Síndrome de nido vacío

El síndrome de nido vacío es el nombre dado a la situación caracterizada por la salida de los hijos del hogar, causado por el cambio de residencia, por razones académicas o laborales, el matrimonio o la búsqueda de independencia.

El nido vacío puede ser tomado como una magnifica oportunidad para poner en marcha planes que antes no se pudieron realizar por los deberes derivados de las necesidades y presencia de los hijos, permitiendo entre otras cosas, salir de viaje sin consultar o disfrutar de la sexualidad sin temor a indiscretas interrupciones.

Para algunas pacientes, en cambio, puede ser vivido como una experiencia de abandono y soledad.

El nido vacío puede dejar a los padres la sensación del deber cumplido para con sus hijos, quienes han dejado su hogar primario para formar el propio o han salido a buscar oportunidades esperanzados en un mañana mejor. La experiencia perenne de satisfacción de los padres, quienes ven salir a sus hijos del hogar los acompaña siempre. Jalil Gibrán acompaña a los padres en la preparación del nido vacío y en su magistral obra titulada El Profeta les dice:

“Vosotros sois el arco, por medio del cual vuestros hijos son disparados como flechas vivas. Porque así como él ama la flecha que dispara, ama también el arco que permanece firme”7.

La labor del médico es acompañar a la mujer climatérica que experimenta el alejamiento de sus hijos, y generar un diálogo fecundo que permita redefinir conceptos de connotaciones negativas, para lograr hacer amable la experiencia de la salida de los hijos del hogar.

 

Edad de jubilación

Las mujeres que se han desempeñado en la vida laboral en actividades de diverso reconocimiento socioeconómico, y han visto en el trabajo un medio necesario para ganarse el sustento o un camino para desarrollarse en plenitud, suelen verse idénticamente igualadas frente a la dificultad de enfrentar el retiro o la jubilación, este evento las obliga a reorganizar el tiempo disponible para poderlo invertir en un sinfín de actividades, las cuales antes no había podido o querido realizar. Llega la época en la vida cuando se disminuyen los niveles de estrés, causado hasta entonces por la necesidad de responder frente a múltiples y continuas exigencias. La jubilación debe ser, aunque no siempre lo parece, una oportunidad para concentrar renovados ánimos en el logro del bienestar personal. Es el tiempo para poner al día sueños atrasados.

El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española señala que jubilación se puede entender como “alegría y regocijo” 8.

La jubilación marca una ruptura entre la obligación condicionada y la libertad individual.

Da paso a la mujer climatérica a un tiempo donde poder integrar finalmente los propios intereses, dejados de lado décadas atrás. Es una época de la vida en la cual es preciso no sólo adaptarse sino que activamente acoger un nuevo rol, desde donde se puedan explorar oportunidades que ampliarán la satisfacción de vida.

Cambio de rol al interior de la familia

Llegada la etapa del climaterio, el rol al interior de la familia cambia. Ya no es necesario ejercer con severidad el rol de educador y dictar rígidas reglas de formación, pues las normas ya están inculcadas en los hijos quienes han madurado con el paso de los años. Para esta etapa están reservados roles de suma importancia en el mantenimiento de la estructura social y familiar. Los padres pasan a ser consultores de la vida porque sin duda albergan sabiduría acumulada y aquilatada por la experiencia.

Este nuevo papel está previsto con el único interés de ampliar la visión de los hijos. La mujer posee el don divino de trasmitir su conocimiento con amor y esta condición le permite jugar un papel trascendental en el mantenimiento de fluidas redes de comunicación con sus hijos, para esta época ya ausentes de casa.

El nuevo rol al interior de la familia de la mujer en edad del climaterio, precisa de preparación y enorme capacidad de adaptación. Alejar la idea de ser innecesaria, es vital para asumir con entereza el rol de protagonista en un escenario de armónicas relaciones, con quienes ahora han pasado a ser nuevos miembros de la familia, nietos, yernos y nueras.

El médico puede ayudar a su paciente a crear conciencia de la importancia del rol de ella al interior de la familia en este período de vida y orientarla para que conozca la importancia de su papel como participante de la dinámica familiar.

Pérdida de relaciones interpersonales

El establecimiento de relaciones interpersonales no tiene edad particular; ocurre a lo largo de la vida y algunas se mantienen vigentes desde mucho tiempo atrás. Otras relaciones son temporales y circunstanciales dadas por actividades laborales o sociales propiamente dichas. Para quienes tuvieron una actividad laboral fuera de casa y afianzaron relaciones interpersonales estables, estas se pueden mantener después de la jubilación. Sin embargo, éstas últimas particularmente son las que se dejan de mantener por la inconstancia de contacto con las personas. En el climaterio también se pueden establecer nuevas relaciones producto del encuentro con personas con intereses comunes. Como veíamos anteriormente, el climaterio es una etapa para realizar actividades nuevas y resulta ser una oportunidad para conocer personas que también estén interesadas en mejorar sus niveles de calidad de vida.

En general, las relaciones interpersonales se establecen sobre la base de una consistente autoestima, partiendo de la óptica de tener algo que ofrecer a alguien. Además, estas se logran como producto de la motivación para compartir con otra persona. Las relaciones preestablecidas, como cualquier otra, se mantienen por el placer de estar queriendo y sentirse querida, tener reconocimiento y dar reconocimiento, recibir y dar afecto.

Cambios de aspectos físicos

A partir del cambio en el balance de las hormonas aparecen cambios físicos que están condicionados por esta nueva situación fisiológica.

La disminución de la concentración de colágeno en la piel favorece la aparición de arrugas y un vello facial de distribución característica que compromete la imagen. La grasa se distribuye a nivel de la cintura pélvica y escapular perdiéndose las líneas que demarcaron la cintura. Por la disminución de la densidad de la trabécula ósea de los cuerpos vertebrales se puede presentar deformación de los mismos, dando origen a disminución de algunos centímetros de la estatura previa, además de xifosis dorsal. Estos cambios son experimentados por muchas mujeres como una  dolorosa y hasta angustiosa pérdida de la feminidad, los cuales unidos a la ausencia de fertilidad puede acarrearles cambios en su estado de ánimo9.

Sin que constituya un verdadero cambio físico evidenciable en la anatomía del cuerpo femenino, también y secundario al cambio en la concentración de estrógenos, se disminuye la producción de moco cervical que contribuye con la lubricación de la vagina para las relaciones sexuales. Esta disminución puede llevar a la mujer climatérica a presentar dispareunia lo cual contribuye negativamente en su estado de ánimo. Esta experiencia puede ser vivenciada como una pérdida más, que conduciría a producir o aumentar síntomas de ansiedad.

 

Condición de viudez

Muchos son los temores que afloran en la edad del climaterio como el miedo a la soledad o al abandono, entre otros, se expresan con severidad con la pérdida del cónyuge. Esta situación compromete el estado de salud mental de las mujeres y en algunos casos se convierte en patología psiquiátrica de difícil tratamiento.

“La muerte es una experiencia a la que todo ser humano se enfrenta tarde o temprano” afirma Sherwin B. Nuland en su best seller: Cómo nos llega la muerte, publicado en 199410. Sin embargo como suele suceder para muchas otras condiciones inevitables que vienen con la edad, no existe una preparación para minimizar los efectos deletéreos causados por estas experiencias al interior del equilibrio emocional de las pacientes.

Como profesionales de la medicina nos asiste la obligación de contribuir en la preparación, no sólo de nuestros pacientes sino de sus familiares, para la muerte. Con ello estamos salvaguardando la salud mental de aquellos quienes han confiado su ser querido al cuidado de nuestras manos.

El rol de la abuela en la sociedad actual

La abuela es el ser adorable por excelencia.
Quienes tienen la dicha de ser abuelas tienen un potencial reservado para entregarlo con el amor que solo ellas saben profesar. Sus nietos son los benefactores y ellos necesitan con urgencia de amorosas atenciones.

Los médicos debemos estimular a las abuelas para que asistan a sus hijos, hijas, yernos y nueras en el cuidado de los nietos sin que ello signifique que ellas abandonen sus propios intereses. Los hijos de quienes tienen que cumplir largas y extenuantes jornadas de trabajo fuera de casa requieren de mayor tiempo para experimentar afectuosos contactos con sus seres queridos y así tener la oportunidad de aprender de un entorno amoroso. El creciente ejército de institutrices, psicopedagogas dedicadas a niños, nanas, empleadas de servicio doméstico, madres comunitarias, etc. no logran ni lograrán inmunizar a los niños contra la epidemia de enfermedades transculturales como la delincuencia juvenil, el consumo de sustancias psicoactivas y el suicidio. La vacuna que logra prevenir la aparición de estas enfermedades la pueden aplicar las abuelas a sus nietos a través de la constante transmisión de sus sentimientos amorosos.

Tenemos que aprovechar a las abuelas quienes albergan sabiduría acumulada y poseen la autoridad para ejercer sin ningún perjuicio de la estructura del aparato psicológico de sus nietos la alcahuetería solidaria que no desautoriza las rígidas normas impartidas por los padres ausentes. Las abuelas constituyen un invaluable recurso humano porque son ellas quienes tienen la clave para proteger a la familia y a la sociedad contra enfermedades que ponen en grave riesgo la vida de los niños.

Tratamiento

Intervenciones farmacológicas

Se han realizado pocos ensayos clínicos prospectivos de tratamiento de trastorno de ansiedad en la mujer climatérica que hayan documentado sistemáticamente la eficacia de las medicaciones y terapias psicosociales en este grupo etáreo. Lo anterior obliga a utilizar la experiencia clínica en relación con la forma de iniciar un tratamiento farmacológico para un trastorno de ansiedad. La dosis inicial de la medicación debe ser menor que la utilizada en adultos jóvenes y los incrementos en las dosis deben de ser más lentos. Es recomendable conocer detalladamente los antecedentes de trastornos de ansiedad de la paciente, los resultados alcanzados con tratamientos previos, monitorizar y evaluar el comportamiento de los síntomas actuales, reconocer el comportamiento diacrónico de los mismos, reconocer y actuar sobre las variables del entorno, para establecer un tratamiento ajustado a las necesidades particulares de cada paciente11.

Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH)

La TRH constituye sin lugar a dudas un recurso farmacológico que contribuye al tratamiento de las pacientes climatéricas. Es recomendable una evaluación general de la paciente, conocer las indicaciones, riesgos y contraindicaciones de la TRH, así como el tipo de hormona, vía de administración y dosificación. Otras medidas farmacológicas utilizadas como alternativas medicamentosas son la tibolona y los SERMs (Selective Estrogen Receptor Modulators) como el tamoxifeno y el raloxifeno.

Ansiolíticos

La decisión de iniciar un tratamiento con una medicación ansiolítica debe ser el producto de una cuidadosa evaluación, en la cual se consideren antecedentes de cuadros de ansiedad  en la paciente, severidad de los actuales síntomas cognoscitivos y somáticos, la farmacocinética, farmacodinamia e interacciones medicamentosas de la medicación a prescribir.

Benzodiacepinas

Actúan sobre el complejo receptor GABAionóforo para cloro-benzodiacepina (GABAA) el cual al ser estimulado permite el ingreso de cloro, y ocasiona la hiperpolarización de la membrana postsináptica, produciendo el efecto inhibidor postsináptico clásico modulando la salida de otros neurotransmisores como dopamina, noradrenalina, serotonina, glutamato y otros12.

Para elegir bien una benzodiacepina debemos conocer sus características, tales como vida media, forma de metabolismo, potencia ansiolítica, grado de sedación, así como las pruebas de efectividad recogidas en ensayos clínicos.

Los pacientes de edad avanzada tienen más probabilidad de presentar mayor sedación, mayor tendencia a las caídas de la propia altura y deterioro de la concentración y del funcionamiento psicomotor. Pueden además ser más sensibles a la dependencia, al rebote y al deterioro de la memoria13.

Según el informe del grupo de trabajo sobre dependencia y toxicidad y abuso de las benzodiacepinas de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) “no hay datos que sugieran que un uso terapéutico a largo plazo de benzodiacepinas por parte de los pacientes dé lugar con frecuencia a una escalada de las dosis o a un abuso para fines no terapéuticos”.

Una vez se han utilizado las benzodiacepinas durante 6 a 8 semanas se necesita un plan de disminución gradual de la dosis y evitar la interrupción abrupta de la medicación para prevenir el síndrome de abstinencia14.

Buspirona

Es derivado de la azapirona y agonista parcial de la 5-HT1A. No actúa sobre el receptor del ácido gamma-amino butírico-benzodiacepina y tiene moderada acción sobre receptores de dopamina D2.

Produce menos somnolencia, menos deterioro psicomotor y tiene menos potencial de adicción comparado con las benzodiacepinas.

La Buspirona tiene un inicio de acción más lento lo cual puede ser inconveniente. Por ello parece ser más útil en pacientes ansiosos quienes no requieren un alivio inmediato de los síntomas. Se requieren 2 a 3 semanas para apreciar el efecto total del medicamento. Dada su lento comienzo de acción, no es una medicación recomendable para situaciones pasajeras o específicas de ansiedad15.

 

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