Historia de la Medicina, Historia de la Lepra Ayer, Hoy y Mañana

Académico Roberto de Zubiría Consuegra
Dr. Germán Rodríguez Rodríguez

“La Lepra es una enfermedad muy enigmática”

Generalidades

La Lepra fue una de las primeras enfermedades descritas en el mundo antiguo; y caracterizada por cambios muy severos en el aspecto físico de los enfermos: las manchas, los tubérculos y los lepromas daban a la cara un aspecto de león por lo que la enfermedad se llamó leonina. Como también producía hipertrofia de las capas dérmicas y subdérmicas, semejaba la piel de un elefante, y también se llamó elefantiasis.

La enfermedad se caracterizaba por su evolución crónica y progresiva y habitualmente por su incurabilidad. Por la gravedad de sus manifestaciones, en los primeros tiempos de la historia se explicó como un terrible castigo enviado por Dios. Las medidas preventivas adoptadas por el pueblo judío, con los enfermos, su aislamiento y retiro de la sociedad permiten suponer que la consideraban contagiosa y posiblemente el aislamiento de los leprosos fue una de las primeras medidas de Salud Pública, que persistieron hasta mediados del siglo XX.

Los primeros médicos griegos y romanos se preguntaron si la enfermedad era comunicable o hereditaria y durante muchos siglos se especuló sobre las dos teorías.

El año de 1874, Armauer Hansen, natural de Bergen (Noruega), país donde la lepra era epidémica descubrió el bacilo productor de la enfermedad y demostró como lo había sospechado que la enfermedad era de carácter infeccioso[1]. Sin embargo la manera como se trasmitía estaba aún muy oscura.

¿Por qué razón, se preguntaban los investigadores, la lepra se trasmite a unas pocas personas y la mayoría permanecen indemnes a ella? Solo hasta el año de 1923 el investigador japonés Mitsuda encontró la explicación que dio la respuesta a un problema que no había podido ser resuelto. Mitsuda empezó a trabajar con pacientes que presentaban las formas más graves de la enfermedad, (lepromatosas) y los que cursaban con las más benignas (tuberculoides ) y tomó como controles los sujetos normales y los enfermeros que habían permanecido en los leprocomios, sin que se hubieran contagiado con la enfermedad.

Para el efecto preparó una suspensión de bacilos de Hansen obtenida de lepromas y esterilizada por el calor a la que se añadía ácido fénico. Luego inyectaba 0,05 ml de la preparación por vía intradérmica. A los 21 días observó que en los pacientes de forma lepromatosa la reacción era negativa y solo se producía un pequeño edema, pero sin eritema o papula. En los sujetos normales y los enfermeros que no se contagiaban y en los que padecían de la forma tuberculoide, la reacción fue de mayor intensidad.

El descubrimiento aclaró en gran parte la manera como algunos pacientes adquirían la enfermedad y otros no. Había sujetos con muy pocas defensas inmunológicas contra el bacilo de Hansen, que se contagiaban con gran facilidad y desarrollaban las formas graves y los que tenían mejores defensas desarrollaban las formas más benignas. El resto de la población tenía excelentes defensas y no se contagiaba. Entre los que se contagiaban había un 20 % de formas malignas y 80% de formas benignas.

Posteriormente aparecieron, ya bien entrado el siglo XX los medicamentos.

Con acción bactericida logró controlarse la enfermedad.

Las lesiones dermatológicas que voy a presentarles más adelante, no se encuentran en la actualidad y pertenecen a la historia de la enfermedad.

Descripciones en el mundo antiguo

En el pueblo egipcio se encuentran citas de pacientes con lepra en los milenios III y II a. C. En el Antiguo Testamento (1850 a.C.) y en el Nuevo Testamento, Historia de la Medicina existen citas que hacen pensar que la enfermedad era conocida desde la más remota antigüedad.

En libro de los “Números”, 13,1 aparece la descripción de la “lepra”:

“Cuando tenga uno en su carne alguna mancha escamosa, o un conjunto de ellas, o una mancha blanca, brillante , …y se presente así en la piel de la carne la plaga de la lepra, será llevado a Aaron ….El sacerdote examinará la plaga ..y si viere que los pelos se han vuelto blancos y que la parte afectada está más hundida que el resto de la piel, es plaga de lepra”.

En la Biblia se describen ulceraciones, cicatrices y es muy enfática sobre la evolución crónica y la progresión de la enfermedad.

La idea de la peligrosidad de la enfermedad y la posibilidad del contagio hicieron obligatorio su aislamiento y la separación de las personas sanas.

En el libro de Job 2, 7:8, posiblemente hay una referencia de una enfermedad que podría corresponder a la lepra:

“Salió Satán de la presencia de Yhavé e hirió a Job con una ulceración maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Rascábase con un tejón y estaba sentado sobre ceniza!”.

…El nombre hebreo de la enfermedad era “Tsarath” o “Zaarath” y posiblemente describía muchas enfermedades de la piel con ese nombre.

Hipócrates (430 – 360 a.C.)

El “padre de la Medicina” empezó a modificar la nosología de muchas enfermedades basándose en una minuciosa observación clínica. En su escrito sobre los aforismos, citó la Lepra y con su gran profundidad clínica, empezó a diferenciarla de otras enfermedades cutáneas:

“En la primavera son frecuentes algunas enfermedades: la Lepra, el Vitiligo, las erupciones con ulceraciones…”[2].

Los médicos griegos y más tarde los romanos, traductores de los griegos, siguieron usando la palabra lepra para denominar dos enfermedades cutáneas, la mayoría de tipo escamoso y consideradas diferentes.

De ahí surgieron dos enfermedades, que se consideraban diferentes: la Elefantiasis de los griegos y la Elefantiasis de los árabes[3].

Otro autor, discípulo de Epicuro, Lucrecio (siglo I a.C.) publicó en Roma un tratado de Filosofía al que llamó “De rerum natura” (De la naturaleza), donde hizo algunas aproximaciones a temas médicos. Refiriéndose a la Lepra dijo:

“Es una enfermedad la elefancia que nace hacia las márgenes del Nilo, no en otra parte, en medio del Egipto”[4].

Más tarde, Areteo de Capadocia, que vivió en el siglo II fue un digno sucesor de Hipócrates. Antes de Areteo a la lepra se le daba también el nombre de leontiasis o lepra leonina. Areteo le cambió el nombre por el de elefantiasis.

Un gran avance de este médico fue el describir una formación en la piel que llamó “Tubérculos”, elementos cutáneos levantados que aparecían en esta enfermedad.

De acuerdo con los diferentes países y regiones y con relación a la época la lepra ha ido tomando diferentes nombres: leontiasis, lepra leonina, lepra de la Edad Media, lacería, mal rojo de Cayena, enfermedad de Crimea, mal de San Lázaro, lepra tuberculosa de Alibert y muchos otros.

Las palabras lazarino, lazaroso, lazareto se derivan de san Lázaro- al gran patrón de los leprosos- ¿Pero quien es san Lázaro? Todos piensan que es el hermano de María y de Marta, el resucitado de Betania (S. Juan 11, 1,2), pero en realidad no fue él San Lázaro, sino el mendigo de la parábola del rico Epulón.

Y comenta el aviso, a que nos referimos: ¡Gafos (otra palabra para significar leprosos), que rogáis por vuestra curación, no os equivoquéis. Vuestro santo es el pobre Lázaro a quien el rico Epulón dejaba a su puerta sin limosna y cuyas úlceras lamían los perros! (S. Lucas 16,19-31)[5].

Recogiendo una ley lombarda del siglo VI, dada por el Rey Rotárico y unas ordenanzas de Pipino el breve y Carlomagno, los leprosos se consideraron unos muertos- vivos y cuando les diagnosticaban la lepra perdían todos sus bienes, obligándolos a acogerse únicamente a la caridad pública. Civilmente se consideraban muertos, no podían heredar, testar, comprar o vender y tampoco servir de testigos, por la posibilidad de que contagiaran a los sanos.

En el año 583, la asamblea de obispos reunidos en el Concilio de Lyon decidió crear las leproserías.

Los enfermos podían seguir viviendo relativamente aislados del resto de la sociedad y fuera de los muros de la ciudad y de los conventos. La medicina científica de la Edad Media creía que la causa del mal era la comida o el aire dañados….En el Concilio de Orleans la Iglesia decidió ocuparse de la alimentación y el vestido de los leprosos[6].

Gregorio de Tours mencionó (hacia 560) hospitales para atender a los leprosos; en esta época se fundó la orden de San Lázaro para llevar pacientes a estos “Leprosarios”. En esta época se consideraban contagiosas ocho enfermedades: la peste bubónica, la tuberculosis, la epilepsia, la sarna, erisipela, el ántrax, el tracoma y la lepra. A los enfermos se les prohibía entrar a las ciudades y dedicarse a vender alimentos o bebidas.

Cuando los cruzados enfermaron de lepra, dicho mal dejó de ser pecado para convertirse en una enfermedad santa. Sin embargo el diagnóstico de lepra incluía el de la sífilis, pues no hay referencia cierta de esta enfermedad hasta el siglo XV[7].

El año de 1321 el Rey de Francia, Felipe V llamado el “largo” reprimió un complot que organizaron los leprosos de Francia para conseguir el retorno a una vida normal. Estaban resueltos, según se dijo a envenenar las fuentes de agua de las poblaciones. El Rey ordenó capturarlos y los que confesaron fueron quemados vivos (600); el resto se encerró aun más severamente y muchos fueron asesinados[8].

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