LAS PUBLICACIONES PERIÓDICAS EN MEDICINA
“La Lanceta” fue la revista médica pionera en Colombia, que bajo la égida del ilustre galeno Antonio Vargas Reyes apareció en Bogotá el 17 de abril de 1852; esta publicación de vida efímera ofrecía trabajos de medicina, historia natural, química y farmacia, y fue seguida en 1864 por otro periódico llamado “Gaceta Médica”en el que participó también Vargas Reyes, proto-decano de medicina en la Universidad Nacional.
El profesor Vargas y otro núcleo de profesionales formados en Francia seguían la nueva mentalidad anatomo-clínica según la que el conjunto de síntomas y signos llevaba a diagnosticar la lesión de un órgano específico y a tratar entonces la enfermedad de dicho órgano. Ya habían pasado los tiempos iniciales del siglo XIX cuando los presbíteros, médicos y botánicos Mutis y de Isla dictaron las primeras clases de medicina en nuestro país, en donde era primordial la “Materia Médica”, o el conocimiento de las plantas con efectos medicinales. En la segunda mitad de ese siglo de las luces ya se constituyó el núcleo denominado “cuerpo médico colombiano”, que dio lugar a la Escuela Privada de Medicina y luego a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, que en nuestros días sigue siendo el más grande centro docente.
En épocas posteriores a Mutis, Caldas, Humboldt, Boussingault e Isla, se consideró necesario el estudio y la comprensión de la patología nacional, por lo que en 1859 se creó la Sociedad de Naturalistas Neogranadinos y en 1873, la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales. El 2 de julio de ese mismo año apareció el primer número de la serie I de la publicación de salud más antigua que continúa publicándose en Colombia, la “Revista Médica”(actualmente “Medicina”), de la Academia Nacional. Salió en formato octavo y con ocho páginas, siendo su primer Redactor Pío Rengifo Martínez y su Administrador, Bernardino Medina. Durante sus primeros 37 números fue el órgano de la Sociedad de Medicina de Bogotá, y de ahí en adelante, de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales, que por medio de la ley 71 de 1890 fue transformada en la Academia Nacional de Medicina y declarada por el Presidente Carlos Holguín como cuerpo consultivo del gobierno nacional.
Haciendo un retroceso en la historia, es obvio que las publicaciones medicas iniciales fueran europeas, particularmente de Inglaterra. Antes del descubrimiento de la imprenta, los conocimientos sobre salud eran privilegio de los pocos que atendían las escuelas médicas como Alejandría, Salerno, Padua, y más tarde, Leyden y Edimburgo; o a los que tenían acceso a los monjes copistas, que eran usualmente los mismos pues escuelas y nosocomios eran aledaños a los conventos. La divulgación del conocimiento científico en forma habitual y masiva, conocida como periodismo científico, fue entonces una labor posterior a Guttenberg y actividad que creció en paralelo con el desarrollo de la civilización.
La primera revista británica sobre el tema que nos ocupa apareció en junio 17 de 1684 y se llamó “Medicina Curiosa”; escrita en el inglés antiguo, llevaba el subtítulo de “Una variedad de nuevas comunicaciones en física, cirugía y anatomía, del ingenio de muchas partes de Europa y algunas otras partes del mundo”. Los artículos mismos llevaban larguísimos títulos, que reflejaban en detalle su contenido.
Esta publicación periódica, al igual que muchas otras que aparecieron en el siglo XVIII, tuvieron corta existencia. Dentro de las que actualmente tienen vigencia tenemos en los Estados Unidos la revista médica de Nueva Inglaterra (conocida como el “New England”), que apareció en 1812 como revista y revisiones médicas y luego como Revista Médico-Quirúrgica de Boston, antes de adoptar el nombre definitivo. En el siglo XIX se iniciaron también publicaciones que aún permanecen, como la revista americana de ciencias médicas (antes de Filadelfia), en Chicago la tradicional revista de la Asociación Médica Americana (JAMA) y otras especializadas como la revista de obstetricia y los anales de cirugía. En el Reino Unido apareció en 1805 la revista médica de Edimburgo y en 1823 el “Lancet”; este conocido semanario en formato de revista fue fundado por Thomas Wakley, un médico general que se dedicó al periodismo, y que incluía entre los artículos de esta afamada revista las conferencias y las reseñas de las operaciones de los más prestigiosos médicos de Inglaterra. De 1840 es el “British” (BMJ), inicialmente denominada “Revista Médico-Quirúrgica Provincial”. En otros países europeos circulan aún algunas publicaciones del siglo XIX como la francesa “Presse Medicale” y la alemana “Wiener medizinische Wochenscrhift”, pero que están lejos de tener el factor de impacto de las revistas escritas en lengua inglesa que acabamos de citar y que son de aparición semanal.
En nuestro medio la “Revista Médica” continuó apareciendo hasta 1967, completando 583 ediciones. La dirigieron con el título de “Redactor” los más prestigiosos colegas entre los que se cuentan Liborio Zerda, Abraham Aparicio, Nicolás Osorio, Proto Gómez, Carlos Esguerra, Jesús Olaya, Zoilo Cuellar Durán, Roberto Franco, Martín Camacho, Rafael Ucròs, Edmundo Rico y José Vicente Huertas. Esta importantísima colección reposa en la biblioteca de la Academia Nacional de Medicina y en el Ministerio de Salud. Los que quieran conocer lo que en aquellos tiempos se decía sobre las quinas, la fiebre amarilla o la lepra, deben obligadamente consultar la “Revista Médica” de Bogotá. Posiciones contrapuestas publicadas allí fueron por ejemplo las de Wenceslao Sandino Groot y del Profesor Bejarano años después. En los finales del siglo XIX, el primero exaltó las propiedades terapéuticas de la hoja de coca, pues “mejora la virilidad, incluso en los octogenarios... combate la pereza”. Bejarano, famoso por su irreducible lucha contra el consumo de chicha, se fue lanza en ristre contra la coca, denunciando su comercio y consumo, resaltando sus efectos deletéreos en el organismo y recomendando la represión de la actividad y destrucción de los cultivos. El profesor Bejarano se contó, con Pedro Eliseo Cruz, entre los primeros ministros de salud en una época en que la Academia de Medicina jugó un papel asesor importantísimo en la sanidad colombiana y en la educación médica, tan importante como la que ahora realiza pero ciertamente con más poder decisorio.


Después de un receso de varios años, se retomó la publicación cuatrimestral con los auspicios de César Augusto Pantoja y José Francisco Socarràs. Actualmente, bajo la coordinación de Efraim Otero y la dirección emèrita de Mario Camacho, “Medicina” ha completado 57 números en su última época, y 129 años de publicación, si consideramos que la “Revista Médica” apareció en 1873. La producción de los académicos en ciencia e historia, tecnología y cultura, allí se encuentra.
Resúmenes de la Literatura Medica
HIPOTIROIDISMO CONGÉNITO
El cretinismo, enfermedad caracterizada por déficit mental y neurológico, trastornos somáticos tales como corta estatura, abdomen globoso, macroglosia, depresión del puente nasal, cuello corto, etc. más síntomas de hipotiroidismo, es una entidad grave asociada con el bocio endémico, patología más frecuentemente debida a deficiencia de yodo. La consideramos grave, no tanto por la mortalidad sino por el costo social y económico que conlleva. Aunque en muchos países esta endemia se ha controlado, aún subsiste en numerosos países del tercer mundo. El hipotiroidismo congénito, que puede ser debido a otros factores como la deficiencia congénita de una serie de enzimas que intervienen en la síntesis de las hormonas tiroideas, lleva irremediablemente al cretinismo si no se hace un diagnóstico al nacimiento y un tratamiento precoz, y esto sólo puede lograrse mediante el establecimiento de un programa de tamizaje, el cual es de carácter obligatorio en países industrializados.
En Colombia se han establecido programas locales de tamizaje o se ofrece este como servicio, pero dista mucho de cubrir grandes grupos poblacionales. Su incidencia está alrededor de un caso en cada 3.500 nacimientos.
Ciro Alvear, Berta de Cortina y colaboradores de la Universidad de Cartagena diseñaron un estudio descriptivo prospectivo llevado a cabo durante un año en dos hospitales de segundo nivel en esa ciudad, con el objeto de establecer la frecuencia de esta patología en esa área. Al efecto estudiaron 4.040 muestras de neonatos entre 5 y 10 días de nacidos y se les determinó la TSH neonatal por el método IRMA. El 59% fueron de sexo femenino y la edad promedio fue de 7 días. No se detectó ningún caso de hipotiroidismo congénito, ya que la concentración promedio de TSH neonatal fue de 10.4 microunidades internacionales por ml, y se considera normal una cifra por debajo de 20. La publicación se hizo en la revista Pediatría.
Se preguntan ellos si hay factores especiales en esa región que den respuesta a una incidencia más baja de hipotiroidismo congénito que la informada a escala mundial o en otras regiones de Colombia.
Nos parece que el tamaño de la muestra no es el adecuado y sugeriríamos entonces tomar este informe como preliminar y continuar tomando muestras hasta completar siquiera unos 20.000 casos. En los Estados Unidos por ejemplo, se hace tamizaje de por los menos 10 patologías congénitas que, aunque bastante infrecuentes, ameritan su diagnóstico y tratamiento precoces, debido al alto costo que dichas enfermedades pueden representar para el estado.