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EXPERIMENTO
PIONERO DE BERTHOLD
El
naturalista y médico alemán
Arnold Adolph Berthold
(1803-1861) realizó en 1849 un experimento que aunque pionero, fue opaco
de muy escaso impacto entre la comunidad científica pues incluso él mismo
le restó importancia; él demostró que al castrar y trasplantar los
testículos de gallo a la cavidad abdominal no se producían los síntomas
deficitarios que se ven en el capón; habló de la influencia de su
secreción en la sangre, y a través de esta sobre el organismo en general.
Cuando descubrió que la cresta del gallo es andrógeno-dependiente,
Berthold se desempeñaba como curador del zoológico local, después de la
castración, la cresta se atrofia, desaparece la conducta agresiva del
macho y pierde el interés en las gallinas. Pero lo más importante fue el
que pudiera revertir los cambios al administrar el extracto testicular
crudo o hacer la re-implantación de la gónada; muchos consideran este
experimento como el nacimiento de la endocrinología, aunque ya hemos visto
que muchos de los datos ya conocidos sobre el tema permanecían inconexos,
sin una hipótesis estructurada que se basara en resultados investigativos
claros e incontrovertibles. Claude Bernard hablaba unos años más tarde
del medio interno al considerar la glucosa la secreción interna del
hígado, yendo más allá al hablar de la homeostasis o equilibrio de ese
medio interno hormonal. Poco tiempo después de su graduación como médico,
Berthold obtuvo la dirección del museo zoológico de la Universidad de
Gottingen, en la que era profesor titular de la facultad de ciencias.
Consejero real de la corte de Hannover y miembro de la Academia de
Ciencias, publicó numerosos artículos en revistas científicas sobre
fisiología y anatomía, redactó memorias interesantes para el naturalista y
escribió dos obras clásicas que llamó manuales: el de la fisiología del
hombre y de los animales y el de Zoología . Es curioso que no se hubieran
extrapolado estos hallazgos al experimento natural ampliamente conocido de
los castrati italianos, que
mostraban un cuadro clínico de hipogonadismo; o que no se basara en los
escritos de Bordeu ocho décadas antes.
Sin querer demeritar los hallazgos de los
demás investigadores mencionados en la tabla, otro nombre que aún se
recuerda por el epónimo del hipertiroidismo es el de
Karl Adolph von Basedow
(1799-1854). Fue un cirujano exitoso en
Merseburg que logró hacer varias publicaciones, aunque fue su descripción
del exoftalmos por hipertrofia de tejido celular de los ojos lo que le
permitió pasar a la historia en 1840. Posteriormente confirmó la triada de
la protrusión del globo ocular, bocio y palpitaciones por taquicardia,
además de otros síntomas como la pérdida de peso, el nerviosismo, Basedow
también sugirió el uso de aguas minerales que contuvieran yodo y bromo
para el tratamiento de la afección.
Setchell, B. P.: The testis
and tissue transplantation: historical aspects. J Reprod Immunol, 1990;
18: 1
Hoberman, J. M. and Yesalis,
C. E.: The history of synthetic testosterone. Sci Am, 1995; 272: 76
Freeman E, Bloom DA,
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Berthold, A.:
Transplantation der Hoden. Arch Anat Physiol Wissensch, 42, 1849
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