bibliográficas

1. Abascal R. Consideraciones acerca de la aplicación de una ética renovada al proceso de atención de enfermería. Habana, Cuba 2001. 2. Vargas G. La modernidad en Colombia: La secularización de la cultura. Revista Foro. Nov. 1993:108.
3. Donahue MP. Historia de la Enfermería. Versión española de la obra original “Nursing, the finest art. An Illustrated History”. Madrid: Doyma, 1993. p. 98.
4. Cortina A. El mundo de los valores. “Ética mínima” y educación. Bogotá: El Búho, 1997. p.84105.
5. Foucault M. Tecnologías del Yo. Barcelona: Paidós 1991. p.93.
6. Kant I. Respuesta a la pregunta: ¿qué es la ilustración? Universidad Nacional de Colombia. Revista Colombiana de Psicología No 3, Bogotá, MCMXCIV p. 710.
7. Alvarez Chica, AM. Aproximación a los universos simbólicos e imaginarios de la Enfermería. Una mirada desde la secularización cultural. Tesis de grado, Maestría en Desarrollo Educativo y Social, Universidad Pedagógica Nacional, Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano CINDE, Manizales, 1995.

Bibliografía

• Barrio IM. Humanización de enfermería y bioética. En: Bermedo JC. Humanizar la salud. Humanización y relación de ayuda en enfermería. Madrid: San Pablo, 1997; 51-67.
• Bonilla C. JC. Bioética y Posmodernidad. En: Hacia la promoción de la salud. Vol. 7. Universidad de Caldas, 2002.
• Cortina A. Ética sin moral. Madrid: Tecnos, 1998.
• Cortina A. Ética de la empresa. Madrid: Trotta, 1994.
• Declaración de la Conferencia Internacional de Promoción de la Salud. Promoción de la Salud y Equidad. Bogotá, 1992.• Eco U, Martini CM. ¿En qué creen Los que no creen? Un diálogo sobre la ética en el fin de milenio. Bogotá: Planeta, 1999.• Jamieson E, y col. Historia de la enfermería.

Enfermería Vol 07 No. 1 Nueva Ley Laboral y de Protección Social

 

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