Caminos de Indagación del “ser y no ser”

Fueron los griegos los que más se preguntaron sobre el ser humano, especialmente Parmé­nides (450-439 a.C.) y luego Platón (427-347 a.C.), Aristóteles (384-322 a.C.) y el primero de llamado de Elea quien fue un legislador discípulo de Jenosfanes de Colofón y de Anaxí­menes. Parménides se pronunció con respecto al “ser” que “sólo éste (‘el ser’) es”, y que “el no ser” (302), “no es”; esta aseveración se le achaca también a Aristóteles. De tal forma “el ser es” “lo que permanece idéntico a sí mismo”, lo que implica lo que “es su identidad”, lo inmutable o lo que se denomina “la esfera de Parménides”, el cual a la vez escribió su obra poética didáctica en hexámetros con el nombre de “sobrenaturaleza” con un lenguaje homéri­co. El citado autor afirmaba que: “es necesario decir y pensar que el ‘ser es’ y que el ‘no ser, no es’”; aquí en la segunda parte de la acción al decir “el no ser no es”, es la afirmación de la negación, lo que equivale al “no”; sin embargo, habría que preguntarse si cabría la pregunta: “cuando hablamos del ser es porque es, que es ser”; lo contrario equivaldría a que “no po­dríamos hablar del ser cuando no es ser”; al definir el “no ser” es entrar a la “aceptación de que no existe el ser”, porque “no es”. Lo que si ocurre es que el ser puede cambiar “de ser a no ser” o “se es o no se esy ahí cabría la afirmación con certeza de que “el no ser” implica que “no se es”. Todo esto nos lleva a manejos lingüísticos del “ser y no ser”.

De una u otra manera, nos encontramos también con caminos de indagación sobre “el ser y no ser”; el primero sería el que no es factible al hablar del ser que no sea, el segundo la afirmación de que no es y también que no sea. En el primero nos acompaña una verdad, en el segundo una incertidumbre. Todo esto nos lleva a una simple conclusión: lo que es, es y lo que no es, no es. Esto último también nos lleva a la conclusión que el ser y no ser, es lo mismo y no es lo mismo. Dentro de estas disquisiciones anteriores, ¿cómo se prueba que se es o que no se es?, puesto que no hay manera de probar el concepto de lo que no es cuando no es registrado por la sensopercepciones. De una u otra manera, la vía de la verdad, o la determinación de lo que es, se realiza por signos, señales, conjuntos de predicados que nos muestran de alguna manera algo unitario, coherente, integrado y no contradictorio. A su vez, es necesario que cuando entramos en estas disquisiciones al problema probatorio “de lo que es y no es”, irremediablemente nos encontramos con argumentaciones filosóficas, lógicas e inclusive matemáticas y aún probabilísticas en el sentido de si va a llegar a “ser” es porque “ya es algo que puede ser”. Dentro de este campo cuando se habla que “el sujeto es”, de al­guna forma pertenece a “una fuerza que sujeta el objeto, para ser el ser uno” (Yo ente).

Volviendo a Parménides, existe la afirmación y la negación del ente, del hecho y de todo acontecer cosmológico, origen, evolución, principio y fin, nacer y perecer, ser y no ser, variar de lugar y de color (303). De una u otra forma en los textos de Parménides aparece la metáfora y formas con propiedades diferentes, fragmentadas y aún opuestas que pertenecen al macro y al microcosmos; por ejemplo, los conceptos calificativos de alto, bajo, ancho, delgado, grue­so, denso, fluido, recto, curvo, superficial, profundo, centro, margen, lleno y vacío, calor, frío, nacimiento y muerte. Todos estos últimos términos con sus significados y sentidos surgen de la sensopercepción de todo lo que existe y se posee cierto posible conocimiento.

En todas estas vías de comprender al “ser humano en el cosmos” o viceversa a éste y en él nos encontramos con las funciones que nos permiten tener consciencia y por ende cono­cimiento; es decir, de la “conciencia” se pasa al acto o hecho del conocimiento; téngase en cuenta que en el ser humano participa no solamente la indagación, el conocimiento (represen­taciones) sino lo incluyente y excluyente o inescrutable que hay en la afirmación positiva que nos conduce a la afirmación: “se es”; a la vez, cuando en textos anteriores se hizo referencia a que “eso que es, es y no puede no ser”; este camino sería el de la verdad, y el segundo “el de no ser”, es el de la negación. Existiría una tercera vía y es el de la creencia basada en la ex­periencia sensible y comprobable con presencia, apariencia y comprobación o demostración de que se es, y lo que Platón en La República (447) muestra cómo existe algo de lo existente que se puede conocer y lo no existente que se conoce y en medio estaría una franja intermedia que sólo equivale a una idea, creencia u opinión. De una u otra forma, siguiendo cualquier camino, el hombre utiliza su sentido, su razón, su lógica y llega a la conclusión de cómo “ser y no ser son lo mismo y no lo mismo” como se enunció anteriormente. En este momento, re­cordemos a Heráclito (535-475 a.C.) que se pronunciaba así: “el camino hacia arriba y abajo es uno y el mismo”, sin embargo, no es lo mismo, pues se camina hacia arriba o hacia abajo en sentidos contrarios en el mismo camino; este mismo filósofo se refería a que “se quiere y no se quiere”, “al divergir se converge”, “al cambiar se está en reposo”. Todas estas figuras aparecen contradictorias pero tienen un común denominador con variables positivas y nega­tivas de acuerdo con el valor que se mida.

Continuando con las ideas de Parménides nos encontramos con los conceptos de pasado y futuro, los cuales carecerían de sentido para el ente, pues este está en un perpetuo presen­te, más cuando “el ser uno” es continuo en cuanto concepto espiritual y discontinuo en la consciencia vital; además “la unidad y continuidad” nos llevan al concepto de eternidad, lo que contradice al principio y fin; y, solamente son factibles estos postulados comprendiendo que son partes fragmentarias de ciclos. A su vez hay que distinguir entre lo inmortal y lo in­mutable, y la transformación mutable cambiante; lo eterno es el cosmos dinámico, mutable cambiante, esto si aceptamos que todo nace y muere, se construye y se destruye, se origina, desarrolla y tiene su fin “para ser y no ser”; en esa continua transformación reside la inmu­tabilidad del todo.

Dentro de estas concepciones, a nivel cosmogónico y humano puede aceptarse “al ser como uno y continuo y homogéneo mientras se es individual y colectivo”. Esto implica que puede dejar de ser humano y lo que es ahora no va a ser después, cuando la existencia de la humanidad se acabe; por ahora existen cambios, cohesiones y equilibrios con igualdades y desigualdades dentro de una uniformidad cuestionable en el sentido de que sea completa, pues siempre existe la posibilidad de cambio en la temporo-espacialidad presente. De igual manera aquí nos encontramos con la gran paradoja del “azar determinista”, y de cómo están siempre presentes la vida y la muerte, las cuales están ahí y concurren al tiempo; vivimos y morimos a cada instante y nacemos para crecer desarrollarnos y morir. Es por esto por lo que vida y muerte si son paradógicamente opuestos uno incluye al otro e intrínsecamente pertene­cen al orden y al equilibrio gracias a múltiples factores, entre ellos el azar y el determinismo; además del desarrollo implica separación, división y unión, orden y desorden, equilibrio y desequilibrio, vacío y completud, los cuales incluyen las ideas continente y contenido; es por esto por lo que pensamos cómo no existiría el cosmos sino hubiese un espacio que lo contuviera; y, el vacío es la posibilidad de aceptar la finitud e infinitud. De todas formas la materia-energía con todas sus manifestaciones naturales aparecen en la especie conocida como hombre, con toda la factibilidad y posibilidad de que existen especies (nuevas, diferen­tes) por ahora no conocidas; he aquí un largo camino del “ser” y “no ser”, el “no ser” como terminación definitiva o como cambio a otra situación diferente. Téngase en cuenta cómo todas estas disquisiciones filosóficas pertenecen a consideraciones obviamente lógicas.

Algunos filósofos como John Burnet (304) conciben al presocrático Parménides como “pa­dre del materialismo” quien se refirió al ente corpóreo, finito y circular. He aquí muy posi­blemente lo que heredó el positivismo del Siglo XIX deseándose desde siglos atrás tener un lenguaje especial para describir lo incorpóreo. Recuérdese que Platón fue el que introdujo las palabras: “σωματικόν (sōmatikón, “corpóreo”) y ἀσῶματον (asômaton, “incorpóreo”) que operan con los vocablos (aisthētón, “perceptible”) / νοητόν (noētón, “inteligible”); a su vez estos términos se relacionan o interconectan con el concepto de “pensamiento”; de estos últi­mos textos se infiere cómo el ser, requiere de la capacidad de idear y a la vez de comunicarse, de lo perceptible, inteligible, corpóreo, incorpóreo para discernir; a su vez, “se puede ser un ente no pensante” pero no ser humano común y corriente.

He aquí la Moira repartidora del destino o personificación del destino hija de Ananké, (necesidad) y entrelazada con su compañero el “dios del tiempo Cronos”, y, a la vez, (temidas por Zeus de acuerdo a la mitología griega), de donde partió el pensamiento filosófico de occi­dente. A todas estas ¿quién es la madre que dio origen a Ananké? Esta temática referida a la “necesidad” y su relación con el azar y el determinismo están planteados en el capítulo III.

Nótese en estos textos cómo llegamos a la “determinación del ser”, de sus orígenes, de “lo que se es y no se es”, de las necesidades, de “lo que puede pensarse y de lo que no puede pensarse, y el pensamiento de qué es y son lo mismo” (305). Aquí vale traer lo que los filósofos Diels, Von Fritz, Vlastos (306) le dan al sentido de los versos 34 a 37 de Parménides de que: “el pensar es lo mismo que aquello que es causa de pensar”; luego causa, origen y hecho serían lo mismo o estarían en una misma consecuencia, pero no tendrían una misma identidad; si bien el que piensa es el hombre, a éste no se le puede negar la existencia, porque el hombre no pensante, sigue siendo hombre sin pensar; por ejemplo el hombre con parálisis cerebral seve­ra. Lo seguro es que existe una relación entre el ser y el intelecto, a su vez que con el cambio témporo espacial y de posibilidades dentro de la realidad, la irrealidad o la fantasía.

Por lo general se entiende al ser como un “accidente” en la evolución de la naturaleza y existen sólo según su circunstancia; a la vez puede estar presente, el “accidente” que es lo que no sucede siempre; por ejemplo, “una mutación” conlleva “un cambio” para “crearse otro estado” y aún otra especie.


302 Las bastardillas y comillas son mías.
303 Platón, Diálogos (vol: V: Parménides. Teeteto. Sofista. Político). Trad. Y notas de María Isabel Santa Cruz. Madrid: Editorial Gredos, 1988.
304 Burnet, John (1930). “Parménides of Elea”, Early Greek philosophy, 4a. edition (en ingles), New York. Meridian Books, pp. 169-196. Library of Congress catalog card number 57-10842.
305 Guthrie, WKC., (2005). “Historia de la filosofía griega”, II, Editorial Gredos, pág. 59

PUBLICACIONES RELACIONADAS

NO HAY COMENTARIOS

Dejar un comentario


*