Las enfermedades cardiovasculares y la insuficiencia renal son dos patologías crónicas de gran importancia por su impacto social y económico. El costo directo promedio anual de cada uno de los 8000 enfermos renales terminales del país asciende a cerca de sesenta millones de pesos. Las principales causas inmediatas de estas noxas son la diabetes (cerca de medio millón de colombianos) y la hipertensión arterial (cerca un millón y medio); su detección temprana y tratamiento oportuno constituyen la opción más costo-efectiva, que controlaría su evolución a etapas más severas y costosas de tratar, expresó el Presidente del Colegio Médico de Cundinamarca, Juan Eduardo Céspedes (Heraldo Médico 2002, número 2). A largo plazo se podría lograr un impacto adicional, promoviendo el deporte y hábitos alimenticios saludables. Podríamos agregar que la lucha contra estas patologías debe ser diaria, pues además de retrasarse la detección, tiende a haber cansancio en pacientes y médicos con la enfermedad y con la valoración de los resultados del tratamiento, lo que hace frecuente la presencia en consultorios de casos ya complicados.
El cáncer, especialmente el de órganos reproductivos (útero, mamas y próstata), representa el segundo problema específico. Cánceres como el gástrico –aunque frecuentes- pesan menos en la carga de enfermedad, debido a su presencia en la tercera edad y son muy poco vulnerables a las acciones de salud. Los desórdenes de salud mental (esquizofrenia, ansiedad y depresión) son probablemente más importantes de lo que parecen, dado el considerable sub-registro de información y su enorme impacto social (representados en la perdida de capacidad laboral).
Ciento cincuenta años de vida sana se pierden en Colombia de cada mil, y su recuperación –así sea parcial- requiere acciones prioritarias, aunque hay mucha atomización de los esfuerzos en el ámbito gubernamental. En cuanto a prevención, recientemente el diario El Tiempo señala en un editorial que “Colombia logró hasta 1996 buenos niveles de vacunación, pero estos bajaron después debido a la crisis económica y al conflicto armado. Según cifras oficiales, el 71% de los niños han recibido la vacuna tripe viral contra paperas, sarampión y rubéola, el 59% la DPT, el 64%, la de tuberculosis; el 61% la del polio, y el 57% la de la Hepatitis B. La meta es que todos sean inmunizados en estos casos y también en el de Haemophilus influenzae... el cubrimiento útil (o nivel de inmunización del 95%) sólo se ha alcanzado en los departamentos de Caquetá, Córdoba, Tolima, San Andrés y la ciudad de Cali, mientras que Cartagena está cerca de lograrlo. Bogotá entretanto está en una posición intermedia. Se han leído noticias de que el servicio distrital de salud ha tenido que buscar casa por casa a los niños para vacunarlos, pues lo padres no los llevan. Incluso han tenido que utilizar medidas coercitivas como exigir el certificado de vacunación para garantizar cupos de colegios.
El dolor abdominal agudo en el hipocondrio derecho con ultrasonido normal hace sospechar la posibilidad de una colecistitis aguda o de una disquinesia vesicular, según Eduardo Londoño y colaboradores, de la Fundación Santafè de Bogotá. Para confirmar el diagnóstico es necesario practicar una gamagrafía hepatobiliar (HIDA). Si la vesícula concentra en tiempo normal, se debe practicar la estimulación vesicular mediante la administración de colecistoquinina (CCK). Una fracción de eyección (FE) por debajo de 35% establece el diagnóstico de disquinesia vesicular. Se revisó la historia de 22 pacientes que fueron atendidos en la Fundación, a quienes se les practicó un HIDA y estimulación vesicular con CCK. El grupo liderado por el cirujano Londoño Schimmer encontró que quince pacientes eran mujeres (68,2%) y la edad promedio, de 40.5 años. En 11 pacientes la FE fue menor de 35%. Seis de ellos fueron sometidos a colecistectomía laparoscópica. Los cinco restantes rehusaron ser operados, aunque todos fueron entrevistados telefónicamente. Cinco de los seis pacientes operados se auto-clasificaron como Visick I (83%). De los 5 pacientes con FE por debajo de 35% y que no fueron operados, 4 se clasificaron como Visick IV. En el grupo de 11 pacientes sin disfunción vesicular y tratados médicamente, 9 se clasificaron como Visick II. El advenimiento de la colecistectomía laparoscópica y sus excelentes resultados, parece ser el tratamiento de elección para la disquinesia vesicular sintomática. El dolor abdominal de aparición súbita, y en ocasiones a repetición, en el hipocondrio derecho es motivo de consulta frecuente en los servicios de urgencia. Cuando la presentación clínica hace sospechar el diagnóstico de cólico biliar, éste debe ser confirmado mediante ecografía. Sin embargo, en un pequeño grupo el ultrasonido puede ser normal, por lo que se debe sospechar la posibilidad de una colecistitis acalculosa (5% de las colecistitis) o de una disquinesia vesicular. Se define la disquinesia vesicular como un desorden del tracto biliar que causa vaciamiento anormal de la vesícula con dolor secundario, similar al que ocasiona la obstrucción litiásica; en un gran porcentaje de pacientes en quienes el ultrasonido es negativo para colelitiasis, se hace equivocadamente un diagnóstico de colon irritable, enfermedad ácido péptica o patología hepática, lo que trae como consecuencia la solicitud de exámenes no apropiados o la iniciación de terapias inadecuadas, lo cual redunda en mayores costos de la atención y la persistencia de la sintomatología (Revista Cirugía, 2003, Número 2).
La gente acostumbra decir en tono de sorna, que los placeres de la vida, o son pecado o son malos para la salud, refiriéndose a hábitos usualmente considerados antihigiénicos, a vicios o a compulsiones. Un par de noticias recientes hacen un alto en el camino en las tradicionales actitudes prohibicionistas de los profesionales de la salud.
Una de ellas es el hallazgo de un agente químico anti-envejecimiento encontrado en altas cantidades en el vino tinto, particularmente el que se produce de uvas cultivadas en climas más fríos. Dicha sustancia –el resveratrol- ha demostrado prolongar significativamente la vida en levaduras, al igual que una dieta de restricción calòrica de un 30% prolonga la vida de roedores hasta en un 50% más (New York Times). Existe considerable entusiasmo de los científicos con estas sustancias que juegan un papel muy similar a la dieta hipocalórica, ya que podrían convertirse en la respuesta a la epidemia de obesidad que se presenta, particularmente en los países desarrollados y que de paso, es una justificación más para el consumo moderado (una copa diaria) de vino tinto, pues la cáscara de las uvas rojas contiene 10 veces más resveratrol que las de las blancas.
Además
están los flavonoides presentes en le vino -nuevamente el tinto- y en el aceite
de olivas. Posiblemente todos estos compuestos expliquen los beneficios de la
dieta mediterránea y de la paradoja francesa, que consiste en que a pesar de que
en regiones galas se comen muchos alimentos ricos en grasas saturadas y en
colesterol, la incidencia de enfermedad coronaria no sea alta.
Otro compuesto tradicionalmente en entredicho –el chocolate- ha mostrado bajar las cifras de la tensión arterial, según estudio publicado en la revista JAMA. El chocolate mejora además el estado de ánimo, en parte por la potencial liberación de serotonina, pero también por que contiene cafeína, teobromina y feniletilamina, sustancia elevadoras del ánimo.
Acá en Colombia conocemos la campaña desarrollada en el ámbito de los médicos por la Federación Nacional de Cafeteros para demostrar la seguridad (relativa) del café, fomentar su consumo y evitar cualquier eventual mala fama. Todas estas investigaciones tienen un trasfondo económico, pues benefician a un sector productor, como el reciente estudio de los argentinos, que mostró que el vino tinto de allí, preparado con uvas de las cepas Malbec y Cabernet Sauvignon, favorecen la longevidad. Y allí que tienen fama de muy carnívoros.
La comida basura en cambio si está muy desprestigiada, tanto que las cadenas McDonald y Kentucky Fried Chicken están estudiando la posibilidad de disminuir la cantidad y calidad de grasas en sus hamburguesas, y describir exactamente la constitución y calorías de todos estos alimentos de las comidas rápidas. Preservar la salud no excluye entonces necesariamente los placeres, ni es incompatible con los negocios.
LECCIONES DE HISTORIA DE LA MEDICINA
Con el patrocinio de la Universidad del Rosario, acaba de aparecer con este título la segunda edición del libro de Juan Mendoza-Vega, Presidente de la Academia Nacional de Medicina. El autor no necesita presentación pues ha sido un destacado periodista, neurocirujano, bioeticista, educador y administrador, poeta e historiador, con unas increíbles calidades humanas. Tuve la oportunidad de leer detenidamente la primera edición –que se agotó- pero la segunda presenta innovaciones.

El estilo del polifacético Mendoza-Vega es muy agradable, fluido, con manejo impecable del idioma. Como él mismo dice, no sólo se trata de narrar anécdotas, mencionar nombres y fechas –cosa que también hace aunque no en exceso- sino de señalar la evolución del pensamiento humano en el que a la par de los nuevos conceptos políticos, filosóficos, tecnológicos y sociológicos, el de la medicina se ha ido depurando hasta llegar al del tercer milenio; infortunadamente el humanismo y la clínica se encuentran totalmente devaluados, y “ad portas” se observa una marcada desprofesionalización de la medicina, que recuerda aquellas malas épocas romanas cuando -con excepción del notable caso de Galeno- el ejercicio era labor de esclavos y de charlatanes.